APP’s para Oncología Radioterápica

Es innegable que el acceso a la información médica profesional está cambiando a pasos agigantados. Cada vez es mayor el uso que los médicos hacemos de las nuevas tecnologías para conseguir acceder a información científica contrastada. Este hecho es tan solo un reflejo de la evolución de la sociedad española con respecto a las TICs. La decimotercera edición del informe “La Sociedad de la Información en España”  correspondiente a 2012  indica que el parque de smartphones en España es ya de 18 millones, mientras que las tabletas rondan los 2,2 millones y existen un millón y medio de televisores conectados junto a los 20 millones de ordenadores que se calculan en nuestro país. Y aún más llamativo, España se sitúa actualmente como segundo país de Europa en penetración de smartphones, después de Suiza, con un 33%. Y de la misma manera en que ha crecido la expansión de dispositivos móviles lo ha hecho el mercado de aplicaciones especialmente concebidas y diseñadas para su utilización con los mismos. Así, de acuerdo al informe “APPs en España”, el desarrollo de las aplicaciones para dispositivos móviles crece exponencialmente, un 140% en 2012. Dicho de otra manera, nos hemos “bajado” 2,7 millones de “apps” al día durante 2012, y las empresas españolas dedicadas al desarrollo de este tipo de aplicaciones han crecido un 88%.

En este contexto de expansión de las nuevas formas de acceso a la información, los médicos no somos, en general, ajenos. La penetración de aplicaciones médicas profesionales en EEUU se ha disparado en los últimos meses y alcanza ya entre el 40 y el 60 por ciento, dependiendo de la especialidad médica. Según un reciente estudio del Manhattan Research, Epocrates es la aplicación médica móvil más utilizada y más del 80 por ciento de los médicos la consulta en su smartphone o tableta más de 12 veces por semana. Además, el 85 por ciento de estas consultas se realizan con el paciente delante o entre visitas de pacientes.

Actualmente existen numerosas aplicaciones profesionales dirigidas al ámbito de la oncología en general. Sin embargo, las aplicaciones específicamente orientadas a la Oncología Radioterápica son aún escasas. A continuación se detallan aquellas aplicaciones centradas en el empleo de la radioterapia para el tratamiento del cáncer y que están disponibles para dispositivos con sistemas operativos iOS y Android: 

  • eLQ: es una aplicación desarrollada bajo el ampara del Grupo de Jóvenes Especialistas de la Sociedad Francesa de Oncología Radioterápica (SfjRO) que permite calcular la dosis equivalente biológica de radioterapia utilizando el modelo lineal-cuadrático. Los usuarios pueden elegir órganos diferentes (médula espinal, corazón, pulmón, hígado, piel,…) y varios valores de α / β.
  • EQD2: aplicación que permite, de una manera sencilla y rápida, calcular la dosis equivalente  en fracciones de 2 Gy (EQD2) de la dosis de radioterapia administrada en un paciente con diferentes fraccionamientos. Se basa en los cálculos a partir del modelo lineal-cuadrático, ampliamente extendido entre los médicos oncólogos radioterápicos.
  • RBApp; LQ; BED calculator; Radiation Oncologist Tool: 4 aplicaciones muy semejantes que incluyen una herramienta para el cálculo de dosis equivalente en fracciones de 2 Gy (EQD2) y de dosis biológicamente efectiva (BED) de acuerdo a la fórmula del modelo lineal-cuadrático, y que permiten comparar, desde el punto de vista radiobiológico, dos esquemas diferentes de tratamiento.
  • RT Tools: dentro de las aplicaciones que permiten el cálculo de equivalencias de dosis de radioterapia, RT Tools es, probablemente, la más interesante. El hecho de disponer no sólo de una calculadora basada en el modelo lineal-cuadrático, sino también de otras útiles herramientas, hacen de esta aplicación la más completa disponible hasta el momento. La aplicación permite el cálculo de dosis equivalente (EQD2) y de dosis biológicamente efectiva (BED)  así como efectuar comparaciones de diferentes BED. Una herramienta adicional, y de particular interés, es  la que nos permite estimar la dosis adicional de radioterapia en el caso de interrupciones no programadas del tratamiento. Finalmente, proporciona también la posibilidad de estimar tasas ce supervivencia en pacientes con metástasis cerebrales de acuerdo al análisis por partición recursiva (RPA) o el riesgo de afectación ganglionar en cáncer de próstata en función de los valores de Gleason y PSA de acuerdo a la fórmula de Roach.
  • Radonculous: es una aplicación, de momento sólo disponible para iPhone / iPad, que emplea los atlas de delimitación de volúmenes tumorales y órganos de riesgo  del Radiation Therapy Oncology Group (RTOG), que representan  un documento de consenso alcanzado entre diferentes  organizaciones para facilitar la práctica diaria de la radioterapia.
  • RadOnc Reference: aplicación bastante completa y de gran interés para oncólogos radioterápicos, que incluye información útil para la práctica clínica diaria incluyendo: relación de medicamentos más comúnmente prescritos en oncología radioterápica, codificación de las enfermedades neoplásicas de acuerdo a ICD-9, estadificación del cáncer de según TNM, recomendaciones acerca de límites de dosis de órganos sanos tanto para radioterapia estándar como para SBRT,…
  • IBTR!: es una herramienta desarrollada por los investigadores de la Universidad de Tufts y que permite orientar a los oncólogos acerca de la necesidad de radioterapia adyuvante tras la cirugía conservadora del cáncer de mama. La aplicación calcula, de acuerdo a la evidencia existente, el riesgo de recidiva local ipsilateral a 10 años en función de los parámetros clínicos del tumor (edad, tamaño, grado, márgenes o presencia de invasión linfovascular) y de tratamiento (radioterapia, quimioterapia, hormonoterapia).

apps

Sobre la Calidad mal entendida…

Uno de los argumentos que más se están repitiendo para rechazar el Plan de Sostenibilidad de la Sanidad de la CAM es el más que seguro deterioro en la calidad de la atención si finalmente se lleva a cabo. Esta preocupación por la calidad, repetida como un mantra salvífico en todas las concentraciones y manifestaciones, nos sitúa de nuevo ante el maniqueísmo en que ha derivado este conflicto. En este punto, se asegura que sólo la Sanidad Pública de acuerdo al modelo de gestión actual garantiza la calidad de la atención médica, y que, por consiguiente, cualquier otro modelo de gestión no sólo va a conllevar un deterioro de la calidad sino que, incluso, este deterioro será buscado en aras de una mayor rentabilidad económica.

Dejando de lado la puerilidad de este argumento, supongo que sostenido por los mismos que defenderán la idea de que Renault o Ford fabrican coches “de mala calidad” en sus factorías de Valladolid o Almusafes para ganar más dinero o de que Grifols fabrica hemoderivados “de baja calidad” para abaratar costes y ganar más dinero, el tema de la calidad de la atención, desde el punto de vista de un médico con dedicación exclusiva a la Sanidad Pública, merece algunas consideraciones:

• Menospreciar la calidad de la atención equivale a menospreciar a los profesionales que la llevan a cabo. ¿Alguien, en su sano juicio, cree realmente que los médicos que trabajan en centros públicos con gestión privada son peores profesionales que los que lo hacen en centros con gestión pública? ¿Dudamos de que la calidad de la atención dispensada, por ejemplo, en la Fundación Jiménez Díaz, cuna de excelentes médicos y uno de los pilares de la formación pregrado en la Universidad Autónoma de Madrid, que es, por cierto, una de las mejores Escuelas de Medicina del país, es inferior a la dispensada en otros hospitales públicos de Madrid?

• ¿Puede alguien, conociendo la valía y capacitación de sus cirujanos, sostener que las intervenciones quirúrgicas realizadas en el H. de Torrejón o en el H. Infanta Elena, por ejemplo, son de peor calidad que las realizadas en otros centros?

• ¿O que la disponibilidad de recursos tecnológicos avanzados es sustancialmente inferior en los centros de gestión privada frente a los de gestión pública (cuando, desgraciadamente, es al contrario en muchas ocasiones)? En lo que a mi especialidad particular se refiere, la dotación tecnológica es más moderna y completa en los centros privados que en la media de la Sanidad Pública.

• ¿Alguien que conozca y viva la Medicina se atreve a decir que la atención en Urgencias en el H. Rey Juan Carlos, dirigida por las mismas personas que lideraron las Urgencias de la Fundación Hospital de Alcorcón o el H. Infanta Leonor, y desarrollada por un equipo de médicos formados y dedicados en exclusiva a la atención de Urgencias, es inferior a la proporcionada en otros grandes centros, donde el peso de la atención en Urgencias recae, mayoritariamente, en médicos en formación con, muchas veces, escaso o nulo interés en la Urgencia como especialidad?

• ¿Se puede mantener, sin temor a equivocarse, que los centros de gestión privada desprecian la investigación cuando, al menos en el campo de la Oncología Radioterápica, las publicaciones en revistas internacionales de impacto de estos centros representan, como poco, más de la mitad de la producción científica española que puede encontrarse en PubMed?

Estoy convencido de que somos muchos los que pensamos que la calidad en medicina no depende exclusivamente de la disponibilidad absoluta de recursos, ni de que la gestión pública otorgue, automáticamente, un marchamo de calidad a todas nuestras actuaciones. Antes más, como todos los médicos sabemos, la calidad esta íntimamente ligada a nuestro estudio constante y nuestras ganas de innovar y avanzar.

En definitiva, podemos o no estar de acuerdo en el modelo de gestión pública o privada, rechazar las formas con las que la Consejería de Sanidad de la CAM nos castiga continuamente a los médicos o plantear y proponer alternativas más razonables. Incluso podemos, y debemos, recordar a nuestros pacientes que son libres y soberanos para elegir donde y quien debe tratarlos, de acuerdo a la Ley de Libertad de Elección en Sanidad vigente en la CAM. Pero lo que no podemos, al menos en mi opinión, es dudar y cuestionar la calidad en la atención de los pacientes fuera de los centros de gestión pública. Es un despropósito y un insulto hacia todos los compañeros que en ellos desempeñan su trabajo, y que lo hacen tan bien, o incluso mejor, de lo que podamos hacerlo nosotros en centros de gestión pública.

«Calidad significa hacer lo correcto cuando nadie está mirando»

Henry Ford 1863-1947

 

Reflexiones (y decepciones) tras la última #mareablanca

Durante estos últimos 3 meses se han producido en Madrid varias manifestaciones en defensa de la Sanidad Pública conocidas como “mareas blancas”. Personalmente, he intentado acudir a todas ellas, y en las que no he podido estar físicamente por las características propias de nuestra profesión, he intentado apoyarlas desde donde estuviera. Sin embargo, todo tiene un final, y creo que está última #mareablanca del pasado día 17 de febrero, será la última, al menos en lo que a mi me atañe. Razones para apoyarlas las había, y las hay, pero también hay motivos que me han llevado a esta decisión, e intentaré resumirlos:

• Yo no quiero una gestión vendida a empresas privadas como pago a oscuros motivos, que me considere tan solo parte del material del hospital que compran. Que no se valore el esfuerzo y dedicación de los profesionales sino como una parte más del decorado. Que sólo pretenda cumplir con unos números sin permitir ni fomentar el desarrollo individual y colectivo que redunde en la mejora de la atención prestada.

• Pero tampoco quiero una gestión de la Sanidad en manos del político de turno, con nombramientos de responsables “a dedo” por el único argumento de poseer un carné del partido gobernante. Gestores mediocres, y muchas veces cobardes, que no se atreven a afrontar los problemas y las bolsas de ineficiencia existentes en nuestros hospitales madrileños. Gestores que cambiarán en cuanto cambie el gobierno de la CAM pero que seguirán siendo simples colocados por su filiación política como único aval.

• Ni quiero que todo este movimiento quede tan solo en la defensa de un modelo caduco y podrido en gran medida, en intentar a toda costa mantener un statu quo como el actual, basado en una combinación de burocracia y gerontocracia, que desprecia la meritocracia y se empeña en mantener un sistema de castas entre los médicos, primando la antigüedad sobre el trabajo, esfuerzo e interés que demuestran muchos médicos en su labor diaria.

• Y por supuesto, no quiero que una indignación justa y con una fuerte base de sustentación sea parasitada y capitalizada por políticos y sindicalistas, como sucedió el pasado día 17 de febrero, cuando representantes de Izquierda Unida, UGT o CC.OO. aparecieron en todas las televisiones como los “grandes defensores de la Sanidad Pública”

Entre estos dos extremos hay, en mi opinión, un vasto territorio en el que construir alternativas de futuro, que garanticen el sostenimiento de una Sanidad Pública Universal pero que valoren en su justa medida el esfuerzo individual y colectivo. Que aprecien al válido y desprecien y aparten al mediocre. Y, desgraciadamente, no estamos siendo capaces de plantear estas alternativas. No comparto la opinión de que la solución vayan a venir por pasear los domingos de Cibeles a Sol, ni por decir simplemente que no queremos este plan ni, por supuesto, por alguna ideas tan peculiares como las propuestas por el grupo de los “600 Jefes de Servicio”. Gritamos mucho pero no intentamos construir de manera sensata un modelo que aproveche lo bueno, que existe, del actual sistema pero que lo mejore y optimice eliminando todas las enormes bolsas de ineficiencia que lo lastran. Es necesario un cambio radical de modelo, fundamentado en la profesionalización de la gestión a todos los niveles, en la meritocracia como base de desarrollo y, probablemente, en la laboralización del personal.

Personalmente, no pienso dejar de pelear por alternativas y posibilidades veraces y sensatas para el cambio. Porque hay que cambiar, por supuesto que sí, pero a mejor.

Y tenemos que hacerlo nosotros, o nos lo harán otros.

“Change is the law of life. And those who look only to the past or present are certain to miss the future”

John F. Kennedy (1917-1963)

El club de los 600

Si hay algo que muchos médicos echamos de menos en todo el conflicto que envuelve a la sanidad madrileña desde hace más de dos meses, y que podría extenderse al resto del sistema público de salud, es la práctica ausencia de la más mínima autocrítica. Sí, la AUTOCRÍTICA, así, con mayúsculas, es lo que ni está ni al parecer se la espera. La cuestión es, ¿por qué? ¿No existía nada que mejorar? ¿Tan buenos somos los médicos que todo, absolutamente todo, lo hacíamos bien? ¿Ha sido necesario que la Consejería de Sanidad de la CAM propusiera su Plan de Sostenibilidad para que nos diéramos cuenta de que había cosas que era necesario reformar?

En este maniqueísmo imperante, carente de todo atisbo de AUTOCRÍTICA, ha surgido un colectivo que reclama para sí la voz y representación de todos los médicos y que está conformado por “casi 600 Jefes de Servicio” de los distintos hospitales públicos madrileños. Este grupo, temeroso quizás de que la “marea blanca” se lleve por delante a alguno de ellos, pretende ahora instruirnos, e instruir a toda la sociedad, acerca de lo que está bien y lo que está mal en la Sanidad madrileña. Dejando aparte lo discutibles que pueden ser algunas de las propuestas esbozadas, que darían para uno o más posts dedicados a ellas, lo que brilla alarmantemente por su ausencia es la menor muestra de AUTOCRÍTICA hacia su gestión.

¿Dónde estaban “los 600 Jefes de Servicio” que han consentido durante años la discriminación económica y laboral del personal eventual de sus servicios? ¿Acaso no lo consideraban de suficiente importancia como para protestar, aunque fuera tímidamente? Cierto es que cualquier generalización peca de injusta pero, ¿no merece la más mínima AUTOCRÍTICA el comportamiento mediocre de algunos miembros de este colectivo hacia sus propios subordinados?, ¿hacia todos aquellos que han visto dificultadas sus posibilidades de desarrollo profesional por el temor de algunos Jefes a que se les pudiera hacer sombra o “mover la silla”? ¿Dónde estaban “los 600 Jefes de Servicio” ante aquellos que han desaprovechado oportunidades de crecimiento y desarrollo de Servicios clínicos por la ineficiencia en la gestión de los mismos? ¿Alguna AUTOCRÍTICA reclamando un cambio de rumbo o proponiendo un cambio en la dirección de los Servicios ineficientes? ¿Dónde estaban “los 600 Jefes de Servicio” cuando material y equipamientos comprados no han sido rentabilizados, en ocasiones ni siquiera estrenados, adecuadamente? ¿Alguna vez han denunciado públicamente esta circunstancia, aunque fuera con la mitad de vehemencia que denuncian el Plan de Sostenibilidad y sus males asociados?…

Estas, y otras muchas preguntas similares, hacen tambalear el crédito que a muchos médicos nos pueda merecer este colectivo tomado de forma conjunta. La ausencia de la más leve AUTOCRÍTICA parece una característica inherente a este grupo. Y es esto lo que hace difícil tomar en verdadera consideración cualquiera de sus propuestas. Lo que no es óbice para reconocer el esfuerzo, interés y capacidad de trabajo de varios de sus miembros individualmente. Pero eso será motivo de otras consideraciones…

 

«La sociedad liberal se paralizará si deja de ser autocrítica»

Octavio Paz. Poeta y ensayista mexicano (1914-1998)

De Bárcenas y otras (malas) hierbas

En estos días asistimos al deprimente espectáculo de la corrupción sin medida de nuestra casta política. Resulta desolador contemplar día tras día como las evidencias acerca de la podredumbre ética y moral de esta recua de miserables no hacen sino crecer y multiplicarse. La hediondez de sus comportamientos va más allá de repartirse un dinero en “discretos sobres” o de pagarse “payasos, confeti y fiestas”, con todo lo despreciable que nos parece. Lo realmente preocupante para España es la sensación generalizada de que ningún miembro de la casta está libre de corrupción. Y de que todos, en la medida en que se lo permite su facilidad para el trinque, se comportan de la misma manera a la mínima ocasión que tienen. Los ejemplos abundan, desgraciadamente, allá donde uno mire, con independencia de los colores de cada cual. Pero, ¿qué se puede esperar de un país que se empeña, obcecada y cerrilmente, en reelegir a individuos embusteros y corruptos hasta la náusea como Camps, Más o Griñán?

Sin embargo, si intentamos mirar un poco por encima de toda esta basura, una serie de preguntas afloran inmediatamente: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?, ¿es sólo la casta política un nido de gusanos o más bien un reflejo de la sociedad actual?

Y en el caso de la sanidad, también sería de agradecer un poco de autocrítica en este sentido. ¿O acaso no es una estafa el incumplimiento del horario laboral de todos aquellos, muchos o pocos, que llegan sistemáticamente tarde y de manera igualmente sistemática se marchan antes de acabar su jornada?, ¿o acaso no es una estafa que intervenciones programadas en jornada complementaria de tarde (“peonadas”) se efectúen en el turno normal de mañana, eso sí, cobrándolas como extra? ¿Y que decir de todos aquellos que cobran complementos de guardia sin realizar la labor que se supone justifica dicho complemento? ¿Qué diferencias hay entre la manera de cobrar “sobresueldos” y los cobrados en sobres (aparte de la cuantía, claro está)? ¿Y que decir de la, en ocasiones, “peculiar” colaboración de la industria farmacéutica con los médicos? Si bien es cierto que esos pagos en especies son, afortunadamente, cada vez más infrecuentes, en un pasado muy cercano lo han sido. ¿Cómo debemos de considerar el pago por parte de industrias y laboratorios de eventos, congresos, jornadas variadas,…?, ¿alguien cree realmente qué se realizaban de manera altruista?, ¿qué no existía, ni existe, una intención de influir sobre la voluntad y decisión prescriptora del médico?, ¿qué era una inversión a cambio de nada? Todas estas cuestiones, y otras que seguro nos podríamos plantear, ¿nos parecen bien?, ¿no las consideramos estafa ni mamandurria?… El hecho en sí de la estafa no debería ser más o menos permisible en función tan solo de la cuantía, sino que debe de ser repudiada en todas sus variantes. Y eso nos atañe especialmente a todos los que trabajamos en este sistema, tan corrupto en ocasiones como cualquier otro.

En definitiva, la casta política nos estafa, pero no son los únicos que lo hacen. Y la AUTOCRÍTICA es un elemento imprescindible para todos los médicos que nos sentimos justamente indignados. Y es que mientras sigamos consintiendo, e incluso justificando, comportamientos de este tipo, no habrá solución. Se impone empezar una profunda regeneración del Sistema Público de Salud que permita eliminar estas bolsas de estafa conocidas y toleradas si realmente queremos salir del pozo en que nos hayamos sumidos.

Día Mundial del Cáncer

Hoy día 4 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer. Se estima que en España se diagnostican anualmente cerca de 200.000 nuevos casos de cáncer. Las mejoras en el diagnóstico precoz y los avances en el tratamiento están consiguiendo que, en muchos casos, un diagnóstico de cáncer no equivalga necesariamente a una sentencia de muerte. No obstante, y pese a todos estos avances, aún quedan áreas oscuras en todo lo concerniente al cáncer. En una época como la que vivimos, con una enorme facilidad para el acceso a la información tanto por parte de los profesionales como de los médicos, parecería sensato creer que la transparencia y honestidad absoluta en la transmisión de toda la información acerca de su proceso al paciente debiera de ser la norma. Sin embargo, y con mayor incidencia en el campo de la oncología, los médicos continúan siendo reacios a discutir con el paciente acerca de su situación con total franqueza. Sobre este aspecto incide el artículo de JW. Mack y TJ. Smith “Reasons why physicians do not have discussions about poor prognosis, why it matters, and what can be improved”, publicado recientemente en la revista Journal of Clinical Oncology. Varias son las razones que llevan a los oncólogos a evitar discutir con sus pacientes sobre el mal pronóstico de su enfermedad, aunque los autores de este interesante estudio las han agrupado en 5 grandes categorías. Además de exponer con crudeza estas situaciones, los autores se encargan de proporcionar argumentos que rebaten, una por una y aportando evidencia de estudios publicados, estas barreras que muchos oncólogos establecen en la comunicación directa con sus pacientes:

  1.  “Riesgo de depresión de los pacientes”: los autores sostienen lo contrario, que dar a los pacientes una información honesta, veraz y completa puede permitir, a ellos y a sus familiares, sobrellevar mejor la enfermedad.
  2.  “La verdad mata la esperanza»: de acuerdo a este análisis, la esperanza puede ser mantenida por los pacientes, incluso después de ser conscientes de las escasas o nulas posibilidades de curación, ya que la esperanza era un concepto inherente a la condición humana con independencia del conocimiento que el paciente tuviera de su enfermedad.
  3.  “Los cuidados paliativos reducen la supervivencia”: los autores revisan varios estudios que demuestran que la supervivencia es igual o mejor cuando se administran cuidados paliativos.
  4.  “Existen reparos y barreras culturales para mantener estas conversaciones”: los autores consideran que, si bien es cierto que los pacientes de diferentes orígenes étnicos y culturales a menudo tienen diferentes preferencias para obtener información, este hecho no debe bastar al médico para decidir obviar información acerca de un pronóstico infausto. Más aún, el oncólogo debe de informarse acerca de las peculiaridades culturales de sus pacientes y elegir la mejor forma de abordar, de manera clara y concreta, un tema como este.
  5.  “El pronóstico real de la enfermedad es difícil de predecir”: si bien esto es cierto hasta cierto punto, no debe ser utilizado como una excusa. Explicar y detallar un pronóstico razonable, o el rango de posibles resultados, puede ayudar a los pacientes a afrontar el futuro inmediato de su evolución.

 La conclusión final de los autores tras esta revisión es que para los oncólogos que participan directamente en la atención al paciente con cáncer la formación en habilidades de comunicación encaminadas a la transmisión honesta, clara y veraz de las malas noticias al paciente y sus familiares debiera ser obligatoria desde el primer momento de su aprendizaje en Oncología. Evitar hablar de malas noticias tiene consecuencias graves: los pacientes pierden tiempo de disfrutar con sus familias y tienen más riesgo de pasar más tiempo en el hospital, además de que hablar acerca de un pronostico malo a corto o muy corto plazo puede ayudar a iniciar precozmente medidas de soporte que, aunque no aumenten la supervivencia total, si pueden mejorar notablemente la calidad de vida de los pacientes e incluso reducir los costes de la atención.

Defensa de la Sanidad Pública

“¡Defiende la Sanidad Pública!”

En las últimas semanas esta frase se repite sin cesar por todo el universo médico madrileño, y por extensión, español. De acuerdo, pero ¿qué es realmente defender la Sanidad Pública? Posiblemente en este punto hay menos consenso entre la clase médica. Sin duda, estamos todos convencidos de la necesidad de defender el derecho a recibir la mejor asistencia sanitaria que debe tener toda persona por el mero hecho de ser y existir. Al fin y al cabo, eso va en nuestra vocación más inmutable, en esos principios que todo médico, con independencia de su ejercicio, comparte y siente como propios. Sin embargo, aquí se acaban las unanimidades.

¿Defender la Sanidad Pública es defender el Sistema Público de Salud? Probablemente no. Muchos médicos, que defendemos el derecho a tratar a nuestros pacientes de la manera que consideramos más adecuada y completa, no compartimos este punto de vista.

  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema que discrimina a sus trabajadores? El Sistema Público de Salud cuenta con un importante colectivo de médicos con contratos eventuales, algunos desde hace más de 12 años, que son discriminados sin reparo. Tienen derecho a una menor retribución económica por su trabajo, aunque en ocasiones sea superior al desempeñado por sus compañeros con plaza en propiedad. No tienen derecho a percibir complementos de sueldo por antigüedad ni por méritos (carrera profesional). Y no tienen opción de promocionarse dado que no tienen derecho a optar a ninguna convocatoria de Jefe de Servicio o de Sección al carecer de plaza en propiedad. ¿Es este sistema el que debemos defender?
  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema tan cerrado e impermeable a cualquier cambio? La posibilidad de promoción en el Sistema Público de Salud viene dada, en muchas ocasiones, únicamente por senescencia del elemento superior. Es decir, hasta que no se produce el vacío por jubilación o abandono del puesto, es imposible concebir un recambio en las estructuras jerárquicas de los Servicios hospitalarios. Ello conlleva un empobrecimiento de los mismos al no contar con una sana competencia de ideas y proyectos de distinta procedencia que podrían enriquecerlo. A esto hay que añadir lo reflejado en el punto anterior acerca del personal eventual…
  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema que desprecia al válido y premia al mediocre? Después de muchos años de trabajo en el Sistema Público de Salud, es muy triste contemplar como compañeros de extraordinaria valía son sistemáticamente ninguneados por Jefes mediocres (¡y haberlos, haylos!) que tan solo buscan mantenerse en su posición y temen que otro cualquiera pueda hacerles sombra. Mediocres que no se dan cuenta de que el beneficio que genere uno de sus colaboradores se traduce automáticamente en un beneficio para el propio Servicio y para su persona, y que prefieren vivir en una medianía constante antes de que otro destaque. Solo aquellos que acatan y alaban las decisiones del superior son tenidos en cuenta. ¿Es esto lo que queremos defender?

 ¿Hay que defender la Sanidad Pública? Por supuesto, pero hay que defender una profunda reforma de todo el sistema, sin la cual éste está abocado al fracaso y la extinción. Hay que apostar por una auténtica revolución que contemple, en mi opinión, 3 aspectos claves:

1. Laboralización del personal: acabar con el sistema de castas imperante actualmente y estabilizar a los trabajadores como a cualquier otro profesional. Instaurar la remuneración por objetivos, tanto colectivos como individuales de cada médico, con objeto de favorecer la competencia y el desarrollo personal y del Servicio clínico.

2. Profesionalización de la gestión a todos los niveles: no sólo en los niveles más altos de la administración, sino también profesionalizar la gestión de los Servicios clínicos. Jefes deben de ser aquellos mejor preparados y con más capacidad para la gestión de equipos técnicos y humanos, no necesariamente el más viejo, ni el que lleve más tiempo en el Servicio, sino aquel a quien la dirección y sus propios compañeros consideren más indicado. Incluso con la posibilidad de una dirección por objetivos y proyectos, con recambio periódico de la misma si fuera menester.

3. Meritocracia: todo lo anterior debe de estar fundamentado en el reconocimiento de la meritocracia como herramienta clave para la reforma. Valorar a cada individuo de acuerdo a sus méritos reales, y no por criterios de burocracia o gerontocracia.

 

En conclusión, no es tanto defender la Sanidad Pública como idea fundamental como defender la reforma profunda y radical de un sistema que se hunde sin remisión si no lo remediamos los propios profesionales.

Bienvenidos a El Lanzallamas

Hola a todos:

Este blog empieza como un hobby personal y complemento de mi trabajo. Para los que no me conozcan personalmente, decir que se trata tan solo del cuaderno de apuntes de un médico, especialista en Oncología Radioterápica, que después de unos cuantos años disfrutando de esta profesión no cree que la salud sea un derecho, como tampoco pueden serlo el amor o la felicidad, pero que está convencido de que todos tenemos el derecho a la mejor, más moderna y más sensata medicina. Un médico que, además, reniega de la expresión «trabajadores de la salud», porque está íntimamente convencido de que la medicina es el arte de la relación entre un paciente y su médico y que, como definieron a finales del siglo XIX Berard y Gubler en un aforismo ya clásico, nuestra misión es «..curar a veces, aliviar con frecuencia pero consolar siempre…». Y respetando estas premisas, este blog no se propone como un foro exclusivo acerca de la oncología, ni siquiera de la medicina, sino que comentará indistintamente todos aquellos conceptos que su redactor considera de interés, con independencia de su temática u origen. No es mi intención establecer dogmas ni verdades inmutables, sino favorecer un espacio para la libre opinión, el intercambio de ideas y la confrontación intelectual. Finalmente, todos aquellos que me lean deben saber que no es mi estilo hablar ni escribir mucho. Tampoco deben esperar una constancia regular en las anotaciones de esta bitácora. Más bien, buscará encender y mantener viva la discusión cuando haya argumentos que lo merezcan.

«El médico que sólo sabe de medicina, ni medicina siquiera sabe» José Letamendi (1828-1897)