¿Pagarán los eventuales el coste de la privatización?

Hace pocos días se han aprobado los “pliegos para la externalización de la gestión de seis hospitales” de acuerdo a los planes de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Muchos análisis se han hecho en esta última semana a cerca de las condiciones recogidas en el borrador. En la gran mayoría de los mismos la discusión se ha centrado, casi por completo, en las cifras económicas de la propuesta. Abundan las disquisiciones acerca de la cápita o precio que abonará anualmente la Administración a la concesionaria de cada hospital. Tanto defensores como detractores del proyecto han expuesto sus argumentos y las ventajas e inconvenientes que consideran en el mismo. Sin embargo, pocos comentarios se han hecho, ni en forma de declaraciones públicas ni a través de redes sociales y blogs, acerca de un tema tan importante como es la contratación del personal médico.

De acuerdo al proyecto presentado por la Consejería de Sanidad, si alguien puede considerarse beneficiado, o al menos poco perjudicado, es el personal fijo con plaza en propiedad en el SERMAS. Para ellos, la Consejería contempla tres posibilidades:

  • quedarse en el mismo hospital pagándole el Servicio Madrileño de Salud (el importe del salario de estos trabajadores se descontará a la concesionaria),
  • pedir una excedencia e integrarse en la plantilla de la concesionaria pasando a una situación de excedencia especial que le permite el reingreso en cualquier momento,
  • solicitar su traslado a otro hospital de la Comunidad de Madrid cuya gestión ne haya sido «externalizada».

Parece, por tanto, que los profesionales con plaza en propiedad no van a ver mermadas sus condiciones laborales. Podrán optar por trabajar en la concesionaria, pero dependiendo del SERMAS, para la concesionaria, pero pudiendo retractarse, o no tener relación alguna con las empresas concesionarias y solicitar su traslado a otro hospital de la CAM cuya gestión no haya sido privatizada. (Una situación cuando menos paradójica será ver como alguien que en la correspondiente OPE accedió a una plaza en un hospital periférico por no poder hacerlo en uno de los grandes hospitales, se vea ahora colocado en uno de ellos tras así solicitarlo).

Sin embargo, poco se ha hablado acerca del futuro, ciertamente oscuro, de los médicos eventuales contratados en el SERMAS, algunos con más de 10 años de contratos a sus espaldas. De la lectura de los pliegos presentados se deduce rápidamente que serán el colectivo profesional más perjudicado con todas estas maniobras. De acuerdo con el borrador: “para el personal interino y eventual, que así lo desee, se establece la obligación de que sean contratados por la sociedad concesionaria”

Así, en sola frase, liquida la Consejería la situación de inestabilidad y discriminación continua en que mantiene a un buen número de médicos. Por supuesto, ni exige unas mínimas condiciones dignas de contratación para el personal eventual ni la posibilidad de una estabilidad laboral, sino que lo deja a la libre voluntad de las empresas concesionarias. ¿Cómo serán contratados?, ¿en qué condiciones?, ¿por cuánto tiempo?… Da la impresión de que la Consejería ha buscado congraciarse con las organizaciones de la Mesa Sectorial antes que preocuparse por la totalidad de sus trabajadores. En román paladino, la Consejería de Sanidad se ha lavado las manos en este asunto.

Nada nuevo ni sorprendente hay en esta actitud, viniendo de quien viene. Nunca se han comportado de manera digna con los médicos eventuales, y no lo iban a hacer ahora. Lo que desgraciadamente llama la atención, es el silencio casi unánime de aquellos que se supone defienden al colectivo de los médicos. La mayoría de críticas al borrador provenientes de sindicatos y asociaciones médicas se han centrado en el gasto, las cápitas, los costes o la calidad de la atención, pero pocas voces se han alzado en contra de la situación ciertamente precaria en la que pueden quedar miles de médicos eventuales a partir del momento en que sea firme la privatización de los hospitales. Médicos eventuales provenientes tanto de los 6 hospitales a privatizar como los que serán desplazados por la llegada de todos aquellos facultativos que soliciten el traslado de centro. ¿Qué va a pasar con ellos? ¿A alguien, aparte de a los afectados, realmente le importa?

Tampoco es nueva esta situación. Los sindicatos médicos ya aceptaron la exclusión de los profesionales eventuales en el modelo de Carrera Profesional para Médicos y Titulados Superiores de la CAM de 2006. Desde entonces, se ha mantenido esta situación de marginación de parte de los médicos del SERMAS así que, ¿qué motivos hay ahora para pensar que será diferente?, ¿defenderán estas organizaciones, esta vez sí, al colectivo eventual haciendo gala de esa pregonada “unidad”?, ¿o harán como en 2006 y simplemente aceptarán las condiciones impuestas mientras no altere la situación del personal con plaza en propiedad?

La realidad de las últimas declaraciones no apunta al optimismo. Sorprendentemente, ha generado más rechazo entre los sindicatos que dicen defender al médico la aplicación de la ley, como es el caso de la jubilación a los 65 años, que el incumplimiento sistemático de la legislación vigente en el caso de médicos con contratos eventuales continuados durante más de 10 años. ¿Es esta la defensa que nos merecemos?

Será interesante observar el discurrir de los acontecimientos, ya que más pronto que tarde estas cuestiones quedarán, en uno u otro sentido, aclaradas.

Medicina de Urgencias y Emergencias: una especialidad necesaria

Son tiempos difíciles y convulsos estos que atravesamos para los médicos y para la práctica de la Medicina en general. Las discusiones y debates acerca del modelo organizativo y de gestión de la atención sanitaria copan portadas y comentarios en los últimos meses. Quizá por ello este pasando más desapercibida una de las grandes cuestiones pendientes en la Sanidad Española, como es el reconocimiento definitivo de la Medicina de Urgencias y Emergencias (MUE).

Sobre este aspecto, recomiendo encarecidamente la lectura de una excelente tribuna publicada recientemente en la revista Redacción Médica por Juan González Armengol, presidente en Madrid de la Sociedad Española de Medicina de Emergencias (SEMES). El autor, médico con muchos años de trabajo y experiencia detrás y una de las personas que más está luchando por la creación de una especialidad de MUE, desgrana uno a uno los mitos y falsedades vertidos contra ésta, contrastándolos con las realidades y evidencias existentes acerca de su innegable necesidad. Afirmaciones torticeras acerca de lo innecesario de la especialidad, la pérdida de la continuidad asistencial, la falta de un cuerpo doctrinal definido, la focalización del sistema en el paciente agudo antes que en el crónico, el aumento del gasto o, incluso, la ambición de los profesionales por un nuevo título, son clara y meridianamente rebatidas con rotundidad argumental.

armengol

Cada día que pasa tiene más fuerza la exigencia de contar con una especialidad médica dedicada por completo a la Medicina de Urgencias y Emergencias. La complejidad creciente de los procedimientos que en Urgencias se desarrollan requiere contar con profesionales médicos específicamente formados para llevarlos a cabo. Todos estamos de acuerdo en que no cualquier médico puede realizar una intervención neuroqurúrgica, un trasplante renal o una valoración y tratamiento adecuados de una personalidad psicopatológica. Pues del mismo modo debemos defender que no cualquier médico, especialista o no, está capacitado para desarrollar su labor en las Urgencias de un hospital.

Además, en un contexto como el actual, con continuas llamadas a la defensa de la “calidad” de la asistencia, nadie que defienda la excelencia podrá dudar de que una atención en Urgencias llevada a cabo por un equipo con dedicación exclusiva a las mismas, y sometido a una formación continuada, será siempre superior a la prestada por médicos residentes en formación que tan solo cumplen con su presencia en las Urgencias hospitalarias con las obligaciones que les impone su centro de trabajo. En una entrada anterior en este mismo blog, me refería a la Calidad Mal Entendida, haciendo especial hincapié en este aspecto de las Urgencias, y confrontando la atención dispensada en centros públicos con gestión privada frente a los de gestión pública. Y lo que es más importante, las diferencias entre una atención desarrollada por médicos procedentes de diferentes especialidades pero que comparten una misma concepción de las Urgencias hospitalarias, con dedicación plena y exclusiva a ellas, y con un interés en formarse continuamente en habilidades que les resulten útiles en este cometido, frente a la prestada en grandes hospitales donde el grueso de la atención en Urgencias recae sobre los hombros de los M.I.R. que coyunturalmente deben prestar sus servicios ese día en el departamento de Urgencias.

Como pacientes, ¿qué preferiríamos?: ser atendidos, evaluados, diagnosticados y eventualmente tratados por médicos con dedicación exclusiva y especializados en Urgencias o quizás ser atendidos por médicos cuyo mayor interés profesional está lejos de la Urgencia y tan solo se ocupan de esta actividad el día que deben estar de guardia. Cada uno es libre de elegir lo que quiera pero, obviamente, la calidad de la atención no puede ser en ningún caso igual.

Desgraciadamente, y en definitiva, lo que subyace es de nuevo la pulsión mediocre por mantener el statu quo actual. Nada nuevo en la Medicina española. Como muy bien puntualiza el autor, muchos ven en la creación de la especialidad de MUE, y la consiguiente formación de especialistas por la vía M.I.R., una amenaza para otras especialidades que han encontrado en las Urgencias una tabla a la que agarrarse, aunque su formación específica para las mismas sea escasa, mientras esperan que surja una oportunidad laboral más acorde con su formación. Esta anomalía, que se corregiría con una titulación específica para MUE, es la que se pretende desde algunos ámbitos mantener. Los mismos que tanto pregonan y exigen “calidad” en la atención médica, contrastando y favoreciendo siempre la gestión pública frente a la gestión privada de los centros, parece que se olvidan de la misma cuando a la atención en Urgencias se refiere. Como sucede con frecuencia en España, el desconocimiento de una realidad no es inconveniente para posicionarse radicalmente en contra. Ignorar la manera de actuar y proceder de los Servicios de Urgencias de muchos hospitales de titularidad pública y gestión privada no es óbice para su crítica despiadada, basada tan sólo en argumentos de tipo político. Y por supuesto, es mejor criticar sin saber que conocer la realidad de estos Servicios.

Al fin y a la postre, no hay que permitir que la realidad estropee un buen eslogan.

“At a cardiac arrest, the first procedure is to take your own pulse”

Samuel Shem, The House of God
 

#2MIR13: el reto de formar nuevos médicos especialistas

Ahora que se inicia el proceso de elección de plaza de los nuevos M.I.R., creo que es un buen momento para hacer una reflexión sobre un modelo, que si bien ha demostrado su validez a lo largo de los años, requiere, como muchos otros aspectos en la Sanidad Pública, una reforma y actualización que la adecue a los nuevos tiempos. Unos cuantos años han transcurrido ya desde mi residencia, y he tenido la oportunidad de colaborar en la formación de numerosos médicos especialistas en Oncología Radioterápica. Y aunque en los últimos tiempos mi implicación en la formación de M.I.R. ha sido, desgraciadamente, menor de lo que me hubiera gustado, este hecho me ha permitido tomar cierta distancia para reflexionar sobre distintos aspectos del programa M.I.R.

Lo primero, y no por muchas veces repetido menos importante, es que el M.I.R. no es, y no debe ser considerado, tan solo «mano de obra barata» para cubrir las carencias de una plantilla médica escasa o desmotivada. La práctica clínica diaria debe recaer sobre los médicos de plantilla del Servicio, y aunque el M.I.R. puede y tiene que colaborar en todas las actividades diarias, no debiera descargarse la misma sobre ellos. Igualmente, su misión en el hospital tampoco debe de ser exclusivamente cubrir la atención en las Urgencias hospitalarias durante las 24 horas del día. Para eso debería existir una plantilla propia de médicos urgenciólogos que se encargaran mayoritariamente de la misma, como sucede con el resto de actividades médico-quirúrgicas del Hospital. Pero eso, es otra historia…

Necesitamos recuperar la implicación del M.I.R. en las actividades diarias del Servicio como un medico mas del equipo. El residente no es un estudiante mas o menos cualificado que acude a un Servicio a aprender. Es, ante todo, un medico mas del Servicio. Desgraciadamente, la imagen que se ha transmitido a la sociedad es justo la contraria. Enorme daño han hecho series de televisión que presentaban a los residentes con frases como «no son médicos, pero curan»… Nunca debemos olvidar que el residente es un medico, licenciado superior, al cual se le supone ya la suficiente madurez como para tomar sus propias decisiones, con las cuales podemos estar o no de acuerdo, pero que son perfectamente respetables. Y, por otra parte, parece obvio que el M.I.R. debe tener y demostrar interés y compromiso en su formación. Sin embargo, algo tan evidente, choca con actitudes que se observan a menudo, como que el criterio de un médico para elegir un centro donde formarse en una especialidad concreta que se presume, en principio, va a ser su vía de desarrollo profesional y personal a lo largo de su vida activa, sea un aspecto tan particular como la existencia o no de guardias de la especialidad, o de si estas son «buenas» o «malas». Es triste encontrarte con médicos que han aprobado su examen de acceso a la formación especializada, y que el grueso de sus preguntas gire en torno a estos temas, antes que informarse acerca de las necesidades y requerimientos que el ejercicio de una determinada especialidad exige, y de cual es el mejor centro, por la calidad de su personal, sus instalaciones o sus posibilidades, para adquirirlas. El M.I.R. debe tener la libertad para elegir, y la suficiente responsabilidad como para saber que quiere y que grado de compromiso adquiere.

Pero también debemos de exigirle a los médicos residentes que “expriman” al adjunto. Que lean, que estudien, que pregunten, que insistan, que nunca se queden completamente satisfechos con lo que les contemos. Que nos planteen dudas continuamente, que nos sugieran alternativas que hayan podio leer, que nos obliguen, en definitiva, a estudiar y actualizarnos permanentemente para dar respuesta a sus preguntas. En la consulta no se aprende por ósmosis, y quien eso piensa está totalmente equivocado. Es necesario que los futuros especialistas duden y pregunten. Como reza un antiguo proverbio persa, “la duda es la clave del conocimiento”. Y si el médico adjunto no es capaz de asumir y buscar como responder a las dudas que nos plantean los M.I.R., y de proponerle otras nuevas que le obliguen a un constante ejercicio intelectual, quizá es que no debe seguir formando a médicos residentes.

Dentro de la libertad en la que deben desarrollarse, es innegable que los M.I.R. precisan de una evaluación de su desarrollo y de la adquisición progresiva de las habilidades propias de su especialidad. Ahora bien, ¿cómo debe hacerse esta evaluación?, ¿es suficiente la evaluación subjetiva realizada por cada uno de los médicos adjuntos con los que rota periódicamente el medico residente durante su periodo de formación? En mi opinión, seria mas adecuado, a. la par que mas objetivo, la realización de una prueba no subjetiva la finalización de su proceso de formación, a semejanza de la práctica habitual en otros países, donde se exige un examen antes de certificar la idoneidad de la formación adquirida por el M.I.R. Además, una prueba objetiva final que evaluara lo aprendido durante todo el proceso de su residencia ayudaría, a mi modo ver, a retratar el grado de compromiso e interés mostrado por el M.I.R., pero también a evidenciar la cualificación de un Servicio y sus profesionales para la docencia.

También los médicos que tenemos algún grado de implicación en la formación de futuros especialistas debemos hacer una reflexión profunda. La labor del staff médico del Servicio no debe de ser la «educación» del M.I.R. intentando moldearlo a nuestro gusto cual modernos demiurgos, sino proporcionarle las herramientas adecuadas y toda la ayuda que pueda requerir para su formación. Pero entendiendo siempre que aprenderá bien y se formara bien aquel que quiera hacerlo y que realmente tenga interés, y que eso es algo que no se puede forzar. Y en esta línea, la figura del «tutor de residentes» también necesita ser reformulada. Es cierto que no cualquier medico del Servicio sirve para tutor. Por una parte, es preciso que los tutores tengan una formación adecuada y especifica para esta labor, y que sus habilidades para el desempeño de la misma sean, al igual que sucede con las de los residentes, periódicamente evaluadas. Pero por otro lado, es imprescindible que la figura del tutor la encarne alguien que cuente con el respeto y aceptación de los propios M.I.R., y que estos participen e alguna manera en su elección, ya que son la parte mas interesada en asegurar su buen funcionamiento. El nombramiento de un tutor para los residentes no debiera ser hecho de manera discrecional sin valorar antes estos aspectos, y al igual que sucede con otros puestos de responsabilidad, debiera renovarse cada cierto tiempo.

En definitiva, la formación de médicos especialistas a través del programa M.I.R. es uno de los grandes logros de nuestra Sanidad. Y debe ser defendida y mantenida por su extraordinario valor. Pero también debe de ser revisitada y reformada, si no queremos que se convierta tan solo en una fábrica que emplea personal altamente cualificado pero prescindible y reemplazable en cuanto ha finalizado su labor.

Nuestra escoria política, reflejo de la mediocridad existente…

La mediocridad de la casta política que nos ha tocado sufrir es un problema que cada día que pasa se hace mayor, generando más rechazo y desprecio entre todos los españoles honestos. Ahora bien, más allá de la justa indignación que el comportamiento de esta escoria nos provoca, deberíamos hacer un ejercicio de introspección que, probablemente, nos llevaría a comprobar, no sin sonrojo, que el comportamiento de nuestros políticos no es sino un mero reflejo de la mediocridad imperante. Y así, en el caso concreto de la profesión médica, es necesario seguir siendo honestos y mirar “la viga en nuestro ojo” al mismo tiempo que “la paja en el ojo ajeno”.

Nos quejamos, y con razón, de los abusos de esos políticos que cobran jugosos sueldos por hacer dejación continuada de sus labores e, incluso, por no acudir siquiera a su trabajo diario. Pero también sabemos de cuantos médicos cobran jugosos complementos sin rendir labor alguna a cambio, como los complementos de guardias en mayores de 55 años percibidos durante largo tiempo a cambio de una teórica consulta por la tarde que muchos, no todos, ni siquiera han pisado, o hace mucho que no pisan. O esas intervenciones quirúrgicas programadas como “peonadas” y realizadas en el horario laboral normal, pero cobradas como tal. Y lo aceptamos…

Nos quejamos de la ausencia reiterada de nuestros representantes en los diferentes parlamentos de nuestro variopinto país, pero también somos conscientes de las ausencias reiteradas de compañeros nuestros, que abandonan impune y repetidamente su lugar de trabajo antes de la finalización de su jornada, o que directamente no acuden. Y lo aceptamos…

Vemos mal la injustificable duración de los periodos vacacionales de Sus Señorías, pero somos conscientes también de la cantidad de “días libres” tomados por algunos compañeros, que superan ampliamente lo contemplado por la ley. Y lo aceptamos…

Lo peor es que todos estos hechos debieran ser conocidos por las gerencias. Quizás lo son y los consienten. Pero hemos asumido hace mucho que no son más que individuos colocados a dedo por el único argumento de poseer el carnet del partido gobernante en cada momento y que, por tanto, son tan ineptos y mediocres como la casta política. Y lo seguimos aceptando…

Pero con todo, uno de los mayores responsables somos nosotros mismos. Nos llenamos la boca defendiendo la necesidad de recuperar la meritocracia en la función pública, pero al final, continuamos luchando por mantener la gerontocracia dominante a toda costa. La última propuesta del autodenominado “sindicato de los médicos” AMYTS no es otra que recurrir ante los tribunales el Plan de Ordenación de Recursos Humanos de la Consejería de Sanidad de la CAM. En vez de luchar por recuperar la iniciativa defendiendo la calidad y promoviendo la excelencia en la atención médica, prefiere mantener la casta y sus privilegios, aún conociendo bien hechos como los mencionados más arriba. Hoy publica el diario El Mundo una entrevista con el Dr. Valentín Fuster, ejemplo de persona y médico para todos, y que a sus 70 años continúa engrandeciendo la Medicina. Pero, desgraciadamente, es la excepción, y por cada “Fuster” existente en el SERMAS que aporte un extra de calidad, hay 100 “Rajoys/Rubalcabas/(cada uno que ponga el político que mas rabia le de…)” que se aprovechan de todos para su beneficio, Sin embargo, para AMYTS parece más importante defender al “aparato”, por obsoleto y lacra para la sanidad que sea, que apostar por una renovación y cambio que recupere la ilusión de un futuro mejor, y pretende conseguir la perpetuación en el puesto sin pararse a separar el grano de la paja, sin plantearse siquiera eliminar a los mediocres. Y lo seguimos aceptando…

¿Hasta cuándo seguiremos aceptando?

Sobre la Calidad mal entendida…

Uno de los argumentos que más se están repitiendo para rechazar el Plan de Sostenibilidad de la Sanidad de la CAM es el más que seguro deterioro en la calidad de la atención si finalmente se lleva a cabo. Esta preocupación por la calidad, repetida como un mantra salvífico en todas las concentraciones y manifestaciones, nos sitúa de nuevo ante el maniqueísmo en que ha derivado este conflicto. En este punto, se asegura que sólo la Sanidad Pública de acuerdo al modelo de gestión actual garantiza la calidad de la atención médica, y que, por consiguiente, cualquier otro modelo de gestión no sólo va a conllevar un deterioro de la calidad sino que, incluso, este deterioro será buscado en aras de una mayor rentabilidad económica.

Dejando de lado la puerilidad de este argumento, supongo que sostenido por los mismos que defenderán la idea de que Renault o Ford fabrican coches “de mala calidad” en sus factorías de Valladolid o Almusafes para ganar más dinero o de que Grifols fabrica hemoderivados “de baja calidad” para abaratar costes y ganar más dinero, el tema de la calidad de la atención, desde el punto de vista de un médico con dedicación exclusiva a la Sanidad Pública, merece algunas consideraciones:

• Menospreciar la calidad de la atención equivale a menospreciar a los profesionales que la llevan a cabo. ¿Alguien, en su sano juicio, cree realmente que los médicos que trabajan en centros públicos con gestión privada son peores profesionales que los que lo hacen en centros con gestión pública? ¿Dudamos de que la calidad de la atención dispensada, por ejemplo, en la Fundación Jiménez Díaz, cuna de excelentes médicos y uno de los pilares de la formación pregrado en la Universidad Autónoma de Madrid, que es, por cierto, una de las mejores Escuelas de Medicina del país, es inferior a la dispensada en otros hospitales públicos de Madrid?

• ¿Puede alguien, conociendo la valía y capacitación de sus cirujanos, sostener que las intervenciones quirúrgicas realizadas en el H. de Torrejón o en el H. Infanta Elena, por ejemplo, son de peor calidad que las realizadas en otros centros?

• ¿O que la disponibilidad de recursos tecnológicos avanzados es sustancialmente inferior en los centros de gestión privada frente a los de gestión pública (cuando, desgraciadamente, es al contrario en muchas ocasiones)? En lo que a mi especialidad particular se refiere, la dotación tecnológica es más moderna y completa en los centros privados que en la media de la Sanidad Pública.

• ¿Alguien que conozca y viva la Medicina se atreve a decir que la atención en Urgencias en el H. Rey Juan Carlos, dirigida por las mismas personas que lideraron las Urgencias de la Fundación Hospital de Alcorcón o el H. Infanta Leonor, y desarrollada por un equipo de médicos formados y dedicados en exclusiva a la atención de Urgencias, es inferior a la proporcionada en otros grandes centros, donde el peso de la atención en Urgencias recae, mayoritariamente, en médicos en formación con, muchas veces, escaso o nulo interés en la Urgencia como especialidad?

• ¿Se puede mantener, sin temor a equivocarse, que los centros de gestión privada desprecian la investigación cuando, al menos en el campo de la Oncología Radioterápica, las publicaciones en revistas internacionales de impacto de estos centros representan, como poco, más de la mitad de la producción científica española que puede encontrarse en PubMed?

Estoy convencido de que somos muchos los que pensamos que la calidad en medicina no depende exclusivamente de la disponibilidad absoluta de recursos, ni de que la gestión pública otorgue, automáticamente, un marchamo de calidad a todas nuestras actuaciones. Antes más, como todos los médicos sabemos, la calidad esta íntimamente ligada a nuestro estudio constante y nuestras ganas de innovar y avanzar.

En definitiva, podemos o no estar de acuerdo en el modelo de gestión pública o privada, rechazar las formas con las que la Consejería de Sanidad de la CAM nos castiga continuamente a los médicos o plantear y proponer alternativas más razonables. Incluso podemos, y debemos, recordar a nuestros pacientes que son libres y soberanos para elegir donde y quien debe tratarlos, de acuerdo a la Ley de Libertad de Elección en Sanidad vigente en la CAM. Pero lo que no podemos, al menos en mi opinión, es dudar y cuestionar la calidad en la atención de los pacientes fuera de los centros de gestión pública. Es un despropósito y un insulto hacia todos los compañeros que en ellos desempeñan su trabajo, y que lo hacen tan bien, o incluso mejor, de lo que podamos hacerlo nosotros en centros de gestión pública.

«Calidad significa hacer lo correcto cuando nadie está mirando»

Henry Ford 1863-1947

 

Reflexiones (y decepciones) tras la última #mareablanca

Durante estos últimos 3 meses se han producido en Madrid varias manifestaciones en defensa de la Sanidad Pública conocidas como “mareas blancas”. Personalmente, he intentado acudir a todas ellas, y en las que no he podido estar físicamente por las características propias de nuestra profesión, he intentado apoyarlas desde donde estuviera. Sin embargo, todo tiene un final, y creo que está última #mareablanca del pasado día 17 de febrero, será la última, al menos en lo que a mi me atañe. Razones para apoyarlas las había, y las hay, pero también hay motivos que me han llevado a esta decisión, e intentaré resumirlos:

• Yo no quiero una gestión vendida a empresas privadas como pago a oscuros motivos, que me considere tan solo parte del material del hospital que compran. Que no se valore el esfuerzo y dedicación de los profesionales sino como una parte más del decorado. Que sólo pretenda cumplir con unos números sin permitir ni fomentar el desarrollo individual y colectivo que redunde en la mejora de la atención prestada.

• Pero tampoco quiero una gestión de la Sanidad en manos del político de turno, con nombramientos de responsables “a dedo” por el único argumento de poseer un carné del partido gobernante. Gestores mediocres, y muchas veces cobardes, que no se atreven a afrontar los problemas y las bolsas de ineficiencia existentes en nuestros hospitales madrileños. Gestores que cambiarán en cuanto cambie el gobierno de la CAM pero que seguirán siendo simples colocados por su filiación política como único aval.

• Ni quiero que todo este movimiento quede tan solo en la defensa de un modelo caduco y podrido en gran medida, en intentar a toda costa mantener un statu quo como el actual, basado en una combinación de burocracia y gerontocracia, que desprecia la meritocracia y se empeña en mantener un sistema de castas entre los médicos, primando la antigüedad sobre el trabajo, esfuerzo e interés que demuestran muchos médicos en su labor diaria.

• Y por supuesto, no quiero que una indignación justa y con una fuerte base de sustentación sea parasitada y capitalizada por políticos y sindicalistas, como sucedió el pasado día 17 de febrero, cuando representantes de Izquierda Unida, UGT o CC.OO. aparecieron en todas las televisiones como los “grandes defensores de la Sanidad Pública”

Entre estos dos extremos hay, en mi opinión, un vasto territorio en el que construir alternativas de futuro, que garanticen el sostenimiento de una Sanidad Pública Universal pero que valoren en su justa medida el esfuerzo individual y colectivo. Que aprecien al válido y desprecien y aparten al mediocre. Y, desgraciadamente, no estamos siendo capaces de plantear estas alternativas. No comparto la opinión de que la solución vayan a venir por pasear los domingos de Cibeles a Sol, ni por decir simplemente que no queremos este plan ni, por supuesto, por alguna ideas tan peculiares como las propuestas por el grupo de los “600 Jefes de Servicio”. Gritamos mucho pero no intentamos construir de manera sensata un modelo que aproveche lo bueno, que existe, del actual sistema pero que lo mejore y optimice eliminando todas las enormes bolsas de ineficiencia que lo lastran. Es necesario un cambio radical de modelo, fundamentado en la profesionalización de la gestión a todos los niveles, en la meritocracia como base de desarrollo y, probablemente, en la laboralización del personal.

Personalmente, no pienso dejar de pelear por alternativas y posibilidades veraces y sensatas para el cambio. Porque hay que cambiar, por supuesto que sí, pero a mejor.

Y tenemos que hacerlo nosotros, o nos lo harán otros.

“Change is the law of life. And those who look only to the past or present are certain to miss the future”

John F. Kennedy (1917-1963)

El club de los 600

Si hay algo que muchos médicos echamos de menos en todo el conflicto que envuelve a la sanidad madrileña desde hace más de dos meses, y que podría extenderse al resto del sistema público de salud, es la práctica ausencia de la más mínima autocrítica. Sí, la AUTOCRÍTICA, así, con mayúsculas, es lo que ni está ni al parecer se la espera. La cuestión es, ¿por qué? ¿No existía nada que mejorar? ¿Tan buenos somos los médicos que todo, absolutamente todo, lo hacíamos bien? ¿Ha sido necesario que la Consejería de Sanidad de la CAM propusiera su Plan de Sostenibilidad para que nos diéramos cuenta de que había cosas que era necesario reformar?

En este maniqueísmo imperante, carente de todo atisbo de AUTOCRÍTICA, ha surgido un colectivo que reclama para sí la voz y representación de todos los médicos y que está conformado por “casi 600 Jefes de Servicio” de los distintos hospitales públicos madrileños. Este grupo, temeroso quizás de que la “marea blanca” se lleve por delante a alguno de ellos, pretende ahora instruirnos, e instruir a toda la sociedad, acerca de lo que está bien y lo que está mal en la Sanidad madrileña. Dejando aparte lo discutibles que pueden ser algunas de las propuestas esbozadas, que darían para uno o más posts dedicados a ellas, lo que brilla alarmantemente por su ausencia es la menor muestra de AUTOCRÍTICA hacia su gestión.

¿Dónde estaban “los 600 Jefes de Servicio” que han consentido durante años la discriminación económica y laboral del personal eventual de sus servicios? ¿Acaso no lo consideraban de suficiente importancia como para protestar, aunque fuera tímidamente? Cierto es que cualquier generalización peca de injusta pero, ¿no merece la más mínima AUTOCRÍTICA el comportamiento mediocre de algunos miembros de este colectivo hacia sus propios subordinados?, ¿hacia todos aquellos que han visto dificultadas sus posibilidades de desarrollo profesional por el temor de algunos Jefes a que se les pudiera hacer sombra o “mover la silla”? ¿Dónde estaban “los 600 Jefes de Servicio” ante aquellos que han desaprovechado oportunidades de crecimiento y desarrollo de Servicios clínicos por la ineficiencia en la gestión de los mismos? ¿Alguna AUTOCRÍTICA reclamando un cambio de rumbo o proponiendo un cambio en la dirección de los Servicios ineficientes? ¿Dónde estaban “los 600 Jefes de Servicio” cuando material y equipamientos comprados no han sido rentabilizados, en ocasiones ni siquiera estrenados, adecuadamente? ¿Alguna vez han denunciado públicamente esta circunstancia, aunque fuera con la mitad de vehemencia que denuncian el Plan de Sostenibilidad y sus males asociados?…

Estas, y otras muchas preguntas similares, hacen tambalear el crédito que a muchos médicos nos pueda merecer este colectivo tomado de forma conjunta. La ausencia de la más leve AUTOCRÍTICA parece una característica inherente a este grupo. Y es esto lo que hace difícil tomar en verdadera consideración cualquiera de sus propuestas. Lo que no es óbice para reconocer el esfuerzo, interés y capacidad de trabajo de varios de sus miembros individualmente. Pero eso será motivo de otras consideraciones…

 

«La sociedad liberal se paralizará si deja de ser autocrítica»

Octavio Paz. Poeta y ensayista mexicano (1914-1998)

De Bárcenas y otras (malas) hierbas

En estos días asistimos al deprimente espectáculo de la corrupción sin medida de nuestra casta política. Resulta desolador contemplar día tras día como las evidencias acerca de la podredumbre ética y moral de esta recua de miserables no hacen sino crecer y multiplicarse. La hediondez de sus comportamientos va más allá de repartirse un dinero en “discretos sobres” o de pagarse “payasos, confeti y fiestas”, con todo lo despreciable que nos parece. Lo realmente preocupante para España es la sensación generalizada de que ningún miembro de la casta está libre de corrupción. Y de que todos, en la medida en que se lo permite su facilidad para el trinque, se comportan de la misma manera a la mínima ocasión que tienen. Los ejemplos abundan, desgraciadamente, allá donde uno mire, con independencia de los colores de cada cual. Pero, ¿qué se puede esperar de un país que se empeña, obcecada y cerrilmente, en reelegir a individuos embusteros y corruptos hasta la náusea como Camps, Más o Griñán?

Sin embargo, si intentamos mirar un poco por encima de toda esta basura, una serie de preguntas afloran inmediatamente: ¿cómo hemos llegado hasta aquí?, ¿es sólo la casta política un nido de gusanos o más bien un reflejo de la sociedad actual?

Y en el caso de la sanidad, también sería de agradecer un poco de autocrítica en este sentido. ¿O acaso no es una estafa el incumplimiento del horario laboral de todos aquellos, muchos o pocos, que llegan sistemáticamente tarde y de manera igualmente sistemática se marchan antes de acabar su jornada?, ¿o acaso no es una estafa que intervenciones programadas en jornada complementaria de tarde (“peonadas”) se efectúen en el turno normal de mañana, eso sí, cobrándolas como extra? ¿Y que decir de todos aquellos que cobran complementos de guardia sin realizar la labor que se supone justifica dicho complemento? ¿Qué diferencias hay entre la manera de cobrar “sobresueldos” y los cobrados en sobres (aparte de la cuantía, claro está)? ¿Y que decir de la, en ocasiones, “peculiar” colaboración de la industria farmacéutica con los médicos? Si bien es cierto que esos pagos en especies son, afortunadamente, cada vez más infrecuentes, en un pasado muy cercano lo han sido. ¿Cómo debemos de considerar el pago por parte de industrias y laboratorios de eventos, congresos, jornadas variadas,…?, ¿alguien cree realmente qué se realizaban de manera altruista?, ¿qué no existía, ni existe, una intención de influir sobre la voluntad y decisión prescriptora del médico?, ¿qué era una inversión a cambio de nada? Todas estas cuestiones, y otras que seguro nos podríamos plantear, ¿nos parecen bien?, ¿no las consideramos estafa ni mamandurria?… El hecho en sí de la estafa no debería ser más o menos permisible en función tan solo de la cuantía, sino que debe de ser repudiada en todas sus variantes. Y eso nos atañe especialmente a todos los que trabajamos en este sistema, tan corrupto en ocasiones como cualquier otro.

En definitiva, la casta política nos estafa, pero no son los únicos que lo hacen. Y la AUTOCRÍTICA es un elemento imprescindible para todos los médicos que nos sentimos justamente indignados. Y es que mientras sigamos consintiendo, e incluso justificando, comportamientos de este tipo, no habrá solución. Se impone empezar una profunda regeneración del Sistema Público de Salud que permita eliminar estas bolsas de estafa conocidas y toleradas si realmente queremos salir del pozo en que nos hayamos sumidos.

Defensa de la Sanidad Pública

“¡Defiende la Sanidad Pública!”

En las últimas semanas esta frase se repite sin cesar por todo el universo médico madrileño, y por extensión, español. De acuerdo, pero ¿qué es realmente defender la Sanidad Pública? Posiblemente en este punto hay menos consenso entre la clase médica. Sin duda, estamos todos convencidos de la necesidad de defender el derecho a recibir la mejor asistencia sanitaria que debe tener toda persona por el mero hecho de ser y existir. Al fin y al cabo, eso va en nuestra vocación más inmutable, en esos principios que todo médico, con independencia de su ejercicio, comparte y siente como propios. Sin embargo, aquí se acaban las unanimidades.

¿Defender la Sanidad Pública es defender el Sistema Público de Salud? Probablemente no. Muchos médicos, que defendemos el derecho a tratar a nuestros pacientes de la manera que consideramos más adecuada y completa, no compartimos este punto de vista.

  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema que discrimina a sus trabajadores? El Sistema Público de Salud cuenta con un importante colectivo de médicos con contratos eventuales, algunos desde hace más de 12 años, que son discriminados sin reparo. Tienen derecho a una menor retribución económica por su trabajo, aunque en ocasiones sea superior al desempeñado por sus compañeros con plaza en propiedad. No tienen derecho a percibir complementos de sueldo por antigüedad ni por méritos (carrera profesional). Y no tienen opción de promocionarse dado que no tienen derecho a optar a ninguna convocatoria de Jefe de Servicio o de Sección al carecer de plaza en propiedad. ¿Es este sistema el que debemos defender?
  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema tan cerrado e impermeable a cualquier cambio? La posibilidad de promoción en el Sistema Público de Salud viene dada, en muchas ocasiones, únicamente por senescencia del elemento superior. Es decir, hasta que no se produce el vacío por jubilación o abandono del puesto, es imposible concebir un recambio en las estructuras jerárquicas de los Servicios hospitalarios. Ello conlleva un empobrecimiento de los mismos al no contar con una sana competencia de ideas y proyectos de distinta procedencia que podrían enriquecerlo. A esto hay que añadir lo reflejado en el punto anterior acerca del personal eventual…
  • ¿Es defender la Sanidad Pública un sistema que desprecia al válido y premia al mediocre? Después de muchos años de trabajo en el Sistema Público de Salud, es muy triste contemplar como compañeros de extraordinaria valía son sistemáticamente ninguneados por Jefes mediocres (¡y haberlos, haylos!) que tan solo buscan mantenerse en su posición y temen que otro cualquiera pueda hacerles sombra. Mediocres que no se dan cuenta de que el beneficio que genere uno de sus colaboradores se traduce automáticamente en un beneficio para el propio Servicio y para su persona, y que prefieren vivir en una medianía constante antes de que otro destaque. Solo aquellos que acatan y alaban las decisiones del superior son tenidos en cuenta. ¿Es esto lo que queremos defender?

 ¿Hay que defender la Sanidad Pública? Por supuesto, pero hay que defender una profunda reforma de todo el sistema, sin la cual éste está abocado al fracaso y la extinción. Hay que apostar por una auténtica revolución que contemple, en mi opinión, 3 aspectos claves:

1. Laboralización del personal: acabar con el sistema de castas imperante actualmente y estabilizar a los trabajadores como a cualquier otro profesional. Instaurar la remuneración por objetivos, tanto colectivos como individuales de cada médico, con objeto de favorecer la competencia y el desarrollo personal y del Servicio clínico.

2. Profesionalización de la gestión a todos los niveles: no sólo en los niveles más altos de la administración, sino también profesionalizar la gestión de los Servicios clínicos. Jefes deben de ser aquellos mejor preparados y con más capacidad para la gestión de equipos técnicos y humanos, no necesariamente el más viejo, ni el que lleve más tiempo en el Servicio, sino aquel a quien la dirección y sus propios compañeros consideren más indicado. Incluso con la posibilidad de una dirección por objetivos y proyectos, con recambio periódico de la misma si fuera menester.

3. Meritocracia: todo lo anterior debe de estar fundamentado en el reconocimiento de la meritocracia como herramienta clave para la reforma. Valorar a cada individuo de acuerdo a sus méritos reales, y no por criterios de burocracia o gerontocracia.

 

En conclusión, no es tanto defender la Sanidad Pública como idea fundamental como defender la reforma profunda y radical de un sistema que se hunde sin remisión si no lo remediamos los propios profesionales.