Defensa de la Sanidad Pública

“¡Defiende la Sanidad Pública!”

En las últimas semanas esta frase se repite sin cesar por todo el universo médico madrileño, y por extensión, español. De acuerdo, pero ¿qué es realmente defender la Sanidad Pública? Posiblemente en este punto hay menos consenso entre la clase médica. Sin duda, estamos todos convencidos de la necesidad de defender el derecho a recibir la mejor asistencia sanitaria que debe tener toda persona por el mero hecho de ser y existir. Al fin y al cabo, eso va en nuestra vocación más inmutable, en esos principios que todo médico, con independencia de su ejercicio, comparte y siente como propios. Sin embargo, aquí se acaban las unanimidades.

¿Defender la Sanidad Pública es defender el Sistema Público de Salud? Probablemente no. Muchos médicos, que defendemos el derecho a tratar a nuestros pacientes de la manera que consideramos más adecuada y completa, no compartimos este punto de vista.

  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema que discrimina a sus trabajadores? El Sistema Público de Salud cuenta con un importante colectivo de médicos con contratos eventuales, algunos desde hace más de 12 años, que son discriminados sin reparo. Tienen derecho a una menor retribución económica por su trabajo, aunque en ocasiones sea superior al desempeñado por sus compañeros con plaza en propiedad. No tienen derecho a percibir complementos de sueldo por antigüedad ni por méritos (carrera profesional). Y no tienen opción de promocionarse dado que no tienen derecho a optar a ninguna convocatoria de Jefe de Servicio o de Sección al carecer de plaza en propiedad. ¿Es este sistema el que debemos defender?
  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema tan cerrado e impermeable a cualquier cambio? La posibilidad de promoción en el Sistema Público de Salud viene dada, en muchas ocasiones, únicamente por senescencia del elemento superior. Es decir, hasta que no se produce el vacío por jubilación o abandono del puesto, es imposible concebir un recambio en las estructuras jerárquicas de los Servicios hospitalarios. Ello conlleva un empobrecimiento de los mismos al no contar con una sana competencia de ideas y proyectos de distinta procedencia que podrían enriquecerlo. A esto hay que añadir lo reflejado en el punto anterior acerca del personal eventual…
  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema que desprecia al válido y premia al mediocre? Después de muchos años de trabajo en el Sistema Público de Salud, es muy triste contemplar como compañeros de extraordinaria valía son sistemáticamente ninguneados por Jefes mediocres (¡y haberlos, haylos!) que tan solo buscan mantenerse en su posición y temen que otro cualquiera pueda hacerles sombra. Mediocres que no se dan cuenta de que el beneficio que genere uno de sus colaboradores se traduce automáticamente en un beneficio para el propio Servicio y para su persona, y que prefieren vivir en una medianía constante antes de que otro destaque. Solo aquellos que acatan y alaban las decisiones del superior son tenidos en cuenta. ¿Es esto lo que queremos defender?

 ¿Hay que defender la Sanidad Pública? Por supuesto, pero hay que defender una profunda reforma de todo el sistema, sin la cual éste está abocado al fracaso y la extinción. Hay que apostar por una auténtica revolución que contemple, en mi opinión, 3 aspectos claves:

1. Laboralización del personal: acabar con el sistema de castas imperante actualmente y estabilizar a los trabajadores como a cualquier otro profesional. Instaurar la remuneración por objetivos, tanto colectivos como individuales de cada médico, con objeto de favorecer la competencia y el desarrollo personal y del Servicio clínico.

2. Profesionalización de la gestión a todos los niveles: no sólo en los niveles más altos de la administración, sino también profesionalizar la gestión de los Servicios clínicos. Jefes deben de ser aquellos mejor preparados y con más capacidad para la gestión de equipos técnicos y humanos, no necesariamente el más viejo, ni el que lleve más tiempo en el Servicio, sino aquel a quien la dirección y sus propios compañeros consideren más indicado. Incluso con la posibilidad de una dirección por objetivos y proyectos, con recambio periódico de la misma si fuera menester.

3. Meritocracia: todo lo anterior debe de estar fundamentado en el reconocimiento de la meritocracia como herramienta clave para la reforma. Valorar a cada individuo de acuerdo a sus méritos reales, y no por criterios de burocracia o gerontocracia.

 

En conclusión, no es tanto defender la Sanidad Pública como idea fundamental como defender la reforma profunda y radical de un sistema que se hunde sin remisión si no lo remediamos los propios profesionales.

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6 pensamientos en “Defensa de la Sanidad Pública

  1. Méritocracia ¿Dónde hay que firmarlo?. 100% de acuerdo y extensible a otros estamentos y profesiones….Políticos, empresarios, sindicatos.

  2. A todas las cuestiones que certeramente has apuntado habría que añadir estas otras: ¿es una buena sanidad pública la que permite la discriminación en el acceso a los tratamientos oncológicos? ¿la que carece de planes evaluación de resultados? o ¿la que no favorece la investigación clínica? Y la lista de preguntas sería interminable.

  3. Muchos de los que se manifiestan por la Sanidad Pública lo hacen desde que ven peligrar su puesto de trabajo o sus condiciones laborales. No he visto ninguna manifestación donde se pidieran cosas tan razonables como las que se exponen en el artículo, ni ahora, ni antes. Tenemos mucho médico con vocación de funcionario en España: pagáme poco y exígeme poco, y dame una plaza que es mi máxima ilusión profesional.

    • Por eso hay que intentar reconstruir todo el edificio de la Sanidad Pública, pero desde la profesionalización, meritocracia y por supuesto, laboralización del personal y eliminación de bolsas de mediocres ineficientes

    • ¿De dónde sacas estas joyas?, ¡no tienen precio!
      Lo cierto es casi 40 años después y tras 5 gobiernos diferentes, seguimos con los mismos problemas. ¿Y aún creemos que la solución va a venir por cualquiera de los corruptos de la clase política que nos castiga a diario?
      Pero, por otro lado, 40 años después seguimos sin un mínimo atisbo de autocrítica. ¿Por qué?

      La solución existe, es dura, pero tiene que pasar por profesionalización, meritocracia y como una consecuencia lógica de ello, laboralización del personal. Y todo lo que no sea transitar ese camino, mucho me temo que nos llevará a un pozo cada vez más profundo…

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