Precariedad laboral en la Sanidad Pública: algo más que un estudio de la OMC…

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Recientemente se han presentado los resultados del primer Estudio sobre la situación laboral de los Médicos en España elaborado por la Organización Médica Colegial (OMC) mediante la realización de una encuesta on-line a la que respondieron 9763 médicos colegiados. Los resultados del estudio, no por menos conocidos, no dejan de ser terriblemente desoladores. De acuerdo a los datos obtenidos, el 46,7% de los médicos encuestados que se encuentran en activo ejerciendo una especialidad médica en el Sistema Nacional de Salud carecen de plaza en propiedad y sólo disfrutan de un contrato eventual, muchas veces bajo la irónica excusa del (perpetuo) “acúmulo de tareas”. Pero no sólo eso, más del 40% de estos médicos ejerce con contratos de duración inferior a los 6 meses. Y lo peor es que no es un hecho temporal aislado: de acuerdo al estudio, ¡el el 26,2% lleva mas de 10 años trabajando en el SNS y el 6,7% más de 20 años en esta situación!. Peses a este desalentador panorama, en lo que sin lugar a dudas muchos estaremos de acuerdo es en que, a diferencia de la opinión del presidente de la OMC, la precariedad laboral que sufrimos no tiene una influencia sobre la calidad y el rendimiento profesional. Son muchos años soportando estas condiciones y, sin embargo, la profesionalidad y calidad del trabajo de los médicos eventuales nadie puede dudar.

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El conocimiento de estos datos ha levantado la esperada polvareda en medios hablados y escritos. Polvareda teñida de una inmensa, e indecente, hipocresía en demasiadas ocasiones. Es repugnante comprobar como políticos que dicen ser médicos (o médicos que dicen dedicarse a la política para “servir a sus conciudadanos”) se llevan las manos a la cabeza y exponen su indignación ante tamaño desvarío sin pararse, ni por un momento, a pensar que esta situación no es nueva y se mantiene desde hace más de 20 años. Y que han sido muchos, y de todos los colores, los políticos que han castigado con su gobierno a la profesión médica sin que nunca haya existido interés en intentar arreglar la situación de eventualidad casi perpetua de muchos médicos. Pero es que, además, muchos de estos políticos y médicos son autores materiales de documentos como el Informe Abril, el Informe de SEDISA o el Informe de AES en los que plantean soluciones para acabar con esta precariedad, incluyendo todos ellos una posible laboralización, pero que luego, cuando tienen responsabilidad de gobierno, encierran en un cajón sin interés alguno en aplicarlos. Los mismos que critican en un lado de Despeñaperros lo que sus conmilitones hacen en el otro. ¡Hipócritas, en una palabra!

Aún así, más triste y decepcionante que la esperada actitud de estos políticos (por muy médicos que alardeen ser) ha sido el comportamiento en ocasiones de los propios médicos. La presencia de uno número creciente de eventuales con contratos cada vez más precarios ha sido vista con normalidad, y muchas veces con cierta indiferencia, por parte de la clase médica. Más allá de la “solidaridad de pasillo” con el eventual, poco más se ha hecho por intentar revertir su situación. La flagrante discriminación laboral de los médicos eventuales, que siega cualquier posibilidad de progresión profesional, es vista con naturalidad (y, quizás, con cierto alivio) por parte de médicos propietarios de una plaza en el Sistema Público. Incluso se han llegado a firmar infames documentos como el Modelo de Carrera Profesional de la Comunidad de Madrid, que discriminaba económicamente a todos los médicos eventuales y que tampoco encontró oposición alguna.

Y en un giro irónico de las oportunidades, al mismo tiempo que se conocían los datos del estudio de la OMC sobre precariedad laboral, se conocían también esta semana los listados del vergonzoso proceso para transformar a una parte de los eventuales – siempre discriminando y generando división – en interinos. Con todas las ventajas que ello conlleva: ¡ninguna! Pero por si no fuera así, este proceso también está recurrido e impugnado por parte de los propios médicos. Todo sea por mantener el actual sistema de castas…

Y como curiosidad final, la segunda preocupación de los médicos eventuales, a corta distancia del comprensible interés en alcanzar una estabilidad laboral, es la falta de motivación y reconocimiento de las diferencias profesionales.Significativo…

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Macrogestión y Microgestión en la Sanidad Pública: ¿caminos divergentes?

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Suele dividirse el estudio y aplicación real de la ciencia de la Economía en dos grandes ramas: la macroeconomía y la microeconomía. Esta distinción, más allá de la semántica, refleja la existencia de dos grandes áreas que estudian los mismo aunque desde enfoques distintos. La macroeconomía es la parte de la economía que se encarga de estudiar el funcionamiento económico en general, así como las políticas económicas que se llevan a cabo en grandes escala, por ejemplo en un país. La microeconomía es la parte que se encarga del comportamiento de cada agente económico de forma individual, como pueden ser las familias, las empresas o los trabajadores. La relación entre ambas es estrecha y generalmente, cuando se habla de macroeconomía también se hace referencia a la microeconomía. Si hay una mejora en los indicadores macroeconómicos, esta es el resultado del comportamiento microeconómico. Sin embargo, en muchas ocasiones, sobre todo en circunstancias de crisis económica, existe un aparente divorcio entre ambos conceptos. No es raro escuchar que, pese a la mejora de los índices macroeconómicos, la sensación subjetiva sigue siendo de crisis debido a que estas mejoras no se han trasladado, al menos de manera palpable, al ámbito microeconómico y la percepción general es que la situación mejora cuando el avance de la macroeconomía se traduce en mejoras sustanciales y tangibles en la microeconomía.

Al igual que sucede con la Ciencia Económica, los recientes acontecimientos vividos por la Sanidad española a cuenta de la aparición de un caso de infección por virus de Ébola en España (aunque no exclusivamente…), han puesto de manifiesto una situación similar en lo que podría, por analogía, clasificarse como macrogestión frente a microgestión. Este concepto ya ha sido reflejado por distintos investigadores. La Sanidad, y más aún la Sanidad Pública, permite identificar perfectamente ambas ramas, tanto la macrogestión de los grandes asuntos sanitarios como la microgestión clínica del día a día en los distintos componentes de nuestra Sistema Público de Salud.

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En este contexto, no deja de ser llamativo que se exija los responsables de la macrogestión, con toda la razón y derecho, una absoluta transparencia en sus actuaciones y una constante y exhaustiva explicación de sus decisiones y que, sin embargo, algunos de los mismos que lo exigen muestren una preocupante tendencia a la opacidad en cuanto a sus propias responsabilidades en la microgestión de sus propios recursos. Es, hasta cierto punto, frecuente (y preocupante) el hecho de reclamar no sólo el reconocimiento público de los errores cometidos, sino también exigir una petición expresa y pública de perdón por ellos acompañado de la inmediata asunción de responsabilidades por los altos cargos responsables de la macrogestión de la Sanidad, lease Ministros, Consejeros o Gerentes, en forma de cese o dimisión inmediata en su cargo, mientras que los problemas de la gestión diaria de la Sanidad, de la gestión de Servicios, de la microgestión son, si no ocultados si minimizados y, por supuesto, sin toda la parafernalia acompañante. Por supuesto que toda generalización es, por definición, incorrecta y probablemente injusta. Pero no es menos cierto que denunciar públicamente lo que no funciona o no se hace bien debiera de ser una obligación para todos. E igualmente, la misma exigencia que se tiene ante los responsables de la macrogestión en Sanidad se debe tener con aquellos que los son de la microgestión, con independencia de que la magnitud absoluta de su labor de gestión sea diferente. Existe en inmenso reparo a poner en práctica las mismas medidas de transparencia e información que se reclaman para la macrogestión en todo lo que atañe a la microgestión, incluyendo la autocrítica y la asunción de responsabilidades por los (micro)gestores. Muchas veces, demasiadas tal vez, da la impresión que macrogestión y microgestión, en la Sanidad Pública, discurren por caminos divergentes, sin apenas relación entre ambas. Se conocen y analizan hasta el más mínimo detalle todos los fallos y errores que han podido cometer los encargados de la macrogestión sanitaria pero, sin embargo, no parece existir el mismo interés en desvelar y analizar con la misma profundidad los vericuetos de la microgestión en Sanidad. Antes bien, persiste la hispana tradición de no hacer públicas las propias carencias y debilidades en la confianza de que si no se habla de ellas, éstas no existen. Craso error. Del mismo modo que se reclama que aflore toda la mediocridad de los encargados de la macrogestión sanitaria, y que paguen por la misma, se debe poner de relieve, cuando sea preciso, la mediocridad que también existe en áreas de microgestión.

Porque, al igual que sucede con la Economía, sólo cuando mejoren ambas, y no exclusivamente la macrogestión, mejorará nuestra maltrecha Sanidad Pública. Y es que, acallar el niño que lo denuncia a voces no hace que el Emperador deje de estar desnudo…

“Quien se enfada por las críticas, reconoce que las tenía merecidas”
Cayo Cornelio Tácito, historiador y orador romano (54-120)

La responsabilidad ante el fracaso en la Gestión Pública: una necesidad para todos…

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En esta semana se han producido dos hechos que, no por menos esperados y esperables, resultan sorprendentes en la realidad social española. El pasado martes día 23 de septiembre de 2014 se produjo la dimisión de Alberto Ruiz Gallardón, hasta ese momento Ministro de Justicia del Gobierno de España. Y en la mañana del día 25 de septiembre de 2014, la dimisión de Leopoldo González-Echenique, presidente de RTVE. A estas dos se puede sumar la dimisión acaecida hace ya algunos meses de Javier Fernández Lasquetty, Consejero de Sanidad del Gobierno de la CAM. Lo que tienen en común estas tres dimisiones es que son fruto del fracaso en la gestión encomendada a cada uno de ellos, tanto en la gestión de la Justicia, como de la Sanidad Pública madrileña o de la televisión de todos. Algo que, en principio, parecería lógico e incluso deseable, como es la asunción de responsabilidades derivadas del cargo desempeñado se convierte, por su rareza, en una situación insólita en la gestión pública en España.

Si hay algo que, desgraciadamente, caracteriza la gestión pública en España es su absoluta, o casi absoluta, falta de autocrítica. Nunca pudo imaginar Napoleón Bonaparte que su sentencia tras la Paz de Tilsit, “…la victoria tiene cien padres pero la derrota es huérfana…” se aplicaría de manera tan ajustada a la gestión pública española. Y la Sanidad Pública es, demasiadas veces, un excelente ejemplo de la mediocridad que rodea la gestión pública en España. Ante cualquier éxito, por mínimo que sea, son legión los que se apuntan al mismo. Pero cuando la realidad del fracaso aparece ante el gestor, pocos son los que tienen la valentía de reconocerlo, asumir la responsabilidad del mismo y presentar su renuncia al quedar demostrada su ineptitud para el cargo. Antes bien, si algo caracteriza la gestión pública es que siempre existe un estamento superior al que hacer responsable, y la responsabilidad se va transmitiendo hasta llegar al nebuloso ente de “la Administración” que, como un agujero negro, engulle cualquier posibilidad de exigir una asunción del fracaso. Y esto sucede, tristemente, a todos los niveles de la gestión pública donde, para desgracia de todos los españoles, parece cumplirse con contumaz y machacona insistencia el Principio de Peter según el cual “…todo empleado tiende a ascender hasta su alcanzar su máximo nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse…”

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En una entrada anterior, se confrontaban los conceptos de “Gestión Pública” frente a “Gestión Profesional” a propósito de otro gran fiasco en la gestión pública española, como ha sido la destrucción inmisericorde de las otrora eficaces y eficientes Cajas de Ahorro. Una de las grandes diferencias entre ambos modelos está en la asunción de responsabilidades. Sin ser el remedio de todos los males, una gestión profesional que permite, bien por responsabilidad o bien por temor a verse alcanzado, eliminar a la jerarquía inepta y mediocre antes de que su gestión conduzca al fracaso de toda la estructura, parece lo más deseable. Y si, pese a todo, el fracaso se consuma, entonces llega el momento en que el máximo responsable de la gestión debe asumir su responsabilidad y abandonar la dirección del proyecto.  Algo que estos tres políticos, conviene no olvidar que nombrados a dedo y por el principal mérito de tener un carné del partido gobernante en este momento, si han tenido, sin embargo, la decencia de hacer. Y con independencia de lo que cada uno pueda pensar de sus motivaciones para hacerlo, no cabe duda de que son un ejemplo para el resto de sus conmilitones de cualquier color, y para el resto de personas con alguna responsabilidad de mando dentro de la llamada “gestión pública”. Desgraciadamente, la experiencia de muchos años demuestra que estas dimisiones no serán más que una mera anécdota, y que mientras no se cambie el sistema las siempre necesarias autocrítica y asunción de responsabilidades no dejarán de ser una mera utopía…

“El precio de la grandeza es la responsabilidad” 

Winston Leonard Spencer Churchill, político y escritor británico (1874-1965)

Sepulcros blanqueados en la Sanidad Pública…

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La expresión “sepulcros blanqueados” es una metáfora que emplea Jesús en el Evangelio de San Mateo para comparar a los fariseos con sepulcros blanqueados, relucientes por fuera, pero llenos de podredumbre repugnante y vomitiva en su interior. Esta metáfora se sigue empleando para tachar a alguien de hipócrita, farsante, fariseo, inconsecuente con sus ideas, alguien que predica una cosa y hace la contraria,…

Desgraciadamente, esta figura también existe en nuestra Sanidad Pública. En los últimos meses han quedado claras distintas posturas de enfrentarse a los cambios que la maltrecha Sanidad Pública reclama.

Por un lado, la postura del Gobierno de la CAM, con su presidente Ignacio González al frente con los distintos y peculiares Consejeros de Sanidad que ha tenido a bien obsequiarnos, es bien conocida en su ambición de privatizar, como sea, la gestión de los hospitales públicos. Tan convencido está de ello que la CAM cuenta, hoy en día, con 4 hospitales públicos gestionados por 2 empresas privadas. Y eso que su intención inicial de privatizar la gestión de otros 6 centros no se llegó a concretar. (Lo cual no quiere decir que no lo pueda conseguir más adelante, dada la judicialización del proceso, que deja a merced de un sutil cambio en cualquier equilibrio de poderes en el ámbito judicial la posibilidad de que, al igual que fue suspendida una vez, pueda ser reactivada otra).

En el otro extremo, la sin par Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP). Más de 30 años defendiendo la Sanidad Pública. En concreto, su modelo de Sanidad Pública. Un modelo caduco que se ha mostrado ya agotado, pero que sus defensores están dispuestos a mantener con entrañable contumacia, impenetrables a cualquier posibilidad de cambio, ni siquiera en la mejor tradición gatopardiana de “cambiarlo todo para que nada cambie”. Antes bien, cayendo en absurdas teorías conspiranoicas que no hacen más que reafirmar la necesidad de superar este modelo y cambiar si queremos mantener nuestra Sanidad Pública.

A nadie se le oculta que en ninguno de estos dos extremos vamos a encontrar las bases para construir el cambio que se necesita. Aunque hay que agradecerles, al menos, que mantengan firmes y claras sus posturas, sin añagazas ni medias tintas. Sin embargo, entre ambas posturas antagónicas, que en su cerrazón son más parecidas de lo que inicialmente podría suponerse, existe una amplio campo donde poder desarrollar cambios y mejoras en la Sanidad Pública. Y es aquí donde cobra protagonismo la figura de los “sepulcros blanqueados”. Infinidad de documentos se han publicado planteando estrategias de cambio para nuestro sistema público de salud, pero como ejemplo basten 2 de ellos.

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Por un lado, el Informe Abril, que fue el primer gran intento de reforma para mejorar y garantizar la supervivencia de nuestro sistema público de salud. Así llamado por estar presidida la comisión encargada de su redacción por Fernando Abril Martorell, continúa siendo, a día de hoy, un documento fundamental para entender las complejidades de nuestro sistema y las posibilidades para reformarlo. Contrariamente a lo que ahora se estila, el Informe contó con la participación de numerosos profesionales, muchos de ellos de enorme prestigio, y con todo tipo de ideología, sin exclusión de ninguno por la misma (algo, desgraciadamente, impensable hoy). El Informe Abril, pese a estar redactado en 1991, conserva aún plena su vigencia e interés, y podría convertirse en un excelente punto de partida para abordar, de una vez por todas, una reforma seria y en profundidad de la Sanidad Pública.

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Por otra parte, hace apenas unos meses se publicó en la web de la Asociación de Economía de la Salud (AES, http://www.aes.es) en forma de capítulos, las conclusiones del documento “Sistema Nacional de Salud: diagnóstico y propuestas de avance” que plantea 166 reformas para la mejora del sistema público de salud. Este documento ha sido elaborado por un grupo de expertos en Salud Pública procedentes de distintos ámbitos y recoge las propuestas de actuación que, a su juicio, debieran llevarse para garantizar la sostenibilidad y el desarrollo futuro de nuestra Sanidad Pública.

Con sus diferencias, y aunque los separan más de 20 años, ambos documentos coinciden en una serie de aspectos críticos para afrontar con garantías un cambio que garantice la supervivencia de la Sanidad Pública. Ambos hacen hincapié en las ideas de autocrítica como punto de partida, en reconocer la existencia de “bolsas de ineficiencia”, en la necesidad de una profesionalización de la gestión y en la reivindicación de la meritocracia como patrón para la evaluación de la actividad y la gestión de los recursos humanos. Además, analizan sin sectarismos ni prejuicios aspectos tan relevantes como la retribución variable, las medidas de copago, la posibilidad de valorar la colaboración público-privada en la Sanidad Pública o la redefinición de la Cartera de Servicios y el concepto de “todo para todos y gratis”. Coincidiendo o discrepando, en mucho o en poco, no cabe duda de que pudieran ser un buen punto de partida para afrontar, de manera sensata, el problema de la supervivencia de la Sanidad Pública. Y alejados, aunque fuera por una vez, de los maniqueísmos que son norma en cuanto se sugiere cualquier alternativa original y valiente.

Por todo ello, resulta aún más llamativo que dos de los principales responsables de ambos documentos, Rafael Bengoa del Informe Abril y José Manuel Freire del informe de AES, mantengan ahora, tanto en las apariciones televisivas del uno (ungido, además, por su experiencia estadounidense, lo que no deja de ser llamativo en un país tan anti americano como el nuestro, al menos de boquilla…), como en la actividad parlamentaria del otro, discursos que parecen contradecir lo que, negro sobre blanco, habían plasmado anteriormente. Quien sabe si será que se arrepienten de ello, aunque no parece que nadie les haya preguntado sobre el particular, que lo hicieron forzados por oscuros intereses o que, simplemente, son firmes seguidores de Marshall McLuha y su conocido aforismo de “el medio es el mensaje” y consideren que es más relevante no lo que dicen sino el donde y como lo dicen, y sepan bien que la inmensa mayoría de los receptores se van a quedar con el titular sin profundizar en sus escritos. Se podría decir que ambos, aunque no son los únicos, se comportan de manera inconsecuente en función de donde y a quien se dirijan, que son, en definitiva, “sepulcros blanqueados”

Si despreciables en su cerrazón son las posturas extremas tanto del Gobierno de la CAM como de la FADSP, más decepcionantes son para todos los que creemos y tenemos ilusión en un cambio necesario para avanzar la indefinición tibia de quien no quiere (o no se atreve, o no le dejan…) defender públicamente lo que, en otros ámbitos han considerado adecuado y necesario. Con ejemplos como estos, el futuro de la Sanidad Pública es, cada día que pasa, más incierto y preocupante.

“No se puede ser y no ser algo al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto”

Aristóteles, filósofo griego (384 a.C.-322 a.C.) 

Sanidad Pública: cuando el enemigo está dentro…

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¡Por si fueran pocos los males que afligen a nuestra maltrecha Sanidad Pública desde diferentes frentes, ahora también la intentan destruir aquellos que dicen defenderla!

Recientemente ha aparecido, en la publicación sanitaria en la red Acta Sanitaria, una ¿reflexión? firmada por el Dr. Manuel Martín García, a la sazón presidente de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), que en su particular paranoia no tiene desperdicio alguno. Si ya eran delirantes muchas de las propuestas del portavoz de la FADSP, Dr. Marciano Sánchez Bayle, como su frontal oposición a cualquier intento de cambio y mejora en la eficiencia en el sistema público, (aún a riesgo de continuar y avanzar en la decadencia actual) que quedó clara en su defensa a ultranza del privilegiado status funcionarial del que disfrutan muchos médicos (no todos, pero eso al Dr. Sánchez Bayle le da igual…), las declaraciones de su presidente alcanzan un nuevo nivel “conspiranoico”.

El artículo en cuestión, Una casta profesional apoya la privatización del Sistema Sanitario Público”, evidencia hasta que punto muchos médicos fracasan cuando intentan salir del ámbito de su propia consulta.  No me atrevería jamás a cuestionar la competencia del Dr. Martín en su saber médico, pero en cuanto a oráculo de la realidad su habilidad es, como poco, cuestionable cuando no francamente risible. Pero vayamos por partes intentando analizar, sin sucumbir a la tentación de abandonarlo,  el artículo de marras.

El planteamiento principal sobre el que construye todo su alucinado discurso este prócer de la defensa de la Sanidad Pública es que existe una conspiración internacional liderada por un oscuro grupo denominado Club Gertech. Dicha asociación existe realmente, y cualquiera puede visitar su página web, pero es presentada por el autor como una gran alianza socioeconómica de la que casi nadie ha oído hablar y que viene desarrollando, desde hace tiempo y de manera invisible para la población y los trabajadores sanitarios, oscuros y turbios manejos en las sentinas de nuestra Sanidad Pública. En esta maléfica alianza privatizadora participarían “…algunas universidades, centros de investigación, empresas de informática y tecnología sanitaria, laboratorios farmacéuticos, fondos de inversión internacional (especialmente de USA y China) y grupos de comunicación…”. De acuerdo a la privilegiada información que el Dr. Martín posee, y que graciosamente se apresta a compartir con nosotros, el objetivo de este grupo seria hacerse con el control de la Sanidad Pública para proceder de manera implacable a su privatización.  No queda claro en el artículo, pero es fácil suponer que aunque inicialmente el objetivo del grupo parece la sanidad española, de salirles bien la jugada se lanzaría sin demora al control de otros sistemas públicos. Al fin y a la postre, y como se evidencia en el artículo, los instrumentos empleados para esta toma del control son aplicables a cualquier otro sistema. Quizás en posteriores entregas de esta apasionante aventura el Dr. Martín tenga a bien revelarnos los planes futuros de esta siniestra organización.

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Entre las perlas con las que el Dr. Martín ilustra su “escrito” destacan las líneas maestras de este devastador plan:

  1. Controlar toda la información generada por el Sistema Sanitario Público en relación con el estado de salud de la población, recursos disponibles, actividades desarrolladas y su funcionamiento”

De acuerdo a este paladín de la Sanidad Pública, el objetivo es privatizar el Sistema de Información del Sistema Sanitario Público para ponerlo al servicio de las multinacionales sanitarias  a través de forzar a la implantación de la Historia Clínica Electrónica (HCE), de redes informáticas de comunicación entre niveles y profesionales, etc. De esta manera, los conspiradores de la privatización accederán a todos los datos de los pacientes para poder manejarlos a su gusto.

Cualquiera que haya trabajado en alguna ocasión con HCE proviniendo de la tradicional Historia Clínica, en papel y con abultados sobres y carpetas, sabe de sobra apreciar las inmensas ventajas de la misma. ¡Y más aún cuando debe volver, después de emplear la HCE, al modelo de papel manuscrito! Solo los muy ignorantes, o los que no pisan su consulta salvo que se equivoquen, pueden poner en duda el enorme avance que para todos (médicos, enfermería, auxuliares, técnicos, etc.) supone una buena HCE.

  1. “Controlar la planificación estratégica y el funcionamiento de los servicios asistenciales  a través de las Unidades de Gestión Clínica”

El Dr. Martín afirma, sin rubor alguno, que las Unidades de Gestión Clínica (UCG) tienen encomendada la misión de privatizar la gestión de los servicios asistenciales hospitalarios y de atención primaria, modificando su estructura organizativa y funcional. Entre los perniciosos cambios que, a juicio del autor se avecinan estarían: dotar de mayor autonomía de gestión a los hospitales públicos; laboralizar a los trabajadores sanitarios; promover el autocuidado del enfermo mediante tecnologías instaladas en sus domicilios; libre elección de centro sanitario, etc. Este cambio de modelo vendría avalado por grupos profesionales con escasa presencia e influencia en los profesionales asistenciales: FACME (Federación de Asociaciones Científico Médicas), SEDISA (Asociaciones Profesionales y Sociedad de gerentes y directivos de los centros sanitarios públicos), Organización Medica Colegial (OMC), Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM), Conferencias de Decanos de Medicina y Estudiantes de Medicina, etc., todas ellas de “fuerte perfil conservador” (?)

Quizás sería interesante que el Dr. Martín y sus palmeros, pese a la aversión que parecen tener por las nuevas tecnologías, se dieran una vuelta por sitios como el blog de Tertulias Sanitarias, donde encontrarán una amplia y excelente revisión de cómo las UGC pueden ayudar al cambio que tanto necesita nuestra Sanidad Pública.

  1. “Impulsar y favorecer el uso intensivo de las tecnologías, responsables del crecimiento del gasto sanitario irracional”

Finalmente, el Dr. Martín da con una de las claves del deterioro del sistema: ¡la multiplicación del gasto sanitario en pruebas tecnológicas y servicios especializados puede condicionar la sostenibilidad del Sistema Sanitario Público, incrementar la iatrogenia y las desigualdades de salud!

No deja de ser llamativo que los claman, y reclaman, por imponer su particular concepto de “equidad” en la atención sanitaria según la cual debe de haber “de todo y para todos en todos los sitios” se descuelguen ahora con la revelación de que las nuevas tecnologías son muy costosas. Los mismos que alientan, por ejemplo, que se instalen unidades de radioterapia en cualquier capital pequeña, o que se compren e instalen unidades de PET-TC en cualquier hospital regional, porque “es el derecho de los ciudadanos a disponer de los últimos avances tecnológicos próximos a sus domicilios”, son los que ahora acusan a los gobernantes de estar “vendidos” a las multinacionales que pretenden tan solo colocar sus equipos como sea. Durante años, la tremenda presión ejercida a través de colectivos de pacientes, asociaciones varias y organizaciones como la FADSP han forzado a los distintos gobiernos a realizar enormes inversiones de claro talante electoralista y que, desgraciadamente, han demostrado ser muchas veces innecesarias llegando a estar infrautilizadas. Pero por supuesto, ellos no aceptarán nunca ninguna responsabilidad, porque es bien sabido que “el dinero público no es de nadie”

Si no fuera por la dramática situación por la que atraviesa nuestra Sanidad Pública, motivada por el comportamiento indecente de muchos que se llaman profesionales, tanto de la escoria política como, desgraciadamente, de la propia profesión medica, afirmaciones como las expresadas en el panfleto publicado en Acta Sanitaria no pasarían de la consideración de meras bufonadas sin mayor recorrido. Lo realmente triste es que gran parte de la casta gerontocrática que puebla la Sanidad Pública se aferra a concepciones de este tipo para no reconocer la deriva imparable del sistema ni su propia responsabilidad en la misma. Afortunadamente,  somos cada vez más los médicos que, escarmentados de este falso y pernicioso asociacionismo, apostamos decididamente por un cambio necesario de modelo para poder preservar nuestra Sanidad Pública.

 “En los propios enemigos es donde se encuentra aún mayor bajeza”

Jules Renard, escritor, poeta y dramaturgo francés (1864-1910)

Lecciones (y elecciones) después de la derrota…

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La reciente eliminación de la Selección Española de Fútbol de la fase final de la Copa del Mundo deja, además de la inevitable sensación de fracaso, algunas reflexiones muy interesantes. El comportamiento y actitud de muchos de sus protagonistas ante las derrotas, humillantes por modo y forma, sufridas en Brasil reflejan a la perfección maneras y comportamientos extrapolables a otros muchos ámbitos laborales.

Tiempo habrá para que lo expertos planteen el necesario cambio de sistema que exige una debacle como la acaecida. Porque, sin duda, el modelo actual, que había proporcionado extraordinarios réditos en el pasado, ha dado muestras de estar casi agotado, habiendo sido superado por otros sistemas que han evolucionado más. La diferencia existente entre la España que derrotó con su sistema a Holanda en 2010 frente a la que ha sucumbido estrepitosamente ante el mismo rival en 2014 no demuestra más que el avance y superación del equipo holandés, que ha sabido aprender y cambiar lo necesario para revertir la derrota de Sudáfrica.

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Sin embargo, dos actitudes, por lo contrapuestas y lo que tienen de significativas, llaman poderosamente la atención. Por un lado, la autocrítica de Xabi Alonso, uno de los pilares fundamentales de nuestra selección, realizada apenas unos minutos después de la humillante derrota ante Chile, y tras la negativa imagen ofrecida por España, evidencia una actitud valiente y comprometida que muchos desean obviar. La capacidad de reconocer los errores sin buscar falsas justificaciones, sin elevar la responsabilidad hacia los superiores o sin caer en la justificación fácil por acciones malintencionadas de terceros, es algo que, por su extraordinaria rareza en España, merece ser destacado. Y más aún cuando proviene de uno de los mejores y más brillantes jugadores de la historia del fútbol español, cuyo trabajo excelente siempre acompañado de una identificación absoluta hacia su equipo y de una capacidad de sacrificio encomiable, hacen de él un ejemplo para cualquier trabajador en cualquier profesión. Desgraciadamente, la autocrítica no es lo habitual en España y cuantas veces es más frecuente en España, en cualquier actividad diaria, esconderse en cualquier excusa antes que reconocer los propios fallos. Una sana autocrítica es imprescindible para poder sentar las bases para una futura renovación y volver a aspirar a los éxitos pasados. Y si eran pocas las virtudes que adornaban a Alonso como jugador, su decisión de retirarse, de reconocer que su tiempo ha pasado, de dejar paso a otros más jóvenes y que puedan aportar diferencias para seguir creciendo es, probablemente, su mayor y más sacrificada aportación a la Selección Española.

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Frente a esta actitud contrasta la del máximo responsable, el seleccionador nacional Vicente del Bosque, tendiendo a relativizarlo todo pero sin reconocer una mínima responsabilidad. Alguien que ha disfrutado mucho, y con todo el derecho ganado, de las mieles del triunfo no esta sabiendo apurar, en la misma medida, las hieles de la derrota. Ni la más pequeña autocrítica ha salido de su boca en estos días, ni el menor reconocimiento de sus carencias o falta de previsión ha alterado su imperturbable rostro. Y lo peor es que la razón fundamental del fracaso de la selección española no es otro que la complacencia y falta de estudio del seleccionador y su equipo directivo. Los triunfos de años pasados parecen haber anestesiado su capacidad de identificar y anticipar las carencias, de buscar nuevas fórmulas y alternativas, en definitiva, de evolucionar y crecer hacia mejor. Su falta de estudio de los rivales y su descarada apuesta por la gerontocracia y los derechos adquiridos antes que por la meritocracia están en la raíz de su fracaso. El resto de seleccionadores, como bien han demostrado Holanda y Chile, han dedicado muchas horas a estudiar hasta el mínimo detalle el juego de España, a identificar sus debilidades y buscar alternativas para derrotarlo, a conocer sus propias fortalezas y la mejor manera de emplearlas. Nada de eso ha hecho el seleccionador español. Si es porque no puede, no sabe o no quiere es algo que carece de importancia en este momento. Lo que se ha demostrado es que el empecinamiento en un modelo por brillante que haya sido, la negativa a introducir cualquier cambio y la ausencia total de autocrítica sólo conducen a un fracaso más estrepitosos cuanto mayor es el enroque en una postura inamovible. Vivir de las rentas de logros y avances pasados tiene este riesgo, que hay que ser muy valiente para ver y afrontar la necesidad de un cambio sean cuales sean sus repercusiones, y no todos los dirigentes están preparados para ello. Una vez más, y en contraposición a la decisión adoptada por Xabi Alonso, el empeño en no reconocer sus errores que se ha manifestado ante su falta de dignidad para presentar su irrevocable renuncia a seguir dirigiendo al equipo español inmediatamente después del último fracaso tan sólo evidencia el apego desmedido por un cargo aunque su proyecto fracase a su alrededor.

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Y toda esta reflexión puede ser aplicada, con mínimas diferencias, a cualquier situación profesional, incluyendo nuestra maltratada Sanidad Pública. También en ella existen Alonsos y Del Bosques, y las diferencias y repercusiones de ambas posturas están claras. La cuestión es qué modelo preferimos los médicos…

“Los cobardes agonizan muchas veces antes de morir… Los valientes ni se enteran de su muerte”
Cayo Julio Cesar, Dictador de la República de Roma (100 a.C.-44 a.C.)

Elecciones Europeas y Sanidad Pública: ¿alguien ha ganado?

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Pasada ya la resaca de las recientes elecciones al Parlamento Europeo, es momento de plantear alguna reflexión al hilo de los resultados de las mismas. Más allá de las sempiternas manifestaciones de victoria que todos hacen en cuanto conocen los resultados del recuento vuelve a demostrarse, una vez más, la absoluta y total falta de autocrítica característica de cualquier dirigente español que se precie. Aunque es cierto que esta vez, y probablemente sin que sirva de precedente, al menos uno de los dirigentes políticos ha tenido la decencia de asumir sus errores y presentar su dimisión. Eso si, de forma diferida que es al parecer lo que se lleva entre nuestra escoria política… Pero salvo esa excepción, quien sabe los verdaderos motivos, el resto de la casta se niega a la más mínima autocrítica y, por añadido, a asumir cualquier minúscula responsabilidad que les pudiera competer, siquiera tangencialmente, con respecto a sus más que evidentes fracasos. Lo triste es que esta actitud no es sino un reflejo del sentir y actuar de la generalidad de dirigentes españoles, a todos los niveles y en todas las profesiones. También en la sanidad. También en la Sanidad Pública, donde la mera mención de las palabras autocrítica o asunción de responsabilidades provoca un tremendo rechazo.

elecciones

Hemos padecido una campaña propia de la categoría de la escoria política que nos ha tocado en desgracia padecer. Desde las llamadas a la superioridad intelectual fundamentadas en la testosterona de unos, hasta los agravios feminoides y las comparaciones bíblico-revolucionarias de otras, pasando por el burdo remedo de Rodolfo Chikilicuatre que hemos enviado a esta particular Eurovisión o por los renegados de otros partidos y demás “profesionales” del parlamentarismo patrio que parecían buscar mantener tan solo caliente su sillón, el nivel intelectual del debate ha sido, por decirlo de alguna manera, inexistente. Pero qué esperábamos, se limitan a repetir, quizás de manera algo histriónica, clichés y comportamientos habituales en la sociedad. No podemos quejarnos por ello…

madrid
Lo que si resulta más llamativo es la lectura e interpretación que de los resultados de estas elecciones pueden hacerse con respecto a diferentes ámbitos de la vida pública. Particularmente interesante es la lectura que desde el sector de la Sanidad puede, y debe, hacerse. Durante casi dos años hemos vivido un clima de constante confrontación, motivada principal aunque no exclusivamente por los planes de la Consejería de Sanidad de la CAM, entre los médicos y nuestros gobernantes. Durante meses se han sucedido las manifestaciones, tanto en la calle como en los Hospitales y Centros de Salud, frente a las intenciones privatizadoras de la Consejería de Sanidad. Y, aparentemente, el apoyo a las mismas era masivo por parte de la ciudadanía, o así se nos quería hacer creer. Cualquiera podría pensar que, en estas circunstancias el rechazo al partido gobernante responsable de iniciar esta lucha sería mayoritario, y este partido y sus dirigentes serían expulsados, democráticamente, de cualquier institución que pudieran mancillar con sus planteamientos tan alejados del inmenso sentir de la práctica totalidad de la población. Y, sin embargo, ese mismo partido político marcado con el estigma de la privatización y el rechazo frontal de la ciudadanía, ha vuelto a ser el más votado. Cierto es que con una notable merma de votos, pero continúa manteniéndose como la opción prioritaria de esa misma ciudadanía que, aparentemente, rechazaba tan masivamente sus propuestas. Y esto merece alguna reflexión. Dejando de lado que el ganador absoluto de las elecciones ha sido la abstención, y presumiendo que todos, o la inmensa mayoría, de los que han venido manifestando reiteradamente su desacuerdo con la actitud del gobierno de la CAM han votado en contra, resulta difícil comprender como sigue siendo la fuerza más votada. ¿Quizás hay muchos ciudadanos que apoyaban, tácitamente, los proyectos de la CAM?, ¿o quizás la oposición a este plan no era tan masivamente rechazada?, ¿o quizás, y haciendo una necesaria autocrítica, el rechazo que muchos sentíamos por la actitud de la Consejería de Sanidad de la CAM se ha visto intoxicada por otros intereses bastardos, alejados de las reivindicaciones de muchos médicos que esperábamos una apuesta más valiente por el cambio que la mera defensa a ultranza de un sistema caduco, gerontocrático y burocrático? Somos muchos los que venimos reclamando desde hace tiempo la necesidad de un cambio de modelo, de sacudirnos la mediocridad existente que nos permita recuperar todo lo bueno que tiene este modelo, de apostar por la meritocracia y la profesionalización en la Sanidad Pública, de recuperar la necesaria asunción de responsabilidades e, incluso, de plantear si es necesario la laboralización del personal como instrumento para conseguir estos objetivos. Sin embargo, no parece ser este el sentir de gran parte de la casta que habita en nuestro sistema. Y quizás la falta de valentía para afrontar este cambio, y el empecinamiento de los profesionales de la política en defender un modelo agotado, han motivado que muchos descontentos hayan engrosado el bloque abstencionista. Y, sin duda, aquí hemos fallado los que queremos un cambio, no hemos sabido transmitir suficientemente la necesidad de cambiar ni plantear alternativas creíbles y hemos sido ahogados por los defensores de la casta. Lo verdaderamente preocupante será cuando en otras elecciones ese bloque abstencionista decida, en mayor medida, ejercer el voto. Y si ahora no han encontrado motivo para oponerse frontalmente, quizás tampoco lo encuentren más adelante…

andalucia
Y si llamativo es el caso de la Comunidad de Madrid, otro tanto puede decirse de la comunidad que peor trata a sus médicos, como es Andalucía. Una región donde no sólo abundan los contratos eventuales, sino que estos se repiten con insultante constancia en periodos muchas veces de apenas un mes de duración y con dedicación (y retribución) al 50-75%. Y así se mantiene desde hace años, pese a huelgas y manifestaciones de los médicos. Y aún así, el partido del gobierno vuelve a ser, una vez más, el preferido por sus conciudadanos. ¿Será que a los andaluces, a semejanza de los madrileños, tampoco les interesa el estado de su Sanidad Pública? ¿Será que algo tan español como el pesebrismo retrae a los votantes de manifestarse en contra de quienes detentan el poder por si les privan de las migajas que éste les arroja periódicamente? ¿O qué de nuevo se mezclan intereses que enfangan las legítimas reclamaciones de los profesionales?

Lo que si parece claro tras el resultado de estas elecciones es que existe una evidente división entre las reclamaciones y protestas ciudadanas y la plasmación que estas tienen cuando existe la oportunidad de un cambio de gestión. ¿Será qué las elecciones son, como decía Lloyd George, “la venganza del ciudadano y la papeleta es un puñal de papel”? ¿Y contra quiénes se ha dirigido entonces ese puñal? ¿Será qué las alternativas tampoco ofrecen confianza?

“Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores”
Winston Churchill, político y escritor británico (1874-1965)

Sanidad Pública: ¿el Rey está desnudo…?

El_rey_desnud

andersen

 

Han pasado ya 18 meses del inicio de las movilizaciones en la Sanidad Pública madrileña, y lo que parecía que se iba a convertir en un maremoto que arrasara con todo lo anteriormente conocido, haciendo limpieza de la mediocridad instaurada en el sistema y permitiendo reconstruir, aprovechando los materiales existentes, un nuevo modelo más justo y sensato, ha quedado difuminado por el paso del tiempo. Las ansias de cambio, de regeneración, de modernización de unas estructuras obsoletas que muchos teníamos van siendo, poco a poco pero inexorablemente, apagadas.

Hoy, como en el inmortal cuento de Andersen de hace casi 180 años, nuestra Sanidad está desnuda, aunque pocos se atrevan a denunciarlo.

El espíritu de cambio que pareció prender desde la oposición al plan de la Consejería de Sanidad de la CAM fue rápidamente sofocado. Las denuncias sobre la desnudez del sistema, sobre sus vicios y carencias, sobre su mediocridad, se intentaron tapar exponiendo, ¿y quizás exagerando en ocasiones?, las innegables bondades del mismo. Cualquiera que se atreviera a evidenciar la situación real de nuestra maltrecha Sanidad Pública era, inmediata y terminantemente, tachado de “ánimo privatizador”. Ni una mínima autocrítica, ni un atisbo de cambio se ha permitido. La esperanza en cambiar para mejorar, para crecer, para sacudirnos lo sobrante y reforzar lo bueno y lo mejor, se ha ahogado. Los intentos de tejer un nuevo traje a nuestra Sanidad Pública han chocado frontalmente con la rigidez de un sistema que desprecia la meritocracia y que gusta de asentar sus reales sobre el binomio gerontocracia / burocracia. Y cualquier intento de airear y renovar el sistema, como las jubilaciones de acuerdo a la legislación vigente, es tomada como un ataque frontal no a las partes afectadas sino al todo en su conjunto. Iniciativas procedentes de distintos ámbitos (SEDISA, AES,…) son sistemáticamente despreciadas sin que merezcan la menor consideración. Tan solo perviven pequeñas islas de debate, como las Tertulias Sanitarias (¡gracias, @Monicamox1!), pero corren el riesgo de convertirse en una isla exóticamente discrepante en un mar de conformidad y autocomplacencia.

En nuestro sistema abundan, desgraciadamente, los reyes (en todos los estratos) que se niegan a reconocer su desnudez, y que son capaces de creer a cualquier sastre, véase la conocida reunión con “los 400”, antes que a quienes denuncian las carencias, y que no tienen reparos en considerar a cualquiera que se atreve a denunciar la mediocridad del sistema como un elemento desagradecido, disturbante y de mala influencia para el resto.

Pero, pese a todo, el Rey continúa estando desnudo…

“Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados”
José De San Martín, militar y héroe de la independencia de Sudamérica (1778-1850)

Ignacio González y la reunión con “los 400”: ¿más de lo mismo?…

ignacio-gonzalez_01_ampliada_06El tiempo pasa, las caras cambian pero la tragicomedia de la Sanidad Pública madrileña permanece. En un ejercicio de gatopardismo que hubiera merecido los más enfervorizados aplausos del propio Lampedusa, la Consejería de Sanidad de la CAM decidió hace unos meses “cambiar algo para que nada cambie”. Nuevos rostros aparecieron en primera línea: se retiró a Javier Fernández Lasquetty y se aupó al puesto de Consejero a Javier Rodríguez, que aportaba frente a su predecesor el (dudoso) “beneficio” de ser Doctor en Medicina y Cirugía. Dudosa ventaja ya que es alguien involucrado directamente en la actividad política desde 1983 y que ha pasado por cargos de responsabilidad tan alejados de la práctica clínica diaria de la medicina como ser consejero de Telemadrid (1995-2001) o portavoz de Sanidad del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid desde 1987. Y al igual que se cambió al Consejero, se sustituyeron otros cargos de responsabilidad: viceconsejero, directores generales,…

Y todo, ¿para qué? A la vista de los últimos acontecimientos, para nada. Para que todo siga igual. Para que la Consejería continúe manejándonos a los médicos a su antojo, despreciando nuestra labor e insultándonos con sus “propuestas”. El último capítulo en esta cada vez más larga lista de desprecios tuvo lugar ayer. El Presidente de la CAM, Ignacio González, reunió a 400 profesionales (¿reminiscencias del “club de los 600”?) para venderles la última ocurrencia de su gobierno. Que estemos a menos de un año de agotar la presente legislatura, y por tanto, de tener que convocar nuevas elecciones, no parece que tenga relación. De todas maneras, lo dicho ayer por Ignacio González permite varias e interesantes reflexiones:

  • Como casi siempre en los últimos 2 años, hubo una total falta de autocrítica. Ni en las circunstancias más adversas son capaces de reconocer nuestros dirigentes que se han equivocado. Todo lo más, que los médicos no hemos sido capaces de entender sus desvelos y buenas intenciones…
  • El gobierno de la CAM descubre que hay más de 5000 profesionales en situación de eventualidad mantenida, ¡algunos desde hace más de 10 años! Pero en lugar de plantear un abordaje sensato y desprovisto de todo partidismo de un problema como este, en lugar de poner sobre la mesa soluciones que supongan un cambio real y drástico, como ha sido recomendado por grupos de estudio sin aparentes intereses de partido como el Informe Abril, el de SEDISA o, más recientemente, el de AES (desfuncionarizar, laboralizar,…), opta por la solución más sencilla. Y la que más daño nos puede hacer. En vez de apostar decididamente por eliminar la mediocridad imperante en el sistema público, el Gobierno de la CAM anuncia la conversión de 5000 eventuales en interinos. Y se queda tan contento. Y los 400 allí reunidos, también. Y los que sufrimos sus decisiones seguiremos viendo que medidas de este tipo lo único que consiguen es perpetuar las discriminaciones existentes. Los interinos continuarán discriminados, tanto laboralmente porque no tendrán los mismos derechos que sus compañeros con plaza en propiedad en cuanto al acceso a plazas de promoción, jefaturas, etc…, como discriminados económicamente al continuar sin derecho a percibir retribución alguna, salvo que la gane en los tribunales, ni por concepto de antigüedad ni por concepto de carrera profesional. ¿Cuál es la ventaja entonces?
  • Pero no contentos con esto, el Gobierno de la CAM da un paso más y recupera, como gran incentivo, ¡las peonadas! Hace casi 2 años fueron eliminadas por mor del necesario ahorro. Ahora, ¿en relación quizás con el calendario electoral?, son recuperadas como la mejor manera de motivar y premiar a los médicos por su esfuerzo, convenciéndolos de la necesidad de trabajar tardes y fines de semana. Eso sí, a cambio de una remuneración. ¡Cuanta generosidad! Una vez más, nuestro políticos dan muestra de su estulticia y creen que el dinero (público, que ya se sabe que “no es de nadie”) puede arreglarlo todo. En lugar de acabar con las bolsas de ineficiencia (que las hay, y todos sabemos donde…), en lugar de optimizar los recursos técnicos y humanos, prefiere cerrar los ojos y prometer cualquier cosa. ¿A cambio de qué?, ¿de los votos necesarios para mantenerse…?
  • Cuatrocientos profesionales, exclusivamente jefes de servicio, supervisoras de enfermería, responsables de centros de salud y directivos de la organización sanitaria madrileña, considerados como representativos de la sanidad madrileña, al menos a juicio de la Consejería de Sanidad se juntaron ayer en el Aula Magna del Pabellón Docente del Hospital General Universitario Gregorio Marañón a escuchar las nuevas promesas del Presidente González. Y, o bien no las escucharon o bien están de acuerdo con ellas ya que, en general, aguantaron todo el acto sin, aparentemente, inmutarse ante los insultos y desprecios vertidos hacia los médicos. Insultos y desprecios que cualquiera que viva la Sanidad Pública madrileña día a día sufre y padece (quizá sea ese el problema…). Cuatrocientos profesionales que acudieron voluntariamente, y sabiendo a lo que iban, a la conferencia de autocomplacencia de Ignacio González y su Consejero de Sanidad. ¿Donde ha quedado la dignidad de nuestros superiores? ¿Por qué aguantaron la mayoría de ellos los desprecios que en forma de promesas y mejoras iba vertiendo el Presidente sobre todos los médicos del SERMAS que, por supuesto, no estábamos allí? ¿Quizás la amenaza, más o menos velada, de aplicar de nuevo la ley en forma de jubilación, legal y legítima, a los 65 años los retrajo de manifestar su desaprobación?…
  • Por último, resulta hasta cierto punto decepcionante, que organizaciones que han demostrado su oposición a los planes de la Consejería, que han liderado, en buena parte, la unión de los médicos frente a los planes de la CAM, vean en reuniones como la de ayer alguna “buena noticia”. Al menos, esas fue la opinión inicial de AFEM plasmada en las redes (¿quizás el resbalón esté en relación con el cambio en la responsabilidad de la comunicación en redes sociales de AFEM?). ¿Y qué tiene que ganar AFEM haciendo ahora seguidismo de las envenenadas ofertas de la Consejería de Sanidad?

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En definitiva, ayer asistimos a un nuevo capítulo en la ya demasiado larga lista de desprecios con los que la Consejería de Sanidad, y por extensión el Gobierno de la CAM, nos agradece a los médicos el esfuerzo para mantener mínimamente funcionante un sistema caduco como el actual, donde prima la mediocridad, la gerontocracia y la burocracia, donde se desprecia la profesionalización y la meritocracia y al que parece que nadie quiere, de verdad, arreglar. Y lo peor de todo es que muchos, aún, siguen comprando esa mercancía…

“Quienes ganan las batallas son los borregos, pero quienes ganan las guerras son los hombres libres”

John Steinbeck, escritor estadounidense y Premio Nobel de Literatura (1902-1968)

Tertulias Sanitarias: una oportunidad para el cambio…

¿Y ahora, qué? Ya se ha retirado el plan privatizador de la Consejería de Sanidad de la CAM después de más de un año de conflicto, y las cosas vuelven al mismo punto de partida. ¿Al mismo?, rotundamente no. Los médicos hemos empleado más de un año en oponernos a cualquier iniciativa que haya podio partir de la Consejería. Y la oposición ha consistido, casi exclusivamente, en fiarlo todo a la ruleta rusa de la judicialización. Desde un principio, he mantenido que esperar que sean los jueces los que legislen a favor o en contra es un inmenso error. Esta vez, al menos, ha salido a favor, pero no deja de ser un peligroso, muy peligroso, precedente. Judicializar cualquier decisión legislativa tiene el inmenso riesgo de que la aplicación de las iniciativas de gobierno va a recaer en el criterio, muchas veces ideológico, de los jueces. Y así, puede suceder que lo que hoy es un dictamen favorable a una parte se torne en desfavorable en otra ocasión de acuerdo a la particular ideología de cada juez. ¿Qué sucedería si, dentro de unos años y con otro gobierno de otro color en la CAM, una iniciativa dirigida a cualquier aspecto de la Sanidad Pública es recurrida ante los tribunales, y es aceptada por cualquier juez cuya ideología no coincida con la del partido gobernante?, ¿y si esa iniciativa, buena o mala, es “suspendida cautelarmente” por tiempo indefinido? ¿Estaremos dispuestos a aceptar esas nuevas reglas de juego?

Pero, con independencia del incierto nuevo horizonte que se abre tras esta decisión, lo que no debe olvidarse es que, quitando la batalla judicial, poco más se ha hecho por arreglar los tremendos problemas que asolan nuestra Sanidad Pública. Ni autocrítica, ni análisis de las fortalezas, pero también de las debilidades, ni ideas ni proyectos para un cambio que los médicos (y todo el sistema) necesitamos. Desgraciadamente, ha sido un año perdido en este aspecto. Y las pocas iniciativas sensatas que se han propuesto, y no precisamente las del afortunadamente olvidado “Colectivo de los 600 Jefes”, han sido muchas veces despectivamente tachadas de “colaboracionistas” con el gobierno de la CAM sin siquiera haber tenido una mínima consideración o debate.

Por todo ello, hay que felicitar encarecidamente la iniciativa de las Tertulias Sanitarias que hoy comienza. Esta iniciativa representa un soplo de aire fresco, un foro donde poder discutir e intercambiar opiniones y proyectos para el cambio, y donde lo que prime sea la opinión de los más interesados en que el sistema continúe siendo eficaz. Personalmente, he discutido muchas veces con compañeros de AFEM, y hemos divergido en otras tantas ocasiones, aunque también hemos tenido puntos de encuentro. Pese a ello, o gracias a ello, considero que AFEM está mucho más legitimada para plantear cambios en el modelo de Sanidad Pública que lo que puedan estar cualquiera de los sindicatos, aunque lleven en su nombre la palabra “médico”, o de los partidos políticos, cuyas actuaciones han estado, generalmente, más próximas a la defensa de sus propios y particulares intereses que a la mejora de la Sanidad Pública. Y por todo ello, me siento enormemente honrado de la invitación que la Dra. Mónica García (@Monicamox1) me hizo hace unos días para participar en estas Tertulias. Lo considero realmente un honor y un claro ejemplo de la amplitud de miras y búsqueda de la diversidad de ideas y planteamientos que los organizadores desean para las Tertulias Sanitarias. Estoy convencido de que es éste un camino que tenemos la obligación de explorar y que los médicos debemos apoyar este tipo de iniciativas y procurar que este “brote verde” se consolide y nos permita, de verdad, empezar a hacer el cambio en la Sanidad Pública que tanto necesitamos.

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”

Eleanor Roosevelt (1884-1962), defensora de los derechos sociales, diplomática y escritora estadounidense