Coronavirus: ¡Muera la inteligencia! (pero que sirva para algo…)

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Si algo demuestra la epidemia por Coronavirus (Covid-19) que padecemos es la total nulidad de nuestra escoria política para hacer frente a cualquier situación que se aparte de su sesgada y limitada cosmovisión. Es enormemente desalentador escuchar, y comprobar, día tras día, la mediocridad que impera entre nuestros dirigentes y su inmarcesible estulticia que nos pretenden imponer a machamartillo. En las pocas semanas que llevamos padeciendo la epidemia han sido incapaces de actuar con un criterio sensato. Más allá del desbarajuste de protocolos cambiantes, con criterios en ocasiones contradictorios en apenas horas, con discrepancias y choques dentro de lo que, se supone, unidad de acción del Gobierno pero que tan sólo evidencia sus soterradas luchas internas, la única medida para prevenir el contagio masivo de la población ha sido prohibir – ¡cómo le gusta a este Gobierno prohibir! – que los médicos puedan acudir a congresos, sesiones, jornadas o cualquier otro tipo de reunión científica “para preservarlos del contagio” a la par que promovía, con la incoherente y vergonzosa asistencia del propio Ministro, reuniones de médicos para otorgar unos premios. Resultaría enternecedor ese súbito interés en nuestro bienestar, esa preocupación por nuestra salud e integridad física, si no fuera porque recuerda demasiado al trato dispensado al ganado durante epidemias animales y cuyo único objetivo es evitar que se estropee el género que después hay que vender. Es un insulto, ¡uno más!, escuchar tan reciente interés de parte de aquellos que, durante décadas, han contribuido, mantenido y promovido un trato vejatorio para los médicos, con condiciones laborales precarias, contratos eventuales sin fin o recortes en el salario constantes y sin ofrecer más alternativa que aceptarlo o emigrar a otros países dónde aún se respete la dignidad del médico. 

¡Muera la inteligencia!, una actitud ante las crisis muy española. Con independencia de la opinión que cada uno pueda tener acerca de la utilidad y pertinencia de los congresos o reuniones científicas médicas, lo que sí resulta extraordinariamente llamativo es la absoluta falta de criterio a la hora de evitar las concentraciones de multitudes que pudieran favorecer el contagio y diseminación de la infección: nada de evitar aglomeraciones en manifestaciones políticas, actos deportivos o fiestas populares varias como han hecho países de nuestro entorno – ¿quizás porque pueda restar votos? – pero sí militarizar y restringir la libertad del médico amparándose en un supuesto “bien común”. ¡Muera la inteligencia!, evitando adoptar medidas para optimizar el funcionamiento hospitalario en esta situación, incluyendo posponer consultas no urgentes o implantar y favorecer el tele-seguimimiento y tele-consulta de pacientes que no requieran obligatoriamente una visita al hospital. ¡Muera la inteligencia!, cuando aún no existe una cura o una vacuna preventiva de la infección pero no cuesta mucho imaginar a los autoerigidos guardianes de las sacrosantas esencias de la Sanidad afilando sus cuchillos contra  la pérfida “farmafia” de sus conspiranoicos anhelos y a la que no dudarán en acusar de un afán desmedido de lucro…

Aunque si hay un colectivo médico que merece, siempre pero ahora más que nunca, reconocimiento en esta crisis es el de los médicos de Urgencias. Médicos que están en primera línea frente a la infección, enfrentándose a los diagnósticos y posibles contagios por Coronavirus antes que muchos otros, pero sin olvidar en ningún momento que, además de atender ésta crisis, continúa habiendo pacientes que sufren ictus, infartos, hemorragias o accidentes diversos que los llevan a los Servicios de Urgencias y que requieren toda su atención con independencia del ruido mediático acompañante a la actual epidemia vírica. Ellos son los verdaderos héroes en esta situación, trabajando en entornos ya de normal sobresaturados, con escasez de recursos y personal, con una sonrojante precariedad laboral pero con una gigantesca generosidad, sin quejarse, sin aprovechar la actual circunstancia de necesidad para obtener rédito o reivindicación alguna.

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Médicos de Urgencias tradicionalmente despreciados por una Administración mediocre y voraz y, en demasiadas ocasiones también, por muchos compañeros que los ningunean movidos por sus particulares intereses. Médicos de Urgencias engañados una y otra vez por promesas incumplidas desde todo el espectro político, luchando por un reconocimiento ganado día a día desde hace años en su constante labor de primera atención a cualquier crisis sanitaria. Médicos de Urgencias que tan solo aspiran a tener la consideración que han demostrado merecer. Por todo ello, pero sobre todo por todos ellos, es de justicia que los médicos, pero también el resto de la sociedad, reclamemos de una vez la creación de la especialidad médica de Urgencias y Emergencias vía M.I.R., al mismo nivel que cualquier otra especialidad medica o quirúrgica, con los mimos derechos y reconocimiento. Para que nuestros médicos de Urgencias tengan, como dejo dicho Jonas Salk, “la oportunidad de hacer más como recompensa a un trabajo bien hecho”. Será lo mínimo que los médicos deberemos exigir cuando esta crisis, real pero acrecentada por el (esperable) comportamiento de nuestros políticos, pase y se solucione.

Por ellos. Por nosotros. Porque se lo han ganado y lo merecen

¡Especialidad en Medicina de Urgencias y Emergencias ya!

“Es sólo a través del trabajo y del esfuerzo doloroso, por la energía sombría y el valor resuelto, que pasamos a cosas mejores”

Theodore Roosevelt, político, historiador y escritor estadounidense (1858-1919)

Colapso en Urgencias: la lucha contra la mediocridad…

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El blog de @BeatrizSatu Blogueando que Son Dos Días publica hoy una magnífica entrada sobre la situación de los médicos que desarrollan su labor en los Servicios de Urgencia hospitalarios, y como las condiciones a las que están sometidos, zarandeados y maltratados desde todos lados, ponen en cuestión las convicciones  más fuertes de aquellos que han elegido ese camino. Es realmente desazonador leer como profesionales que han dedicado su esfuerzo, estudio y saber a la atención de las Urgencias y Emergencias sienten la tentación, y lo descrito en el blog no es una excepción, de dejarlo todo y abandonar ante la imposibilidad de llevar a cabo su trabajo con dignidad. Quienes vivimos de cerca el mundo de la Urgencia hospitalaria sabemos muy bien a que se refiere…

Más allá de la situación individual de cada uno de los médicos que trabajan en la Urgencia de cualquier hospital, y más allá de las puntuales situaciones estacionales y epidemiológicas que aumenten o disminuyan la presión asistencial a la que están continuamente sometidos todos estos profesionales, la actual situación de colapso en la mayoría de Servicios de Urgencia hospitalarios debería motivar alguna reflexión. Esta misma semana, se ha conocido el informe de la Defensora del Pueblo sobre la realidad de los servicios de urgencias y el impacto de su funcionamiento sobre los ciudadanos. El estudio, que analiza la situación de la Urgencia hospitalaria en España, considera necesario que se introduzcan cambios en la organización y gestión de los servicios para resolver los problemas de presión asistencial y de saturación. Además, reclaman que se cree una especialidad médica de urgencias y emergencias y recuerdan que la insuficiente dotación de plantillas titulares en muchos centros provoca que los médicos internos residentes asuman un grado excesivo de responsabilidad. Desgraciadamente, este informe tan solo refleja la situación en este momento concreto sin ahondar, ni mínimamente, en las causas que han conducido al actual deterioro. La situación del Urgencia hospitalaria tan solo es el reflejo del fracaso de un sistema construido sobre la mediocridad, que es seña en nuestra maltrecha Sanidad Pública:

  • Mediocridad  de los encargados de su gestión y organización, quienes son incapaces de adelantarse a los conocidos, y hasta cierto punto previsibles, aumentos puntuales en la demanda, y van siempre a rebufo de los acontecimientos, cuando no son claramente sobrepasados por ellos.
  • Mediocridad de sus directivos que, haciendo gala de su condición, han despreciado a profesionales con conocimientos y méritos acreditados para rodearse de una absoluta falta de talento que ni les hiciera sombra ni pusiera en evidencia su completa prescindibilidad.
  • Mediocridad en la gestión de la Atención Primaria, fracasando en el intento de hacerla centro del Sistema Nacional de Salud apelando al manido y maniqueo concepto de “acabar con el hospitalocentrismo del sistema y colocar al paciente en su centro”, y ni desplazamiento ni colocación del paciente ni capacidad de asumir estos retos. Haber logrado convertir la Urgencia en una suerte de consulta rápida y completa de salud no es, precisamente, acabar con el “hospitalocentrismo” sino, más bien, todo lo contrario…
  • Mediocridad de todos los que, pese a comprobar cada día que pasa el caos en que han sumido a las Urgencias, son incapaces de cualquier autocrítica y, mucho menos, de asumir su responsabilidad.
  • Mediocridad de aquellos que han convertido la atención en Urgencias, por comodidad o egoísmo, en un sustitutivo de su médico de cabera, de todos aquellos que regulan el horario de su asistencia a los servicios de Urgencia en función de acontecimientos deportivos o culturales…
  • Mediocridad de los (ir)responsables políticos, de todo color, que son capaces de sostener medidas sensatas de control como el copago cuando redactan documentos y que, sin embargo, lo niegan públicamente por un bastardo cálculo político. Ejemplos como el del diputado Freire y sus 166 propuestas de regeneración de la Sanidad Pública con AES o del renombrado ex-consejero Bengoa y “su” Informe Abril son claros ejemplos de la hipocresía imperante.
  • Mediocridad de todas aquellas sociedades científicas (SEMFyC, SEMI, SEMERGEN, SEMICYUC,…) que, guiándose sólo por su particular interés, se han opuesto siempre a la creación de una verdadera especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias, y prefieren la actual situación de caos y descontrol antes que ceder un ápice de lo que suponen “su capacidad de influencia”.

Pero muy por encima de todos ellos están las heroínas, y los héroes, como los descritos por @BeatrizSatu, que cada día dan lo mejor de sí mismas, inasequibles al desaliento y a la tentación constante de dar un portazo a toda esta mediocridad. Están todos esos médicos, a los que debemos agradecimiento eterno, que se resisten a dejarse vencer por esta recua de interesados y que, aunque juran cada vez que abandonan la Urgencia que no van a volver, al día siguiente están de nuevo dispuestos a recomenzar y dar lo mejor de sí mismos por algo en lo que, a diferencia de otros, verdaderamente creen.

“Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula”

Antoine De Saint Exupery, escritor y aviador francés (1900-1944)

 

Medicina de Urgencias y Emergencias: ese oscuro objeto de deseo…

Urgencias, ¡ya!

En estos momentos en los que se debate sobre la más que necesaria reforma del sistema público de salud, y sobre el rumbo que este cambio debe tomar, un hecho de enorme importancia esta pasando casi desapercibido. La propuesta para la creación de la especialidad clínica propia de Urgencias y Emergencias, una exigencia necesaria de nuestro sistema de salud, está sobre la mesa de la Ministra de Sanidad. Pocas dudas pueden existir acerca de la creación de la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias. En un reciente artículo publicado en la revista European Journal of Emergency Medicine, el Dr. González Armengol, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias (SEMES), el Dr. Miró, editor de la revista Emergencias, y el Dr. Graham, editor del European Journal of Emergency Medicine exponen, de una manera extraordinariamente clara, concisa y entendible para cualquiera, el por qué de la necesidad que la medicina española tiene de una especialidad de Urgencias y Emergencias, así como los problemas a los que se enfrentan para lograrlo. Los autores de este artículo constatan una serie de realidades, no por muy conocidas menos contundentes. Por un lado, evidencian el aumento del uso de los Servicios de Urgencias y Sistemas Médicos de Emergencias por ciudadanos que consideran la atención médica dispensada por los mismos como uno de los pilares del sistema de salud pública, así como los altos niveles de satisfacción con los servicios prestados, siendo la Medicina de Urgencias y Emergencias considerada, repetidamente, entre las mejores especialidades médicas. Por otro lado, recuerdan el gran número de profesionales dedicado exclusivamente a la prestación de este servicio que, en la actualidad, supera los 15.000 médicos (de los cuales, más de la mitad son socios de SEMES). En este sentido, es elogiable la labor que está desarrollando la SEMES que se ha posicionado siempre a favor de la creación de una especialidad de Urgencias y Emergencias, por estimar que es la forma mas apropiada de que en un Estado moderno se garantice, a este nivel asistencial, una atención de calidad prestada por profesionales que puedan dar una respuesta inicial a cualquier quebrantamiento brusco de la salud.

Después de leer su alegato, cuesta entender que cualquier médico en España, de cualquier especialidad, pueda albergar dudas acerca de la necesidad de contar con la especialidad de Urgencias y Emergencias. Además, la reclamación de una especialidad propia de Medicina de Urgencias y Emergencias cuenta con el apoyo de la Asamblea General de Colegios de Médicos, máximo órgano de representación de la Organización Médica Colegial (OMC), y de la Federación de Asociaciones Científico Médicas de España (FACME). Sin embargo, y a pesar de la fuerza y racionalidad de los argumentos presentados, aún hay quien se resiste a aceptar esta realidad. Y, desgraciadamente y si no se remedia a tiempo, parece que los opositores tienen todas las de ganar. Y esto tan sólo constituiría un motivo más de vergüenza tanto para la política como para la sanidad española. Y, sin embargo, resulta desalentador comprobar como de nuevo, y siguiendo la peor tradición nacional, España se queda, una vez más, a la cola de los países más desarrollados, obviando lo que es una necesidad para todos. En las últimas legislaturas, se lograron avances sustanciales para la creación definitiva de la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias, lo que permitió a tres ministros de sanidad consecutivos prometer públicamente esta creación. Desgraciadamente, esto no ha sucedido todavía. Y está vez no será sólo por los deméritos de la escoria que nos gobierna sino, lo que es infinitamente más triste, por el egoísmo de otros médicos. La posición contraria mantenida por las especialidades que han tenido clásicamente especialistas que trabajan en los Servicios de Urgencias ha sido, sin duda, el mayor obstáculo. La posición adoptada por las Sociedades de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFyC), de Medicina Interna (SEMI) y de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) , y de otras en menor medida, es, sencillamente, despreciable.

Tanto la SEMFyC como la SEMI se empeñan en mantener que Urgencias y Emergencias no debe ser una especialidad diferenciada ya que se desenvuelve en un ámbito de actuación común a varias de ellas, “sin que constituya patrimonio específico de ninguna especialidad”, alegando asimismo el carácter multiprofesional que tiene este área. ¿Por qué el interés de estas sociedades científicas en que no se cree la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias?, ¿qué subyace en su negativa a reconocer el trabajo y esfuerzo de tantos profesionales en un ámbito tan concreto de la Medicina? Al menos tres plausibles explicaciones pueden invocarse para tratar de entenderlo:

  • Lo que parece existir, en opinión de muchos médicos vinculados o no a la atención en Urgencias, es, en primer lugar, el deseo de ambas sociedades de no perder lo que consideran una vía de salida para la colocación, temporal en muchos casos, de sus médicos residentes una vez finalizado su periodo de formación como especialistas. Cualquiera que conozca las Urgencias hospitalarias sabe que muchos especialistas tan solo trabajan en ellas hasta que encuentran la manera de dar el salto bien a una consulta de Atención Primaria, bien a una planta de Medicina Interna. La existencia de médicos especialistas en Urgencias y Emergencias acabaría con esta política y plantearía, quizás, una reducción en el número de médicos residentes en formación en ambas especialidades, con los “perjuicios” que ello les acarrearía… Un estudio publicado en la revista Emergencias en 2010 revelaba que hasta un 40% de los MIR de ese año se plantearían seriamente escoger la especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias.
  • Pero con ser esto importante, no hay que olvidar que la Urgencia es la principal puerta de entrada al hospital. Quien controle la Urgencia, controla el flujo de ingresos, y eso es algo que no hay que dejar escapar…
  • Finalmente, la existencia de un Servicio con una plantilla amplia de médicos especialistas en Medicina de Urgencias y Emergencias, podría alterar el régimen de reparto de guardias en el hospital, con las consecuencias (económicas) que de ello se derivarían…

Estas tres hipótesis, y otras que pueden igualmente argumentarse, son fundamentales para tratar de comprender el empeño en que no se cree una especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias con entidad propia. Todo apunta a que, con estas premisas, se ha desarrollado el actual Proyecto de Real Decreto por el que se Regula la Troncalidad y Otros Aspectos del Sistema de Formación Sanitaria Especializada en Ciencias de la Salud, que cuenta con el aval interesado de estas sociedades, y que contempla la creación de un Área de Capacitación Específica en Urgencias en contra de las tendencias de los países de la Unión Europea. De consumarse este proyecto, aquellos médicos con vocación de dedicarse a la atención de Urgencias y Emergencias, se ven “obligados” a encontrarse en posesión del título de especialista en alguna de las 3 especialidades antes mencionadas y acreditar un mínimo de dos años de ejercicio profesional efectivo en la especialidad para poder optar a la formación específica en Urgencias y Emergencias. Resulta difícil de justificar que el profesional interesado en Urgencias y Emergencias deba invertir un mínimo de 9 años después de la calificación médica básica y tampoco es bueno para el sistema de salud, ya que carecerá de médicos con una formación especializada en el volumen necesario durante, al menos, la próxima década.

En definitiva, todos los que entendemos que la Medicina está en constante avance y evolución, buscando siempre nuevas formas de mejorar la atención a la población que lo necesita, esperamos que la Medicina de Urgencias y Emergencias no se convierta en ese oscuro objeto de deseo de medrar y acaparar de unos pocos, y que no se consume la infamia con la que se le amenaza.

Ahora más que nunca, ¡especialidad en Medicina de Urgencias y Emergencias ,ya!