Sanidad Pública: cuando el enemigo está dentro…

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¡Por si fueran pocos los males que afligen a nuestra maltrecha Sanidad Pública desde diferentes frentes, ahora también la intentan destruir aquellos que dicen defenderla!

Recientemente ha aparecido, en la publicación sanitaria en la red Acta Sanitaria, una ¿reflexión? firmada por el Dr. Manuel Martín García, a la sazón presidente de la Federación de Asociaciones en Defensa de la Sanidad Pública (FADSP), que en su particular paranoia no tiene desperdicio alguno. Si ya eran delirantes muchas de las propuestas del portavoz de la FADSP, Dr. Marciano Sánchez Bayle, como su frontal oposición a cualquier intento de cambio y mejora en la eficiencia en el sistema público, (aún a riesgo de continuar y avanzar en la decadencia actual) que quedó clara en su defensa a ultranza del privilegiado status funcionarial del que disfrutan muchos médicos (no todos, pero eso al Dr. Sánchez Bayle le da igual…), las declaraciones de su presidente alcanzan un nuevo nivel “conspiranoico”.

El artículo en cuestión, Una casta profesional apoya la privatización del Sistema Sanitario Público”, evidencia hasta que punto muchos médicos fracasan cuando intentan salir del ámbito de su propia consulta.  No me atrevería jamás a cuestionar la competencia del Dr. Martín en su saber médico, pero en cuanto a oráculo de la realidad su habilidad es, como poco, cuestionable cuando no francamente risible. Pero vayamos por partes intentando analizar, sin sucumbir a la tentación de abandonarlo,  el artículo de marras.

El planteamiento principal sobre el que construye todo su alucinado discurso este prócer de la defensa de la Sanidad Pública es que existe una conspiración internacional liderada por un oscuro grupo denominado Club Gertech. Dicha asociación existe realmente, y cualquiera puede visitar su página web, pero es presentada por el autor como una gran alianza socioeconómica de la que casi nadie ha oído hablar y que viene desarrollando, desde hace tiempo y de manera invisible para la población y los trabajadores sanitarios, oscuros y turbios manejos en las sentinas de nuestra Sanidad Pública. En esta maléfica alianza privatizadora participarían “…algunas universidades, centros de investigación, empresas de informática y tecnología sanitaria, laboratorios farmacéuticos, fondos de inversión internacional (especialmente de USA y China) y grupos de comunicación…”. De acuerdo a la privilegiada información que el Dr. Martín posee, y que graciosamente se apresta a compartir con nosotros, el objetivo de este grupo seria hacerse con el control de la Sanidad Pública para proceder de manera implacable a su privatización.  No queda claro en el artículo, pero es fácil suponer que aunque inicialmente el objetivo del grupo parece la sanidad española, de salirles bien la jugada se lanzaría sin demora al control de otros sistemas públicos. Al fin y a la postre, y como se evidencia en el artículo, los instrumentos empleados para esta toma del control son aplicables a cualquier otro sistema. Quizás en posteriores entregas de esta apasionante aventura el Dr. Martín tenga a bien revelarnos los planes futuros de esta siniestra organización.

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Entre las perlas con las que el Dr. Martín ilustra su “escrito” destacan las líneas maestras de este devastador plan:

  1. Controlar toda la información generada por el Sistema Sanitario Público en relación con el estado de salud de la población, recursos disponibles, actividades desarrolladas y su funcionamiento”

De acuerdo a este paladín de la Sanidad Pública, el objetivo es privatizar el Sistema de Información del Sistema Sanitario Público para ponerlo al servicio de las multinacionales sanitarias  a través de forzar a la implantación de la Historia Clínica Electrónica (HCE), de redes informáticas de comunicación entre niveles y profesionales, etc. De esta manera, los conspiradores de la privatización accederán a todos los datos de los pacientes para poder manejarlos a su gusto.

Cualquiera que haya trabajado en alguna ocasión con HCE proviniendo de la tradicional Historia Clínica, en papel y con abultados sobres y carpetas, sabe de sobra apreciar las inmensas ventajas de la misma. ¡Y más aún cuando debe volver, después de emplear la HCE, al modelo de papel manuscrito! Solo los muy ignorantes, o los que no pisan su consulta salvo que se equivoquen, pueden poner en duda el enorme avance que para todos (médicos, enfermería, auxuliares, técnicos, etc.) supone una buena HCE.

  1. “Controlar la planificación estratégica y el funcionamiento de los servicios asistenciales  a través de las Unidades de Gestión Clínica”

El Dr. Martín afirma, sin rubor alguno, que las Unidades de Gestión Clínica (UCG) tienen encomendada la misión de privatizar la gestión de los servicios asistenciales hospitalarios y de atención primaria, modificando su estructura organizativa y funcional. Entre los perniciosos cambios que, a juicio del autor se avecinan estarían: dotar de mayor autonomía de gestión a los hospitales públicos; laboralizar a los trabajadores sanitarios; promover el autocuidado del enfermo mediante tecnologías instaladas en sus domicilios; libre elección de centro sanitario, etc. Este cambio de modelo vendría avalado por grupos profesionales con escasa presencia e influencia en los profesionales asistenciales: FACME (Federación de Asociaciones Científico Médicas), SEDISA (Asociaciones Profesionales y Sociedad de gerentes y directivos de los centros sanitarios públicos), Organización Medica Colegial (OMC), Confederación Española de Sindicatos Médicos (CESM), Conferencias de Decanos de Medicina y Estudiantes de Medicina, etc., todas ellas de “fuerte perfil conservador” (?)

Quizás sería interesante que el Dr. Martín y sus palmeros, pese a la aversión que parecen tener por las nuevas tecnologías, se dieran una vuelta por sitios como el blog de Tertulias Sanitarias, donde encontrarán una amplia y excelente revisión de cómo las UGC pueden ayudar al cambio que tanto necesita nuestra Sanidad Pública.

  1. “Impulsar y favorecer el uso intensivo de las tecnologías, responsables del crecimiento del gasto sanitario irracional”

Finalmente, el Dr. Martín da con una de las claves del deterioro del sistema: ¡la multiplicación del gasto sanitario en pruebas tecnológicas y servicios especializados puede condicionar la sostenibilidad del Sistema Sanitario Público, incrementar la iatrogenia y las desigualdades de salud!

No deja de ser llamativo que los claman, y reclaman, por imponer su particular concepto de “equidad” en la atención sanitaria según la cual debe de haber “de todo y para todos en todos los sitios” se descuelguen ahora con la revelación de que las nuevas tecnologías son muy costosas. Los mismos que alientan, por ejemplo, que se instalen unidades de radioterapia en cualquier capital pequeña, o que se compren e instalen unidades de PET-TC en cualquier hospital regional, porque “es el derecho de los ciudadanos a disponer de los últimos avances tecnológicos próximos a sus domicilios”, son los que ahora acusan a los gobernantes de estar “vendidos” a las multinacionales que pretenden tan solo colocar sus equipos como sea. Durante años, la tremenda presión ejercida a través de colectivos de pacientes, asociaciones varias y organizaciones como la FADSP han forzado a los distintos gobiernos a realizar enormes inversiones de claro talante electoralista y que, desgraciadamente, han demostrado ser muchas veces innecesarias llegando a estar infrautilizadas. Pero por supuesto, ellos no aceptarán nunca ninguna responsabilidad, porque es bien sabido que “el dinero público no es de nadie”

Si no fuera por la dramática situación por la que atraviesa nuestra Sanidad Pública, motivada por el comportamiento indecente de muchos que se llaman profesionales, tanto de la escoria política como, desgraciadamente, de la propia profesión medica, afirmaciones como las expresadas en el panfleto publicado en Acta Sanitaria no pasarían de la consideración de meras bufonadas sin mayor recorrido. Lo realmente triste es que gran parte de la casta gerontocrática que puebla la Sanidad Pública se aferra a concepciones de este tipo para no reconocer la deriva imparable del sistema ni su propia responsabilidad en la misma. Afortunadamente,  somos cada vez más los médicos que, escarmentados de este falso y pernicioso asociacionismo, apostamos decididamente por un cambio necesario de modelo para poder preservar nuestra Sanidad Pública.

 “En los propios enemigos es donde se encuentra aún mayor bajeza”

Jules Renard, escritor, poeta y dramaturgo francés (1864-1910)

Lecciones (y elecciones) después de la derrota…

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La reciente eliminación de la Selección Española de Fútbol de la fase final de la Copa del Mundo deja, además de la inevitable sensación de fracaso, algunas reflexiones muy interesantes. El comportamiento y actitud de muchos de sus protagonistas ante las derrotas, humillantes por modo y forma, sufridas en Brasil reflejan a la perfección maneras y comportamientos extrapolables a otros muchos ámbitos laborales.

Tiempo habrá para que lo expertos planteen el necesario cambio de sistema que exige una debacle como la acaecida. Porque, sin duda, el modelo actual, que había proporcionado extraordinarios réditos en el pasado, ha dado muestras de estar casi agotado, habiendo sido superado por otros sistemas que han evolucionado más. La diferencia existente entre la España que derrotó con su sistema a Holanda en 2010 frente a la que ha sucumbido estrepitosamente ante el mismo rival en 2014 no demuestra más que el avance y superación del equipo holandés, que ha sabido aprender y cambiar lo necesario para revertir la derrota de Sudáfrica.

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Sin embargo, dos actitudes, por lo contrapuestas y lo que tienen de significativas, llaman poderosamente la atención. Por un lado, la autocrítica de Xabi Alonso, uno de los pilares fundamentales de nuestra selección, realizada apenas unos minutos después de la humillante derrota ante Chile, y tras la negativa imagen ofrecida por España, evidencia una actitud valiente y comprometida que muchos desean obviar. La capacidad de reconocer los errores sin buscar falsas justificaciones, sin elevar la responsabilidad hacia los superiores o sin caer en la justificación fácil por acciones malintencionadas de terceros, es algo que, por su extraordinaria rareza en España, merece ser destacado. Y más aún cuando proviene de uno de los mejores y más brillantes jugadores de la historia del fútbol español, cuyo trabajo excelente siempre acompañado de una identificación absoluta hacia su equipo y de una capacidad de sacrificio encomiable, hacen de él un ejemplo para cualquier trabajador en cualquier profesión. Desgraciadamente, la autocrítica no es lo habitual en España y cuantas veces es más frecuente en España, en cualquier actividad diaria, esconderse en cualquier excusa antes que reconocer los propios fallos. Una sana autocrítica es imprescindible para poder sentar las bases para una futura renovación y volver a aspirar a los éxitos pasados. Y si eran pocas las virtudes que adornaban a Alonso como jugador, su decisión de retirarse, de reconocer que su tiempo ha pasado, de dejar paso a otros más jóvenes y que puedan aportar diferencias para seguir creciendo es, probablemente, su mayor y más sacrificada aportación a la Selección Española.

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Frente a esta actitud contrasta la del máximo responsable, el seleccionador nacional Vicente del Bosque, tendiendo a relativizarlo todo pero sin reconocer una mínima responsabilidad. Alguien que ha disfrutado mucho, y con todo el derecho ganado, de las mieles del triunfo no esta sabiendo apurar, en la misma medida, las hieles de la derrota. Ni la más pequeña autocrítica ha salido de su boca en estos días, ni el menor reconocimiento de sus carencias o falta de previsión ha alterado su imperturbable rostro. Y lo peor es que la razón fundamental del fracaso de la selección española no es otro que la complacencia y falta de estudio del seleccionador y su equipo directivo. Los triunfos de años pasados parecen haber anestesiado su capacidad de identificar y anticipar las carencias, de buscar nuevas fórmulas y alternativas, en definitiva, de evolucionar y crecer hacia mejor. Su falta de estudio de los rivales y su descarada apuesta por la gerontocracia y los derechos adquiridos antes que por la meritocracia están en la raíz de su fracaso. El resto de seleccionadores, como bien han demostrado Holanda y Chile, han dedicado muchas horas a estudiar hasta el mínimo detalle el juego de España, a identificar sus debilidades y buscar alternativas para derrotarlo, a conocer sus propias fortalezas y la mejor manera de emplearlas. Nada de eso ha hecho el seleccionador español. Si es porque no puede, no sabe o no quiere es algo que carece de importancia en este momento. Lo que se ha demostrado es que el empecinamiento en un modelo por brillante que haya sido, la negativa a introducir cualquier cambio y la ausencia total de autocrítica sólo conducen a un fracaso más estrepitosos cuanto mayor es el enroque en una postura inamovible. Vivir de las rentas de logros y avances pasados tiene este riesgo, que hay que ser muy valiente para ver y afrontar la necesidad de un cambio sean cuales sean sus repercusiones, y no todos los dirigentes están preparados para ello. Una vez más, y en contraposición a la decisión adoptada por Xabi Alonso, el empeño en no reconocer sus errores que se ha manifestado ante su falta de dignidad para presentar su irrevocable renuncia a seguir dirigiendo al equipo español inmediatamente después del último fracaso tan sólo evidencia el apego desmedido por un cargo aunque su proyecto fracase a su alrededor.

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Y toda esta reflexión puede ser aplicada, con mínimas diferencias, a cualquier situación profesional, incluyendo nuestra maltratada Sanidad Pública. También en ella existen Alonsos y Del Bosques, y las diferencias y repercusiones de ambas posturas están claras. La cuestión es qué modelo preferimos los médicos…

«Los cobardes agonizan muchas veces antes de morir… Los valientes ni se enteran de su muerte»
Cayo Julio Cesar, Dictador de la República de Roma (100 a.C.-44 a.C.)

La Autoridad se impone, el Respeto hay que ganárselo…

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Somos una sociedad de hondas raíces romanas y eso es algo que nos marca con huella indeleble. Las enseñanzas de la antigua Roma no sólo constituyen la base sobre la que nos desarrollamos, sino que continúan siendo de plena vigencia. El Derecho romano, con una inteligencia que supera en muchas ocasiones al actual, reconocía entre dos principios como son Auctorictas y Potestas. Auctorictas era, y sigue siendo, una legitimación socialmente aceptada que viene dada por un saber y que es confiada por un colectivo. Esta Auctoritas la posee aquella persona que tiene conocimientos para emitir una idea fundamentada sobre una materia. Ese juicio tiene un gran valor, ha sido obtenido mediante la convicción, la razón, la conformidad de otros. No es pues una imposición ni es vinculante legalmente, pero tiene un valor de índole moral muy fuerte. Poseer Auctorictas no es fácil. Es consecuencia directa del trabajo, el esfuerzo y la reflexión. No se obtiene con ningún cargo, no se insufla cuando se produce un nombramiento ya sea de Presidente, Director, o Jefe. Por contra, el Derecho romano también reconoce el principio de Potestas, referido al poder socialmente reconocido y que se adjudica por el simple hecho de detentar un cargo determinado. Era el poder institucionalizado, con capacidad legal para hacer normas y hacerlas cumplir. Potestas significaba la obediencia de los mandados, únicamente por el poder que confería el cargo. Un poder relacionado con la fuerza y la imposición y que si no se acompaña de la Auctorictas carece de la autoridad moral que esta le confiere, aunque sea obedecida por los súbditos.

Auctorictas1Cada vez con mayor frecuencia se diferencia, en todos los ámbitos, entre líderes y jefes. Mucho se escribe acerca de las características que debe tener el Jefe para ser en verdadero líder y no un mero jefe Incluso en este mismo blog se dedicó una entrada a las diferencias entre Jefes y Líderes. Un reciente artículo de la revista digital equiposytalento.com de muy recomendable lectura, “Siete cosas que hacen los grandes líderes y temen los meros jefes”, se plantean las principales diferencias de comportamiento y acción entre un verdadero líder, que no se limita tan solo a ascender en la escala jerárquica sino que llena por completo el peldaño conquistado y encabeza y motiva a su equipo en pos de un objetivo común, y el mero jefe que simplemente gestiona el equipo que por el puesto alcanzado le ha sido encomendado sin ejercer liderazgo alguno.

Estas distinciones, sutiles en algunas profesiones, también se manifiestan, a veces de manera muy evidente, en el ámbito de la Sanidad Pública. Que el ascenso en la escalera jerárquica este fundamentado, en gran parte, en un hecho meramente biológico, no contribuye precisamente a generar grandes líderes. Y es precisamente esta ausencia de líderes uno de los males que lastran nuestra Sanidad Pública,y que muchos que luchamos por un cambio en este sistema echamos de menos en el momento actual. Pero más allá de que la antigüedad suponga uno de los pilares, en ocasiones el principal, para la promoción de los médicos hasta alcanzar la categoría de jefes, otros hechos también contribuyen, y no precisamente de manera positiva en muchas ocasiones, al mantenimiento del actual statu quo. Un reconocido médico, internista y catedrático ya fallecido, mantenía ante todo aquel que quisiera escucharle que en España, “para ser Jefe o Catedrático sólo hacen falta tres condiciones: sostenerse sobre dos piernas, ser capaz de articular un idioma y tres votos”. Aunque no deja de estar teñido de un cierto cinismo, hay que reconocerle al viejo catedrático la agudeza en sus juicios, algo que nunca le faltó.

Todos los que llevamos ya un tiempo trabajando hemos conocido a lo largo de nuestra carrera tanto grandes líderes como meros jefes. Líderes a los que hemos respetado y admirado, pese a ser en ocasiones enormemente rígidos y formales en el trato, y de los que hemos aprendido cada día que pasamos con ellos. Y seguimos conociendo y respetando líderes que, con independencia de su edad, e incluso cargo, nos siguen enseñando y mostrando el camino por donde debe avanzar la Medicina. Pero también hemos conocido meros jefes que no soportan el peso de la mínima comparación. La autoridad se impone pero el respeto hay que ganárselo. Este viejo aforismo resume a la perfección el núcleo de estas diferencias. Al final, lo que subyace es simplemente la diferencia entre el Auctorictas y Potestas romanos.

«De los buenos líderes, la gente no nota su existencia. A los no tan buenos, la gente les honrará y alabará. A los mediocres, les temerán y a los peores les odiarán. Cuando el trabajo de un gran líder concluye, la gente dice: «lo hemos hecho nosotros»»

Lao Tse, filósofo chino fundador del taoísmo (s. VI-V a. C.)

Jubilación: una exigencia para todos (hasta para un rey…)

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La noticia de hoy, y sin duda de muchos más días y semanas, es la abdicación del rey de España Juan Carlos I. No por poco esperada, ni por poco deseada por unos cuantos, deja de ser una noticia impactante. Probablemente, será una de esas noticias en la que todos recordaremos, pasados unos años, que estábamos haciendo cuando la conocimos. Dejando aparte la particular opinión que cada cual pueda tener sobre la institución de la monarquía en general o sobre las figuras de Juan Carlos I y su presumible heredero Felipe VI en particular, lo cierto es que esta situación abre un horizonte no por complejo menos apasionante. El cuasi eterno debate ibérico sobre monarquía y república volverá a aflorar con renovado interés. Detractores y defensores de cada una de las opciones enfrentarán sus argumentos, en ocasiones con la absoluta y total falta de elegancia y educación que caracteriza discusiones tan viscerales en nuestra maltrecha piel de toro, y los opinadores profesionales pontificarán sobre las medidas más adecuadas a tomar en uno u otro sentido. Y presenciaremos la catarata de almíbar de los cortesanos más aduladores así como los encendidos vituperios de los que se creen llamados a defender el más rancio republicanismo. Y los sufridos espectadores de semejante espectáculo, la mayoría de españoles que bastante tenemos con luchar por conseguir un futuro mejor para nosotros y nuestros hijos, asistiremos al mismo hasta que el hastío que sin duda terminarán generando nos aparte de ello.

Pero hoy la noticia está en el rey y en su discurso de abdicación, que requiere una lectura serena y reposada. Más allá de reafirmarse en la convicción de sus ideales de servicio a España o el reconocimiento a su mujer y a su padre, algunos párrafos merecen especial consideración:

“…En la forja de ese futuro, una nueva generación reclama con justa causa el papel protagonista, el mismo que correspondió en una coyuntura crucial de nuestra historia a la generación a la que yo pertenezco.
Hoy merece pasar a la primera línea una generación más joven, con nuevas energías, decidida a emprender con determinación las transformaciones y reformas que la coyuntura actual está demandando y a afrontar con renovada intensidad y dedicación los desafíos del mañana…”

De una manera elegante pero contundente, el rey reconoce que el tiempo de su generación para liderar el futuro ya ha pasado. Que ahora corresponde a otros, más jóvenes pero extraordinariamente formados y preparados tomar el testigo que conduzca a buscar un mañana mejor. Que el tiempo pasa para todos y que es legítimo que una generación reemplace a la precedente sin que ello suponga ningún trauma ni desencadene catástrofe alguna. Y esto, que parece tan obvio y sencillo, y con lo que la inmensa mayoría de españoles estamos completamente de acuerdo, es una utopía para los médicos de la Sanidad Pública. En nuestro caso, desgraciadamente, uno de los principales motivos de conflicto en la lucha que hemos mantenido los médicos con la Administración ha sido, precisamente, la decisión de la Consejería de Sanidad de la CAM de proceder a la jubilación, legal y legítima, de los médicos que hubieran alcanzado la edad marcada por la ley. Durante meses se han vertido infinidad de opiniones contrarias a esta medida, provenientes tanto de partidos políticos, sindicatos y asociaciones médicas tildando la misma de “injusta”, “inmoral” o “ilegal”. Se ha judicializado algo que debiera ser tan normal como la jubilación la edad prevista por la ley, celebrando cada sentencia favorable como una victoria trascendental. Y todo ello, obviando que tras la jubilación el médico no se queda desamparado y a merced de los acontecimientos, sino que cobrará mensualmente una bien merecida pensión. Pero, sin embargo, olvidando que muchos compañeros, más jóvenes pero muy bien formados, y con enorme interés y ganas de trabajar y contribuir al desarrollo de la Medicina en España, se ven obligados a abandonar la misma o a emigrar a otros países ante la falta de oportunidades. Y es en este punto donde, más allá de la ideología de cada cual, las palabras de Juan Carlos I en su abdicación suenan más sensatas.

¡Ojalá tuviéramos los médicos la valentía de hacerlas nuestras y aplicárnoslas!

¡Ojalá supiésemos reconocer cuando llega la necesidad de apartarse y dejar libre el camino a los que llegan con nueva energía!

¿La tendremos algún día?

«El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes es la oportunidad»
Victor Hugo, poeta, dramaturgo y escritor francés (1802-1885)

Elecciones Europeas y Sanidad Pública: ¿alguien ha ganado?

URNA ANTIGA  FRAUDE

Pasada ya la resaca de las recientes elecciones al Parlamento Europeo, es momento de plantear alguna reflexión al hilo de los resultados de las mismas. Más allá de las sempiternas manifestaciones de victoria que todos hacen en cuanto conocen los resultados del recuento vuelve a demostrarse, una vez más, la absoluta y total falta de autocrítica característica de cualquier dirigente español que se precie. Aunque es cierto que esta vez, y probablemente sin que sirva de precedente, al menos uno de los dirigentes políticos ha tenido la decencia de asumir sus errores y presentar su dimisión. Eso si, de forma diferida que es al parecer lo que se lleva entre nuestra escoria política… Pero salvo esa excepción, quien sabe los verdaderos motivos, el resto de la casta se niega a la más mínima autocrítica y, por añadido, a asumir cualquier minúscula responsabilidad que les pudiera competer, siquiera tangencialmente, con respecto a sus más que evidentes fracasos. Lo triste es que esta actitud no es sino un reflejo del sentir y actuar de la generalidad de dirigentes españoles, a todos los niveles y en todas las profesiones. También en la sanidad. También en la Sanidad Pública, donde la mera mención de las palabras autocrítica o asunción de responsabilidades provoca un tremendo rechazo.

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Hemos padecido una campaña propia de la categoría de la escoria política que nos ha tocado en desgracia padecer. Desde las llamadas a la superioridad intelectual fundamentadas en la testosterona de unos, hasta los agravios feminoides y las comparaciones bíblico-revolucionarias de otras, pasando por el burdo remedo de Rodolfo Chikilicuatre que hemos enviado a esta particular Eurovisión o por los renegados de otros partidos y demás “profesionales” del parlamentarismo patrio que parecían buscar mantener tan solo caliente su sillón, el nivel intelectual del debate ha sido, por decirlo de alguna manera, inexistente. Pero qué esperábamos, se limitan a repetir, quizás de manera algo histriónica, clichés y comportamientos habituales en la sociedad. No podemos quejarnos por ello…

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Lo que si resulta más llamativo es la lectura e interpretación que de los resultados de estas elecciones pueden hacerse con respecto a diferentes ámbitos de la vida pública. Particularmente interesante es la lectura que desde el sector de la Sanidad puede, y debe, hacerse. Durante casi dos años hemos vivido un clima de constante confrontación, motivada principal aunque no exclusivamente por los planes de la Consejería de Sanidad de la CAM, entre los médicos y nuestros gobernantes. Durante meses se han sucedido las manifestaciones, tanto en la calle como en los Hospitales y Centros de Salud, frente a las intenciones privatizadoras de la Consejería de Sanidad. Y, aparentemente, el apoyo a las mismas era masivo por parte de la ciudadanía, o así se nos quería hacer creer. Cualquiera podría pensar que, en estas circunstancias el rechazo al partido gobernante responsable de iniciar esta lucha sería mayoritario, y este partido y sus dirigentes serían expulsados, democráticamente, de cualquier institución que pudieran mancillar con sus planteamientos tan alejados del inmenso sentir de la práctica totalidad de la población. Y, sin embargo, ese mismo partido político marcado con el estigma de la privatización y el rechazo frontal de la ciudadanía, ha vuelto a ser el más votado. Cierto es que con una notable merma de votos, pero continúa manteniéndose como la opción prioritaria de esa misma ciudadanía que, aparentemente, rechazaba tan masivamente sus propuestas. Y esto merece alguna reflexión. Dejando de lado que el ganador absoluto de las elecciones ha sido la abstención, y presumiendo que todos, o la inmensa mayoría, de los que han venido manifestando reiteradamente su desacuerdo con la actitud del gobierno de la CAM han votado en contra, resulta difícil comprender como sigue siendo la fuerza más votada. ¿Quizás hay muchos ciudadanos que apoyaban, tácitamente, los proyectos de la CAM?, ¿o quizás la oposición a este plan no era tan masivamente rechazada?, ¿o quizás, y haciendo una necesaria autocrítica, el rechazo que muchos sentíamos por la actitud de la Consejería de Sanidad de la CAM se ha visto intoxicada por otros intereses bastardos, alejados de las reivindicaciones de muchos médicos que esperábamos una apuesta más valiente por el cambio que la mera defensa a ultranza de un sistema caduco, gerontocrático y burocrático? Somos muchos los que venimos reclamando desde hace tiempo la necesidad de un cambio de modelo, de sacudirnos la mediocridad existente que nos permita recuperar todo lo bueno que tiene este modelo, de apostar por la meritocracia y la profesionalización en la Sanidad Pública, de recuperar la necesaria asunción de responsabilidades e, incluso, de plantear si es necesario la laboralización del personal como instrumento para conseguir estos objetivos. Sin embargo, no parece ser este el sentir de gran parte de la casta que habita en nuestro sistema. Y quizás la falta de valentía para afrontar este cambio, y el empecinamiento de los profesionales de la política en defender un modelo agotado, han motivado que muchos descontentos hayan engrosado el bloque abstencionista. Y, sin duda, aquí hemos fallado los que queremos un cambio, no hemos sabido transmitir suficientemente la necesidad de cambiar ni plantear alternativas creíbles y hemos sido ahogados por los defensores de la casta. Lo verdaderamente preocupante será cuando en otras elecciones ese bloque abstencionista decida, en mayor medida, ejercer el voto. Y si ahora no han encontrado motivo para oponerse frontalmente, quizás tampoco lo encuentren más adelante…

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Y si llamativo es el caso de la Comunidad de Madrid, otro tanto puede decirse de la comunidad que peor trata a sus médicos, como es Andalucía. Una región donde no sólo abundan los contratos eventuales, sino que estos se repiten con insultante constancia en periodos muchas veces de apenas un mes de duración y con dedicación (y retribución) al 50-75%. Y así se mantiene desde hace años, pese a huelgas y manifestaciones de los médicos. Y aún así, el partido del gobierno vuelve a ser, una vez más, el preferido por sus conciudadanos. ¿Será que a los andaluces, a semejanza de los madrileños, tampoco les interesa el estado de su Sanidad Pública? ¿Será que algo tan español como el pesebrismo retrae a los votantes de manifestarse en contra de quienes detentan el poder por si les privan de las migajas que éste les arroja periódicamente? ¿O qué de nuevo se mezclan intereses que enfangan las legítimas reclamaciones de los profesionales?

Lo que si parece claro tras el resultado de estas elecciones es que existe una evidente división entre las reclamaciones y protestas ciudadanas y la plasmación que estas tienen cuando existe la oportunidad de un cambio de gestión. ¿Será qué las elecciones son, como decía Lloyd George, “la venganza del ciudadano y la papeleta es un puñal de papel”? ¿Y contra quiénes se ha dirigido entonces ese puñal? ¿Será qué las alternativas tampoco ofrecen confianza?

“Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores”
Winston Churchill, político y escritor británico (1874-1965)

Sanidad Pública: ¿el Rey está desnudo…?

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Han pasado ya 18 meses del inicio de las movilizaciones en la Sanidad Pública madrileña, y lo que parecía que se iba a convertir en un maremoto que arrasara con todo lo anteriormente conocido, haciendo limpieza de la mediocridad instaurada en el sistema y permitiendo reconstruir, aprovechando los materiales existentes, un nuevo modelo más justo y sensato, ha quedado difuminado por el paso del tiempo. Las ansias de cambio, de regeneración, de modernización de unas estructuras obsoletas que muchos teníamos van siendo, poco a poco pero inexorablemente, apagadas.

Hoy, como en el inmortal cuento de Andersen de hace casi 180 años, nuestra Sanidad está desnuda, aunque pocos se atrevan a denunciarlo.

El espíritu de cambio que pareció prender desde la oposición al plan de la Consejería de Sanidad de la CAM fue rápidamente sofocado. Las denuncias sobre la desnudez del sistema, sobre sus vicios y carencias, sobre su mediocridad, se intentaron tapar exponiendo, ¿y quizás exagerando en ocasiones?, las innegables bondades del mismo. Cualquiera que se atreviera a evidenciar la situación real de nuestra maltrecha Sanidad Pública era, inmediata y terminantemente, tachado de “ánimo privatizador”. Ni una mínima autocrítica, ni un atisbo de cambio se ha permitido. La esperanza en cambiar para mejorar, para crecer, para sacudirnos lo sobrante y reforzar lo bueno y lo mejor, se ha ahogado. Los intentos de tejer un nuevo traje a nuestra Sanidad Pública han chocado frontalmente con la rigidez de un sistema que desprecia la meritocracia y que gusta de asentar sus reales sobre el binomio gerontocracia / burocracia. Y cualquier intento de airear y renovar el sistema, como las jubilaciones de acuerdo a la legislación vigente, es tomada como un ataque frontal no a las partes afectadas sino al todo en su conjunto. Iniciativas procedentes de distintos ámbitos (SEDISA, AES,…) son sistemáticamente despreciadas sin que merezcan la menor consideración. Tan solo perviven pequeñas islas de debate, como las Tertulias Sanitarias (¡gracias, @Monicamox1!), pero corren el riesgo de convertirse en una isla exóticamente discrepante en un mar de conformidad y autocomplacencia.

En nuestro sistema abundan, desgraciadamente, los reyes (en todos los estratos) que se niegan a reconocer su desnudez, y que son capaces de creer a cualquier sastre, véase la conocida reunión con “los 400”, antes que a quienes denuncian las carencias, y que no tienen reparos en considerar a cualquiera que se atreve a denunciar la mediocridad del sistema como un elemento desagradecido, disturbante y de mala influencia para el resto.

Pero, pese a todo, el Rey continúa estando desnudo…

«Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados»
José De San Martín, militar y héroe de la independencia de Sudamérica (1778-1850)

Ignacio González y la reunión con «los 400»: ¿más de lo mismo?…

ignacio-gonzalez_01_ampliada_06El tiempo pasa, las caras cambian pero la tragicomedia de la Sanidad Pública madrileña permanece. En un ejercicio de gatopardismo que hubiera merecido los más enfervorizados aplausos del propio Lampedusa, la Consejería de Sanidad de la CAM decidió hace unos meses “cambiar algo para que nada cambie”. Nuevos rostros aparecieron en primera línea: se retiró a Javier Fernández Lasquetty y se aupó al puesto de Consejero a Javier Rodríguez, que aportaba frente a su predecesor el (dudoso) “beneficio” de ser Doctor en Medicina y Cirugía. Dudosa ventaja ya que es alguien involucrado directamente en la actividad política desde 1983 y que ha pasado por cargos de responsabilidad tan alejados de la práctica clínica diaria de la medicina como ser consejero de Telemadrid (1995-2001) o portavoz de Sanidad del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid desde 1987. Y al igual que se cambió al Consejero, se sustituyeron otros cargos de responsabilidad: viceconsejero, directores generales,…

Y todo, ¿para qué? A la vista de los últimos acontecimientos, para nada. Para que todo siga igual. Para que la Consejería continúe manejándonos a los médicos a su antojo, despreciando nuestra labor e insultándonos con sus “propuestas”. El último capítulo en esta cada vez más larga lista de desprecios tuvo lugar ayer. El Presidente de la CAM, Ignacio González, reunió a 400 profesionales (¿reminiscencias del «club de los 600»?) para venderles la última ocurrencia de su gobierno. Que estemos a menos de un año de agotar la presente legislatura, y por tanto, de tener que convocar nuevas elecciones, no parece que tenga relación. De todas maneras, lo dicho ayer por Ignacio González permite varias e interesantes reflexiones:

  • Como casi siempre en los últimos 2 años, hubo una total falta de autocrítica. Ni en las circunstancias más adversas son capaces de reconocer nuestros dirigentes que se han equivocado. Todo lo más, que los médicos no hemos sido capaces de entender sus desvelos y buenas intenciones…
  • El gobierno de la CAM descubre que hay más de 5000 profesionales en situación de eventualidad mantenida, ¡algunos desde hace más de 10 años! Pero en lugar de plantear un abordaje sensato y desprovisto de todo partidismo de un problema como este, en lugar de poner sobre la mesa soluciones que supongan un cambio real y drástico, como ha sido recomendado por grupos de estudio sin aparentes intereses de partido como el Informe Abril, el de SEDISA o, más recientemente, el de AES (desfuncionarizar, laboralizar,…), opta por la solución más sencilla. Y la que más daño nos puede hacer. En vez de apostar decididamente por eliminar la mediocridad imperante en el sistema público, el Gobierno de la CAM anuncia la conversión de 5000 eventuales en interinos. Y se queda tan contento. Y los 400 allí reunidos, también. Y los que sufrimos sus decisiones seguiremos viendo que medidas de este tipo lo único que consiguen es perpetuar las discriminaciones existentes. Los interinos continuarán discriminados, tanto laboralmente porque no tendrán los mismos derechos que sus compañeros con plaza en propiedad en cuanto al acceso a plazas de promoción, jefaturas, etc…, como discriminados económicamente al continuar sin derecho a percibir retribución alguna, salvo que la gane en los tribunales, ni por concepto de antigüedad ni por concepto de carrera profesional. ¿Cuál es la ventaja entonces?
  • Pero no contentos con esto, el Gobierno de la CAM da un paso más y recupera, como gran incentivo, ¡las peonadas! Hace casi 2 años fueron eliminadas por mor del necesario ahorro. Ahora, ¿en relación quizás con el calendario electoral?, son recuperadas como la mejor manera de motivar y premiar a los médicos por su esfuerzo, convenciéndolos de la necesidad de trabajar tardes y fines de semana. Eso sí, a cambio de una remuneración. ¡Cuanta generosidad! Una vez más, nuestro políticos dan muestra de su estulticia y creen que el dinero (público, que ya se sabe que “no es de nadie”) puede arreglarlo todo. En lugar de acabar con las bolsas de ineficiencia (que las hay, y todos sabemos donde…), en lugar de optimizar los recursos técnicos y humanos, prefiere cerrar los ojos y prometer cualquier cosa. ¿A cambio de qué?, ¿de los votos necesarios para mantenerse…?
  • Cuatrocientos profesionales, exclusivamente jefes de servicio, supervisoras de enfermería, responsables de centros de salud y directivos de la organización sanitaria madrileña, considerados como representativos de la sanidad madrileña, al menos a juicio de la Consejería de Sanidad se juntaron ayer en el Aula Magna del Pabellón Docente del Hospital General Universitario Gregorio Marañón a escuchar las nuevas promesas del Presidente González. Y, o bien no las escucharon o bien están de acuerdo con ellas ya que, en general, aguantaron todo el acto sin, aparentemente, inmutarse ante los insultos y desprecios vertidos hacia los médicos. Insultos y desprecios que cualquiera que viva la Sanidad Pública madrileña día a día sufre y padece (quizá sea ese el problema…). Cuatrocientos profesionales que acudieron voluntariamente, y sabiendo a lo que iban, a la conferencia de autocomplacencia de Ignacio González y su Consejero de Sanidad. ¿Donde ha quedado la dignidad de nuestros superiores? ¿Por qué aguantaron la mayoría de ellos los desprecios que en forma de promesas y mejoras iba vertiendo el Presidente sobre todos los médicos del SERMAS que, por supuesto, no estábamos allí? ¿Quizás la amenaza, más o menos velada, de aplicar de nuevo la ley en forma de jubilación, legal y legítima, a los 65 años los retrajo de manifestar su desaprobación?…
  • Por último, resulta hasta cierto punto decepcionante, que organizaciones que han demostrado su oposición a los planes de la Consejería, que han liderado, en buena parte, la unión de los médicos frente a los planes de la CAM, vean en reuniones como la de ayer alguna “buena noticia”. Al menos, esas fue la opinión inicial de AFEM plasmada en las redes (¿quizás el resbalón esté en relación con el cambio en la responsabilidad de la comunicación en redes sociales de AFEM?). ¿Y qué tiene que ganar AFEM haciendo ahora seguidismo de las envenenadas ofertas de la Consejería de Sanidad?

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En definitiva, ayer asistimos a un nuevo capítulo en la ya demasiado larga lista de desprecios con los que la Consejería de Sanidad, y por extensión el Gobierno de la CAM, nos agradece a los médicos el esfuerzo para mantener mínimamente funcionante un sistema caduco como el actual, donde prima la mediocridad, la gerontocracia y la burocracia, donde se desprecia la profesionalización y la meritocracia y al que parece que nadie quiere, de verdad, arreglar. Y lo peor de todo es que muchos, aún, siguen comprando esa mercancía…

«Quienes ganan las batallas son los borregos, pero quienes ganan las guerras son los hombres libres»

John Steinbeck, escritor estadounidense y Premio Nobel de Literatura (1902-1968)

Sobre la jubilación de algo más que un compañero…

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La jubilación, ese hecho natural y que representa la culminación de toda una vida profesional, el momento de recoger los frutos del tiempo y esfuerzo invertidos y de poder mirar, con satisfacción, el camino que que los propios pies hicieron a lo largo de alegrías y sinsabores, es vista hoy por mor, una vez más, de nuestros políticos y demás manipuladores, como un acontecimiento denigrante, indigno y que poco menos que debiera ser proscrito. (Mi opinión personal sobre este tema ya quedó dicha en una anterior entrada de este blog)

Hoy, sin embargo, quiero retomar el tema de la jubilación si bien desde una óptica muy distinta. Cuando un colega se jubila caben diferentes actitudes ante este momento. Las más de las veces sólo despertará indiferencia entre el resto de colegas de profesión teñida, eso sí, de cierto educado interés. También habrá quien, en ocasiones, sienta alegría por librarse de una presencia que no aprecia. Pero cuando el jubilando es algo más que un compañero de profesión, cuando es alguien más que un mero colega de hospital, entonces es cuando lo que se instala es una sensación de vació y tristeza sinceras. Y de esto precisamente quiero escribir hoy al hilo de la reciente jubilación de Luis Cabañas, cirujano del hospital donde trabajo.

Quien me conoce sabe bien que no soy amigo de halagos, ni propios ni ajenos, y que, antes bien, hago mía la frase de Séneca: “Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”, y que no suelo, salvo muy contadas excepciones que así lo merecían, personalizar las entradas de este blog. Pero esta es una de esas ocasiones que lo merecen. Muchos son, pacientes y profesionales, los que le deben gratitud al Dr. Cabañas, y sin duda se lo harán saber. Pero, personalmente, me gustaría darle las gracias a Luis por varios motivos:

Gracias por esta docena larga de años compartiendo sesiones, casos clínicos, quirófanos… Por el tiempo pasado en nuestra Unidad de Patología de la Mama; por los momentos empleados discutiendo y comentando esos sarcomas retroperitoneales que parecían fuera de toda expectativa de tratamiento y a los que lograbais resecar para permitirnos después una radioterapia intraoperatoria; por los favores personales atendidos cuando solicitábamos tu valoración de un paciente que nos interesara especialmente y a lo que siempre has estado dispuesto,…

Gracias por tu amplio conocimiento, ¡y tu vehemente forma de manifestarlo!, que me ha obligado siempre a estudiar más para poder darte réplica, por tu gusto por polemizar y no dar nada por sentado, por poner siempre un contrapunto cargado de sentido común en medio de las más enconadas discusiones…

Gracias por leer y opinar en este blog, por estar siempre dispuesto a decir tu opinión con independencia de coincidieras o no con los argumentos expresados…

Gracias, finalmente, por darnos ejemplo a todos sabiendo culminar tu trayectoria en el Hospital como lo has hecho, sabiendo dejar paso a los que aprietan por detrás, sin caer en la tentación de engrosar esa gerontocracia que se cree imprescindible, sin pretender perpetuarte hasta el límite…

Gracias, Luis.

«La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho»

Jonas E. Salk, investigador y virólogo estadounidense (1914-1995)

 

Equidad y Sanidad Pública: ¿un matrimonio de conveniencia?

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Mucho se habla, y se escribe, acerca de las bondades de nuestra Sanidad Pública, aunque no siempre de manera acertada. En una pregunta del examen MIR de 1995 (repetida también en otras convocatorias) se planteaba la cuestión de cual era la diferencia que otorgaba siempre un rango de superioridad de la Sanidad Pública sobre la Sanidad Privada. La respuesta que los redactores de esta pregunta consideraban como el hecho diferencial que marca las diferencias entre ambos modelos de atención sanitaria era “equidad”. De acuerdo a su particular (¿y parcial?) visión, la Sanidad Pública es siempre superior en términos de equidad a la Sanidad Privada. (Nótese que los autores consideran implícitamente que la Sanidad Privada puede ser más eficaz, mejor dotada, con un uso más racional de los recursos y que satisfaga más a los pacientes que la Sanidad Pública…) Pero, ¿qué se entiende por equidad? De acuerdo a la propuesta de la Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España dependiente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en 2010, “…alcanzar la EQUIDAD EN SALUD significa que las personas puedan desarrollar su máximo potencial de salud independientemente de su posición social u otras circunstancias determinadas por factores sociales […], buscando reducir las desigualdades sociales en salud, [que] son aquellas diferencias en salud injustas y evitables entre grupos poblacionales definidos social, económica, demográfica o geográficamente». Lo cierto es que esta definición de intenciones, más allá del buenismo que desprende, no refleja una realidad en la que el concepto de “equidad” como característica inherente e indisociable de nuestro sistema sanitario público es, cuanto menos, discutible.

Si por equidad entendemos que todos los asegurados por el sistema público, en este caso toda la población si asumimos también el precepto de “universalidad”, tienen derecho a recibir la misma calidad y excelencia en la atención con independencia de cualesquiera sean su situación y características, es rotundamente falso. No toda la población española tiene la misma oportunidad de acceder a todo tipo de procedimientos que se practiquen en la Sanidad Pública.

Las desigualdades en el acceso a los recursos sanitarios, principalmente en relación con la distribución geográfica de la población, son cada vez más evidentes. En el caso concreto del tratamiento del cáncer son especialmente llamativas. Esta misma semana, la Dra. Pilar Garrido, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), hacía referencia expresa a la constatación del hecho de que, hoy en día, no se garantiza la misma calidad asistencial ni se atiende a todos los pacientes oncológicos por igual en todo el territorio nacional. Y si preocupantes son las inequidades existentes a la hora de poder acceder a determinados fármacos, aún son mayores en lo que respecta a la radioterapia. Desgraciadamente hoy en día, un paciente con un cáncer que precise de radioterapia en España no tiene las mismas opciones en función de su localización geográfica. Y baste recordar que según los datos de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), más de dos tercios de todos los pacientes con cáncer precisarán de radioterapia en algún momento de la evolución de su enfermedad. Las desigualdades en el acceso a la tecnología de última generación (IMRT, IGRT, SBRT, VMAT…) son notables y conocidas. Del mismo modo, la posibilidad de acceder a tratamientos complejos como la radioterapia intraoperatoria, la braquiterapia, la irradiación corporal total…, no es igual en todos los reinos de Taifas que conforman España. Algunas comunidades no tienen la posibilidad de ofertar determinados tratamientos por carecer de infraestructura, de inversión en tecnología o de posibilidad de optimizar la disponible, fiándolo todo a la posibilidad de derivar a los pacientes a otros centros. Así por ejemplo, un paciente joven, con buen estado general y diagnosticado de un adenocarcinoma de próstata de bajo riesgo podrá ser tratado, en función de donde viva, mediante cirugía, radioterapia externa o braquiterapia de alta o baja tasa de dosis, pero no igual en todas las Comunidades Autónomas. Con independencia de las ventajas e inconvenientes de cada alternativa, y aún asumiendo una igualdad de resultados clínicos, muchos pacientes serán privados de escoger la alternativa que mejor les parezca por no estar incluida en la cartera de servicios de su región de origen. Y si aún así solicitan ser valorados en otra Comunidad, tampoco habrá garantías de que lo consigan ya que la aceptación de la derivación dependerá, en última instancia, del centro de destino.

¿Y que decir también de los procedimientos quirúrgicos, tan dependientes de la habilidad y experiencia del cirujano? ¿Es equitativo que las posibilidades de curación de un paciente dependan de que su lugar de residencia coincida con al área de trabajo de un cirujano con experiencia en casos similares? Un paciente con un melanoma cutáneo puede ser intervenido mediante una extirpación exclusivamente de la lesión sin otras maniobras o completar la extirpación del tumor primario con un estudio selectivo del ganglio(s) centinela(s) si el cirujano y el médico nuclear de su hospital cuentan con la experiencia suficiente. ¿es equitativo que sea en función de su residencia geográfica?

Muchos oncólogos hacemos nuestras las palabras de la Dra. Garrido cuando afirmó ante Agustín Rivero, director de Farmacia del Ministerio de Sanidad, que “los profesionales creemos que no hay equidad en el acceso a los tratamientos oncológicos”

En definitiva, esta falta de equidad no es más que otra muestra de las debilidades de nuestra Sanidad Pública. Un sistema que, aunque cuenta con indudables ventajas y beneficios, necesita de una reforma total para poder seguir siendo útil más allá de vocingleras, e interesadas, defensas ultramontanas del statu quo actual. Y cuanto más tiempo tardemos los médicos en darnos cuenta de lo imprescindible de cambiar muchas de las decrépitas estructuras de nuestra Sanidad Pública, más se deteriorará la misma y más difícil será su arreglo. A nosotros nos toca: o mirar de frente a los problemas y plantear cuanto antes los cambios y medidas necesarias, por duras que sean contra el actual modelo tantos años establecido, u otros vendrán y nos impondrán sus cambios. Podemos quedarnos defendiendo conceptos tan falaces y vacíos de contenido como “la Equidad del Sistema Público” o podemos buscar la manera de recuperar esos valores aunque ello suponga remover toda la Sanidad Pública. De nosotros dependerá…

“Los grandes hombres comprenden la equidad. Los pequeños sólo se aprovechan de ella”
Confucio, pensador chino  (551 a.C.-479 a.C.)

Tertulias Sanitarias: una oportunidad para el cambio…

¿Y ahora, qué? Ya se ha retirado el plan privatizador de la Consejería de Sanidad de la CAM después de más de un año de conflicto, y las cosas vuelven al mismo punto de partida. ¿Al mismo?, rotundamente no. Los médicos hemos empleado más de un año en oponernos a cualquier iniciativa que haya podio partir de la Consejería. Y la oposición ha consistido, casi exclusivamente, en fiarlo todo a la ruleta rusa de la judicialización. Desde un principio, he mantenido que esperar que sean los jueces los que legislen a favor o en contra es un inmenso error. Esta vez, al menos, ha salido a favor, pero no deja de ser un peligroso, muy peligroso, precedente. Judicializar cualquier decisión legislativa tiene el inmenso riesgo de que la aplicación de las iniciativas de gobierno va a recaer en el criterio, muchas veces ideológico, de los jueces. Y así, puede suceder que lo que hoy es un dictamen favorable a una parte se torne en desfavorable en otra ocasión de acuerdo a la particular ideología de cada juez. ¿Qué sucedería si, dentro de unos años y con otro gobierno de otro color en la CAM, una iniciativa dirigida a cualquier aspecto de la Sanidad Pública es recurrida ante los tribunales, y es aceptada por cualquier juez cuya ideología no coincida con la del partido gobernante?, ¿y si esa iniciativa, buena o mala, es “suspendida cautelarmente” por tiempo indefinido? ¿Estaremos dispuestos a aceptar esas nuevas reglas de juego?

Pero, con independencia del incierto nuevo horizonte que se abre tras esta decisión, lo que no debe olvidarse es que, quitando la batalla judicial, poco más se ha hecho por arreglar los tremendos problemas que asolan nuestra Sanidad Pública. Ni autocrítica, ni análisis de las fortalezas, pero también de las debilidades, ni ideas ni proyectos para un cambio que los médicos (y todo el sistema) necesitamos. Desgraciadamente, ha sido un año perdido en este aspecto. Y las pocas iniciativas sensatas que se han propuesto, y no precisamente las del afortunadamente olvidado “Colectivo de los 600 Jefes”, han sido muchas veces despectivamente tachadas de “colaboracionistas” con el gobierno de la CAM sin siquiera haber tenido una mínima consideración o debate.

Por todo ello, hay que felicitar encarecidamente la iniciativa de las Tertulias Sanitarias que hoy comienza. Esta iniciativa representa un soplo de aire fresco, un foro donde poder discutir e intercambiar opiniones y proyectos para el cambio, y donde lo que prime sea la opinión de los más interesados en que el sistema continúe siendo eficaz. Personalmente, he discutido muchas veces con compañeros de AFEM, y hemos divergido en otras tantas ocasiones, aunque también hemos tenido puntos de encuentro. Pese a ello, o gracias a ello, considero que AFEM está mucho más legitimada para plantear cambios en el modelo de Sanidad Pública que lo que puedan estar cualquiera de los sindicatos, aunque lleven en su nombre la palabra “médico”, o de los partidos políticos, cuyas actuaciones han estado, generalmente, más próximas a la defensa de sus propios y particulares intereses que a la mejora de la Sanidad Pública. Y por todo ello, me siento enormemente honrado de la invitación que la Dra. Mónica García (@Monicamox1) me hizo hace unos días para participar en estas Tertulias. Lo considero realmente un honor y un claro ejemplo de la amplitud de miras y búsqueda de la diversidad de ideas y planteamientos que los organizadores desean para las Tertulias Sanitarias. Estoy convencido de que es éste un camino que tenemos la obligación de explorar y que los médicos debemos apoyar este tipo de iniciativas y procurar que este “brote verde” se consolide y nos permita, de verdad, empezar a hacer el cambio en la Sanidad Pública que tanto necesitamos.

«El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños»

Eleanor Roosevelt (1884-1962), defensora de los derechos sociales, diplomática y escritora estadounidense