El (pen)último insulto del Sistema a los médicos eventuales…

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Quizás porque hay sobreabundancia de noticias en los últimos días sobre golfadas y sinvergonzonerías varias – Rato, López Aguilar, Chaves, Griñán, Maduro,… –; quizás porque las aventuras de nuestra escoria política embarcada en una nueva carrera para alcanzar plaza con derecho al trinque, incluyendo los estrambotes que “prefieren ver la película antes que leer el libro”, acaparan toda la atención; quizás porque las distintas mareas, marejadas y mares gruesas están ahora en otros afanes; o quizás porque, simplemente, no le importa a casi nadie salvo a los insultados, se está sometiendo en estos días a una (otra más) despreciable humillación a muchos médicos de la Sanidad Pública madrileña. A muchos, pero no a todos. Tan solo a los eventuales, el escalón más bajo de la casta médica. Y quizás también por ello esté pasando esta noticia más desapercibida.

En las últimas semanas ha comenzado el proceso, aunque sería más adecuado llamarlo “la gracia”, de asignación de interinidades cual dádiva generosa con la que se pretende, ¡oh, albricias!, colmar las aspiraciones de un grupo de médicos cada vez más numeroso. Y qué duda cabe que es lo que cualquier eventual sueña: un nuevo contrato que, aunque mantiene y perpetúa en el tiempo la vergonzosa situación de discriminación laboral y económica que viene sufriendo, le ahorra el terrible trámite de tener que firmar cada 3 ó 6 meses la prórroga de su suculento contrato eventual. Y ante esta indudable ventaja, ¿quién se atrevería a pedir más? Porque un interino, curiosamente a semejanza de un eventual, no tiene derecho a cobrar trienios ni complemento de Carrera Profesional, ni por supuesto tiene derecho a ninguna promoción dentro del sistema, no puede optar a ninguna plaza mejor, no puede optar a ningún traslado ni comisión de servicios y no puede ni soñar con promocionar a Jefe de Sección o de Servicio. Pero eso sí, ¡es interino!

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¿Realmente esto importa a alguien más aparte de a los propios afectados? La impresión general es que, salvo contadas excepciones, no. Más allá de la “solidaridad de pasillo o de cafetería” poco se han involucrado muchos de los “propietarios” en la discriminación de los “eventuales”. No sólo en Madrid, en ninguna parte de España. Antes bien, parecería que muchos se han beneficiado, directa o indirectamente, de esta situación, ahorrándose posibles conflictos en temas sensibles como turnicidad, promoción interna, etc.

Lo peor no es el hecho, despreciable por sí mismo y que descalifica a todos los que lo intentan presentar como una solución, de que pasar de eventual a interino no aporte absolutamente nada (salvo el ahorro en tinta de bolígrafo, claro) al médico madrileño sino que, además, los criterios para hacerlo desprenden un terrible hedor a manipulación interesada, a pactos inconfesables, a contentar (o a enfadar) a todos por igual, a cualquier cosa menos a utilidad alguna. Después de un proceso que se ha alargado más de 8 meses, después de obligar a los médicos eventuales a presentar, debidamente compulsada, documentación una y cien veces presentadas ante las mismas instituciones, después de elaborar un baremo bajo la excusa de la más estricta igualdad de oportunidades y fomento de la meritocracia,…, después de todo eso y más, han llegado la vergüenza y el oprobio. No podemos decir que sea una sorpresa, más bien era esperable, incluso seguro, que aparecerían. Tan solo es la enésima demostración de un sistema mediocre que hace gala de su absoluto desprecio por la meritocracia.

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El “reparto” ha estado envuelto, desde el mismo momento en que se anunció, de un halo de oscurantismo. Nadie sabe cuantos médicos eventuales pasarán a ser interinos, ni donde, ni por qué unos si y otros no. Parecería lógico pensar, a la vista de los requisitos, que la asignación de interinidades seguiría un criterio basado en los méritos de cada aspirante: a mayor puntuación, mayores posibilidades. Pero no, no ha sido así. Existe una desinformación total acerca de los criterios empleados y de quien o quienes han participado en la elaboración de esos criterios y han decidido qué médicos eventuales eran destinatarios de la gracia de una interinidad. Y así, se están produciendo situaciones tales como que médicos con mayores méritos acreditados son discriminados en beneficio de otros con menos méritos por un oscuro reparto de cuotas inter- e intrahospitalarias. ¿Para qué, entonces , todo el sainete de presentar en plazo certificados y méritos? ¿Para asistir a un reparto previamente pactado? ¿Por qué no se procede a una asignación discrecional desde el primer momento ahorrando tiempo y esfuerzo a todos los médicos eventuales que creyeron de buena fe en el proceso? ¿Y que capacidad de recurso les queda a estos médicos eventuales que están viendo como sus años de trabajo y esfuerzo y los méritos generados, muchas veces a costa de su tiempo libre, no significan nada porque alguien ha decidió que, pese a contar con más méritos, no tiene derecho a esa interinidad que, sin embargo, beneficiará a alguien con menor puntuación por las oscuras cuotas de reparto?

Y lo más triste es que, aún, hay convencidos de que esta mofa es un avance, una suerte de unción para el que la recibe, una dádiva que no se puede siquiera rechazar. Y reparten felicitaciones por ello sin alterar el semblante. Muchos de los que se oponen, de toda forma posible, a apostar por un cambio que nuestra Sanidad Pública pide a gritos (cada vez más desesperados), a reclamar la laboralización para acabar con toda esta farsa y por un auténtico reconocimiento de la meritocracia como base sobre la que sustentar el sistema.

Este sistema público, espejo en el que debemos mirarnos, sistema que hay que defender frente a cualquier cambio percibido siempre como agresión y que se empeña en perpetuar el sistema de castas discriminatorias. Este modelo de virtudes frente al cual todos los demás palidecen, ejemplo de organización que protege los derechos de sus profesionales frente a la perfidia de otras, ha cometido, de nuevo, otra felonía contra el eslabón más débil de la cadena.

Su (pen)último insulto al médico eventual…

“¡Atreveos! El progreso solamente se logra así”

Victor Hugo, escritor francés (1802-1885)

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