El Informe Abril Revisitado: Profesionalización, Meritocracia y Laboralización

El Informe Abril Revisitado: Profesionalización, Meritocracia y Laboralización.

Más sobre el ánimo de lucro en la Sanidad Pública: Interpretaciones varias de un concepto abstracto

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Más sobre el ánimo de lucro en la Sanidad Pública: Interpretaciones varias de un concepto abstracto.

¡Sí Se Puede! pero, ¿queremos?

¡SI SE PUEDE, PERO NO QUIEREN!

Desde el inicio del conflicto en la Sanidad madrileña entre la Consejería y los profesionales, esta frase se repite sin cesar como un mantra salvífico. Parece reflejar que los médicos estamos dispuestos a cualquier cosa con tal de salvar la Sanidad Pública madrileña, pero que es la montaña de escoria política que nos gobierna la que continuamente hace oídos sordos y no quiere solucionarlo. De acuerdo en parte pero, ¿qué estaríamos, realmente, dispuestos a hacer por defender este sistema en el que muchos decimos, convencidos, que creemos?:

  • ¿Estaríamos los médicos dispuestos a realizar una autocrítica sincera y reconocer que somos también grandes responsables del deterioro de nuestro sistema? Probablemente, no…
  • ¿Estaríamos dispuestos a aceptar la profesionalización de la gestión a todos los niveles?, ¿incluyendo la dirección de los servicios médicos? Probablemente, no…
  • ¿Estaríamos dispuestos los médicos a aceptar la meritocracia como “patrón oro” en nuestras relaciones con el empleador? En otras palabras, ¿aceptaríamos que el que más trabaje y mejor lo haga, más se esfuerce y mejores resultados obtenga, más aporte a la atención sanitaria, docencia e investigación tuviera una mayor remuneración que el que no lo haga, con independencia de su edad o años trabajados? Probablemente, no…
  • ¿Estarían los Jefes de Servicio del SERMAS dispuestos a renunciar a su cargo si existiera otro médico mejor preparado que ellos en su propio Servicio para desempeñar la labor de gestión y dirección del mismo, con independencia de su edad y años trabajados? Probablemente, no…
  • ¿Estaríamos los médicos dispuestos a renunciar a la burocracia y gerontocracia en la contratación de personal y apostar por la laboralización como medio de fomentar el esfuerzo, la competitividad y poder aumentar la calidad de la atención? Probablemente, no…
  • ¿Estaríamos los médicos dispuestos a renunciar, de una vez por todas, al sistema de castas imperante en el SERMAS que permite la discriminación laboral, profesional y económica de parte de las plantillas? Probablemente no…
  • ¿Estaríamos dispuestos los médicos a acabar con la situación de eventualidad cuasi-perpetua de muchos compañeros, continuamente engañados con la promesa de una OPE cual palo y zanahoria? ¿OPEs que, por otro lado, nunca terminan de forma definitiva con el problema y que muchas veces sólo sirven para redistribuir las castas? Probablemente, no…
  • ¿Estaríamos dispuestos los médicos a reformar todo el sistema desde dentro, denunciando y eliminado bolsas de ineficiencia (que todos conocemos) y la mediocridad y podredumbre existente en áreas del mismo? ¿Aunque ello supusiera enfrentarnos con las castas y jerarquías existentes? Probablemente…
  • ¿Estaríamos los médicos dispuestos a incorporar las TICs como un elemento imprescindible hoy en día para desempeñar nuestro trabajo? Probablemente,…¡muchos preguntarían que son las TICs!

Lamentablemente, existen aún demasiados “probablemente, no”. Cuando se analiza fríamente y con cierta perspectiva la actuación de aquellas asociaciones, sindicatos y colectivos que dicen defendernos, brillan por su ausencia las propuestas concretas para buscar soluciones sensatas que vayan más allá de “la retirada inmediata del Plan de la Consejería”. ¿Por qué? Parece que lo único importante es defender el statu quo actual, con todas sus lacras, mediocridades y corruptelas, sin interés muchas veces en ofrecer la posibilidad de un desarrollo sostenible del sistema a largo plazo.

Afortunadamente, cada vez somos más médicos los que estamos convencidos de que Si Se Puede reformar todo el sistema desde dentro, cambiándolo radicalmente para que siga siendo lo que siempre ha sido, un referente en la Sanidad Pública, sin necesidad de que empresas ajenas se hagan cargo de la misma. Y que Queremos Hacerlo. Pero es cierto que aún no somos bastantes, y que nos enfrentamos no sólo a unos políticos ignorantes e inútiles, con un desconocimiento tremendo de la realidad, sino también a un sistema gerontocrático y burocrático, rígido y que se resiste a renunciar a sus privilegios y a modificar en manera sustancial su statu quo adquirido.

SI PODEMOS, PERO…¿QUEREMOS?

Jefes o Líderes: ¿cueces o enriqueces?

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Al hilo de las recientes jubilaciones que se han producido en el SERMAS, muchas cuestiones cobran una nueva actualidad. Varios de los médicos jubilados habían alcanzado la categoría de Jefe de Servicio o de Sección, por sus méritos la mayoría aunque algunos también por hechos tan variopintos como la mera senescencia del precedente, por su docilidad, comodidad o simple y llanamente, por contar con 3 votos… Pero, ¿cuántos de estos Jefes jubilados eran realmente líderes en sus Servicios? La diferencia no es baladí, y aunque es aplicable a todas las profesiones, no deja de ser un debate latente en el mundo médico.

Todos los médicos hemos conocido a lo largo de nuestra vida profesional, directa o indirectamente, jefes de todo tipo: buenos, regulares, malos o muy malos, inteligentes o listos, débiles o despóticos, parásitos o laboriosos,… Y también conocemos auténticos líderes, aquellos a los que seguiríamos por todo los que nos enseñan, nos transmiten y nos hacen mejorar y avanzar, pero que no son en muchas ocasiones, desafortunadamente, Jefes. En ocasiones, y aunque la generalización siempre es mala, parece que en la Medicina se cumple como en pocas otras profesiones el ya clásico Principio de Peter según el cual “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su máximo nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse”. Y además de este axioma, establece otros dos: “Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus funciones” y “el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia”. O en otras palabras, y como no se cansa de repetir una compañera, maestra y sobre todo amiga, “a un hombrecillo, dale un carguillo”

Un reciente artículo de Jeff Haden en la revista Inc.com se centraba en las “8 maneras de ser un jefe realmente memorable”. El autor disecciona, con gran claridad, las diferencias entre un Jefe y un verdadero Líder. Entre las perlas de su análisis me he permitido entresacar algunas:

  • “Los líderes dirigen al grupo porque son sus propios empleados los que más quieren que lo hagan, motivados e inspirados por la persona, no por el título”
  • “Los líderes poseen cualidades que no siempre se pueden presentar en papel, pero que siempre figuran donde más importa: en los corazones y las mentes de las personas a las que dirigen”
  • “Los líderes ven la inestabilidad y la incertidumbre no como un obstáculo sino como un facilitador. Saben reorganizar, remodelar y rediseñar para tranquilizar, motivar e inspirar, y en el proceso hacen que la organización sea mucho más fuerte”
  • “No importa los éxitos que hayan logrado en el pasado, para los verdaderos líderes nunca son demasiado buenos como para no arremangarse, ensuciarse y hacer el trabajo necesario”
  • “Los líderes destacan porque están dispuestos a adoptar una postura impopular, a dar un paso impopular, a aceptar la incomodidad de no seguir el status quo, a asumir el riesgo de navegar en aguas desconocidas. Son capaces de asumir riesgos reales por el bien de la recompensa que creen que es posible. Y con su ejemplo inspira a los demás a asumir riesgos con el fin de lograr lo que ellos creen que es posible. Los verdaderos líderes inspiran a otros a alcanzar sus sueños: por las palabras, por las acciones, y lo más importante, por ejemplo.”
  • “Un verdadero líder también trabaja para alcanzar las metas de la empresa, y logra más que otros jefes , pero también trabaja para servir a un propósito mayor: para hacer avanzar la carrera profesional de sus empleados, para marcar una diferencia real en la comunidad, para enorgullecer a sus trabajadores y aumentar su autoestima”
  • “Los pésimo jefes lanzan a sus empleados bajo el autobús; los buenos jefes nunca tiran a sus empleados bajo el autobús; los verdaderos líderes ven el autobús que viene y empujan a sus empleados fuera del camino, muchas veces sin saberlo el propio empleado hasta mucho más tarde”

¿Cuántos de nuestros jefes son también auténticos líderes?, ¿cuántos de aquellos que consideramos como líderes son también jefes? Y esta es la cuestión: ¿qué preferimos en la Sanidad Pública, jefes o líderes?, ¿por qué no pueden ir juntas ambas categorías? Los que defendemos la necesidad de una autentica y absoluta reforma de toda la Sanidad Pública, creemos en los principios de meritocracia y profesionalización. Y eso incluye el que nuestros jefes sean verdaderos líderes, que nos enseñen, que nos motiven y que nos hagan participar de su proyecto y sentirlo como nuestro, no por su mera autoridad sino por la pasión que por el mismo nos transmitan.

Employees don’t leave jobs; they leave bad bosses–and even mediocre ones. Don’t be that kind of boss” Jeff Haden (@jeff_haden); Inc.com, 2013. 

¿Pagarán los eventuales el coste de la privatización?

Hace pocos días se han aprobado los “pliegos para la externalización de la gestión de seis hospitales” de acuerdo a los planes de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Muchos análisis se han hecho en esta última semana a cerca de las condiciones recogidas en el borrador. En la gran mayoría de los mismos la discusión se ha centrado, casi por completo, en las cifras económicas de la propuesta. Abundan las disquisiciones acerca de la cápita o precio que abonará anualmente la Administración a la concesionaria de cada hospital. Tanto defensores como detractores del proyecto han expuesto sus argumentos y las ventajas e inconvenientes que consideran en el mismo. Sin embargo, pocos comentarios se han hecho, ni en forma de declaraciones públicas ni a través de redes sociales y blogs, acerca de un tema tan importante como es la contratación del personal médico.

De acuerdo al proyecto presentado por la Consejería de Sanidad, si alguien puede considerarse beneficiado, o al menos poco perjudicado, es el personal fijo con plaza en propiedad en el SERMAS. Para ellos, la Consejería contempla tres posibilidades:

  • quedarse en el mismo hospital pagándole el Servicio Madrileño de Salud (el importe del salario de estos trabajadores se descontará a la concesionaria),
  • pedir una excedencia e integrarse en la plantilla de la concesionaria pasando a una situación de excedencia especial que le permite el reingreso en cualquier momento,
  • solicitar su traslado a otro hospital de la Comunidad de Madrid cuya gestión ne haya sido «externalizada».

Parece, por tanto, que los profesionales con plaza en propiedad no van a ver mermadas sus condiciones laborales. Podrán optar por trabajar en la concesionaria, pero dependiendo del SERMAS, para la concesionaria, pero pudiendo retractarse, o no tener relación alguna con las empresas concesionarias y solicitar su traslado a otro hospital de la CAM cuya gestión no haya sido privatizada. (Una situación cuando menos paradójica será ver como alguien que en la correspondiente OPE accedió a una plaza en un hospital periférico por no poder hacerlo en uno de los grandes hospitales, se vea ahora colocado en uno de ellos tras así solicitarlo).

Sin embargo, poco se ha hablado acerca del futuro, ciertamente oscuro, de los médicos eventuales contratados en el SERMAS, algunos con más de 10 años de contratos a sus espaldas. De la lectura de los pliegos presentados se deduce rápidamente que serán el colectivo profesional más perjudicado con todas estas maniobras. De acuerdo con el borrador: “para el personal interino y eventual, que así lo desee, se establece la obligación de que sean contratados por la sociedad concesionaria”

Así, en sola frase, liquida la Consejería la situación de inestabilidad y discriminación continua en que mantiene a un buen número de médicos. Por supuesto, ni exige unas mínimas condiciones dignas de contratación para el personal eventual ni la posibilidad de una estabilidad laboral, sino que lo deja a la libre voluntad de las empresas concesionarias. ¿Cómo serán contratados?, ¿en qué condiciones?, ¿por cuánto tiempo?… Da la impresión de que la Consejería ha buscado congraciarse con las organizaciones de la Mesa Sectorial antes que preocuparse por la totalidad de sus trabajadores. En román paladino, la Consejería de Sanidad se ha lavado las manos en este asunto.

Nada nuevo ni sorprendente hay en esta actitud, viniendo de quien viene. Nunca se han comportado de manera digna con los médicos eventuales, y no lo iban a hacer ahora. Lo que desgraciadamente llama la atención, es el silencio casi unánime de aquellos que se supone defienden al colectivo de los médicos. La mayoría de críticas al borrador provenientes de sindicatos y asociaciones médicas se han centrado en el gasto, las cápitas, los costes o la calidad de la atención, pero pocas voces se han alzado en contra de la situación ciertamente precaria en la que pueden quedar miles de médicos eventuales a partir del momento en que sea firme la privatización de los hospitales. Médicos eventuales provenientes tanto de los 6 hospitales a privatizar como los que serán desplazados por la llegada de todos aquellos facultativos que soliciten el traslado de centro. ¿Qué va a pasar con ellos? ¿A alguien, aparte de a los afectados, realmente le importa?

Tampoco es nueva esta situación. Los sindicatos médicos ya aceptaron la exclusión de los profesionales eventuales en el modelo de Carrera Profesional para Médicos y Titulados Superiores de la CAM de 2006. Desde entonces, se ha mantenido esta situación de marginación de parte de los médicos del SERMAS así que, ¿qué motivos hay ahora para pensar que será diferente?, ¿defenderán estas organizaciones, esta vez sí, al colectivo eventual haciendo gala de esa pregonada “unidad”?, ¿o harán como en 2006 y simplemente aceptarán las condiciones impuestas mientras no altere la situación del personal con plaza en propiedad?

La realidad de las últimas declaraciones no apunta al optimismo. Sorprendentemente, ha generado más rechazo entre los sindicatos que dicen defender al médico la aplicación de la ley, como es el caso de la jubilación a los 65 años, que el incumplimiento sistemático de la legislación vigente en el caso de médicos con contratos eventuales continuados durante más de 10 años. ¿Es esta la defensa que nos merecemos?

Será interesante observar el discurrir de los acontecimientos, ya que más pronto que tarde estas cuestiones quedarán, en uno u otro sentido, aclaradas.

Sobre la Calidad mal entendida…

Uno de los argumentos que más se están repitiendo para rechazar el Plan de Sostenibilidad de la Sanidad de la CAM es el más que seguro deterioro en la calidad de la atención si finalmente se lleva a cabo. Esta preocupación por la calidad, repetida como un mantra salvífico en todas las concentraciones y manifestaciones, nos sitúa de nuevo ante el maniqueísmo en que ha derivado este conflicto. En este punto, se asegura que sólo la Sanidad Pública de acuerdo al modelo de gestión actual garantiza la calidad de la atención médica, y que, por consiguiente, cualquier otro modelo de gestión no sólo va a conllevar un deterioro de la calidad sino que, incluso, este deterioro será buscado en aras de una mayor rentabilidad económica.

Dejando de lado la puerilidad de este argumento, supongo que sostenido por los mismos que defenderán la idea de que Renault o Ford fabrican coches “de mala calidad” en sus factorías de Valladolid o Almusafes para ganar más dinero o de que Grifols fabrica hemoderivados “de baja calidad” para abaratar costes y ganar más dinero, el tema de la calidad de la atención, desde el punto de vista de un médico con dedicación exclusiva a la Sanidad Pública, merece algunas consideraciones:

• Menospreciar la calidad de la atención equivale a menospreciar a los profesionales que la llevan a cabo. ¿Alguien, en su sano juicio, cree realmente que los médicos que trabajan en centros públicos con gestión privada son peores profesionales que los que lo hacen en centros con gestión pública? ¿Dudamos de que la calidad de la atención dispensada, por ejemplo, en la Fundación Jiménez Díaz, cuna de excelentes médicos y uno de los pilares de la formación pregrado en la Universidad Autónoma de Madrid, que es, por cierto, una de las mejores Escuelas de Medicina del país, es inferior a la dispensada en otros hospitales públicos de Madrid?

• ¿Puede alguien, conociendo la valía y capacitación de sus cirujanos, sostener que las intervenciones quirúrgicas realizadas en el H. de Torrejón o en el H. Infanta Elena, por ejemplo, son de peor calidad que las realizadas en otros centros?

• ¿O que la disponibilidad de recursos tecnológicos avanzados es sustancialmente inferior en los centros de gestión privada frente a los de gestión pública (cuando, desgraciadamente, es al contrario en muchas ocasiones)? En lo que a mi especialidad particular se refiere, la dotación tecnológica es más moderna y completa en los centros privados que en la media de la Sanidad Pública.

• ¿Alguien que conozca y viva la Medicina se atreve a decir que la atención en Urgencias en el H. Rey Juan Carlos, dirigida por las mismas personas que lideraron las Urgencias de la Fundación Hospital de Alcorcón o el H. Infanta Leonor, y desarrollada por un equipo de médicos formados y dedicados en exclusiva a la atención de Urgencias, es inferior a la proporcionada en otros grandes centros, donde el peso de la atención en Urgencias recae, mayoritariamente, en médicos en formación con, muchas veces, escaso o nulo interés en la Urgencia como especialidad?

• ¿Se puede mantener, sin temor a equivocarse, que los centros de gestión privada desprecian la investigación cuando, al menos en el campo de la Oncología Radioterápica, las publicaciones en revistas internacionales de impacto de estos centros representan, como poco, más de la mitad de la producción científica española que puede encontrarse en PubMed?

Estoy convencido de que somos muchos los que pensamos que la calidad en medicina no depende exclusivamente de la disponibilidad absoluta de recursos, ni de que la gestión pública otorgue, automáticamente, un marchamo de calidad a todas nuestras actuaciones. Antes más, como todos los médicos sabemos, la calidad esta íntimamente ligada a nuestro estudio constante y nuestras ganas de innovar y avanzar.

En definitiva, podemos o no estar de acuerdo en el modelo de gestión pública o privada, rechazar las formas con las que la Consejería de Sanidad de la CAM nos castiga continuamente a los médicos o plantear y proponer alternativas más razonables. Incluso podemos, y debemos, recordar a nuestros pacientes que son libres y soberanos para elegir donde y quien debe tratarlos, de acuerdo a la Ley de Libertad de Elección en Sanidad vigente en la CAM. Pero lo que no podemos, al menos en mi opinión, es dudar y cuestionar la calidad en la atención de los pacientes fuera de los centros de gestión pública. Es un despropósito y un insulto hacia todos los compañeros que en ellos desempeñan su trabajo, y que lo hacen tan bien, o incluso mejor, de lo que podamos hacerlo nosotros en centros de gestión pública.

«Calidad significa hacer lo correcto cuando nadie está mirando»

Henry Ford 1863-1947

 

Reflexiones (y decepciones) tras la última #mareablanca

Durante estos últimos 3 meses se han producido en Madrid varias manifestaciones en defensa de la Sanidad Pública conocidas como “mareas blancas”. Personalmente, he intentado acudir a todas ellas, y en las que no he podido estar físicamente por las características propias de nuestra profesión, he intentado apoyarlas desde donde estuviera. Sin embargo, todo tiene un final, y creo que está última #mareablanca del pasado día 17 de febrero, será la última, al menos en lo que a mi me atañe. Razones para apoyarlas las había, y las hay, pero también hay motivos que me han llevado a esta decisión, e intentaré resumirlos:

• Yo no quiero una gestión vendida a empresas privadas como pago a oscuros motivos, que me considere tan solo parte del material del hospital que compran. Que no se valore el esfuerzo y dedicación de los profesionales sino como una parte más del decorado. Que sólo pretenda cumplir con unos números sin permitir ni fomentar el desarrollo individual y colectivo que redunde en la mejora de la atención prestada.

• Pero tampoco quiero una gestión de la Sanidad en manos del político de turno, con nombramientos de responsables “a dedo” por el único argumento de poseer un carné del partido gobernante. Gestores mediocres, y muchas veces cobardes, que no se atreven a afrontar los problemas y las bolsas de ineficiencia existentes en nuestros hospitales madrileños. Gestores que cambiarán en cuanto cambie el gobierno de la CAM pero que seguirán siendo simples colocados por su filiación política como único aval.

• Ni quiero que todo este movimiento quede tan solo en la defensa de un modelo caduco y podrido en gran medida, en intentar a toda costa mantener un statu quo como el actual, basado en una combinación de burocracia y gerontocracia, que desprecia la meritocracia y se empeña en mantener un sistema de castas entre los médicos, primando la antigüedad sobre el trabajo, esfuerzo e interés que demuestran muchos médicos en su labor diaria.

• Y por supuesto, no quiero que una indignación justa y con una fuerte base de sustentación sea parasitada y capitalizada por políticos y sindicalistas, como sucedió el pasado día 17 de febrero, cuando representantes de Izquierda Unida, UGT o CC.OO. aparecieron en todas las televisiones como los “grandes defensores de la Sanidad Pública”

Entre estos dos extremos hay, en mi opinión, un vasto territorio en el que construir alternativas de futuro, que garanticen el sostenimiento de una Sanidad Pública Universal pero que valoren en su justa medida el esfuerzo individual y colectivo. Que aprecien al válido y desprecien y aparten al mediocre. Y, desgraciadamente, no estamos siendo capaces de plantear estas alternativas. No comparto la opinión de que la solución vayan a venir por pasear los domingos de Cibeles a Sol, ni por decir simplemente que no queremos este plan ni, por supuesto, por alguna ideas tan peculiares como las propuestas por el grupo de los “600 Jefes de Servicio”. Gritamos mucho pero no intentamos construir de manera sensata un modelo que aproveche lo bueno, que existe, del actual sistema pero que lo mejore y optimice eliminando todas las enormes bolsas de ineficiencia que lo lastran. Es necesario un cambio radical de modelo, fundamentado en la profesionalización de la gestión a todos los niveles, en la meritocracia como base de desarrollo y, probablemente, en la laboralización del personal.

Personalmente, no pienso dejar de pelear por alternativas y posibilidades veraces y sensatas para el cambio. Porque hay que cambiar, por supuesto que sí, pero a mejor.

Y tenemos que hacerlo nosotros, o nos lo harán otros.

“Change is the law of life. And those who look only to the past or present are certain to miss the future”

John F. Kennedy (1917-1963)