Cáncer de mama: cuando menos es más…

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El tratamiento del cáncer de mama está en constante evolución. Desde las primeras evidencias, descritas en el papiro de Edwin Smith (3000-2500 a.C.) o en el relato que Herodoto de Halicarnaso (480-429 a.C.) hace en el Libro 3 de su “Historiae” de como el médico griego Democedes de Crotona, considerado el mejor de su época, afrontó el diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama de Atossa, mujer de Darío I el Grande, Rey de Persia, hasta la actualidad, el interés en mejorar y avanzar en el tratamiento del cáncer de mama ha sido una constante. Una constante que ha recibido el premio de ver como los resultados cada vez son mejores y como el porcentaje de mujeres con cáncer de mama que se curan es cada vez mayor. Y una constante que pone de manifiesto que la mejoría en el control locorregional y la supervivencia en el cáncer de mama han venido acompañadas por el principio del “menos es más”.

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Menos es más en la cirugía de la mama, pasando de la realización de agresivas y mutilantes, pero necesarias y tremendamente eficaces, mastectomías como las propuestas por Halsted, Patey o Madden, consideradas durante años como tratamiento estándar, a una cirugía cada vez más conservadora de la mama como la que propusieron en los años 80 los grupos de Veronesi o Fisher al demostrar que los resultados de combinar una cirugía parcial seguida de radioterapia de la mama restante obtenía idénticos resultados en supervivencia que cirugías extensas. Menos es más en cirugía conservadora, cuando la mejoría constante en la habilidad del cirujano consigue resecciones cada vez más limitadas, asegurando el objetivo curativo oncológico pero con mejores resultados estéticos y funcionales. Menos es más en la cirugía reconstructiva, consiguiendo día a día facilitar y mejorar el resultado.

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Menos es más en radioterapia. Desde las primeras evidencias de la eficacia de la radioterapia en el cáncer de mama, con los resultados observados por Grubbe, hasta la constatación del beneficio de la irradiación en determinadas pacientes tras una mastectomía, como apuntó McWirther, o la posibilidad de realizar tan sólo una cirugía parcial de la mama y administrar radioterapia posteriormente al resto de la mama, tal y como señaló Baclesse en sus resultados iniciales, la relación entre radioterapia y cáncer de mama se ha ido haciendo más estrecha y firme con el paso de los años. Actualmente, el tratamiento conservador del cáncer de mama, mediante la realización de una cirugía parcial limitada a la lesión tumoral (tumorectomía) seguida de radioterapia sobre la mama restante, y sobre las áreas ganglionares cuando sea necesario, se considera el tratamiento estándar y la primera opción a considerar en el abordaje locorregional de un cáncer de mama. En las últimas décadas, se ha extendido el empleo de esquemas de irradiación acelerados que permiten limitar a 3 semanas la duración de los tratamientos frente a las más de 6 semanas tradicionales en la mayoría de los casos, con idénticos resultados en cuanto a control locorregional y supervivencia pero con mejor tolerancia al tratamiento, confort y calidad de vida de las mujeres. Y menos continúa siendo más en radioterapia porque incluso esquemas de tratamiento de 3 semanas comienzan a percibirse como excesivamente largos,  creciendo la evidencia que apunta a que reducir la duración total de la irradiación a una semana en el tratamiento de toda la mama, o incluso a un día mediante el empleo de técnicas de radioterapia intraoperatoria en los casos seleccionados de irradiación parcial de la mama.

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Menos es más en el  manejo de la axila en las pacientes con cáncer de mama. Desde finales del siglo pasado, a partir de la publicación de los estudios de Giuliano, la linfadenectomía axilar reglada se ha ido viendo progresivamente reemplazada por el estudio de la biopsia selectiva del ganglio centinela, lo que ha permitido evitar linfadenectomías innecesarias en pacientes sin ganglios afectos, y disminuir el riesgo de presentar complicaciones como linfedemas en el brazo, considerándose al abordaje estándar en el momento actual. Y menos es más en el tratamiento de las pacientes con afectación ganglionar axilar limitada en la biopsia del ganglio centinela que, como ya apuntaban de manera indirecta los resultados del estudio ACOSOG Z011 y posteriormente han confirmado los resultados del estudio AMAROS, es cada vez más una realidad cierta la posibilidad de que una “linfadenectomía rádica” mediante el empleo de radioterapia selectiva de las áreas ganglionares, pueda ser tan eficaz como la tradicional linfadenectomía quirúrgica aunque con menos riesgo de desarrollar un linfedema posterior.

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Menos es más en quimioterapia, donde antiguos esquemas de quimioterapia a altas dosis, que incluso precisaban de un trasplante de médula ósea para compensar el efecto del tratamiento, han ido siendo abandonados en beneficio de los nuevos esquemas más acortados y mejor tolerados. Menos es más en quimioterapia con el empleo cada vez más generalizado de plataformas para pruebas genómicas (MammaPrint, Oncotype DX, Mammostrat) las cuales, a través del estudio de las variaciones y mutaciones de genes determinados, son capaces de predecir, de manera fiable y ajustada, el riesgo de una mujer con cáncer de mama de desarrollar metástasis durante los años siguientes a su diagnóstico y tratamiento. La principal ventaja de estos estudios es que permiten identificar tanto aquellas pacientes con alto riesgo y que, por tanto, pueden beneficiarse de un tratamiento más agresivo con quimioterapia, como a las que, mucho más importante, tienen un riesgo bajo y que pueden evitar la quimioterapia con todos ellos efectos adversos que esta puede conllevar. Menos es más en quimioterapia, donde el desarrollo de fármacos específicamente dirigidos a dianas moleculares del cáncer está permitiendo una individualización cada vez mayor de los tratamientos con el objetivo de aumentar su eficacia al tiempo que se disminuyen los posibles efectos secundarios de los mismos.

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El cáncer de mama sigue siendo un problema de salud frecuente, pero su pronóstico ha variado drásticamente en las últimas décadas, alcanzando hoy tasas de curación que parecían  una quimera hace tan sólo unos pocos años, gracias a las mejoras observadas en cirugía, radioterapia y tratamientos sistémicos. Y, sin embargo, el progreso no se detiene aquí. El esfuerzo, el estudio y la investigación sin descanso están haciendo realidad que, en el cáncer de mama,  “menos es más”…

“Por grandes y profundos que sean los conocimientos de un hombre, el día menos pensado encuentra en el libro que menos valga a sus ojos, alguna frase que le enseña algo que ignora”

Mariano José de Larra, escritor, periodista y político español (1809-1837)

Gianni Bonadonna, el triunfo del estudio y la perseverancia…

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En esta época en que vivimos, caracterizada por el constante aluvión de noticias, por la rapidez con la que se suceden, por la imperiosa necesidad de acceder a la información casi en el mismo momento en que esta se genera, hay hechos que, pese a su trascendencia, pasan casi desapercibidos. Tragedias, sufrimiento, guerras, egoísmos y huídas hacia adelante, cercanas y lejanas, tapan en demasiadas ocasiones sucesos de enorme trascendencia para la humanidad. Esta semana ha muerto Gianni Bonadonna, nombre (y hombre) al que muchos desconocerán pero que sin duda, y dentro de muchos años cuando todos los mediocres que hoy son portadas hayan sido barridos y olvidados, tendrá el privilegio de ser considerado uno de esos Médicos que han cambiado el curso de la historia. Un médico al que millones de hombres, pero muchas más mujeres, deberán gratitud eterna. Para el que no lo conozca, Gianni Bonadonna es uno de los padres de la quimioterapia frente al cáncer.

Gianni Bonadonna ha muerto este pasado 7 de septiembre en su amado Milán. Ese Milán con su Istituo Nazionale dei Tumori (INT) que él contribuyó a colocar en el mapa de la Oncología como uno de las referencias mundiales en la lucha frente al cáncer. Y más específicamente, en la batalla contra la Enfermedad de Hodgkin y, sobre todo, frente al cáncer de mama.

Bonadonna nació en Milán en 1934, ciudad donde también estudió Medicina licenciándose en 1959. Caracterizado por un afán enorme de aprender y una inquietud investigadora sin límite, Bonadonna pronto encontró en el cáncer un campo donde poder desarrollar su labor. Movido por esta idea, encaminó sus pasos en 1961 hacia donde estaba, en aquel momento, la vanguardia en la lucha frente a esta enfermedad, el Memorial Sloan Kettering Cancer Center en Nueva York. En los Estados Unidos, Bonadonna entró en contacto con Vincent DeVita, George Canellos y su equipo, quienes estaban desarrollando en el National Institute of Cancer (NCI) el MOPP (Mustargen mostaza nitrogenada), Oncovin (vincristina), Procarbacina y Prednisona) uno de los primeros esquemas de poliquimioterapia para la Enfermedad de Hodgkin. Los principios de combinar fármacos con distintos mecanismos de acción y con diferentes perfiles de toxicidad, y administrarlos de una manera secuencial y repetida, calaron pronto en el joven Bonadonna. Los experimentos que muchos médicos en los Estados Unidos – DeVita, Canellos, Zubrod, Moxley, Frei y tantos otros… – estaban llevando a cabo para encontrar combinaciones de fármacos útiles contra distintos tumores le confirmaron que ese era un camino que ya no tenía posibilidad de vuelta atrás y que sólo podía conducir a mejorar las, por entonces modestas, tasas de curación de muchos cánceres.

De vuelta ya a Milán, a finales de la década de los 60, Bonadonna comenzó a desarrollar su labor asistencial e investigadora en el INT. Allí, y espoleado por los resultados observados con el tratamiento con MOPP en la Enfermedad de Hodgkin, pero consciente de la grave toxicidad asociada a este régimen, ideó un nuevo esquema que muy pronto se convertiría, y hasta la actualidad, en el referente estándar para el tratamiento de la Enfermedad de Hodgkin, el ABVD (Adriamicina, Bleomicina, Vinblastina y Dacarbacina).

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Pero donde la figura de Gianni Bonadonna se reafirma como uno de los grandes Médicos de la Historia es en el tratamiento del cáncer de mama. A principios de la década de los 70, el NCI había desarrollado 2 programas para cáncer de mama, que comprendían el empleo adyuvante tras cirugía de melfalán (L-PAM) o de un esquema denominado CMFP (Ciclofosfamida, Metrotexate, Fluoracilo y Prednisona). Sin embargo, el entusiasmo que estos esquemas despertaron entre la comunidad científica estadounidense fue bastante limitado. Paul Carbone, uno de los dirigentes del NCI y que también había participado en el desarrollo del MOPP, convencido de la potencial eficacia de la adyuvancia en cáncer de mama contactó con Bonadonna en Milán, mostrándole los resultados, preliminares y no publicados, obtenidos con esta nueva combinación. El INT, dirigido entonces por Umberto Veronesi, trataba un gran número de pacientes con cáncer de mama y parecía, a priori, un centro idóneo para el desarrollo de nuevos avances en este campo. Bonadonna, rápidamente fue consciente de la enorme potencialidad del CMF para el tratamiento del cáncer de mama, y de acuerdo con Veronesi diseñó dos estudios empleándolo: uno para tumores avanzados y otro en adyuvancia aleatorizando a las pacientes tras mastectomía con ganglios positivos a recibir CMF frente a no más tratamiento. En 1976, Bonadonna publicó en New England Journal of Medicine los resultados del estudio. El resto, ya es historia. Con su estudio, Bonadonna abrió la puerta a una catarata sin fin de nuevos estudios, con nuevos fármacos y nuevos esquemas de tratamiento, que continúa hasta hoy y que han contribuido, junto a los avances de la cirugía y la radioterapia, a aumentar la supervivencia de las pacientes con cáncer de mama.

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Y por ello, por su ejemplo y su trabajo, Bonadonna se ha ganado el derecho a que su nombre figuré a la misma altura de los pioneros en el tratamiento del cáncer de mama, de los Halsted, Grubbe, Baclesse, Madden,…, de los que nos enseñaron que esta enfermedad se pude tratar y, lo más importante, se puede curar.

En un momento como el que vivimos, donde reina la visión cortoplacista y el egoísmo, donde la mediocridad crece más de lo deseable en la Medicina en general, y en la Oncología en particular, donde la investigación obedece en algunas (¿pocas?, ¿muchas?, ¡siempre demasiadas!) ocasiones a bastardos intereses, el ejemplo de gigantes como este milanés nos debe guiar a todos los que aspiramos a ser simplemente médicos, aunque nunca lleguemos alcanzar el nivel de Médicos, reservado a unos pocos como Gianni Bonadonna.

“El trabajo de un médico todavía se rige por el viejo anhelo de Shakespeare: debemos tratar y preocuparnos por los sabios y los ignorantes,  por los humildes y los arrogante, por los estoicos y los que lloran. Debemos ser para todos, y todos merecen nuestra humanidad”

Gianni Bonadonna, médico italiano (1934-2015)

iOncoR: avatares y tribulaciones de la primera app en castellano para Oncología y Radioterapia

Desayuno con fotones

IMG_1615Es innegable que el acceso a la información médica profesional está cambiando a pasos agigantados. Cada vez es mayor el uso que los médicos y otros profesionales de la Sanidad hacemos de las nuevas tecnologías para conseguir acceder a información científica contrastada. Este hecho es tan sólo un reflejo de la evolución de la sociedad española con respecto a las TICs.

El Informe sobre uso de apps en España de 2014, elaborado por The App Date, demuestra la enorme implantación de las TICs móviles en nuestro país. De acuerdo al informe, en España hay más de 23 millones de usuarios de apps y nos descargamos 3,8 millones de apps diarias, con una media de 39 apps por smartphone.

En este contexto de expansión de las nuevas formas de acceso a la información, los médicos no somos ajenos. La penetración de aplicaciones médicas profesionales en Estados Unidos se ha…

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Sanidad Pública: cuando la solución no es sólo cambiar de entrenador…

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¿Qué tienen en común la Sanidad Pública y el fútbol? Más de lo que, en principio, podría parecer…

Hace apenas un mes que terminó una temporada y en menos de dos semanas comienza ya la próxima. O al menos, comienza el habitual baile veraniego de nombres y hombres que van o vienen. Y muchos equipos estrenan nuevo entrenador pensando que así enjugarán los mediocres resultados obtenidos en la última campaña. Porque cuando el equipo no funciona, y cuando el máximo responsable siente en su cogote el aliento sediento de cambios de la masa social, la primera medida es, casi siempre, fulminar al entrenador en curso y sustituirlo por otro, a poder ser con más renombre. Pero, desgraciadamente, esto no es en muchos casos la solución. Ni la garantía para que el equipo mejore su actitud, compromiso y resultados. Cualquier buen conocedor del fútbol sabe que, en demasiadas ocasiones, el problema del equipo no radica, al menos exclusivamente, en la figura del entrenador. Otros factores pueden, y suelen, ser tan culpables en la zozobra de un equipo como su más visible responsable. En ocasiones, existe una plantilla descompensada, agotada, hastiada y minada por diferencias internas que, a poco que se indague, están en la raíz del problema. Las luchas de egos, con los veteranos que ya están en la fase final de su carrera oponiéndose, con uñas y dientes, a esos jóvenes que con mayor ansia, ganas, empuje, ambición y, en muchas ocasiones, también talento, les disputan un trono que creían suyo por mandato cuasi-divino. Con frecuencia, es necesario forzar la salida de aquellos que un día fueron los estandartes del equipo pero que, por muchas y variadas circunstancias más allá del mero paso del tiempo, han dejado de ser un referente aunque no quieran ser conscientes de ello. Algo que se conoce como “hacer una buena limpia en el vestuario” en el ambiente futbolístico. Un buen entrenador sabe de tácticas, motivación, técnicas, entrenamientos,…, pero también debe saber cuando ha llegado el momento de relegar a los que un día lideraron el equipo pero hoy son ya una rémora y un obstáculo para la superación.

Todo aficionado conoce ejemplos donde entrenadores valientes que dieron paso a jóvenes promesas, procedentes muchas veces de la propia cantera del equipo, y que en muy poco tiempo consiguieron dar un vuelco espectacular a lo que era una peligrosa deriva mediocre y conformista. Nadie olvida casos como los de Alfredo Di Stéfano primero, y Leo Beenhakker posteriormente, que tuvieron el valor de apostar por unos talentosos jóvenes, que conformarían la archiconocida “Quinta del Buitre”, y que arrinconando a ilustres veteranos darían paso a una de las épocas más gloriosas del Club.

Y del mismo modo, nadie olvida como veteranos con mucho nombre, pero ya sin hambre ni ambición ni condiciones, lastraron grandes equipos por su tozudez en mantenerse a toda costa y por la falta de valor de sus responsables para tomar la necesaria medida de un cambio. Y como además, esta misma cerrazón ante el cambio natural y necesario provocó que jugadores de enormes posibilidades, talento y proyección tuvieran que emigrar a otros equipos, incluso a otras ligas, para poder labrarse un nombre, demostrar su categoría y que otros disfrutaran de su esfuerzo, su juego y sus triunfos. (Y con el consecuente, postrero e hipócrita lamento de aquellos que los dejaron marchar por no atreverse a afrontar una limpia en el vestuario). Por supuesto, contar con jugadores veteranos y con experiencia en un equipo puede ser bueno, incluso recomendable, siempre que sumen y no resten, que entiendan su papel dentro del grupo y que no se refugien en un nada deseable “síndrome del príncipe destronado”. El problema es que, en demasiadas ocasiones, los jugadores de los que hay que prescindir, si se quiere salvar al equipo, son los capitanes. Los capitanes, los que debieran ser ejemplo de sacrificio y compromiso, con su trabajo y presencia constante, suelen ser los más veteranos pero también los que mejores relaciones guardan con la presidencia, con la prensa, con el entorno en definitiva, que los mantiene al frente del equipo a pesar de su ineptitud. Pocos tienen, llegado el momento, la capacidad de hacer una serena autocrítica y reconocer cuando ha llegado el momento de echarse a un lado, de bajarse del carro, de dejar paso a otros que vienen empujando fuerte y que, si no lo son ya, muy pronto incluso los superarán. Sólo los más grandes, los auténticos líderes han sido capaces de ello: Di Stefano, Butragueño, Zidane, Puyol, Raúl,…, supieron irse con humildad y sin ruido cuando fueron conscientes de que había llegado su momento, y antes que correr el riesgo de lastrar al equipo decidieron apartarse acompañados por el reconocimiento y aplauso unánime, Pero, desgraciadamente, hay pocos líderes así…

El miedo a apostar por un cambio de modelo, al mismo tiempo que el reparo a destronar a las “vacas sagradas” de un vestuario, a esos capitanes que se creen imbuidos de un conocimiento que los debe hacer imprescindibles, conduce indefectiblemente al fracaso. En muchas ocasiones hay que tener la valentía de apostar, para la capitanía de un equipo, no por el más veterano o el que más cobre, sino por aquellos que, con independencia de su edad o experiencia, mejor sepan conjuntar al equipo, “hacer grupo”, de sumar y no dividir, de crecer con los compañeros y no a costa de los compañeros, en definitiva, más Auctorictas y menos Potestas. De lo contrario, por mucho entrenador que se cambie, por mucha figura que asuma el mando, por mucho cocimiento que atesore el encargado de dirigir al grupo, por muchos laureles que coronen sus éxitos, tan solo conseguirá, en el mejor de los casos y como decía el gran Marx, “ir de victoria en victoria hasta la derrota final”

Y hasta ahora, en la Sanidad Pública, los diferentes Presidentes se han limitado a cambiar una y otra vez de entrenadores. ¿Se atreverán a limpiar el vestuario…?

“Mejorar es cambiar; así que para ser perfecto hay que haber cambiado a menudo“
Winston Churchill, político, estadista y Premio Nobel de Literatura británico (1874-1965)

XVIII Congreso de SEOR: hacia la Radioterapia que cura…

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En apenas 48 horas comienza en Valencia el XVIII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR). Una nueva oportunidad de compartir experiencias y resultados para los que nos dedicamos al tratamiento del cáncer, pero también de acercarse a la realidad de la Radioterapia como pilar fundamental para el tratamiento, y la curación, de tantos y tantos pacientes.

Hace unos días la Dra. Virginia Ruiz (@roentgen66), oncóloga radioterápica en el Hospital Universitario de Burgos, publicaba en su blog “Un rayo de esperanza” (que, dicho sea de paso, recomiendo a todo aquel interesado en la radioterapia, la oncología o la medicina), una interesante reflexión acerca del desconocimiento, en general, de la radioterapia y su papel frente al cáncer (“¿Por qué la radioterapia es tan desconocida?”). En ella, Virginia analizaba algunas de las razones por las que la radioterapia no disfruta del mismo conocimiento, reconocimiento y predicamento que otras distintas alternativas terapéuticas en el tratamiento de los pacientes con cáncer. Más aún cuando la radioterapia es, después de la cirugía, el más eficaz tratamiento de que disponemos hoy en día en la mayoría de tumores, siendo partícipe destacada en más del 40% de las curaciones del cáncer y responsable directa, por si misma y como tratamiento único, de más del 15% de las curaciones que se consiguen en pacientes con cáncer, si atendemos a los resultados publicados en la literatura científica.

Pero además de las razones expuestas por Virginia, yo añadiría otra, si cabe, más importante. Aun hoy, y pese a toda la evidencia existente, el cáncer continúa viéndose como una ecuación según la cual la curación pasa, indefectiblemente, por el empleo de quimioterapia con o sin cirugía (muy ocasionalmente). Y esto, como demuestran los datos y la evidencia, no es más que otro mito. Y los responsables somos, en gran medida, los oncólogos radioterápicos. Por ello, se echa a faltar una mas que necesaria autocrítica por nuestra parte. Mientras sigamos “vendiendo” toxicidad, y seguimos haciéndolo, en lugar de resultados y curación, seguiremos quejándonos pero sin hacer nada. Mientras sigamos dedicando mas tiempo a hablar en sesiones y jornadas de efectos secundarios antes que de resultados clínicos, nada cambiara. Mientras sigamos organizando cursos y reuniones para hablar, exclusivamente, de efectos adversos de la radioterapia no tendremos ningún argumento a nuestro favor. Mientras cada adquisición de nueva y avanzada tecnología sea presentada como un medio para disminuir la toxicidad antes que como una herramienta para aumentar la curación y mejorar la calidad de vida, todo seguirá igual… Por eso es necesaria una autocrítica como base sobre la que revertir esta situación.

Y, sin embargo, en este Congreso se presentarán resultados que deberían posicionar a la radioterapia en la vanguardia contra el cáncer: resultados en el tratamiento de tumores localizados empleando nuevas técnicas y fraccionamientos, como la radioterapia esterotáxica en tumores de pulmón o próstata, que consigue excelentes resultados de curación en pocas sesiones; resultados del tratamiento de la enfermedad metastásica (pulmonar, hepática, ósea, cerebral,…) con radiocirugía, que permite altísimas tasas de control local sintomático e, incluso, prolongar la supervivencia en determinados casos, abordando la situación del paciente con metástasis con intención curativa; o como la tecnología más avanzada, unida al conocimiento fruto del estudio, permite tratar el cáncer de mama en menos de una semana, por poner tan solo un algunos ejemplos.

También se discutirá (¡por fin!) sobre uno de de los temas de más prometedor futuro, si no el que más, de la moderna radioterapia, desde ya y para los próximos años, como es el aprovechamiento de los efectos sobre la inmunidad de la radioterapia en combinación con los fármacos inmunomoduladores que han eclosionado en los últimos años. La radioinmunoterapia es, sin duda, una de las vías de las que más se hablará en los próximos años. Ha llegado el momento de superar los “tratamientos combinados”, que aportaron indudables beneficios y sentaron las bases para la moderna oncología que debe estar en la base de nuestros tratamientos, y empezar a explorar el futuro (¡presente ya!) de la combinación de radioterapia e inmunopotenciadores sin dejar pasar de largo esta oportunidad. Y sería bueno que desde SEOR no se abandone esta opción, como sucedió hace años con la radioterapia metabólica, dejada de lado por desconocidos motivos y que hoy, gracias a compuestos como Y-90 o Ra-223 es una de las terapéuticas emergentes.

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Así mismo, se evidenciará como, con escasos medios pero con enormes dosis de ingenio, conocimiento, trabajo e ilusión se puede dar luz trabajos de enorme repercusión mundial en investigación básica del cáncer y su tratamiento.

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Se hablará de los últimos avances en novedosas técnicas como la hipertermia, que ha suscitado un enorme interés. Y de los protones, sus indicaciones, sus ventajas y su carencia absoluta en España.

Además, se pondrá sobre la mesa el innegable papel que la radioterapia tiene en el tratamiento de enfermedades distintas del cáncer. De aquellas enfermedades llamadas benignas pero que condicionan un quebranto enorme en la salud y calidad de vida de quien las padece, como la artrosis y otras enfermedades similares, y donde la radioterapia es una herramienta tremendamente eficaz, a la par que coste-efectiva, y donde tan solo hace falta voluntad de estudio y conocimiento para ofrecérsela a los pacientes, como ya sucede en algunos centros españoles.

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Sin olvidar que, por primera vez, se va a hablar de la radioterapia 2.0, del impacto y utilidad de las nuevas TICs en la práctica diaria de la oncología y la radioterapia, de algo que hasta hace bien poco era visto, simplemente, como un “entretenimiento” de geeks que compartían su condición de oncólogos con la de fanáticos convencidos de su utilidad. En esta ocasión, se dedicará mucho tiempo a las nuevas tecnologías y al como y por qué debemos emplearlas.

Y, finalmente, en un tiempo marcado por una lacerante y prolongada crisis económica mundial, donde los tratamientos oncológicos son cada vez más caros (a cambio de qué, podría plantearse) y cuando desde el Congreso de la Sociedad Americana de Oncología (ASCO) que se está celebrando estos días en Chicago se alzan voces que denuncian estos costes, poder disponer de un tratamiento de tan elevada eficacia a tan bajo coste como la moderna radioterapia debiera ser considerado un lujo a ensalzar.

De nosotros depende…

“El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad”

Victor Hugo, novelista francés (1802-1885) .

A veces es mejor callar y parecer tonto,…

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…que abrir la boca y confirmarlo! Desgraciadamente la estulticia, diríase que congénita, de nuestros políticos les impide ser conscientes de ello. Cualquiera que haya leído la entrevista que este pasado fin de semana concedía el autoproclamado adalid de la regeneración y pureza democráticas Pablo Iglesias al diario El Mundo ha podido darse cuenta. Cuesta creer que alguien que se declara ferviente seguidor de Marx olvide tan fácilmente esta máxima. Claro que, a lo mejor, el Marx que él admira es el otro, más aburrido y de plúmbeo discurso y sin el ingenio y la rapidez mental del gran Groucho. Pero, para gustos, los colores…

La mayoría de respuestas del personaje a las preguntas del periodista, así como los mensajes que pretende incluir en ellas y que sin duda serán aceptadas como dogmas por parte de sus fieles seguidores, seguro que son fácilmente desmontables por cualquiera con un mínimo de conocimiento, criterio o, simplemente, de sentido común. Allá cada cual con lo que quiera creer. Pero lo que chirría escandalosamente en su impostado discurso, y a lo que soy especialmente sensible como ya he expresado en anteriores entradas en este blog (aquí y aquí), es la perpetua tergiversación que hace sobre el expolio sistemático e inmisericorde al que fueron sometidas las Cajas de Ahorro por parte de políticos y sindicalistas de la peor ralea. Su idílica aspiración de crear una “banca pública” sólo demuestra su ignorancia en este tema, y levanta sospechas acerca de su conocimiento real, más allá de lo escuchado en el bar de su facultad, de cualquier otro asunto. Lamentablemente, esto es un hecho bastante frecuente en toda la escoria política que se mueve en su mismo ámbito ideológico (también en el de los contrarios), pero lo mínimo que se debiera exigir a quien se presenta como el salvador de la patria, el San Jorge que ha de derrotar al malvado dragón de la casta, es un mínimo, si no de inteligencia, si de capacidad de estudio. Y más aún, a alguien que proviene de la Universidad, templo del saber, el estudio y la inteligencia. Por desgracia, Iglesias no hace sino reiterar los clichés de otros, de todo color, que vinieron antes que él: opinar sin conocer, sin saber, sin estudiar, repitiendo tan solo lo que han escuchado en cualquier foro o leído en cualquier panfleto acorde con su pensamiento único. Cuando el periodista lo enfrenta, ante su insistencia en defender una “banca pública”, ante la tesitura de reconocer que eso mismo es lo que se hizo, con el triste y desgraciado final que todos conocemos, con las Cajas de Ahorro, Iglesias demuestra, ¿una vez más?, su absoluto desconocimiento del tema y deja trascender lo que es aún más peligroso, su absoluta incapacidad para analizar sin sectarismos y desde la perspectiva de la razón desapasionada cualquier tema. En el caso concreto de las Cajas de Ahorro, Pablo Iglesias insiste en hacernos creer que la culpa de todos los males que han sufrido estas entidades es consecuencia  “de su bancarización” (sic). En Román paladino, que los males de las Cajas vienen de su intento de convertirse en bancos. Una vez más, tomando el rábano por las hojas, confundiendo fin con causa o, más sencillamente, el culo con las témporas. Lo que Pablo Iglesias desconoce, o no quiere conocer, es que el problema de las Cajas de Ahorro se inicia en 1985 con la nefasta LORCA promovida por el Gobierno de Felipe González y que abrió la puerta de par en par a permitir un absoluto control político de entidades hasta entonces magníficamente dirigidas por profesionales independientes sin atisbo alguno de “banca pública” que tanto gusta al líder morado. Pero además, y aunque pueda ser una tesis difundida por las variopintas televisiones que apoyan de manera más o menos explicita su devenir, para la cabeza pensante (¿?) de Podemos, el problema de las Cajas de Ahorro parece limitarse a Caja Madrid. Y, para ser más concretos, a la gestión de sus 2 últimos presidentes antes de su “bancarización”, Blesa y Rato. Una vez más, nuestros políticos dan sobrada muestra de su analfabetismo. Ni Caja Madrid fue la única entidad que sufrió el despiadado acoso de la jauría política y sindical, ni es el caso que mayor agujero, proporcionalmente, ha dejado. Pero claro, pretender que Pablo Iglesias conozca como quedó Caixa Catalunya tras la gestión del inefable Narcis Serra quizá sea demasiado pedir. Más aún cuando, probablemente, su única opción de “tocar poder”, que es lo que parece buscar y desear a toda costa, pase por eventuales alianzas con el partido que da sustento al señor Serra. Y, claro está, nadie muerde la mano que ha de darle de comer…

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En definitiva, podrán cambiar los nombres, podrán cambiar los decorados, podrán cambiar las actitudes y las poses, pero lo que nunca parece cambiar es el concepto que la escoria política que sufrimos en España tiene de todos nosotros, y el convencimiento de que somos borregos capaces de aceptar, balando, cualquier ocurrencia por absurda que sea, que cualquier argumento que se enuncie con voz aterciopelada y seductora, va a ser acatado, ¡e incluso, aclamado!, por la ciudadanía que paga sus desvaríos. Y así nos va…

“Nunca te expreses más claramente de lo que eres capaz de pensar”

Niels Henrik David Bohr, físico danés, Premio Nobel de Fisíca en 1922 (1885-1962)

El (pen)último insulto del Sistema a los médicos eventuales…

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Quizás porque hay sobreabundancia de noticias en los últimos días sobre golfadas y sinvergonzonerías varias – Rato, López Aguilar, Chaves, Griñán, Maduro,… –; quizás porque las aventuras de nuestra escoria política embarcada en una nueva carrera para alcanzar plaza con derecho al trinque, incluyendo los estrambotes que “prefieren ver la película antes que leer el libro”, acaparan toda la atención; quizás porque las distintas mareas, marejadas y mares gruesas están ahora en otros afanes; o quizás porque, simplemente, no le importa a casi nadie salvo a los insultados, se está sometiendo en estos días a una (otra más) despreciable humillación a muchos médicos de la Sanidad Pública madrileña. A muchos, pero no a todos. Tan solo a los eventuales, el escalón más bajo de la casta médica. Y quizás también por ello esté pasando esta noticia más desapercibida.

En las últimas semanas ha comenzado el proceso, aunque sería más adecuado llamarlo “la gracia”, de asignación de interinidades cual dádiva generosa con la que se pretende, ¡oh, albricias!, colmar las aspiraciones de un grupo de médicos cada vez más numeroso. Y qué duda cabe que es lo que cualquier eventual sueña: un nuevo contrato que, aunque mantiene y perpetúa en el tiempo la vergonzosa situación de discriminación laboral y económica que viene sufriendo, le ahorra el terrible trámite de tener que firmar cada 3 ó 6 meses la prórroga de su suculento contrato eventual. Y ante esta indudable ventaja, ¿quién se atrevería a pedir más? Porque un interino, curiosamente a semejanza de un eventual, no tiene derecho a cobrar trienios ni complemento de Carrera Profesional, ni por supuesto tiene derecho a ninguna promoción dentro del sistema, no puede optar a ninguna plaza mejor, no puede optar a ningún traslado ni comisión de servicios y no puede ni soñar con promocionar a Jefe de Sección o de Servicio. Pero eso sí, ¡es interino!

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¿Realmente esto importa a alguien más aparte de a los propios afectados? La impresión general es que, salvo contadas excepciones, no. Más allá de la “solidaridad de pasillo o de cafetería” poco se han involucrado muchos de los “propietarios” en la discriminación de los “eventuales”. No sólo en Madrid, en ninguna parte de España. Antes bien, parecería que muchos se han beneficiado, directa o indirectamente, de esta situación, ahorrándose posibles conflictos en temas sensibles como turnicidad, promoción interna, etc.

Lo peor no es el hecho, despreciable por sí mismo y que descalifica a todos los que lo intentan presentar como una solución, de que pasar de eventual a interino no aporte absolutamente nada (salvo el ahorro en tinta de bolígrafo, claro) al médico madrileño sino que, además, los criterios para hacerlo desprenden un terrible hedor a manipulación interesada, a pactos inconfesables, a contentar (o a enfadar) a todos por igual, a cualquier cosa menos a utilidad alguna. Después de un proceso que se ha alargado más de 8 meses, después de obligar a los médicos eventuales a presentar, debidamente compulsada, documentación una y cien veces presentadas ante las mismas instituciones, después de elaborar un baremo bajo la excusa de la más estricta igualdad de oportunidades y fomento de la meritocracia,…, después de todo eso y más, han llegado la vergüenza y el oprobio. No podemos decir que sea una sorpresa, más bien era esperable, incluso seguro, que aparecerían. Tan solo es la enésima demostración de un sistema mediocre que hace gala de su absoluto desprecio por la meritocracia.

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El “reparto” ha estado envuelto, desde el mismo momento en que se anunció, de un halo de oscurantismo. Nadie sabe cuantos médicos eventuales pasarán a ser interinos, ni donde, ni por qué unos si y otros no. Parecería lógico pensar, a la vista de los requisitos, que la asignación de interinidades seguiría un criterio basado en los méritos de cada aspirante: a mayor puntuación, mayores posibilidades. Pero no, no ha sido así. Existe una desinformación total acerca de los criterios empleados y de quien o quienes han participado en la elaboración de esos criterios y han decidido qué médicos eventuales eran destinatarios de la gracia de una interinidad. Y así, se están produciendo situaciones tales como que médicos con mayores méritos acreditados son discriminados en beneficio de otros con menos méritos por un oscuro reparto de cuotas inter- e intrahospitalarias. ¿Para qué, entonces , todo el sainete de presentar en plazo certificados y méritos? ¿Para asistir a un reparto previamente pactado? ¿Por qué no se procede a una asignación discrecional desde el primer momento ahorrando tiempo y esfuerzo a todos los médicos eventuales que creyeron de buena fe en el proceso? ¿Y que capacidad de recurso les queda a estos médicos eventuales que están viendo como sus años de trabajo y esfuerzo y los méritos generados, muchas veces a costa de su tiempo libre, no significan nada porque alguien ha decidió que, pese a contar con más méritos, no tiene derecho a esa interinidad que, sin embargo, beneficiará a alguien con menor puntuación por las oscuras cuotas de reparto?

Y lo más triste es que, aún, hay convencidos de que esta mofa es un avance, una suerte de unción para el que la recibe, una dádiva que no se puede siquiera rechazar. Y reparten felicitaciones por ello sin alterar el semblante. Muchos de los que se oponen, de toda forma posible, a apostar por un cambio que nuestra Sanidad Pública pide a gritos (cada vez más desesperados), a reclamar la laboralización para acabar con toda esta farsa y por un auténtico reconocimiento de la meritocracia como base sobre la que sustentar el sistema.

Este sistema público, espejo en el que debemos mirarnos, sistema que hay que defender frente a cualquier cambio percibido siempre como agresión y que se empeña en perpetuar el sistema de castas discriminatorias. Este modelo de virtudes frente al cual todos los demás palidecen, ejemplo de organización que protege los derechos de sus profesionales frente a la perfidia de otras, ha cometido, de nuevo, otra felonía contra el eslabón más débil de la cadena.

Su (pen)último insulto al médico eventual…

“¡Atreveos! El progreso solamente se logra así”

Victor Hugo, escritor francés (1802-1885)

Radioterapia y Cáncer: mucho más que complicaciones…

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AUTOCRÍTICA…

Desde El Lanzallamas se ha reclamado autocrítica en muchas ocasiones: autocrítica en la Sanidad Pública, autocrítica en los dirigentes, autocrítica en los gestores públicos y hasta autocrítica en los propios médicos. Autocrítica como un pilar indispensable sobre el que sostener cualquier avance que se pretenda firme y duradero. Y ahora ha llegado también el momento en que los oncólogos que nos dedicamos a la radioterapia hagamos autocrítica. Una autocrítica profunda pero serena, una autocrítica que nos ayude a ser mejores médicos y que nos permita, de una vez por todas, comenzar a sacudirnos complejos lastres que arrastramos, al menos en España, desde hace ya mucho tiempo.

En una anterior entrada en El Lanzallamas, “Mitos y Realidades en el Tratamiento del Cáncer”, se intentó desmontar, a la luz de la evidencia científica, conceptos y creencias erróneas acerca del tratamiento del cáncer, así como desvelar los fundamentos que hacen a la radioterapia, desde sus inicios a finales del siglo XIX, uno de los más eficaces, junto con la cirugía, tratamientos del cáncer. Pese al tiempo pasado desde sus primeras utilizaciones, y pese al tiempo, dinero y esfuerzo invertidos en el desarrollo de nuevas terapéuticas, la radioterapia continúa siendo, a día de hoy, un tratamiento que precisarán cerca del 70 % de los pacientes diagnosticados de cáncer y responsable, por si misma, de la curación del 16 % de ellos. Cifra que aumenta hasta cerca del 85-90% cuando se suma a la obtenida por la cirugía o por la combinación de ambas. (Para simple comparación, la quimioterapia convencional sería responsable por si misma de la curación del 2% de pacientes…) Y todo ello, ademas, con una enorme ventaja en términos de coste-beneficio, ya que supone apenas el 5 % del gasto total anual para el tratamiento del cáncer. Pese a esta aplastante evidencia, la radioterapia continua siendo percibida más como una amenaza para los pacientes que como una esperanza de curación. ¿Y por qué esta creencia? Una vez más, la respuesta debemos buscarla fuera. La sociedad británica, siempre muchos años por delante nuestro, ya fue consciente de la importancia de la radioterapia. En una encuesta realizada a más de 2.000 personas observaron hasta qué punto el público desconocía los beneficios que la radioterapia pueden ofrecer a los pacientes con cáncer. Mientras que el 47 % de los encuestados consideraba que fármacos como Herceptin eran modernos, sólo el 9 % apreciaba que la radioterapia es también un tratamiento moderno y de vanguardia. Del mismo modo, el 40% se imaginaba la radioterapia como aterradora en comparación con sólo el 16 % que dijo lo mismo para los medicamentos dirigido contra el cáncer. La conclusión de los oncólogos clínicos británicos fue clara y contundente. Existía la necesidad de revertir esa imagen mediante información veraz y probada acerca de los beneficios indudables de la radioterapia para la curación del cáncer, declarando el 2011 como el “Año de la Radioterapia” y emprendiendo una activa campaña de difusión e información dirigida a desmontar todos los mitos y falsos temores que rodean la utilización de la radiación ionizante para el tratamiento del cáncer. Autocrítica como punto de partida.

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Sin embargo, en España seguimos aún anclados en una “era de tinieblas” en todo lo que respecta a la radioterapia. De repetirse en nuestro país una encuesta similar hay pocas dudas de que el resultados sería aún más desolador y, lo que es peor, incluso entre los propios médicos que tratan el cáncer. Y los principales responsables somos nosotros mismos, los oncólogos radioterápicos, pero a diferencia de nuestros homólogos británicos no hemos sido, aún, capaces de ese necesario ejercicio de autocrítica sobre el que empezar a desmontar las falsas creencias sobre la radioterapia. Desgraciadamente, aún hoy se continúa haciendo más hincapié en unos posibles efectos secundarios, que pueden o no aparecer, antes que en unos más que demostrados beneficios. Y para muestra: este pasado fin de semana se han celebrado en Santa Cruz de Tenerife unas Jornadas sobre Cáncer de Mama organizadas por la Unidad de Ginecología Oncológica y Patología Mamaria del Grupo Hospiten. Personalmente, no dudo del éxito que habrán tenido estas Jornadas, principalmente porque conozco a muchos de los ponentes y con alguno de ellos he compartido muy estrechamente muchas horas de discusión, debate y quirófano sobre pacientes con cáncer y es mucho lo que he podido aprender de ellos. Pero no deja de ser llamativo que en unas Jornadas multidisciplinares, con participación de especialistas diferentes implicados en el diagnóstico y tratamiento del cáncer de mama, un tercio de las ponencias sobre radioterapia estuviera dedicado a “Complicaciones de la Radioterapia” (¿?). Sorprendentemente, no se hacía referencia en todas las Jornadas a “complicaciones” de ninguna otra de las terapéuticas implicadas en el tratamiento del cáncer de mama.

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Y este hecho no es una excepción. Antes bien, es la norma habitual en cualquier reunión científica donde se hable de radioterapia. Pero aún más preocupante es que también es habitual, cuando no el centro del debate, en muchas de las reuniones y jornadas organizadas por los propios oncológos radioterápicos. Cuesta imaginar, por improbable, que cualquier reunión centrada en la cirugía o en la quimioterapia de cualquier tumor dedique una parte sustancial, o la práctica totalidad de la misma, a debatir acerca de las posibles complicaciones de estos tratamientos antes que a presentar resultados sobre eficacia y debatir como mejorar las tasas de curación. Y cualquiera que se dedique al tratamiento del cáncer, y más concretamente del cáncer de mama, conoce las secuelas (neurológicas, cardíacas, osteoarticulares…) que acarrean los tratamientos sistémicos aplicados, y como condicionan la calidad de vida futura de las pacientes.

Pero la obsesión en resaltar la toxicidad no sólo aparece en Cursos, Reuniones o Jornadas de diversa índole en las que haya participación de la Oncología Radioterápica, sino también ante la adquisición de nuevos y más modernas unidades de tratamiento. En lugar de resaltar que gracias a los avances tecnológicos se puede delimitar con mucha más precisión el tumor así como las áreas sospechosas de albergar células tumorales, y que gracias a la extraordinaria precisión alcanzada es posible administrar una dosis de radioterapia muy superior a la que se administraba en el pasado, aumentando así las posibilidades de controlar localmente el tumor y, por ende, de aumentar la supervivencia prolongada de los pacientes, se prefiere por parte de los responsables poner el foco en la teórica “disminución de la toxicidad” que garantizaría este nueva tecnología. Dos maneras distintas de ver la radioterapia…

Los oncólogos radioterápicos debemos ser conscientes de estos hechos, y darnos cuenta de que la imagen que nosotros mismos ofrecemos a la sociedad, por acción u omisión, en cierta forma, desalentadora: si, creemos que la radioterapia puede ser útil en muchos casos, pero que seguro es un tratamiento agresivo y asociado a una toxicidad importante y prácticamente inevitable. Y esta es, demasiadas veces, la percepción que nuestros pacientes tienen del tratamiento. Aquí debe de comenzar la autocrítica, en reconocer que no hemos sabido explicar los beneficios de la radioterapia, no porque no existan, sino porque en muchas ocasiones a cualquier beneficio se lo confrontaba (¡por nuestra propia parte!) la aparición de posibles complicaciones. Y aunque es cierto que ningún tratamiento, absolutamente ninguno, es totalmente inocuo (ni siquiera una “simple” aspirina lo es…), la visión que se ha ofrecido de la radioterapia ha sido muchas veces exagerada y alejada por completo de la realidad. Y conviene no olvidar que el peor efecto secundario de un tratamiento es, muchas veces, no curar al paciente.

Autocrítica, ¡por supuesto!, pero para avanzar. Disponemos de una de las terapias más formidables contra el cáncer, sólo tenemos que aprovecharla para beneficio de nuestros pacientes y hacerla brillar como debe, sacudiéndonos todos los complejos que nos/la rodean. Somos muchos los oncólogos radioterápicos que creemos en la necesidad de transmitir una información, ante todo y sobre todo y utilizando todos los canales posibles, veraz y clara sobre la radioterapia, poniendo la luz donde debe estar, en la curación de nuestros pacientes y en la mejora que observamos en ellos de manera constante con la radioterapia.

Ha llegado el momento de pasar de las palabras a los hechos…

“La gota horada la piedra, no por su fuerza sino por su constancia”
Publio Ovidio Nason, poeta romano (43 a.C. – 17 d.C.)

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Investigación oncológica en la Sanidad Pública: recortes y pseudociencia…

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La innovación en oncología ha sido, tradicionalmente, un proceso largo, tortuosos, retorcido y plagado de innumerables decepciones. De la miriada de medidas que surgen como prometedoras esperanzas de curación futura muy pocas, poquísimas, llegarán a ser conocidas y, tal vez, utilizadas en alguna ocasión. Y este ingente esfuerzo tiene, además, un enorme costo económico durante su investigación y desarrollo que se repercute, en demasiadas ocasiones, en el precio final del producto. Y dado que el grueso de la investigación está en manos de la industria privada, por la tradicional renuncia de la gestión pública a fomentar una investigación sensata y sostenible que vaya más allá de las veleidades políticas de los dirigentes de cada bando que se van alternando en nuestro país con el único objetivo, al parecer, de amargarnos la existencia a los que les mantenemos en sus delirios, el coste final del desarrollo de tratamientos contra el cáncer recaerá, de manera directa o indirecta, sobre el paciente. Esta misma semana se denunciaba la existencia de inequidades en el acceso a distintos tratamientos en función del lugar de residencia del paciente, y como en algunas comunidades los enfermos tenían dificultades en acceder a los fármacos más caros (que no necesariamente los más eficaces…). Y de todo ello se culpa, con razón o interesadamente, a un concepto tan amplio como indefinible de “los recortes”

Pero esta misma semana hemos asistido a un hecho que ha elevado el nivel del debate a nuevas, y previamente insospechadas, cotas. Un gran hospital de Madrid, uno de los (teóricos) centros punteros en Oncología de nuestro país, uno de los buques insignia de los que defienden, por encima de la realidad en muchas ocasiones, que la única investigación y práctica “de calidad”, y por tanto respetable y defendible, que se hace en Oncología en la Comunidad de Madrid es la que se efectúa en centros de titularidad pública, uno de los emblemas que se conjura en el imaginario colectivo durante las mareas y pleamares que azotan nuestra maltrecha Sanidad Pública, uno de “nuestros verdaderos hospitales”, ha dado un paso más que demuestra que no todo está perdido en Oncología, antes bien, ¡que siempre se puede caer más bajo! La imagen que ha ofrecido es ta semana uno de esos grandes hospitales que tanto se vanaglorian de su liderazgo y participación en ensayos clínicos en oncología, tanto nacionales como internacionales, de la calidad e impacto de sus artículos publicados, de ser un referente y faro de la investigación oncológica, se ha desmonoronado por obra y parte (o por la ausencia de ambas) de sus responsables: directivos y clínicos.

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El pasado martes día 17 de marzo de 2015, el Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid acogió, y quien sabe si también promovió, una sesión que defendió el esoterismo seudocientífico como remedio sanador para el cáncer. Según la médico conferenciante invitada, el cáncer es un enfermedad que se curaría con algo tan simple como “trascender la polaridad de los dos hemisferios cerebrales: el izquierdo: activo, eléctrico, ácido, el Yang, el Sol, masculino, el fuego; frente al derecho: pasivo, magnético, alcalino, el Yin, la Luna, femenino, el agua, la noche, las cuevas y las montañas.” Y que este nivel de profundidad ascética se puede alcanzar, parece que fácilmente, “visionando películas de los Hermanos Marx y comiendo palomitas” Con independencia de lo brillantes que puedan ser algunas de sus películas, y de las hilarantes escenas que han quedado para siempre como monumentos al más ácido y corrosivo humor, atribuir a las mismas propiedades antineoplásicas parece, al menos, un tanto arriesgado. Cierto es que, en comparación con algunos otros pseudotratamientos (homeopatía, reiki, flores y piedras variadas,…) los Marx tienen la virtud de arrancar sonrisas, pero siempre obligando a ejercitar la inteligencia, a pensar …

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Pensamiento inteligente, algo que no parecen haber entendido los responsables del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. ¿Dónde estaban, y continúan estando, los Jefes de las distintas Oncologías de las que presume el centro?, ¿acaso no se arrogan  ellos la responsabilidad y liderazgo de la investigación oncológica en su centro?, ¿es posible hablar y discutir de oncología en un hospital como el Clínico sin contar con la aprobación y participación de sus oncólogos?, ¿no han salido, aún, a denunciar el engaño y la pseudociencia y a defender el método científico? Cuesta creer que no haya sido así, aunque quizás los Jefes de Oncología (¿y sus servicios?) son unos profundos enamorados de las dotes artísticas de los Marx y apoyan esta nueva línea de investigación basada en la videoteca frente a los intentos actuales de basar tratamientos en la genoteca, viendo beneficios que los oncólogos de batalla ni siquiera llegamos a vislumbrar…

Y aunque es cierto que algunas de las medida que se guarecen bajo el amplio paraguas de “terapias complementarias” han demostrado su utilidad en estudios controlados y bien planeados, como en el caso de la acupuntura para el tratamiento de los sofocos secundarios a manipulaciones hormonales en pacientes con cáncer de mama o próstata, como tratamiento de náuseas y vómitos por quimioterapia o para la xerostomía en pacientes con tumores de cabeza y cuello sometidos a radioterapia, pero no parece que la cinematografía de los Hermanos Marx se encuentre entre las alternativas terapéuticas más eficaces.

Recortes, recortes,…, se habla mucho de recortes. Con razón o sin ella, con conocimiento o repitiendo tan solo consignas cual papagayos, recortes es un término que se ha incrustado en cualquier discusión que toque, aunque sea muy tangencialmente, la Sanidad Pública. Recortes en pruebas diagnósticas, recortes en tratamientos, recortes en atención,…, recortes, siempre recortes. Los recortes existen, ¡qué duda cabe! Lo que demuestran hechos como esta sesión es la trascendencia e importancia de los recortes. Sobre todo cuando, como en este caso, son recortes en la inteligencia y el sentido común de quienes autorizan y avalan, por acción u omisión, estas demostraciones de pseudociencia…

Claro que, alguno de sus responsables pensará, parafraseando al gran Marx:

“Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente”
Julius Henry (Groucho) Marx, (1890-1977)