La España de Machado y el Ébola: “de cada diez cabezas…”

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Hace unos días, un presumible aspirante a la presidencia del Gobierno de España manifestaba en una entrevista en un periódico que “el Ministerio de Defensa sobraba” en su concepción de un futuro gobierno. Con independencia de las reacciones que sus declaraciones han suscitado en distintos ámbitos, lo que es cierto es que, para lo que hacen, son muchos los ministerios de este gobierno que sobrarían. Pero si hay uno que se lleva la palma y que se ha ganado su desaparición, y más a la vista de los últimos acontecimientos, es sin dudad el Ministerio de Sanidad. No se puede gestionar peor una situación de alarma social como es el primer caso de contagio por virus de Ébola en España que como lo han hecho los responsables (?) del Ministerio de Sanidad. Cada vez es más evidente que Ana Mato es la peor ministra de Sanidad que hemos sufrido los españoles a lo largo de toda nuestra historia. ¡Y eso que el listón para merecer tal consideración está muy alto! Era difícil que después de albergar ineptas y mediocres de la categoría de Celia Villalobos o de Leyre Pajín, alguien pudiera siquiera aproximarse a su grado de estulticia. Y, sin embargo, Ana Mato lo ha conseguido. ¡Y lo ha superado! Lo peor no es sólo el daño que su ignorancia, falta de reflejos y absoluto desprecio por España y los españoles están haciéndonos, sino que, encastillada en sus errores como política que es, no se plantea lo más obvio y necesario: pedir perdón, dimitir e irse. Claro que tan responsable de esto es ella como el mediocre que la mantiene en el cargo, quizás por no asomarse a lo que le aguarda, considerando sus habilidades… Muchas opiniones son las que sostienen que primero hay que centrarse en resolver la crisis del Ébola y que ya habrá tiempo después de exigir responsabilidades y dimisiones. Discrepo con ellos, ya que no son actitudes incompatibles. ¡Y cuanto mejor nos iría si, además de afrontar esta situación con calma y profesionalidad, lo hiciéramos guiados por alguien capacitado y honesto en sus formas y desempeños…!

Desgraciadamente, en España es siempre primero la opinión, cuanto más vocinglera mejor, y luego ya, si eso, la información. En lugar de analizar problemas y comportamientos, nos empeñamos siempre en buscar culpables.

Aunque siempre ha estado presente en el inmanente español, nunca como ahora es aplicable la sentencia de Antonio Machado: “En España, de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa”. En esta crisis nuestra del Ébola, muchas más que nueve cabezas embisten, pero basten unas cuantas:

  1. Embisten quienes acusan a las autoridades sanitarias del flagrante delito de “haber traído el Ébola a Europa”,  tachándolas de asesinas (y deseando incluso su muerte) e ignorando tanto las recomendaciones de la OMS acerca de la repatriación de enfermos como la evidencia de otros pacientes con Ébola que han sido repatriados para ser tratados en Francia, Reino Unido, Alemania o Noruega. Como siempre, es más fácil opinar que informarse…
  2. Embisten los responsables de un Ministerio que, despojado de la mayoría de sus competencias por la nefasta división en 17 paisitos de España, tan solo es responsable de atender situaciones como la creada y aún así, se muestra totalmente incapaz. Es vergonzoso que no se disponga en España de un solo centro estatal especializado en atender epidemias (a ejemplo de los CDC’s estadounidenses) y que se tenga que recurrir a reabrir un centro autonómico desmantelado. ¿Por qué no se ha planteado siquiera utilizar las instalaciones, por ejemplo, del Hospital Central de la Defensa, dependiente del estado central y que se supone está preparado para emergencias NBQ? ¿Acaso es que tampoco lo está o es qué existe alguna otra razón?
  3. Embiste, y como un auténtico cabestro, el Consejero de Sanidad de la CAM, quien se jacta de ser médico y acusa sin pudor a una paciente de “mentir a su médico” o de “no estar tan mal porque se fue a la peluquería”. El mismo que, como muchos de sus compañeros, debiera estar ya jubilado y alardea de su facilidad para ponerse un Equipo de Protección Individual (EPI). ¡Ánimo, Dr. Rodríguez, que muchos compañeros suyos estamos deseando comprobar sus habilidades!
  4. Embisten quienes nos han forzado a la nauseosa y despreciable politización que impregna toda actividad de la vida diaria de los españoles. La recua de políticos que tenemos la desgracia de soportar todos los españoles de bien ha conseguido que cualquier situación, cualquier problema o cualquier coyuntura sean siempre analizadas y visualizadas bajo el prisma de la ideología política.
  5. Embisten los medios de comunicación, para los que las noticias son buenas o malas en función del sesgo ideológico bien de su protagonista (o de su víctima) o bien de quien lo relata. Y esos empeños bastardos en politizarlo todo son los polvos de los que ahora vienen los lodos hediondos que nos envuelven, y que nos impiden reconocer lo que una vez fue la objetividad y distinguir la información de la mera opinión. Y lo más triste es que la opinión, que se supone libre e independiente de muchas personas de bien, se contamina por esta deprimente polarización ideológica.
  6. Embisten los que achacan sin sombra de duda cualquier problema a un error del procedimiento establecido, sin afrontar la más mínima autocrítica y despreciando por completo la posibilidad del fallo humano. Todos los procedimientos pueden tener errores, pero en la mayoría de ocasiones el fallo final está motivado tanto por la suma de errores en el protocolo junto con el error humano, como bien explicó J. Reason con su modelo del queso suizo para explicar los accidentes y fallos de seguridad.
  7. Embisten quienes se empecinan en defender un modelo perverso de 17 sanidades distintas que son incapaces, ninguna de ellas, de encarar una crisis de estas características. Si mala es la gestión de la Sanidad Madrileña, que desmantela un centro específico sin prever su utilidad futura, ¡qué decir del resto de paisitos donde ni siquiera existe la opción de tratar pacientes con este tipo de enfermedades con una mínima garantía! De otro modo, no se entiende que no hayan ofrecido sus infraestructuras para atender a estos pacientes a la vista del caos generado en la Comunidad Autónoma de Madrid
  8. Embisten todos los exaltados defensores de la vida de un perro que ni siquiera se han tomado la molestia de revisar la literatura científica existente acerca del posible papel de estos animales, los perros, en una infección por Ébola. Resulta vergonzoso el aquelarre organizado en torno a este desgraciado animal pretendiendo también utilizarlo como ariete de una repugnante histeria política. De nuevo, primero gritar y luego informar…
  9. Y finalmente, embisten todos aquellos “profesionales” que, en palabras de Elvira González, vicesecretaria provincial del Sindicato de Auxiliares de Enfermería (SAE), “se han negado a trabajar con enfermos de Ébola” alegando que las condiciones de seguridad no son las adecuadas. Además del desprecio que supone al compromiso adquirido con su profesión, se desestima de nuevo cualquier esfuerzo por conocer realmente que son, para que sirven y cuales son las recomendaciones sobre EPI de, por ejemplo, los CDC o la OMS y se opta por dar pábulo a cualquier rumor o pseudo noticia, más o menos interesada, antes que recabar una adecuada información

Afortunadamente, en medio de todo este esperpento también existen ejemplos de esa décima cabeza que piensa y que intenta poner algo de cordura: en lo que es el Ébola y su gestión, sobre su prevención, con respecto a los protocolos y la seguridad clínica o en relación con los equipos de protección individual.

“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia.”

Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina y Fisiología (1852-1934)

 

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Más sobre el ánimo de lucro en la Sanidad Pública: Interpretaciones varias de un concepto abstracto

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Más sobre el ánimo de lucro en la Sanidad Pública: Interpretaciones varias de un concepto abstracto.

Sobre la Calidad mal entendida…

Uno de los argumentos que más se están repitiendo para rechazar el Plan de Sostenibilidad de la Sanidad de la CAM es el más que seguro deterioro en la calidad de la atención si finalmente se lleva a cabo. Esta preocupación por la calidad, repetida como un mantra salvífico en todas las concentraciones y manifestaciones, nos sitúa de nuevo ante el maniqueísmo en que ha derivado este conflicto. En este punto, se asegura que sólo la Sanidad Pública de acuerdo al modelo de gestión actual garantiza la calidad de la atención médica, y que, por consiguiente, cualquier otro modelo de gestión no sólo va a conllevar un deterioro de la calidad sino que, incluso, este deterioro será buscado en aras de una mayor rentabilidad económica.

Dejando de lado la puerilidad de este argumento, supongo que sostenido por los mismos que defenderán la idea de que Renault o Ford fabrican coches “de mala calidad” en sus factorías de Valladolid o Almusafes para ganar más dinero o de que Grifols fabrica hemoderivados “de baja calidad” para abaratar costes y ganar más dinero, el tema de la calidad de la atención, desde el punto de vista de un médico con dedicación exclusiva a la Sanidad Pública, merece algunas consideraciones:

• Menospreciar la calidad de la atención equivale a menospreciar a los profesionales que la llevan a cabo. ¿Alguien, en su sano juicio, cree realmente que los médicos que trabajan en centros públicos con gestión privada son peores profesionales que los que lo hacen en centros con gestión pública? ¿Dudamos de que la calidad de la atención dispensada, por ejemplo, en la Fundación Jiménez Díaz, cuna de excelentes médicos y uno de los pilares de la formación pregrado en la Universidad Autónoma de Madrid, que es, por cierto, una de las mejores Escuelas de Medicina del país, es inferior a la dispensada en otros hospitales públicos de Madrid?

• ¿Puede alguien, conociendo la valía y capacitación de sus cirujanos, sostener que las intervenciones quirúrgicas realizadas en el H. de Torrejón o en el H. Infanta Elena, por ejemplo, son de peor calidad que las realizadas en otros centros?

• ¿O que la disponibilidad de recursos tecnológicos avanzados es sustancialmente inferior en los centros de gestión privada frente a los de gestión pública (cuando, desgraciadamente, es al contrario en muchas ocasiones)? En lo que a mi especialidad particular se refiere, la dotación tecnológica es más moderna y completa en los centros privados que en la media de la Sanidad Pública.

• ¿Alguien que conozca y viva la Medicina se atreve a decir que la atención en Urgencias en el H. Rey Juan Carlos, dirigida por las mismas personas que lideraron las Urgencias de la Fundación Hospital de Alcorcón o el H. Infanta Leonor, y desarrollada por un equipo de médicos formados y dedicados en exclusiva a la atención de Urgencias, es inferior a la proporcionada en otros grandes centros, donde el peso de la atención en Urgencias recae, mayoritariamente, en médicos en formación con, muchas veces, escaso o nulo interés en la Urgencia como especialidad?

• ¿Se puede mantener, sin temor a equivocarse, que los centros de gestión privada desprecian la investigación cuando, al menos en el campo de la Oncología Radioterápica, las publicaciones en revistas internacionales de impacto de estos centros representan, como poco, más de la mitad de la producción científica española que puede encontrarse en PubMed?

Estoy convencido de que somos muchos los que pensamos que la calidad en medicina no depende exclusivamente de la disponibilidad absoluta de recursos, ni de que la gestión pública otorgue, automáticamente, un marchamo de calidad a todas nuestras actuaciones. Antes más, como todos los médicos sabemos, la calidad esta íntimamente ligada a nuestro estudio constante y nuestras ganas de innovar y avanzar.

En definitiva, podemos o no estar de acuerdo en el modelo de gestión pública o privada, rechazar las formas con las que la Consejería de Sanidad de la CAM nos castiga continuamente a los médicos o plantear y proponer alternativas más razonables. Incluso podemos, y debemos, recordar a nuestros pacientes que son libres y soberanos para elegir donde y quien debe tratarlos, de acuerdo a la Ley de Libertad de Elección en Sanidad vigente en la CAM. Pero lo que no podemos, al menos en mi opinión, es dudar y cuestionar la calidad en la atención de los pacientes fuera de los centros de gestión pública. Es un despropósito y un insulto hacia todos los compañeros que en ellos desempeñan su trabajo, y que lo hacen tan bien, o incluso mejor, de lo que podamos hacerlo nosotros en centros de gestión pública.

“Calidad significa hacer lo correcto cuando nadie está mirando”

Henry Ford 1863-1947