Investigación oncológica en la Sanidad Pública: recortes y pseudociencia…

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La innovación en oncología ha sido, tradicionalmente, un proceso largo, tortuosos, retorcido y plagado de innumerables decepciones. De la miriada de medidas que surgen como prometedoras esperanzas de curación futura muy pocas, poquísimas, llegarán a ser conocidas y, tal vez, utilizadas en alguna ocasión. Y este ingente esfuerzo tiene, además, un enorme costo económico durante su investigación y desarrollo que se repercute, en demasiadas ocasiones, en el precio final del producto. Y dado que el grueso de la investigación está en manos de la industria privada, por la tradicional renuncia de la gestión pública a fomentar una investigación sensata y sostenible que vaya más allá de las veleidades políticas de los dirigentes de cada bando que se van alternando en nuestro país con el único objetivo, al parecer, de amargarnos la existencia a los que les mantenemos en sus delirios, el coste final del desarrollo de tratamientos contra el cáncer recaerá, de manera directa o indirecta, sobre el paciente. Esta misma semana se denunciaba la existencia de inequidades en el acceso a distintos tratamientos en función del lugar de residencia del paciente, y como en algunas comunidades los enfermos tenían dificultades en acceder a los fármacos más caros (que no necesariamente los más eficaces…). Y de todo ello se culpa, con razón o interesadamente, a un concepto tan amplio como indefinible de “los recortes”

Pero esta misma semana hemos asistido a un hecho que ha elevado el nivel del debate a nuevas, y previamente insospechadas, cotas. Un gran hospital de Madrid, uno de los (teóricos) centros punteros en Oncología de nuestro país, uno de los buques insignia de los que defienden, por encima de la realidad en muchas ocasiones, que la única investigación y práctica “de calidad”, y por tanto respetable y defendible, que se hace en Oncología en la Comunidad de Madrid es la que se efectúa en centros de titularidad pública, uno de los emblemas que se conjura en el imaginario colectivo durante las mareas y pleamares que azotan nuestra maltrecha Sanidad Pública, uno de “nuestros verdaderos hospitales”, ha dado un paso más que demuestra que no todo está perdido en Oncología, antes bien, ¡que siempre se puede caer más bajo! La imagen que ha ofrecido es ta semana uno de esos grandes hospitales que tanto se vanaglorian de su liderazgo y participación en ensayos clínicos en oncología, tanto nacionales como internacionales, de la calidad e impacto de sus artículos publicados, de ser un referente y faro de la investigación oncológica, se ha desmonoronado por obra y parte (o por la ausencia de ambas) de sus responsables: directivos y clínicos.

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El pasado martes día 17 de marzo de 2015, el Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid acogió, y quien sabe si también promovió, una sesión que defendió el esoterismo seudocientífico como remedio sanador para el cáncer. Según la médico conferenciante invitada, el cáncer es un enfermedad que se curaría con algo tan simple como “trascender la polaridad de los dos hemisferios cerebrales: el izquierdo: activo, eléctrico, ácido, el Yang, el Sol, masculino, el fuego; frente al derecho: pasivo, magnético, alcalino, el Yin, la Luna, femenino, el agua, la noche, las cuevas y las montañas.” Y que este nivel de profundidad ascética se puede alcanzar, parece que fácilmente, “visionando películas de los Hermanos Marx y comiendo palomitas” Con independencia de lo brillantes que puedan ser algunas de sus películas, y de las hilarantes escenas que han quedado para siempre como monumentos al más ácido y corrosivo humor, atribuir a las mismas propiedades antineoplásicas parece, al menos, un tanto arriesgado. Cierto es que, en comparación con algunos otros pseudotratamientos (homeopatía, reiki, flores y piedras variadas,…) los Marx tienen la virtud de arrancar sonrisas, pero siempre obligando a ejercitar la inteligencia, a pensar …

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Pensamiento inteligente, algo que no parecen haber entendido los responsables del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. ¿Dónde estaban, y continúan estando, los Jefes de las distintas Oncologías de las que presume el centro?, ¿acaso no se arrogan  ellos la responsabilidad y liderazgo de la investigación oncológica en su centro?, ¿es posible hablar y discutir de oncología en un hospital como el Clínico sin contar con la aprobación y participación de sus oncólogos?, ¿no han salido, aún, a denunciar el engaño y la pseudociencia y a defender el método científico? Cuesta creer que no haya sido así, aunque quizás los Jefes de Oncología (¿y sus servicios?) son unos profundos enamorados de las dotes artísticas de los Marx y apoyan esta nueva línea de investigación basada en la videoteca frente a los intentos actuales de basar tratamientos en la genoteca, viendo beneficios que los oncólogos de batalla ni siquiera llegamos a vislumbrar…

Y aunque es cierto que algunas de las medida que se guarecen bajo el amplio paraguas de “terapias complementarias” han demostrado su utilidad en estudios controlados y bien planeados, como en el caso de la acupuntura para el tratamiento de los sofocos secundarios a manipulaciones hormonales en pacientes con cáncer de mama o próstata, como tratamiento de náuseas y vómitos por quimioterapia o para la xerostomía en pacientes con tumores de cabeza y cuello sometidos a radioterapia, pero no parece que la cinematografía de los Hermanos Marx se encuentre entre las alternativas terapéuticas más eficaces.

Recortes, recortes,…, se habla mucho de recortes. Con razón o sin ella, con conocimiento o repitiendo tan solo consignas cual papagayos, recortes es un término que se ha incrustado en cualquier discusión que toque, aunque sea muy tangencialmente, la Sanidad Pública. Recortes en pruebas diagnósticas, recortes en tratamientos, recortes en atención,…, recortes, siempre recortes. Los recortes existen, ¡qué duda cabe! Lo que demuestran hechos como esta sesión es la trascendencia e importancia de los recortes. Sobre todo cuando, como en este caso, son recortes en la inteligencia y el sentido común de quienes autorizan y avalan, por acción u omisión, estas demostraciones de pseudociencia…

Claro que, alguno de sus responsables pensará, parafraseando al gran Marx:

«Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente»
Julius Henry (Groucho) Marx, (1890-1977)

Grecia, el cáncer y los vendedores de humo…

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Mientras permanecía sentado en esa, a estas horas ya, abarrotada sala de espera en el sótano mal iluminado de ese hospital revivió, una vez más, que le había llevado hasta allí. Nada hacía presagiar que aquel día de otoño en que se noto ese bultito en el cuello mientras cumplía el matutino ritual del afeitado iba a poner su vida patas arriba. Fue su colega del bar en el que desayunaba cada mañana, su carajillo con porras y mucho azúcar, el que le sugirió ir al médico. En realidad, ni se le había pasado por la cabeza. Al fin y al cabo, ni le dolía ni parecía preocupante. Su compañero sugirió, mientras fumaban uno de los primeros cigarrillos de tantos otros que se fumarían ese día, que sería “un pelo enquistado” y que lo mejor sería “que se lo abrieran para limpiarlo”. Tampoco le pareció importante cuando el médico insistió, una y otra vez, en esa tosecilla que arrastraba desde hacía 3 meses y en la ronquera que parecía haberse instalado en su voz en los últimos días del verano. Sólo cuando su médico le dio el resultado de la pequeña punción que le hicieron en su bultito comenzó a preocuparse. El diagnóstico era tan claro como terrible:CÁNCER. Y, encima, en una parte de su cuerpo que ni sabía existía: la hipofaringe. ¿Y ahora, qué?, le preguntó a su médico. Y allí estaba ahora, en esa mañana a caballo entre el otoño y el invierno, esperando ante la consulta del oncólogo. Y, mientras esperaba, y el miedo se agarraba a su garganta tanto como esa maldita ronquera, le dio por contemplar a la gente que le rodeaba. Y no pudo evitar fijarse en ese chaval del fondo, que aparentaba ser apenas un  par de años más joven que el, y en el curioso tubo de goma que entraba por uno de los orificios de su nariz y cuyo extremo recogía detrás de su oreja. Pero no solo el tubo llamó su atención, también el aspecto de ese joven, la delgadez de su rostro y lo cetrino de su piel, y la expresión de dolor y sufrimiento que acompañaba cada uno de sus gestos. Y, por encima de todo, la piel de su cuello, enrojecida, en algún punto sangrante y en otros perdida, con heridas que tenían que doler. Y en como se esforzaba en comunicarse, como si el simple hecho de intentar hablar le ocasionara el mayor de los sufrimientos… Mientras contemplaba con aprensión al joven le llegó el turno de pasar a la consulta. Allí, el oncólogo que lo recibió, tras presentarse y preguntarle como se sentía, comenzó a explicarle su situación. Ante sus preguntas, el oncólogo le explico que estos cánceres estaban muy relacionados con los hábitos de vida, con el constante consumo de tabaco y de alcohol que había mantenido durante tantos años. Tras una reunión en el Comité de Tumores, formado por distintos especialistas dedicados al tratamiento y cuidado de los pacientes con cánceres como el suyo, se había considerado que la mejor alternativa terapéutica en su caso era un tratamiento con radioterapia añadiendo, todas las semanas, una dosis de quimioterapia para potenciar el efecto curativo de la radiación. Con este tratamiento, el Comité consideraba que la cirugía no sería necesaria en su caso y que las opciones de curación, aunque se trataba de una enfermedad localmente avanzada, eran buenas, superando el 70-75% de probabilidades de estar libre de enfermedad a los 5 años. Por supuesto, le explico el oncólogo, se trataba de un tratamiento agresivo, con intención de curarle, y que no estaba exento de efectos secundarios. Entre ellos, el oncólogo enumeró la dificultad para tragar, que haría recomendable colocar desde el inicio una sonda nasogástrica para la alimentación (el tubo que había visto en aquel joven), la pérdida de peso secundaria o la irritación de la piel del cuello que, aunque transitoria, podría ser muy molesta hasta que curara. Que, además, el tratamiento sería largo, que duraría 6 ó 7 semanas, todos los días, que era probable que hubiera que interrumpirlo en algún momento e incluso ingresarlo unos días si tenía complicaciones y que, una vez resueltas, se reanudaría el tratamiento. Aunuqe, insistió el oncólogo, los efectos secundarios podían aparecer (o no) en mayor o menor medida, era una posibilidad, frente a la certeza de que el cáncer crecería, y rápido, si no se hacía el tratamiento. Pero si se trataba tenía muchas posibilidades de curarse y de llevar posteriormente una vida normal y plena, aunque debería despedirse de los carajillos, los ”sol-y-sombra”, las cañas y vinos y las copas de licor por las tardes y noches. Y, por supuesto, abandonar el tabaco para siempre, tanto los cigarrillos del trabajo como los puros en las reuniones con los colegas. Pero que el esfuerzo merecía la pena, y con creces. Cuando salió de la consulta no recordaba nada de lo que el oncólogo le había dicho, y repetido, sobre las opciones de curación En su cabeza tan solo daban vueltas las imágenes de ese otro paciente, de su sonda hasta el estómago, de su piel irritada e inflamada hasta dejarla “como un bebedero de patos”. Y más tarde, mientras apuraba su tercer gin-tonic, se preguntó por qué iba a tener que renunciar a su vida, a sus juergas con sus colegas, a tomarse sus copitas después de un día de duro trabajo. Y como iban a ser estas pequeñas costumbres las responsables si de toda su cuadrilla, y que bebía y fumaba tanto o más, sólo a él le había tocado la enfermedad… Y fue en ese momento de las confidencias, facilitado por los tragos ya consumidos, cuando uno de sus colegas de farra le habló de buscar otras posibilidades, de rebelarse frente al tratamiento que “esos médicos del hospital» querían empezar cuanto antes, y de que conocía, aunque sólo de oídas, a un especialista en casos como el suyo que ofrecía tratamientos nuevos y distintos que casi garantizaban su total curación sin secuelas ni renuncias.

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Y acudió. ¡Y menuda diferencia! Una sala de espera amplia, luminosa, de paredes en tono pastel, suaves, agradables. Y sin llantos ni quejidos en las personas qué, como él, aguardaban a ser recibidos por el Profesor, como gustaba hacerse llamar. Nada allí reflejaba sufrimiento ni dolor y todo transmitía paz, armonía, tranquilidad, ilusión… Y, por supuesto, nada de personas con esos horribles tubos entrando a través de su nariz. El Profesor lo recibió con una amplia sonrisa y, a diferencia del médico del hospital, había renunciado al rígido formalismo de la bata de cargados bolsillos. En su lugar, vestía una camisa blanca, informal, tan pura y limpia como la sala de espera que antecedía su consulta. Se sentó junto a el y le explicó, con tono suave y excelentes palabras, que no tenía que sentirse responsable por nada de lo que le pasaba, que todo era culpa de la mala calidad de vida que llevaba. Que todo era culpa de quienes le obligaban a vivir como vivía; de la sociedad que le forzaba a competir día a día por mantener su puesto de trabajo, minando sus defensas y favoreciendo las enfermedades; de los explotadores que sólo veían en el un instrumento de producción y no una persona libre; de los aprovechados que se enriquecían vilmente al manipular los alimentos sin importarles el daño que causaban en el pueblo; de los oligarcas que se llenaban los bolsillos a costa de contaminar cada día más un planeta que sólo podía pertenecer al pueblo; de muchos otros, pero no de él. Y que alejara de su mente esa idea de que el cáncer «le había salido por fumar y beber con exceso»,que eso era lo que la «Medicina oficialista» – así la llamó, oficialista- quería que creyeran todos para que los verdaderos responsables no tuvieran que pagar por ello. Pero que él estaba allí para curarse, y que sí seguía sus indicaciones, y creía firmemente en el tratamiento, sin duda lo lograría. Por supuesto, no debería renunciar a ninguna de sus actividades pasadas, y menos aún a aquellas que le proporcionaban placer y ayudaban a equilibrar sus corrientes de fuerza interiores. Podría seguir quedando con sus amigos y relajándose como acostumbraba. Y lo creyó. Porque quería creerlo, porque necesitaba creerlo. Y comenzó la terapia: flores, saunas desintoxicantes,  magnetismos, reequilibrios interiores, el poder de la meditación,…, todo sin dolor, sin sufrimiento, sin renunciar a sus placeres (y vicios) diarios, sin tubos por la nariz… Y pasaron las semanas. Y ese dolor que había comenzado a sentir en la espalda se empezó a acompañar de un curioso hormigueo en las piernas. Eran como cosquillas, pero el Profesor le dijo que todo era normal, que sus canales de fuerza se estaban reafirmando y purgando las células anómalas de su organismo. Pero iba cada día a más, aunque el Profesor insistía en que era signo claro de recuperación. Hasta qué un día no pudo levantarse de la cama. Sus piernas no le obedecían, no las sentía y era incapaz de moverlas. Y, asustado, llamó pidiendo ayuda. El Profesor le dijo que pidiera una ambulancia y acudiera a su consulta, que allí podrían solucionarlo. Y aunque insistió, la médico que acudió a su domicilio se negó a trasladarlo y lo llevó directamente al hospital, a la misma sala de espera triste y mal iluminada donde se sentó, por sus propios medios, hacía ya muchos meses. El mismo oncólogo que lo atendió aquel día lo recibió de nuevo, y antes de que le dijera nada supo, por su expresión, que las noticias no eran buenas. El oncólogo le informo de que el cáncer había avanzado irremisiblemente, que habían aparecido metástasis en los pulmones y el hígado pero que también, y esto era lo más urgente, en las vértebras y que estaban presionando la médula espinal provocando la parálisis de las piernas. Además, le informo de que necesitaba un tratamiento urgente con radioterapia para intentar detener esa compresión de la médula espinal y, quizás, recuperar algo de fuerza y movilidad en las mismas, pero que con el resto de la enfermedad había muy pocas opciones reales de curación. Cuando salió de la consulta, devastado y aún preguntándose como había podido fallar el tratamiento de reeducación vital que le prescribió el Profesor, se cruzó con un rostro que le resultó vagamente familiar. Sólo que esta vez estaba más relleno, lucía una amplia sonrisa en su cara, parecía  sano y no llevaba ya ese horrible tubo por su nariz…   

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La medicina y la política, en tanto que disciplinas humanísticas, se parecen enormemente. Ambas son tan sólo reflejos del microcosmos social en que se desarrollan, recogiendo actitudes y maneras de enfrentar la vida, de abordar sus avatares y circunstancias. Esto, que es casi una constante que acompaña a la humanidad desde sus principios, últimamente es cada vez más evidente. La medicina y la política comparten también su especial atracción para charlatanes, curanderos y estafadores de todo pelaje, para aquellos que prometen la sanación sin esfuerzo, para aquellos que venden humo aprovechándose, en demasiadas ocasiones, de la buena voluntad e ignorancia de las personas.

En las últimas semanas, dos hechos están revolucionando la vida política española. Primero, la victoria en Grecia de un partido político populista, con planteamientos cercanos a los de pasados regímenes comunistas, que ha vencido pregonando, y regalando a todo aquel que se acercara a escucharlos, ilusión. Ilusión en una nueva forma de hacer las cosas, ilusión en buscar un culpable de sus males que no sea el propio pueblo griego y sus dirigentes, que tenga nombre extranjero y faz de hierro, que justifique toda ceguera en ver la realidad. Ilusión en que cualquier situación puede arreglársela, por mal que este, sin necesidad de ningún sacrificio ni esfuerzo personal, tan sólo con exigir que se arregle. Ilusión en que hay maneras «no oficialistas» de afrontar los problemas pero que son rechazadas por la minoría explotadora que se cree en posición de la única verdad para hacer las cosas, que no quiere que «el Pueblo» levanté la cabeza, y que busca tenerlo siempre sojuzgado. Ilusión, tan sólo. Y eso han comprado los griegos. Y, desgraciadamente, lo mismo esta sucediendo en España, donde un partido político que comparte ideología, principios y populismo con sus homólogos griegos pretende, y lo esta logrando, convertirse en la opción preferente de los españoles para las próximas elecciones. Y lo esta haciendo vendiendo tan sólo una ilusión sin propuestas reales pero asegurando que no son necesarios sacrificios para curarse, que la culpa es sólo de «la casta»,… Vendiendo una ilusión, vendiendo humo… ¿Comprarán también los pacientes españoles este nuevo bálsamo de Fierabrás?

«Nada hay más terrible que una ignorancia activa»

Johann Wolfgang von Goethe, poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán, (1749-1832) 

Colapso en Urgencias: la lucha contra la mediocridad…

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El blog de @BeatrizSatu Blogueando que Son Dos Días publica hoy una magnífica entrada sobre la situación de los médicos que desarrollan su labor en los Servicios de Urgencia hospitalarios, y como las condiciones a las que están sometidos, zarandeados y maltratados desde todos lados, ponen en cuestión las convicciones  más fuertes de aquellos que han elegido ese camino. Es realmente desazonador leer como profesionales que han dedicado su esfuerzo, estudio y saber a la atención de las Urgencias y Emergencias sienten la tentación, y lo descrito en el blog no es una excepción, de dejarlo todo y abandonar ante la imposibilidad de llevar a cabo su trabajo con dignidad. Quienes vivimos de cerca el mundo de la Urgencia hospitalaria sabemos muy bien a que se refiere…

Más allá de la situación individual de cada uno de los médicos que trabajan en la Urgencia de cualquier hospital, y más allá de las puntuales situaciones estacionales y epidemiológicas que aumenten o disminuyan la presión asistencial a la que están continuamente sometidos todos estos profesionales, la actual situación de colapso en la mayoría de Servicios de Urgencia hospitalarios debería motivar alguna reflexión. Esta misma semana, se ha conocido el informe de la Defensora del Pueblo sobre la realidad de los servicios de urgencias y el impacto de su funcionamiento sobre los ciudadanos. El estudio, que analiza la situación de la Urgencia hospitalaria en España, considera necesario que se introduzcan cambios en la organización y gestión de los servicios para resolver los problemas de presión asistencial y de saturación. Además, reclaman que se cree una especialidad médica de urgencias y emergencias y recuerdan que la insuficiente dotación de plantillas titulares en muchos centros provoca que los médicos internos residentes asuman un grado excesivo de responsabilidad. Desgraciadamente, este informe tan solo refleja la situación en este momento concreto sin ahondar, ni mínimamente, en las causas que han conducido al actual deterioro. La situación del Urgencia hospitalaria tan solo es el reflejo del fracaso de un sistema construido sobre la mediocridad, que es seña en nuestra maltrecha Sanidad Pública:

  • Mediocridad  de los encargados de su gestión y organización, quienes son incapaces de adelantarse a los conocidos, y hasta cierto punto previsibles, aumentos puntuales en la demanda, y van siempre a rebufo de los acontecimientos, cuando no son claramente sobrepasados por ellos.
  • Mediocridad de sus directivos que, haciendo gala de su condición, han despreciado a profesionales con conocimientos y méritos acreditados para rodearse de una absoluta falta de talento que ni les hiciera sombra ni pusiera en evidencia su completa prescindibilidad.
  • Mediocridad en la gestión de la Atención Primaria, fracasando en el intento de hacerla centro del Sistema Nacional de Salud apelando al manido y maniqueo concepto de “acabar con el hospitalocentrismo del sistema y colocar al paciente en su centro”, y ni desplazamiento ni colocación del paciente ni capacidad de asumir estos retos. Haber logrado convertir la Urgencia en una suerte de consulta rápida y completa de salud no es, precisamente, acabar con el “hospitalocentrismo” sino, más bien, todo lo contrario…
  • Mediocridad de todos los que, pese a comprobar cada día que pasa el caos en que han sumido a las Urgencias, son incapaces de cualquier autocrítica y, mucho menos, de asumir su responsabilidad.
  • Mediocridad de aquellos que han convertido la atención en Urgencias, por comodidad o egoísmo, en un sustitutivo de su médico de cabera, de todos aquellos que regulan el horario de su asistencia a los servicios de Urgencia en función de acontecimientos deportivos o culturales…
  • Mediocridad de los (ir)responsables políticos, de todo color, que son capaces de sostener medidas sensatas de control como el copago cuando redactan documentos y que, sin embargo, lo niegan públicamente por un bastardo cálculo político. Ejemplos como el del diputado Freire y sus 166 propuestas de regeneración de la Sanidad Pública con AES o del renombrado ex-consejero Bengoa y “su” Informe Abril son claros ejemplos de la hipocresía imperante.
  • Mediocridad de todas aquellas sociedades científicas (SEMFyC, SEMI, SEMERGEN, SEMICYUC,…) que, guiándose sólo por su particular interés, se han opuesto siempre a la creación de una verdadera especialidad de Medicina de Urgencias y Emergencias, y prefieren la actual situación de caos y descontrol antes que ceder un ápice de lo que suponen “su capacidad de influencia”.

Pero muy por encima de todos ellos están las heroínas, y los héroes, como los descritos por @BeatrizSatu, que cada día dan lo mejor de sí mismas, inasequibles al desaliento y a la tentación constante de dar un portazo a toda esta mediocridad. Están todos esos médicos, a los que debemos agradecimiento eterno, que se resisten a dejarse vencer por esta recua de interesados y que, aunque juran cada vez que abandonan la Urgencia que no van a volver, al día siguiente están de nuevo dispuestos a recomenzar y dar lo mejor de sí mismos por algo en lo que, a diferencia de otros, verdaderamente creen.

«Conoces lo que tu vocación pesa en ti. Y si la traicionas, es a ti a quien desfiguras; pero sabes que tu verdad se hará lentamente, porque es nacimiento de árbol y no hallazgo de una fórmula»

Antoine De Saint Exupery, escritor y aviador francés (1900-1944)

 

Gestión Pública: ¿el comunismo del siglo XXI…?

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En los albores del siglo XX, el comunismo era la ideología nueva, fresca, rompedora, que prometía solucionar, de una vez y para siempre, todos los agravios pasados, presentes y futuros que se cometieran sobre el pueblo. Las ideas que Karl Marx y Friedrich Engels habían expresado a mediados del siglo XIX en su célebre Manifiesto del Partido Comunista atrajeron innumerables seguidores. Tantos que hasta alguien tan alejado de los postulados marxistas como Winston Churchill sostenía que “…quien no era comunista a los 20 años no tenía corazón…” (aunque después la continuaba con “…pero quien es comunista después de los 40 es que no tiene cerebro…”). En una época de gran inestabilidad geográfica y política, repleta de revueltas que permitían asistir al nacimiento de nuevos estados (y a la refundación de muchos de los viejos), estas ideas prendieron con exagerada virulencia. En numerosos países se implantaron, a lo largo de los dos primeros tercios del siglo XX, distintos regímenes que, al menos en origen, presumían de una base comunista. Ejemplos como los de la Unión Soviética y sus satélites o Albania en Europa; China, Vietnam, Camboya o Corea del Norte en Asia; Cuba, Nicaragua o, más recientemente, Venezuela en Hispanoamérica; Angola, Mozambique, Etiopía o Benín en África, representan la materialización en el poder de todas las variopintas ideologías que se cobijan bajo el paraguas del comunismo. No es necesario recordar como terminaron muchos de ellos después, eso sí, de dejar un reguero de muerte y devastación a su espalda.

Y aún así, el comunismo continúa siendo una bandera que muchos defienden y que, de tanto en tanto, se enarbola como modelo utópico de sociedad ideal a la que todos debemos aspirar. Y cuando sus enfebrecidos defensores son puestos ante la realidad de la historia, de las secuelas dejadas por aquellos a los que idolatran, de la pobreza y miseria que subyacen parapetadas tras la barrera defensora de la “lucha de clases”, la respuesta es, tozudamente, la misma: “…es una buena ideología pero que se ha aplicado mal…”. Se ha aplicado mal en todas partes donde lo ha hecho, en muy distintos países, de muy distintas culturas, con muy distintos líderes y en muy distintas condiciones sociales y políticas. Y, pese a ello, “se ha aplicado mal”… Ni autocrítica, ni reconocer los daños causados, ni renunciar a su imposición. Sólo, “se ha aplicado mal”, lo que implica una obstinada intención de seguir reclamándolo por todos los medios, en la obcecada esperanza de que alguna vez llegue alguien que «lo aplique bien»

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Pues algo similar a lo sufrido con el comunismo sucede, en los albores del siglo XXI, con la no menos sacrosanta Gestión Pública. Una gestión pública que, al menos en España, allá donde se ha aplicado se ha caracterizado por su devastadora ineficiencia, por su esclerosante burocratización, por su indomeñable corrupción. La gestión pública (política) de la banca, de los Medios de Comunicación, de la Universidad o de la Sanidad son buena muestra de la ineficacia de un sistema podrido y agotado, y de la necesidad imperiosa de cambiarlo. Pero, aún con todos estos ejemplos, y los que día si y día también conocemos, todavía hay muchos que siguen no sólo defendiendo sino también exigiendo su aplicación en todos los ámbitos. Continuamente asistimos a las autodenominadas “mareas”, de todos los colores, que claman por mantener a toda costa una estructura obsoleta y carcomida desde dentro. Y no son pocas las voces que, ante las evidencias de ineficiencia que justifican de sobra un cambio necesario, persisten en repetir la manida cantinela de que “es un sistema ideal de gestión pero es que se ha aplicado mal…”. La misma tozudez y cerrazón que caracterizaba a los nostálgicos del comunismo es ahora patrimonio de estos defensores de la Gestión Pública. Siguen reclamando la pervivencia de un sistema donde la autocrítica, la asunción de responsabilidades o la valoración de los méritos individuales brilla por su ausencia. Un sistema tremendamente politizado, donde priman intereses pseudoideologizados sobre el trabajo bien hecho, donde nadie es responsable de su deterioro, tan solo lo es un ente abstracto conocido como “Administración” pero del que ninguno de los reclamantes forma jamás parte, donde la mediocridad, el nepotismo y las corruptelas varias se enseñorean,en mayor o menor medida,en todos los ámbitos donde la Gestión Pública es ley. La respuesta es, siempre, la misma: “…el concepto es bueno, sólo se ha aplicado mal…”

Se ha aplicado mal en las Cajas de Ahorro, esquilmadas por las gestión pública de dirigentes colocados allí por su ideología como único mérito; se ha aplicado mal en la Universidad pública, mangoneada en lugar de dirigida por fanáticos ideologizados que ven en las aulas, antes que la cuna del saber y la evolución, un caldo de cultivo idóneo para alimentar sus propios delirios y ambiciones, y donde cualquiera que no comulgue con la ideología reinante tiene comprometido su desarrollo profesional, por brillante que sea su trabajo; se ha aplicado mal en las Televisiones y demás Medios de Comunicación públicos, donde la información está siempre tamizada por el sesgo ideológico del que manda; se ha aplicado mal en la Sanidad Pública, donde priman los “derechos adquiridos” de una casta privilegiada sobre el esfuerzo y méritos de los comunes, donde las “bolsas de ineficiencia” afloran a poco que uno rasque levemente la superficie, donde cualquier autocrítica de sus responsables es una mera entelequia… Se ha aplicado mal…

Y, por último, además de la repetida justificación sobre los errores en su aplicación y desarrollo, comunismo y gestión pública comparten más aspectos rechazables. Ambas, comunismo y la gestión pública (política) en España, tienen en común su gusto por anular el esfuerzo individual para anteponer los intereses de una casta, muchas veces mediocre, a los méritos de quienes no pertenecen a la misma y, sobre todo, su inmensa capacidad de conducir a la desmotivación y al abandono, antes o después, a cualquiera que no comulgue con la doctrina imperante.

En definitiva, y salvando todas las diferencias existentes entre comunismo y Gestión Pública en un país democrático, lo cierto es que ambas comparten la obstinación en su propia mediocridad, la autocomplacencia sin asomo de autocrítica ni asunción de responsabilidades y una preocupante cortedad de miras que le impulsa a seguir reclamando su imposición cueste lo que cueste y caiga quien caiga. ¿No sería más honrado reconocer que, al menos para España, no es el mejor sistema de gestión?

“Un burócrata es el más despreciable de los hombres, aunque es necesario tal como los buitres son necesarios, pero muy extrañamente alguien admira a los buitres, a los cuales los burócratas se parecen tanto. Todavía tengo que conocer a un burócrata que no sea reparón, lerdo, insensato, burlón o estúpido, un opresor o un ladrón, un portador de un poco de autoridad de la que se vanagloria como un niño se vanagloria de poseer un perro fiero. ¿Quién puede fiarse de criaturas así?”
Marco Tulio Cicerón, Senador y Cónsul romano (106-43 A.C.)

Top 15 de la Oncología Radioterápica en España en 2014

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El final de un año, y el comienzo de otro, suele ser el tradicional momento aprovechado para hacer balance de lo acaecido en los 12 meses precedentes con respecto a los más variopintos temas. Y, como sucede en otros ámbitos, también es un buen momento para repasar que ha aportaciones ha hecho la Oncología Radioterápica española al tratamiento del cáncer en el pasado año 2014, y para ser conscientes, a modo de foto fija, de que impacto tiene la investigación española en este campo.

Como en anteriores ocasiones, no es la intención de esta entrada (ni la de su autor) revisar todo tipo de publicaciones en revistas, libros o similares, ponencias y comunicaciones en cursos, jornadas, seminarios o reuniones, y tan sólo se pretende reflejar las aportaciones de los oncólogos radioterápicos españoles reflejadas en la literatura científica más reconocida. Por tanto, esta revisión se ha limitado a las publicaciones incluidas en una base de datos de reconocido prestigio como PubMed, y a las revistas incluidas en la misma. Además, esta opción permite hacer también una visión comparativa con los países de nuestro entornó.

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En este pasado 2014 los Oncólogos Radioterápicos españoles cuentan con un total de 85 referencias en PubMed entre artículos originales, artículos de revisión y cartas al editor. El listado completo puede pinchando sobre este enlace: PubMed_España_2014 Esta cifra supone un aumento considerable, prácticamente lo duplica, con respecto a las publicaciones del año 2013. Sin embargo, las razones de este aumento hay que buscarlas no sólo en el incremento neto en la producción científica, sino también en el número de publicaciones incluidas en PubMed, que también ha aumentado en 2014, añadiéndose algunas más orientadas a la práctica de la radioterapia.

Al igual que el pasado año, el número de publicaciones está próximo a la media europea, como puede verse en la figura. Sin embargo, continuamos muy lejos del nivel científico alcanzado por aquellos países a los que pretendemos asemejarnos. Las causas de esta enorme diferencia son fáciles de intuir. Tanto el conocido “Investigar en España es llorar”, que decía Don Santiago Ramón y Cajal, como el no menos nombrado “¡Que inventen [investiguen] ellos!” de Don Miguel de Unamuno siguen estando, desgraciadamente, en plena vigencia en España. La investigación, tanto básica como clínica, ha sido tradicionalmente despreciada en nuestro país, en el sistema público y también en la asistencia privada. Y de esos polvos, estos lodos. Y este es un pesado lastre que arrastramos desde hace ya demasiados años…

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En la misma línea que en 2013, el grueso de publicaciones se ha basado en los resultados de la investigación clínica (72%), aunque se ha producido una aumento considerable en los trabajos científicos centrados en la investigación básica radiobiológica y radiofísica (16%), que se aproxima a la quinta parte del total de la producción científica, lo que es un dato muy esperanzador para el futuro de la Oncología Radioterápica en España. Que cada vez haya un mayor interés en la investigación de las bases físicas y biológicas que regulan la respuesta tumoral a la radiación, en comprender como puede ser modulada, potenciada y regulada de manera consciente y de cuál es la razón molecular que subyace a su efectividad, es un paso de gigante para continuar aumentando la eficacia de la que es, tras la cirugía, la modalidad terapéutica que mayores éxitos consigue frente al cáncer. Y en cuanto a las áreas concretas que más interés han despertado en los oncólogos españoles a la hora de centrar sus investigaciones y publicar sus resultados, se han producido cambios con respecto a 2013, siendo este año el cáncer de próstata (24%) el que concita el mayor número de publicaciones seguido de los tumores del tracto gastrointestinal (16%) y de los cánceres de cabeza y cuello y cerebrales (9%, respectivamente).

Las siguientes 15 publicaciones son las que, a mi juicio, mayor impacto han tenido este 2014. Obviamente, es una apreciación subjetiva y alguien podrá echar en falta algún artículo concreto o cuestionar la gradación establecida, pero la mayoría de los artículos mencionados merecen estarlo y son un fiel reflejo de la actividad científica de la Oncología Radioterápica en España.

  1. de la Cruz-Merino L, Illescas-Vacas A, Grueso-López A, Barco-Sánchez A, Míguez-Sánchez C; Cancer Immunotherapies Spanish Group (GETICA). Radiation for Awakening the Dormant Immune System, a Promising Challenge to be Explored. Front Immunol. 2014 Mar 14;5:102. doi: 10.3389/fimmu.2014.00102.
    En un año en el que los avances en el conocimiento y utilización de la inmunoterapia como uno de los principales mecanismos para frenar al cáncer ha sido considerado por la revista Science como el “gran avance científico del año”, no deberíamos obviar la enorme y estrecha relación existente entre radioterapia e inmunoterapia. Cuanto mayor es el conocimiento de ambas, mayor es la evidencia que apoya el papel determinante y fundamental que la relación establecida entre la radiación y el sistema inmune tiene para explicar la efectividad de la radioterapia contra el cáncer. La posibilidad de aprovechar los fenómenos de radiopotenciación de la respuesta inmune son expuestos con absoluta claridad por los autores de este imprescindible artículo que es, a mi juicio y sin ninguna duda, el mejor artículo publicado por oncólogos radioterápicos españoles en 2014.
  2. Fachal L, Gómez-Caamaño A, Barnett GC, Peleteiro P, Carballo AM, Calvo-Crespo P, Kerns SL, Sánchez-García M, Lobato-Busto R, Dorling L, Elliott RM, Dearnaley DP, Sydes MR, Hall E, Burnet NG, Carracedo Á, Rosenstein BS, West CM, Dunning AM, Vega A. A three-stage genome-wide association study identifies a susceptibility locus for late radiotherapy toxicity at 2q24.1. Nat Genet. 2014 Aug;46(8):891-4. doi: 10.1038/ng.3020.
    Este artículo recoge los resultados de los trabajos liderados por el grupo del Instituto de Investigaciones Sanitarias de Santiago y la Fundación Pública Galega de Xenómica y realizado en estrecha colaboración con investigadores del Servicio de Oncología Radioterápica del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) llevados a cabo en más de 700 pacientes diagnosticados de cáncer de próstata. Los investigadores han identificado una variante genética del gen TANC1, localizada en el cromosoma 2, que se asociaría con un  riesgo hasta 6 veces superior de experimentar toxicidad tardía por la radioterapia. Estos resultados se han confirmado en estudios realizados sobre más de 1000 pacientes del Reino Unido y los EE.UU. Un simple análisis de sangre permitiría detectar estas variantes con antelación al tratamiento y su conocimiento, junto al resto de factores clínicos del paciente y patológicos del tumor, permitiría una personalización mucho mayor de la radioterapia necesaria.
  3. Macias VA, Blanco ML, Barrera I, Garcia R. A Phase II Study of Stereotactic Body Radiation Therapy for Low-Intermediate-High-Risk Prostate Cancer Using Helical Tomotherapy: Dose-Volumetric Parameters Predicting Early Toxicity. Front Oncol. 2014 Nov 26;4:336. doi: 10.3389/fonc.2014.00336.
    Uno de los aspectos que más impactan en la calidad de vida de los pacientes durante la radioterapia es la duración de los tratamientos que, en ocasiones, supera las 8 semanas con periodicidad diaria de lunes a viernes, convirtiendo los mismos en un auténtico tour de force para algunos pacientes. Por ello, cualquier iniciativa tendente a disminuir la duración de la radioterapia debe de ser recibida con interés. Al igual que ha sucedido en el cáncer de mama, donde actualmente los esquemas hipofraccionados de tratamiento en 3 semanas se van imponiendo como el nuevo estándar frente a los tradicionales esquemas de 6-7 semanas, el otro cáncer más prevalente en los servicios de Oncología Radioterápica como es el cáncer de próstata sigue un camino paralelo. Los autores de este trabajo exploran la posibilidad de realizar una radioterapia curativa en tan solo 8 sesiones a días alternos frente a las 36-38 sesiones habituales. Los resultados observados, empleando técnica de tomoterapia, demuestran una excelente tolerancia al tratamiento con un mínimo perfil de efectos secundarios. Probablemente, este tipo de esquemas sea, a corto-medio plazo, una alternativa estándar para el tratamiento del cáncer de próstata localizado.
  4. Morganti AG, Falconi M, van Stiphout RG, Mattiucci GC, Alfieri S, Calvo FA, Dubois JB, Fastner G, Herman JM, Maidment BW 3rd, Miller RC, Regine WF, Reni M,Sharma NK, Ippolito E, Valentini V. Multi-institutional Pooled Analysis on Adjuvant Chemoradiation in Pancreatic Cancer. Int J Radiat Oncol Biol Phys. 2014 Nov 15;90(4):911-7. doi: 10.1016/j.ijrobp.2014.07.024.
    El pronóstico del cáncer de páncreas está estrechamente ligado a la posibilidad de realizar una adecuada cirugía oncológica, aunque muchos pacientes precisarán de tratamiento adyuvante tras la cirugía. Este trabajo recoge los resultados de un análisis conjunto de la experiencia de distintos centros europeos y estadounidenses en el tratamiento adyuvante del cáncer de páncreas y permite extraer muy interesantes conclusiones. Se han analizado de manera retrospectiva casi 1000 pacientes con adenocarcinoma de páncreas tratados inicialmente con cirugía y se han comparado los resultados en control y supervivencia en función del tipo de adyuvancia recibida, bien fuera quimioterapia exclusiva, bien radioquimioterapia concomitante. Los resultados demuestran que la supervivencia global es significativamente mayor en aquellos pacientes tratados con radioquimioterapia frente a los que sólo recibieron quimioterapia, y que el tratamiento concurrente debiera ser considerado estándar en estos pacientes.
  5. Boladeras A, Santorsa L, Gutierrez C, Martinez E, Pera J, Pino F, Suarez JF, Ferrer F, Díaz A, Polo A, Guedea F. External beam radiotherapy plus single-fraction high dose rate brachytherapy in the treatment of locally advanced prostate cancer. Radiother Oncol. 2014 Aug;112(2):227-32. doi: 10.1016/j.radonc.2014.07.013.
    Este artículo recoge la experiencia de más de 10 años de un único centro en el tratamiento de pacientes con cáncer de próstata de riesgo intermedio y alto mediante la combinación de radioterapia externa y braquiterapia HDR. Con cerca de 400 pacientes incluidos, y una mediana de seguimiento superior a los 50 meses, los autores mantienen que la combinación de radioterapia externa y una fracción de braquiterapia HDR ofrece buenos resultados en toxicidad y control bioquímico de la enfermedad, además de reducir la carga de trabajo del médico, los gastos relacionados con el tratamiento , el malestar del paciente y los riesgos asociados con la anestesia.
  6. Arenas M, Sabater S, Gascón M, Henríquez I, Bueno M, Rius A, Rovirosa A, Gómez D, Lafuerza A, Biete A, Colomer J. Quality assurance in radiotherapy: analysis of the causes of not starting or early radiotherapy withdrawal. Radiat Oncol. 2014 Dec 4;9(1):260.
    Los autores analizan en este estudio el porcentaje de pacientes que, pese a estar planificado, no inician la radioterapia o bien la suspenden antes de su finalización, así como las causas `para ello. Como resultado de su estudio observaron que el número de pacientes que no completaban la radioterapia prevista era bajo (menos de un 4% del total de pacientes atendidos), lo cual demuestra, a juicio de los autores, una adecuada selección de los pacientes y las indicaciones de los tratamientos. La causa más frecuente para la interrupción definitiva del tratamiento fue la progresión clínica, mientras que entre aquellos pacientes que suspendieron la radioterapia debido a la toxicidad de la misma, la administración de manera concomitante de quimioterapia en tumores rectales fue la causa más frecuente.
  7. Moreno A, Albiach C, Soria R, Vidal V, Gómez R, Antequera M. Oligometastases in prostate cancer: restaging stage IV cancers and new radiotherapy options. Radiat Oncol. 2014 Dec 11;9(1):258.
    Los autores de este recomendable trabajo inciden en un aspecto que cada día cobra mayor trascendencia. Y es que cada vez es más evidente que que la enfermedad metastásica no es un conjunto uniforme y que, dentro de la misma, pueden establecerse diferentes subgrupos (oligometastásica, polimetastásica, oligorrecurrebncial con metástasis,…) que van más allá de la mera distinción académica y que, antes bien, nos obligan a replantear las estrategias terapéuticas ante la misma. Los autores diseccionan, de manera elegante y concisa, las diferencias existentes en la presentación de la enfermedad metastásica en el cáncer de próstata, sus aproximaciones diagnósticas y la posibilidad de plantear en determinados subgrupos de pacientes tratamientos más agresivos con intención claramente curativa.
  8. Mestre F, Gutiérrez A, Rodriguez J, Ramos R, Garcia JF, Martinez-Serra J, Casasus M, Nicolau C, Bento L, Herraez I, Lopez-Perezagua P, Daumal J, Besalduch J. Radiation Therapy Overcomes Adverse Prognostic Role of Cyclooxygenase-2 Expression on Reed-Sternberg Cells in Early Hodgkin Lymphoma. Int J Radiat Oncol Biol Phys. 2014 Dec 2. pii: S0360-3016(14)04202-3. Doi: 10.1016/j.ijrobp.2014.10.004.
    La ciclooxigenasa (COX), una enzima clave en la ruta biosintética de prostaglandinas y otros prostanóides , ha recibido considerable atención debido a su papel en cánceres humanos . Las dos enzimas , COX- 1 y COX- 2 , median la producción de prostaglandinas y tromboxanos a partir del ácido araquidónico., pero mientras que COX- 1 se expresa constitutivamente, COX- 2 se sobreexpresa en muchos tipos de tumores y se ha relacionado con una mayor tendencia a promover el mantenimiento y progresión tumoral , la diseminación metastásica e, incluso, participar en la carcinogénesis. La sobreexpresión de COX-2 en distintos tumores (mama, gliomas, colon, renales,…) confiere peor pronóstico al asociarse con una mayor agresividad tumoral. Los autores de este estudio han analizado la influencia que la sobreexpresión de la encima COX-2 por parte de las células de Reed-Stenberg, propias del linfoma de Hodgkin. Como era de esperar, la sobreexpresión de COX-2 se asocia con tumores más agresivos y con peor pronóstico en términos de supervivencia libre de progresión. Lo original de este estudio es que los autores han sido capaces de demostrar que la administración de radioterapia compensa en gran medida el mal pronóstico de los pacientes con sobreexpresión de COX-2 que alcanzan tasas de SLE similares a aquellos que no sobreexpresaban la encima, de manera independiente a la administración de quimioterapia. La conclusión que puede extraerse de este trabajo, realizado en un grupo amplio de 145 pacientes, es que la radioterapia en el linfoma de Hodgkin, que había caído en desuso en las últimas décadas por la pujanza de los esquemas de quimioterapia más agresivos, continúa siendo necesaria, al menos en algunos subgrupos de pacientes con linfoma de Hodgkin.
  9. Calvo FA, Sole CV, Polo A, Cambeiro M, Montero A, Alvarez A, Cuervo M, Julian MS, Martinez-Monge R. Limb-sparing management with surgical resection, external-beam and intraoperative electron-beam radiation therapy boost for patients with primary soft tissue sarcoma of the extremity: a multicentric pooled analysis of long-term outcomes. Strahlenther Onkol. 2014 Oct;190(10):891-8. doi: 10.1007/s00066-014-0640-2. Calvo FA, Sole CV, Cambeiro M, Montero A, Polo A, Gonzalez C, Cuervo M, San Julian M, Garcia-Sabrido JL, Martinez-Monge R. Prognostic value of external beam radiation therapy in patients treated with surgical resection and intraoperative electron beam radiation therapy for locally recurrent soft tissue sarcoma: a multicentric long-term outcome analysis. Int J Radiat Oncol Biol Phys. 2014 Jan 1;88(1):143-50. doi: 10.1016/j.ijrobp.2013.10.021. Sole CV, Calvo FA, Cambeiro M, Polo A, Montero A, Hernanz R, Gonzalez C, Cuervo M, Perez D, Julian MS, Martinez-Monge R. Intraoperative radiotherapy-containing multidisciplinary management of trunk-wall soft-tissue sarcomas. Clin Transl Oncol. 2014 Sep;16(9):834-42. doi:10.1007/s12094-014-1157-y. Sole CV, Calvo FA, Polo A, Cambeiro M, Alvarez A, Gonzalez C, Gonzalez J, San Julian M, Martinez-Monge R. Anticipated intraoperative electron beam boost, external beam radiation therapy, and limb-sparing surgical resection for patients with pediatric soft-tissue sarcomas of the extremity: a multicentric pooled analysis of long-term outcomes. Int J Radiat Oncol Biol Phys. 2014 Sep 1;90(1):172-80. doi: 10.1016/j.ijrobp.2014.05.026.
    La radioterapia intraoperatoria ha sido en 2014, pese a su escasa implantación en los centros españoles, uno de los aspectos que mayor número de publicaciones ha generado, hasta un total de 10 publicaciones. Estos 4 estudios reflejan los resultados de la cooperación de 3 Servicios de Oncología Radioterápica de 3 grandes hospitales españoles. El esfuerzo conjunto de los autores ha dado pie a una fértil línea de publicaciones centradas en el empleo de la radioterapia intraoperatoria como parte del abordaje multidisciplinar de los sarcomas de partes blandas. El tamaño de la serie publicada, el mayor de Europa, concede robustez a los datos aportados por los autores, que evidencian la eficacia de la administración intraoperatoria de estos tumores y apuntan aspectos a considerar en la práctica futura como es la estrecha relación entre dosis y respuesta existente en los sarcomas de partes blandas.
  10. Foro P, Algara M, Lozano J, Rodriguez N, Sanz X, Torres E, Carles J, Reig A, Membrive I, Quera J, Fernandez-Velilla E, Pera O, Lacruz M, Bellosillo B. Relationship between radiation-induced apoptosis of T lymphocytes and chronic toxicity in patients with prostate cancer treated by radiation therapy: a prospective study. Int J Radiat Oncol Biol Phys. 2014 Apr 1;88(5):1057-63. doi: 10.1016/j.ijrobp.2014.01.002.
    La búsqueda de una manera sencilla, a la vez que precisa, de estimar el riesgo de toxicidad de un tratamiento con radioterapia se ha parecido, casi desde los orígenes de la radioterapia, en algo similar en muchas ocasiones a la búsqueda del Santo Grial. Sin embargo, cada vez estamos más cerca de alcanzar esta meta. En este trabajo, los autores estudian, en una población de 214 pacientes con cáncer de próstata, la posibilidad de utilizar la tasa de apoptosis inducida por la radiación en las poblaciones de linfocitos T circulantes CD4 y CD8 como marcadores predictivos de toxicidad en tratamientos de cáncer de próstata. Los autores observaron que la probabilidad de presentar complicaciones genitourinarias tardías se relacionaba de manera inversamente proporcional con la tasa observada de apoptosis de linfocitos T CD4 irradiados in vitro con anterioridad al tratamiento, concluyendo que esta medición pude ser un buen test predictivo de toxicidad. Adicionalmente, también observaron una relación entre la supervivencia global y la tasa de apoptosis de los linfocitos CD8, aunque se precisan estudios más amplios para confirmar este punto.
  11. Bosset JF, Calais G, Mineur L, Maingon P, Stojanovic-Rundic S, Bensadoun RJ, Bardet E, Beny A, Ollier JC, Bolla M, Marchal D, Van Laethem JL, Klein V, Giralt J, Clavère P, Glanzmann C, Cellier P, Collette L; EORTC Radiation Oncology Group. Fluorouracil-based adjuvant chemotherapy after preoperative chemoradiotherapy in rectal cancer: long-term results of the EORTC 22921 randomised study. Lancet Oncol. 2014 Feb;15(2):184-90. doi: 10.1016/S1470-2045(13)70599-0.
    Los resultados a largo plazo, más de 10 años de mediana de seguimiento, del gran estudio multicéntrico y multinacional de EORTC que incluyó más de 1000 pacientes con cáncer de recto tratados con radioterapia preoperatoria (con o sin quimioterapia), seguido de cirugía con o sin quimioterapia adyuvante. Aunque los primeros resultados publicados, a los 5 años, evidenciaron una mejora de los resultados al añadir quimioterapia basada en 5-fluoracilo a la radioterapia y la cirugía, los resultados ahora presentados demuestran que el papel de la quimioterapia se circunscribe, exclusivamente, a la situación preoperatoria, en combinación con la radioterapia, y que su eficacia es nula cuando se administra de manera postoperatoria. A la vista de los resultados, los autores sostienen que no hay papel actualmente para la quimioterapia adyuvante en el cáncer de recto y que los esfuerzos deben ir dirigidos a buscar nuevos esquemas preoperatorios. En pocas palabras, lo que evidencia este gran estudio es el papel radiopotenciador de la quimioterapia, como sucede en los tumores de cabeza y cuello o cérvix uterino, antes que una eficacia por sí misma.
  12. Hernando-Requejo O, López M, Cubillo A, Rodriguez A, Ciervide R, Valero J, Sánchez E, Garcia-Aranda M, Rodriguez J, Potdevin G, Rubio C. Complete pathological responses in locally advanced rectal cancer after preoperative IMRT and integrated-boost chemoradiation. Strahlenther Onkol. 2014 Jun;190(6):515-20. doi: 10.1007/s00066-014-0650-0.
    El interés de este estudio radica en la original concepción del esquema de radioterapia incluyendo la sobredosificación concomitante del volumen tumoral al mismo tiempo que se irradian las cadenas ganglionares pélvicas que pudieran albergar enfermedad tumoral microscópica. La administración concomitante de una sobredosificación del tumor tiene varias ventajas teóricas: por un lado, acorta el tiempo total de tratamiento, favoreciendo el cumplimiento del mismo, mientras que por otra parte, aportaría ventajas radiobiológicas sobre el tumor. Los autores evidenciaron unas tasas elevadas de respuesta patológica completa en la cirugía realizada a las 6-8 semanas de finalizar el tratamiento, favoreciendo así mismo una cirugía con márgenes libres en la mayoría de casos. La presencia de una respuesta patológica completa se ha relacionado con un mejor intervalo libre de enfermedad.
  13. Zapatero A, Morente M, Nieto S, Martín de Vidales C, Lopez C, Adrados M, Arellano R, Artiga MJ, Garcia-Vicente F, Herranz LM, Leaman O. Predictive value of PAK6 and PSMB4 expression in patients with localized prostate cancer treated with dose-escalation radiation therapy and androgen deprivation therapy. Urol Oncol. 2014 Nov;32(8):1327-32. doi: 10.1016/j.urolonc.2014.05.004.
    En este trabajo se analizó la expresión de los nuevos marcadores P21 -activated proteína quinasa 6 ( PAK6 ) y proteasoma beta- 4 subunidad ( PSMB4 ) en hombres con cáncer de próstata localizado que fueron tratados con radioterapia y bloque hormonal . Los autores observaron sobreexpresión de PSMB4 en el 96.7% de las biopsias prostáticas, siendo la intensidad de la expresión un factor de riesgo independiente predictor de recidiva local (hazard ratio = 8.6, P = 0.04). A la vista de estos hallazgos, el aumento de expresión de estos genes podría ser utilizado para identificar pacientes con un alto riesgo de desarrollar una recaída local, permitiendo así una mejor individualización de los tratamientos
  14. Tovar I, Expósito J, Jaén J, Alonso E, Martínez M, Guerrero R, Arrebola JP, Del Moral R. Pattern of use of radiotherapy for lung cancer: a descriptive study. BMC Cancer. 2014 Sep 23;14:697. doi: 10.1186/1471-2407-14-697.
    Más allá de evidenciar la práctica de la radioterapia en un cáncer de alta prevalencia como es el cáncer de pulmón durante el año 2007, en una región determinada de España, como Andalucía, lo verdaderamente significativo de este estudio son las diferencias existentes dentro de la propia Andalucía en cuanto al tratamiento del cáncer de pulmón (rango, 8,5-25,6 %; p <0,001), así como la correlación directa que se observa entre el empleo de radioterapia y la disponibilidad de recursos, técnicos y humanos. Estudios como este deberían hacer a los responsables políticos replantearse si están haciendo bien su trabajo de planificación y organización de los recursos disponibles. Aunque, probablemente, no lo harán… 
  15. Cacicedo J, Navarro A, Alongi F, Gómez de Iturriaga A, Del Hoyo O, Boveda E, Casquero F, Perez JF, Bilbao P. The role of re-irradiation of secondary and recurrent head and neck carcinomas. Is it a potentially curative treatment? A practical approach. Cancer Treat Rev. 2014 Feb;40(1):178-89. Doi: 10.1016/j.ctrv.2013.08.002.
    La radioquimioterapia, entendida como la potenciación del efecto curativo de la radioterapia mediante la adicción de fármacos antineoplásicos, revolucionó el pronóstico del cáncer de cabeza y cuello localmente avanzado a finales del siglo pasado. Desde entonces, la radioquimioterapia es el tratamiento estándar desbancando incluso, en determinadas localizaciones, a la cirugía. Sin embargo, el aumento en supervivencia de los pacientes ha traído aparejado un aumento también de las recidivas tardías y de los segundos tumores en la misma área, planteando nuevos retos para su tratamiento. Aunque la cirugía sería el tratamiento de elección en estos pacientes, pocos son candidatos a un procedimiento muchas veces agresivo. La quimioterapia por sí sola, poco ha aportado en esta situación. Los autores hacen un excelente repaso sobre las posibilidades de la reirradiación, con o sin quimioterapia concomitante, analizando opciones, técnicas, posibilidades y resultados, haciendo de este artículo una lectura obligatoria para todos los involucrados en el tratamiento y seguimiento de pacientes con tumores de cabeza y cuello.

«En principio, la investigación necesita más cabezas que medios»
Severo Ochoa, Premio Nobel de Medicina y Fisiología (1905-1993)

El Lanzallamas: fogonazos y desvaríos en 2014…

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Cuando termina un año, siempre surge la pulsión de hacer un resumen del mismo desde cualquier punto de vista. Y el mundo de las redes sociales no es ajeno a ello. En los últimos días, es constante el bombardeo al que somete Facebook con los variopintos resúmenes del año de sus usuarios, y siempre bajo el epígrafe de «Este año ha sido fabuloso. Gracias por haber formado parte de él». Pero no, no todo es tan almibarado como lo representa Facebook, también el año ha sido pródigo en fracasos y decepciones ganadas, otra vez, por las oscuras fuerzas de la mediocridad imperante. Aunque, en medio de todo ello hay, al menos, un resquicio para la denuncia, para levantar el velo, para gritar a quien quiera oírlo que el Emperador está desnudo…

Y de eso va el resumen de El Lanzallamas

Sanidad Pública: los horrores (y errores) de una demencial forma de gestión:

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Este 2014 ha sido un año perdido para la Sanidad Pública (¡y van ya…!). Las esperanzas de cambio, de regeneración, de encontrar una salida de sacudirnos, de una vez y para siempre, la mediocridad que atenaza al sistema han quedado, otra vez, insatisfechas. Y eso que el año comenzó con buenas perspectivas: por fin, un conjunto de aparentes expertos interesados en la Sanidad Pública y englobados en la llamada Asociación de Economía de la Salud (AES), propuso un extenso documento con 164 medidas que, aunque pudieran ser discutibles, suponían un intento sensato y desprovisto (aparentemente) de contaminación ideológica de aportar diagnóstico y soluciones para nuestra Sanidad Pública. En la misma línea surgieron también las Tertulias Sanitarias, gracias al empuje e ilusión de Asun (@asunrosado) y Mónica (@Monicamox1). Todo parecía encaminarse, por fin, a iniciar un nuevo tiempo, un periodo de cambio y renovación que permitiera sacudirnos la mediocridad que, en muchas ocasiones, lastra nuestra Sanidad Pública. Sin embargo, muy poco, o prácticamente nada, se movió. Los buenos presagios de cambios se tornaron, más pronto que tarde, en la misma manida reafirmación de los tópicos que nos condujeron a donde estamos. Se continuó defendiendo una equidad del sistema tan abstracta como inexistente, negando la necesidad de una verdadera profesionalización de la gestión que impida que los más capacitados sean pasto de un sistema esclerosado y caduco. Y, por supuesto, sin asomo de la más mínima autocrítica ni de asunción alguna de responsabilidades. Con gran decepción comprobamos que muchos alabados paladines de la Sanidad Pública defendían con su firma en un papel lo que luego no se atrevían a mantener en su discurso (¿verdad, Freire?, ¿verdad, Bengoa?), cual sepulcros blanqueados. Nuestros dirigentes, incluso los más próximos, han seguido en muchos casos inamovibles en la defensa de su autoridad (que no en el de su respeto), prestándose a participar, una vez más sin oposición alguna, de los arteros manejos del Gobierno de la CAM del sin par Ignacio González, demostrando tanto su sumisión, como que no habían aprendido nada de la experiencia pasada.  Mientras, la precariedad laboral en la Sanidad Pública no deja de crecer, con cada vez mayor número de médicos con contratos eventuales. Y como curiosidad, en una reciente encuesta realizada por la OMC,  la segunda preocupación de los médicos eventuales, a corta distancia del comprensible interés en alcanzar una estabilidad laboral, es la falta de motivación y reconocimiento de las diferencias profesionales. Significativo…

Un ejemplo del divorcio existente entre la gestión pública de la Sanidad y la práctica clínica diaria ha sido la actitud ante los casos de infección por virus Ébola atendidos en nuestro país. Frente a la posición de los profesionales, que afrontaron la situación con los lógicos temores ante algo hasta el momento desconocido, pero resueltos a solucionarlo y anteponiendo la salud de sus pacientes sobre todo lo demás, contrasta la actitud de diferentes estamentos que, más que pensar, embisten tal y como como decía Machado, desde el ex-consejero de Sanidad (Dr. Rodríguez), pasando por políticos y opinadores varios, que lo han utilizado (todos) de manera nauseabunda y con despreciables intenciones hasta, desgraciadamente, una de las afectadas que, tras lograr superar la infección, ha declarado sin pudor alguno que, de haberlo sabido, habría antepuesto la salud de su perro a la atención a los enfermos… Y eso que de ejemplos de tergiversación de la realidad y manipulación de la sociedad ya tuvimos en Gamonal nuestra ración…

Claro que, muchas veces, el enemigo habita dentro del propio sistema, con sus descabelladas teorías conspiranoicas… Y cuando alguien osa poner estas incoherencias sobre la mesa, en seguida surgen las voces que, más alto aún, sostienen que “los trapos sucios se deben lavar en casa, y no a la vista de cualquiera”, sin darse cuenta de que, por mucho que algunos se nieguen a verlo, el Rey de la Sanidad Pública sigue estando desnudo. Y en lugar de apostar por una renovación amplia, por la llegada de aire fresco, por dar a quien tiene que liderar la sanidad del mañana, y del hoy, las capacidades para ello y allanarle, en la medida de lo posible, su llegada, se ha optado por defender con uñas y dientes la posición alcanzada. De acuerdo que las formas han sido despreciables (reflejo tan solo de la escoria política que nos gobierna), pero denunciar la aplicación de la ley que es igual para todos los trabajadores que establece la edad de jubilación obligatoria a los 65 años como un ataque a las esencias más sagradas del establishment médico en la Sanidad Pública es, como poco, un tanto exagerado. En una sociedad en la que hasta el Jefe del Estado entiende que llega un momento en el que hay que dar un paso a un lado y dejar que otros más preparados y con nuevas ideas y bríos tomen el relevo, la casta gerontocrática sanitaria se revuelve como gato panza arriba. Y es que, muchas veces, no sólo hay que cambiar la macrogestión para que cualquier cambio sea eficaz, sino que también es preciso renovar la microgestión para que los cambios tengan eficacia.

Desgraciadamente, y como hemos podido comprobar con espanto, el fracaso de la gestión pública no es privativa de la Sanidad, y otras entidades también gestionadas por el dictado político de turno, como las Cajas de Ahorro, se han visto arrastradas en la mediocridad e ineficacia que acompaña habitualmente en España a cualquier asunto en que nuestros corruptos políticos ponen sus manos. Es desalentador observar como entidades centenarias, como los Montes de Piedad, que han resistido el paso de gobiernos y regímenes de todo tipo y hasta guerras son devastadas y aniquiladas por la manera  de entender y practicar la gestión pública imperante en nuestro país. Y más insensatos seremos los médicos si no aprendemos hacia donde nos encaminamos defendiendo la gestión pública española…

Oncología y Radioterapia: luces (y alguna sombra) de 2014…:

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A principios de cada año se celebra el Día Mundial contra el Cáncer, momento que suele aprovecharse para recordar la importancia de mantener unos hábitos saludables para la prevención pero también, de los avances experimentados en las diferentes terapéuticas involucradas en el tratamiento del cáncer y que, aunque a más de uno le sorprenda, van más allá del empleo de fármacos frente a los tumores. No está de más, aprovechando esta efemérides, acabar con falsos mitos y recordar el papel preponderante que en el tratamiento del cáncer – de todos los cánceres – tienen, por este orden, la cirugía y la radioterapia a la hora de aumentar las opciones de curación de los pacientes. Y como la investigación básica en radioterapia en nuestro país, sin necesidad de grandes infraestructuras ni apoyo de grandes grupos financiadores privados, ha sido capaz en este 2014 de lograr importantes avances en la mejora de le eficacia de los tratamientos contra el cáncer.  Además, en esta época de crisis que atravesamos, el debate acerca de la relación coste-beneficio de muchos tratamientos está en auge. Ahora que se discute acerca de la financiación a cargo de los sistemas de salud de medicaciones de enorme costo, pero de indudable eficacia, como son los nuevos antivirales frente al virus de la hepatitis C, no sería descabellado plantear un análisis serio, sensato y alejado de todo apasionamiento partidista acerca de la eficacia real de algunos tratamientos oncológicos y el coste que los mismos suponen, aunque haya quien siga pensando que tan solo es dinero público y, total, “el dinero público no es de nadie”. Y, en esta misma línea de análisis coste-beneficio, ASTRO volvió a publicar este año 5 nuevas recomendaciones para un empleo más racional de la radioterapia frente al cáncer.

Pero, más allá de las miserias diarias que generan nuestros gestores y dirigentes,  El Lanzallamas se ha centrado este año en recordar, para algunos, o dar a conocer, para otros, que es la oncología radioterápica, de donde viene o a que y quienes debemos el conocimiento que hoy tenemos. Así, desde los primeros tiempos que sucedieron al descubrimiento de la radiactividad, y de todas las expectativas e ilusiones que se generaron y que convirtieron aquel periodo de entreguerras en una auténtica “Fiesta del Radium”, hasta los duros  momentos en los que, gracias al sacrificio de numerosas jóvenes, “Las Chicas del Radium”, conocimos los terribles efectos que el uso indiscriminado y sin control de la radiactividad podía desencadenar. Pero también, como la el espíritu innovador de muchos investigadores llevaron a convertir el descubrimiento del Radium, estableciendo la curieterapia (o braquiterapia, según gustos),  en una de las armas fundamentales en la lucha contra el cáncer, y de cómo la evolución en la curación de alguno de los tumores más frecuentes, como el cáncer de mama, va pareja e íntimamente unida a los avances de la radioterapia en los últimos 100 años, sin poder entenderse una sin la otra. Y del mismo modo en que se ha recordado el pasado, se ha apuntado el futuro de la radioterapia, y la esperanza que abre al tratamiento de enfermedades, actualmente incurables, como la temida Enfermedad de Alzheimer.  Además, y siguiendo con el intento de ahondar en la Historia de la radioterapia a la vez que en el papel de la radioterapia a lo largo de la Historia y en revelar algunos aspectos poco conocidos, se planteó la estrecha relación existente entre los efectos salutíferos de los balnearios y manantiales curativos, tanto en el Viejo como en el Nuevo Mundo, y una forma de primitiva radioterapia, que nos entronca directamente con el concepto de hormesis por radiación ya comentado en otras entradas de este blog.

Por otro lado, en el debe de la Oncología Radioterápica quedarán las dificultades, cada vez mayores, para intentar ofrecer una formación continuada de calidad. Pero ese es un pedrusco con demasiadas aristas…

Pero lo más importante del año viene a continuación…:

A pesar de todo, al final, lo único que realmente merece la pena recordar en un futuro de este año de El Lanzallamas serán tres hechos que han llenado, personal y profesionalmente, todos los aspectos. En primer lugar,  comprobar que, afortunadamente, siguen existiendo médicos que, tras una vida profesional plena dedicada a la Sanidad Pública en todos sus facetas (asistencial, docente e investigadora) saben darse cuenta de cuando llega el momento de dejar a los que vienen detrás asumir la responsabilidad que ya les toca, y tienen la enorme dignidad de, sin alharacas ni victimismos fingidos, dar un paso a un lado con la absoluta certeza de que han contribuido de manera decisiva a su formación y que su legado de sabiduría y profesionalidad continuará. Y yo he tenido la inmensa fortuna de conocer, al menos, a uno… Por otra parte, la enorme satisfacción que produce completar el desarrollo de una idea profesional de 3 oncólogos que, con más ilusión que medios, lograron ver realizado, desde su concepción inicial y pasando por todas las etapas de su avance y perfeccionamiento (y superando las dificultades e imprevistos que iban surgiendo), el fruto de todo el esfuerzo de tanta gente plasmado en nuestra aplicación iOncoR, la primera app móvil por y para oncólogos radioterápicos en español, y verla disponible para cualquiera tanto iTunes como en Google Play. ¡Ha merecido la pena! Y, por último, un año en el que afrontar un cambio de proyecto  con un objetivo claro: recuperar la ilusión y continuar avanzando y aprendiendo cada día. Probablemente, lo más sencillo de decir aunque lo más complicado de hacer. Pero también, lo más gratificante…

Gracias a todos los que movidos por la curiosidad, por el interés o por los avatares y circunstancias de la red, han visitado este 2014 El Lanzallamas. «Gracias» a los que con vuestro comportamiento dais pie a muchas de las entradas: vuestra mediocridad es nuestra inspiración… Pero sobre todo, gracias a todos los que haréis, con vuestro ejemplo y apoyo fiel, que El Lanzallamas siga ardiendo en 2015. ¡Vosotros sabéis quienes sois!

Curieterapia: Keep Calm And Curie On!

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Cualquier día como hoy, 21 de Diciembre, es seguro que se celebran infinidad de acontecimientos importantes, pero probablemente uno de los más trascendentes para el conjunto de la humanidad es un nuevo aniversario del descubrimiento del Radium. En 1896, el físico Henry Becquerel descubrió, al poner accidentalmente en contacto un compuesto de uranio con una placa fotográfica, que se producía el mismo efecto que si la placa estuviera en presencia de los rayos X recientemente descubiertos por Roentgen. A esta nueva propiedad de la materia se la denominó radiactividad. El matrimonio Curie, amigó de Becquerel, pronto se interesó en su descubrimiento y se propuso determinar cual era la sustancia origen de tal radiactividad. Poco a poco, fueron separando por procedimientos químicos los distintos componentes del mineral de pechblenda, hasta aislar e identificar primero el Polonio y posteriormente el Radium, cuyas radiaciones eran cientos de veces más intensas que las que emitía el uranio.

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El descubrimiento del Radium ha supuesto uno de los hitos más importantes en la Historia de la Medicina, especialmente en el tratamiento del cáncer. El descubrimiento del matrimonio Curie aconteció apenas dos años después de que Roentgen hubiera anunciado al mundo su descubrimiento de los Rayos-X. Y al igual que sucedió con el descubrimiento de Roentgen, hubo que esperar muy poco para que alguien sugiriera emplear esta nueva fuente de energía recién descubierta para el tratamiento de una enfermedad tan devastadora como el cáncer. Y ese alguien fue, en este caso, Alexander Graham-Bell quien, conociendo los efectos que la radiactividad empleada en forma de Roentgenterapia tenía sobre el cáncer, apuntó la posibilidad de emplear esas sales de Radium recién descubiertas, encapsulándolas y colocándolas dentro de los tumores, a fin de que su efecto local fuera más evidente.

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A esta nueva modalidad de tratamiento que empleaba una fuente de radiación dentro o en contacto directo con el tumor pronto se la conoció como Curieterapia, termino propuesto por Paul Degrais en 1913 como reconocimiento a sus descubridores Pierre y Marie Curie, en contraposición a la Roentgenterapia que empleaba fuentes de irradiación externa y que reconocía la importancia que su descubridor, Wilhelm Roentgen, tuvo en la misma. Años más tarde, en 1931, el médico sueco Gösta Forsell acuñó el término braquiradioterapia, [brakhy- gr. (βραχ ύς) “corto, en proximidad a”, radium- lat. “rayo” y therapeía- gr. (θεραπεία) “cuidado, tratamiento”], y por abreviación, braquiterapia.

Desde sus inicios, la Curieterapia y la Roentgenterapia siguieron caminos paralelos, similares aunque diferenciados, dedicadas al tratamiento del cáncer, pero también de otras enfermedades no malignas, aunque acabarían convergiendo en una gran especialidad clínica bajo el paraguas de la Oncología Clínica o Radioterápica.

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La Curieterapia pronto se convirtió en una arma indispensable frente al cáncer, pero también frente a otras enfermedades no tumorales. Henri Alexander Danlos fue uno de los primeros médicos en emplear la Curieterapia para el tratamiento de las lesiones cutáneas producidas por el lupus, al igual que De Beurman y Gougerot hicieron sobre las cicatrices queloides. En ambos casos, los resultados fueron espectaculares, y aumentaron aún más el interés que la Curieterapia había empezado a despertar entre la comunidad médica.

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Apenas unos años después del descubrimiento del Radium, y cuando el conocimiento de la Curieterapia no se había extendido más allá de un reducido grupo de médicos e investigadores interesados, Louis Wickham y Paul Degrais comenzaron a comunicar y publicar sus resultados empleando Radium aplicado directamente sobre lesiones accesibles, como angiomas cutáneos y las llamadas “ulcus rodent” (más tarde conocidas como carcinomas basocelulares o epiteliomas cutáneos) obteniendo unos resultados asombrosos para la época.

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Tanta trascendencia tuvieron sus resultados que hasta el propio rey británico Eduardo VII, que había sido tratado sin éxito con otras muchas alternativas terapéuticas por la existencia de un carcinoma basocelular en el dorso de su nariz, se sometió a un tratamiento con Radium en 1906 alcanzando una respuesta completa del tumor que nunca volvió a reproducirse. El éxito obtenido en el monarca fue el origen de la fundación del Radium Institute de Londres, a semejanza del Laboratoire Biologique du Radium que dirigía Wickham en París.

Pero donde la Curieterapia demostró ser uno de los grandes avances de la Medicina de toda la historia, ha sido en el tratamiento del cáncer. Millones de personas en todo el mundo han sido tratadas, y continúan siéndolo en la actualidad, con Curieterapia por muy distintos tumores.

En 1903, Margaret Cleaves comunico sus resultados empleando la Curieterapia con Radium para el tratamiento de uno de los cánceres más devastadores para la mujer como es el de cérvix uterino, abriendo una puerta hacia la curación que ha sido transitada con excelentes resultados desde entonces.

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Al igual que Cleaves, otros pioneros se enfrentaron armados con la promesa de eficacia que ofrecía la incipiente Curieterapia basada en el Radium a uno de los cánceres más prevalentes como es el cáncer de mama. Tanto Robert Abbe en los EE.UU. Como Geoffrey Keynes en el Reino Unido demostraron que la Curieterapia podía, en manos valientes y expertas, curar el cáncer de mama.

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Y de nuevo, Wickham y Degrais escribieron, a principios del siglo XX, un texto clásico y fundamental para la práctica clínica de la radioterapia, donde detallaban su técnica de «cross-fire» para la Curieterapia en tumores de cabeza y cuello.

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También para el cáncer de próstata abrió la Curieterapia una nueva ruta para su tratamiento, ampliando las opciones de curación que hasta ese momento ofrecía la cirugía que se practicaba en la época. Octave Pasteau o CL Denning en Francia, Benjamin Barringer o Hugh Young en los EE.UU. fueron los pioneros que, en los primeros años del siglo XX, exploraron las posibilidades que la Curieterapia basada en el Radium, bien por vía transuretral o bien por vía intersticial, les ofrecía para el tratamiento de los tumores malignos de la próstata o la vejiga.

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A partir de aquí, el desarrollo de nuevas técnicas y de nuevos isotopos (Cs, Ir, Au, Pd…) contribuyó a establecer la Curieterapia (o braquiterapia, como parece preferirse ahora llamar…) como uno de los pilares de la radioterapia, junto con la radioterapia externa o Roentgenterapia (o teleterapia, como algunos consideran más correcto denominarla…), frente al cáncer en todas sus variantes. Pero esa es ya otra historia, y será contada en otra ocasión…

«La ciencia la hacen personas, donde sea, en una buhardilla, cuando tienen el genio investigador, y no los laboratorios, por ricos que se construyan y se doten.»

Marie Curie (1867-1934)

¿Existió la Radioterapia en la antigüedad? Las aguas mágicas del Nuevo Mundo…

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El conocimiento del poder sanador de ciertas aguas no es privativo del Viejo Mundo. En una anterior entrada, se hizo referencia a la historia de los balnearios europeos y asiáticos y como una posible explicación a su capacidad sanadora, que los ha llevado durante siglos a ser considerados fuente de salud y bienestar, podría relacionarse con la presencia de radiactividad natural en sus aguas. También en el Nuevo Mundo, con anterioridad al Descubrimiento y conquista a partir del siglo XV, eran renombrados sus manantiales. De acuerdo a la tradición azteca, el emperador Moctezuma fue llevado en una litera de Tenochtitlan (hoy Ciudad de México) a través de una montaña a un balneario llamado Agua Hedionda. Allí, se bañó en su manantial y bebió sus aguas para recuperarse de su intensa y extenuante actividad. En 1605, los conquistadores españoles establecieron allí un centro de reposo y curación que años más tarde se puso de moda entre los europeos y americanos.

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Del mismo modo, la leyenda afirma que conquistadores como Juan Ponce de León, que creyó encontrar la fuente de la eterna juventud en el manantial de Ozark en Missouri, o Hernando De Soto, quien alcanzó junto con sus hombres los manantiales termales de lo que hoy es el Parque Nacional de Hot Springs en Arkansas. Doscientos años después, y convencidos de las propiedades curativas de esta agua, las propias autoridades militares estadounidenses establecieron el Hospital del Ejército y la Marina General en Hot Springs, con tanta fama que a principios del siglo XX el General’s Surgeon, máximo responsable sanitario de los EE.UU., Dr. George H. Torney, escribió: «Se puede esperar un alivio razonable con la utilización de las aguas termales de estos manantiales para las diversas formas de gota y reumatismo, la neuralgia, la malaria, la enfermedad de Bright crónica [glomerulonefritis], la dispepsia gástrica, la diarrea crónica, las lesiones cutáneas crónicas, etc «

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Igualmente los nativos norteamericanos eran conocedores del poder de las aguas. Los indios Mohawks, de la Nación Iroquois, consideraban sagrados los manantiales de aguas minerales de lo que hoy es el condado de Saratoga (NY) y como un regalo de su gran deidad Manitu e intentaron, sin éxito, mantener la existencia de los mismos en secreto a los invasores blancos. Sin embargo, el propio George Washington que había conocido, y experimentado sus salutíferos efectos en 1783, se lo recomendó a uno de sus antiguos oficiales como un remedio para el reumatismo. A partir de ese momento, se multiplicaron los alojamientos para albergar la gran cantidad de huéspedes que buscaban las aguas curativas. A mediados del siglo XIX, Saratoga se convirtió en uno de los sitios preferidos para disfrutar de la recién estrenada moda de las vacaciones de verano.

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Pero, ¿por qué ha persistido a lo largo de los siglos y de las distintas civilizaciones esta creencia en los poderes sanadores de ríos y manantiales?, ¿qué relación tienen los mismos, si alguna, con lo que hoy conocemos como radioterapia? Lo cierto es que, aunque pueda resultar sorprendente, existe una relación entre el poder sanador de determinadas fuentes hídricas y una suerte de primitiva radioterapia.

A finales del siglo XIX, los trabajos de Henry Becquerel y del matrimonio Curie condujeron al descubrimiento de la radiactividad natural y al aislamiento e identificación de los primeros materiales radiactivos, el el polonio y posteriormente el radio, responsables últimos del nuevo descubrimiento. El radio, el elemento radiactivo más potente identificado por los Curie, se encuentra naturalmente en el mineral de pechblanda junto con el uranio, en proporción de una parte por aproximadamente 3 millones de partes de uranio. Su isótopo más estable, Ra-226, tiene un periodo de semidesintegración de 1602 años y decae en Radón (Rn-222). El radón es, por tanto, una emanación gaseosa producto de la desintegración radiactiva del radio (también del Torio (Rn-220) y del Actinio (Rn-219)), muy radiactiva y que se desintegra con la emisión de partículas energéticas alfa. Todos sus isótopos son radiactivos con vida media corta, de menos de 4 días, decayendo tras emitir radiación alfa en Polonio-218.

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En 1903, Nature publicó una carta de J. J. Thompson, descubridor del electrón, en la que afirmaba haber encontrado radiactividad en el agua de un manantial. A partir de este momento se sucedieron las demostraciones de que las aguas de muchos de los balnearios de salud más famosos del mundo eran también radiactivas. Esta radiactividad se atribuyó inicialmente a «las emanaciones de radio” (radón) producidas por el fluir del agua a través del mineral de radio presente en las rocas del suelo. En seguida, muchos investigadores se hicieron eco de esta propuesta y comenzaron a relacionar las propiedades beneficiosas que para la salud tenían estas aguas termales con la presencia de esta radiactividad natural. En el Nuevo Mundo el conocimiento del descubrimiento de la radiactividad, y las inmensas posibilidades que éste abría, desencadenaron un enorme interés que, rápidamente, se tradujo en la aplicabilidad práctica de la misma para el tratamiento de distintas dolencias. El Dr. C.G. Davis, publicó en American Journal of Clinical Medicine una carta en la que afirmaba que: «…la radiactividad evita la locura, despierta emociones nobles, retrasa la vejez, y ayuda a tener una espléndida vida alegre y joven…». El profesor Bertram Boltwood (1870-1927), uno de los padres del estudio de la radiactividad natural, describió una teórica base científica de los efectos beneficiosos de la radiactividad de la siguiente manera: “La radiactividad lleva la energía eléctrica en las profundidades del cuerpo,  que estimula la actividad celular, despertando todos los órganos excretores y secretores y haciendo que el sistema libere los desechos, además de ser un agente destructor de las bacterias.”

¿Pero, estaban en lo cierto estos investigadores pese a sus arriesgadas y voluntaristas explicaciones sobre el efecto beneficioso de la radiactividad y, por ende, de la radiactividad natural de algunas aguas o era, más bien, fruto de la moda de unos “años locos”? ¿Permite el conocimiento que hoy disponemos rebatir sus conclusiones o, antes al contrario, podemos definir alguna base científicamente probada en ellas?

La creación y mantenimiento de estos balnearios a lo largo de la Historia (¡en todo el mundo!), así como la leyenda de sus propiedades curativas transmitida a lo largo de los tiempos, apoya la hipótesis del conocimiento que muy distintas culturas con anterioridad a la nuestra tenían del efecto beneficioso de la irradiación a dosis bajas. Cada vez es mayor la evidencia acerca de la posibilidad de que la radiación a dosis bajas no sólo carezca de efectos perjudiciales en los seres vivos, incluidos los humanos, sino de que sea beneficiosa e, incluso, necesaria. Esta hipótesis ha generado la reactivación del viejo concepto de hormesis. La hormesis (del griego ὁρμάω «estimular”), fue definida como “la respuesta bifásica en que ciertos agentes químicos y físicos afectan a los seres vivos: dosis bajas provocan efectos «favorables», dosis altas provocan efectos «adversos»”. En el caso de la radiación ionizante, la hormesis comprende los efectos estimulantes celulares que se observan tras la exposición a dosis bajas, en el rango de 0,01 a 0,70 Gy, mientras que los efectos celulares nocivos o letales se observan con dosis altas. Este concepto, ahora conocido como “hormesis por radiación” ya ha sido comentado en anteriores entradas de este blog (ver “Hormesis y Radioterapia (I): ¿Una Hipótesis a Valorar?”“Hormesis y Radioterapia (II): Evidencias Clínicas y Epidemiológicas” y “Hormesis y Radioterapia (III): Mecanismos Radiobiológicos y Perspectivas Futuras”) y no sería más que una respuesta adaptativa de los organismos biológicos a niveles bajos de estrés o daño celular.

Con independencia del conocimiento que ahora tenemos, lo que parece cierto es que nuestros antepasados, confiaban en las propiedades sanatorías de las aguas, al igual que también confiaban en el poder curativo de ciertos minerales (ver ¿Existió la radioterapia en la antigüedad? Los monumentos megalíticos de la Edad de Bronce) y que practicaban, en base a ellos, una forma ciertamente eficaz de RADIOTERAPIA

«Todo es veneno, nada es sin veneno. Sólo la dosis hace el veneno»
Theophrastus Bombast von Hohenheim, llamado Paracelso; alquimista, médico y astrólogo suizo (1493-1541)

¿Existió la Radioterapia en la antigüedad? Los balnearios curativos del Viejo Mundo…

spa1El uso del agua para el tratamiento médico es probablemente tan antiguo como la humanidad. Hay evidencia arqueológica de la existencia de manantiales considerados curativos en Asia durante la Edad de Bronce (alrededor del año 3000 a.C.).Del mismo modo, numerosas referencias bíblicas aluden a esta práctica. Por ejemplo Josué (19:35) se refiere a la ciudad de Hamat (que significa en hebreo «aguas termales») sita en Tiberiades, Israel, como uno de los balnearios más antiguos del mundo conocidos. Y el Libro II  de los Reyes 5:10 relata como Elíseo intenta instruir a un sirio que se lavara siete veces en el río Jordán, para curar su «lepra”.

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También en Asia, era conocida desde antiguo la existencia de aguas y barros con propiedades curativas en la región de Licia, con anterioridad al siglo VI a.C. Actualmente se erige aquí la ciudad de Dalyan (Turquía), famosa por albergar numerosas tumbas licias excavadas directamente la roca que datan del año 400 antes de Cristo. Además, Dalyan sigue conservando la fama y tradición curativa de sus baños de barro, muy populares entre sus habitantes.

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En la antigua Grecia, el historiador Herodoto (484-410 a.C.) describió la existencia de ciertos manantiales con poderes curativos y, actuando como un médico, recomendaba la terapia de aguas a realizar en determinados períodos del año durante 21 días seguidos. También Hipócrates de Cos (460-375 a.C.), quien es considerado el fundador de la ciencia médica y el padre de la hidroterapia, prestó gran atención a las diferentes aguas naturales de ríos y lagos, en las que se forman por la lluvia y las que brotan así fuera de las rocas, es decir, las aguas minerales. Estas aguas, sostenía, eran ricas en hierro, cobre, plata, oro, azufre y otros elementos minerales con efectos beneficiosos sobre la salud de quien los tomaba. Los asentamientos de Therma en Ikaria o de Lekkada en Agios Kirikos, que continúan actualmente en funcionamiento, son buenos ejemplos de ello.

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Pero si hubo un pueblo que encumbró el empleo del agua, y de los manantiales, como fuente de salud y remedio para múltiples dolencias fueron, sin lugar a dudas, los romanos. El nombre y el concepto principal del spa, proviene  del antiguo imperio romano. Los legionarios, buscando descansar sus cuerpos y curar sus heridas, construían baños en aguas termales y manantiales. Los tratamientos que se ofrecían en estos baños se llamaban “Salus Per Aquam” (spa), lo cual quiere decir “salud a través del agua”. Algunos de estos baños se construyeron sobre los antiguos balneariso griegos, pero muchos otros se construyeron a lo largo del vasto Imperio Romano, en lo que hoy es Italia, Alemania, Francia, Gran bretaña e, incluso, España: Bath (Aquae Sulis), Vichy, Ischia, Montecatini, Abano, Caldas de Malavella, son algunas de las, desde hace cientos de años, localidades inseparablemente unidas a la bondad natural de sus aguas.

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El interés en los efectos beneficiosos de algunos manantiales se mantuvo durante la Edad Media en localidades como Pozzuoli (Italia), y es también frecuente la iconografía que refleja las propiedades terapéuticas de sus aguas.

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En 1326 un comerciante originario del sureste de Bélgica obtuvo tal alivio de sus propias dolencias en un manantial cercano a su localidad que decidió fundar allí un centro de salud al que llamó Spa, una antigua palabra valona que significa «fuente». La localidad de Spa se hizo famosa en el siglo XVI, tanto por su agua como  por su clima, convirtiéndose en el siglo XVIII en el centro turístico más de moda en Europa para el uso medicinal de las aguas. A partir de ese momento, y con el florecimiento de las artes y las ciencias que siguió al Renacimiento en Europa, un nuevo interés se despertó en el estudio de las propiedades beneficiosas de algunos manantiales. Los primeros documentos escritos sobre los efectos en la salud son por Gulio Iasolino en 1559 en su obra “Rimedi naturali che sono nell’ isola di Pithecusa, hoggi detta Ischia, libri due”, sobre las propiedaedes de las aguas de la isla italiana de Ischia. Posteriormente, en 1831, el médico suizo J.E. Chevalley de Rivaz publicó un modesto folleto informando sobre los beneficiosos efectos observados en Ischia gracias a sus aguas, folleto que pronto se convertiría en su reconocida «Descripción des eaux et des mineral-Thermales eluves de l’ile d’Ischia», objeto de innumerables ediciones. También Paracelso dedicó en 1525-1527 un capítulo de un libro sobre las fuentes de la salud a «bat Castein» (Bad Gastein / Austria). Más adelante, hasta la emperatriz Sissi experimentaría con asiduidad las propiedades curativas de las aguas del balneario austriaco de Bad Gastein, que estaba en su pleno apogeo a finales del XIX aunque continúa activo en la actualidad.

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Pero, ¿por qué ha persistido a lo largo de los siglos y de las distintas civilizaciones esta creencia en los poderes sanadores de ríos y manantiales?, ¿qué tienen en común la mayoría de estas fuentes y manantiales repartidas a todo lo ancho de la vieja Eurasia?¿qué relación tienen con la moderna radioterapia?

Aunque pueda resultar sorprendente, existe una relación entre el poder sanador de determinadas fuentes hídricas y una suerte de primitiva radioterapia.  Sin embargo, hubo que esperar hasta comienzos del siglo XX para conocer los motivos que hacían del viejo concepto romano de la salus per aquam algo tan atractivo y beneficioso para distintas dolencias, y que relación guardaba con la radioterapia como instrumento curativo. En 1896, el físico Henry Becquerel descubrió, al poner accidentalmente en contacto un compuesto de uranio con una placa fotográfica, que se producía el mismo efecto que si la placa estuviera en presencia de los rayos X recientemente descubiertos por Roentgen. A esta nueva propiedad de la materia se la denominó radiactividad. El matrimonio Curie, amigó de Becquerel, pronto se interesó en su descubrimiento y se propuso determinar cual era la sustancia origen de tal radiactividad. Poco a poco, fueron separando por procedimientos químicos los distintos componentes del mineral de pechblenda, hasta aislar e identificar primero el polonio y posteriormente el radio, cuyas radiaciones eran cientos de veces más intensas que las que emitía el uranio.

El radio se encuentra naturalmente en el mineral de pechblanda junto con el uranio, en proporción de una parte por aproximadamente 3 millones de partes de uranio. Su isótopo más estable, Ra-226, tiene un periodo de semidesintegración de 1602 años y decae en Radón (Rn-222). El radón es, por tanto, una emanación gaseosa producto de la desintegración radiactiva del radio (también del Torio (Rn-220) y del Actinio (Rn-219)), muy radiactiva y que se desintegra con la emisión de partículas energéticas alfa. Todos sus isótopos son radiactivos con vida media corta, de menos de 4 días, decayendo tras emitir radiación alfa en Polonio-218.

Ante el interés que suscitó el descubrimiento de la radiactividad del radio y de otros elementos radiactivos, no es de extrañar que muchos científicos buscaran demostrar la existencia de radiactividad natural en el ambiente. En 1903 Nature publicó una carta de J. J. Thompson, conocido por ser el descubridor del electrón. Thompson escribió que había encontró radiactividad en el agua de un manantial. A partir de este momento se sucedieron las demostraciones de que las aguas de muchos de los balnearios de salud más famosos del mundo eran también radiactivas. Esta radiactividad se atribuyó inicialmente a «las emanaciones de radio” (radón) producidas por el fluir del agua a través del mineral de radio presente en las rocas del suelo que conformaban el lecho geológico de muchos de los más afamados balnearios y manantiales del Viejo Mundo.

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La fiebre por utilización de la radiactividad natural como elemento sanador prendió con fuerza en Europa central en plena “Belle Epoque”. Joachimstal (que actualmente se conoce como Jáchymov en la República Checa) era una pequeña localidad minera de Bohemia, conocida por sus minas de cobalto, que se empleaban en la fabricación de pinturas, y de plata pero también por la abundancia de mineral de pechblenda asociada a estas últimas. En 1864, durante las labores de extracción en la mina Svornost, los mineros habían sido sorprendidos  por una inundación que ocupó toda la mina. Entonces nadie sabía que sería precisamente esta fuente la que, tras el descubrimiento de radio por el matrimonio Curie, lanzaría la fama de Jáchymov como ciudad balnearia. El balneario fue fundado en 1906 llevando el agua desde la mina a través de una tubería de varios kilómetros. Los excelentes efectos curativos observados llevaron a construir allí, en 1912, el hotel Radium Kurthaus (el actual Radium Palace), uno de los mejores hoteles que  se podían encontrar por entonces en Europa. Aquí acudían para curarse los personajes más importantes de la vida política, industrial y cultural.

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Más cerca, la península ibérica tampoco fue ajena a la exaltación de las propiedades curativas del Radium y la radiactividad. Muchos balnearios, tanto en España como en Portugal, se caracterizan por la presencia de en radiactividad sus aguas. En la localidad de Sortelha (Portugal) existe desde principios del siglo XX el Hotel Balneario das Termas de Agua Radium. La leyenda dice que el balneario fue fundado por el noble Don Rodrigo, primer Conde de Castilla (¿?-873) quien, conociendo las propiedades de las aguas, llevó allí a sanar a su hija enferma de la piel. La hija se curó gracias a las propiedades «milagrosas» de estas aguas, y en agradecimiento mandó construir un balneario. Sin embargo, los primeros datos ciertos que se tienen de las termas son de 1910, cuando ya se comenzaba a extender el conocimiento e interés por la radiactividad. Además coincide con el inicio de  la explotación minera de radio y uranio por parte de la compañía francesa Société d’uranie et Radio en Portugal.

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Por otro lado, durante muchos años del siglo XX, varios de los más afamados balnearios de nuestro país hicieron gala en sus etiquetas de la radiactividad de sus aguas, presentándola como un aval de eficacia.

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Actualmente, siguen existiendo balnearios con aguas radiactivas en España, aunque sometidos a un mayor control.

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¿Pero, guarda alguna relación la presencia de radiactividad en los balnearios con sus propiedades curativas o es tan solo mera coincidencia?

Cada vez es mayor la evidencia acerca de la posibilidad de que la radiación a dosis bajas no sólo carezca de efectos perjudiciales en los seres vivos, incluidos los humanos, sino de que sea beneficiosa e, incluso, necesaria. Esta hipótesis ha generado la reactivación del viejo concepto de hormesis. La hormesis (del griego ὁρμάω «estimular”), fue definida como “la respuesta bifásica en que ciertos agentes químicos y físicos afectan a los seres vivos: dosis bajas provocan efectos «favorables», dosis altas provocan efectos «adversos»”. En el caso de la radiación ionizante, la hormesis comprende los efectos estimulantes celulares que se observan tras la exposición a dosis bajas, en el rango de 0,01 a 0,70 Gy, mientras que los efectos celulares nocivos o letales se observan con dosis altas. Este concepto, ahora conocido como “hormesis por radiación” ya ha sido comentado en anteriores entradas de este blog (ver “Hormesis y Radioterapia (I): ¿Una Hipótesis a Valorar?”, “Hormesis y Radioterapia (II): Evidencias Clínicas y Epidemiológicas” y “Hormesis y Radioterapia (III): Mecanismos Radiobiológicos y Perspectivas Futuras”) y no sería más que una respuesta adaptativa de los organismos biológicos a niveles bajos de estrés o daño celular.

La creación y mantenimiento de estos balnearios a lo largo de la Historia, así como la leyenda de sus propiedades curativas transmitida a lo largo de los tiempos, apoya la hipótesis del conocimiento que muy distintas culturas con anterioridad a la nuestra tenían del efecto beneficioso de la irradiación a dosis bajas y refuerzan la hipótesis de que nuestros antepasados, aun desconociendo las bases y fundamentos físicos, eran conscientes de los efectos de la radiación sobre el organismo enfermo. Y que, al igual que sucedía con la radiactividad natural emitida por diferentes tipos de rocas (ver ¿Existió la radioterapia en la antigüedad? Los monumentos megalíticos de la Edad de Bronce, eran capaces de utilizarla, de manera intencional, para el tratamiento de distintas enfermedades. Y, quizás, sí existió la radioterapia en la antigüedad…

«Todo es veneno, nada es sin veneno. Sólo la dosis hace el veneno»

 Theophrastus Bombast von Hohenheim, llamado Paracelso; alquimista, médico y astrólogo suizo (1493-1541)

Precariedad laboral en la Sanidad Pública: algo más que un estudio de la OMC…

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Recientemente se han presentado los resultados del primer Estudio sobre la situación laboral de los Médicos en España elaborado por la Organización Médica Colegial (OMC) mediante la realización de una encuesta on-line a la que respondieron 9763 médicos colegiados. Los resultados del estudio, no por menos conocidos, no dejan de ser terriblemente desoladores. De acuerdo a los datos obtenidos, el 46,7% de los médicos encuestados que se encuentran en activo ejerciendo una especialidad médica en el Sistema Nacional de Salud carecen de plaza en propiedad y sólo disfrutan de un contrato eventual, muchas veces bajo la irónica excusa del (perpetuo) “acúmulo de tareas”. Pero no sólo eso, más del 40% de estos médicos ejerce con contratos de duración inferior a los 6 meses. Y lo peor es que no es un hecho temporal aislado: de acuerdo al estudio, ¡el el 26,2% lleva mas de 10 años trabajando en el SNS y el 6,7% más de 20 años en esta situación!. Peses a este desalentador panorama, en lo que sin lugar a dudas muchos estaremos de acuerdo es en que, a diferencia de la opinión del presidente de la OMC, la precariedad laboral que sufrimos no tiene una influencia sobre la calidad y el rendimiento profesional. Son muchos años soportando estas condiciones y, sin embargo, la profesionalidad y calidad del trabajo de los médicos eventuales nadie puede dudar.

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El conocimiento de estos datos ha levantado la esperada polvareda en medios hablados y escritos. Polvareda teñida de una inmensa, e indecente, hipocresía en demasiadas ocasiones. Es repugnante comprobar como políticos que dicen ser médicos (o médicos que dicen dedicarse a la política para “servir a sus conciudadanos”) se llevan las manos a la cabeza y exponen su indignación ante tamaño desvarío sin pararse, ni por un momento, a pensar que esta situación no es nueva y se mantiene desde hace más de 20 años. Y que han sido muchos, y de todos los colores, los políticos que han castigado con su gobierno a la profesión médica sin que nunca haya existido interés en intentar arreglar la situación de eventualidad casi perpetua de muchos médicos. Pero es que, además, muchos de estos políticos y médicos son autores materiales de documentos como el Informe Abril, el Informe de SEDISA o el Informe de AES en los que plantean soluciones para acabar con esta precariedad, incluyendo todos ellos una posible laboralización, pero que luego, cuando tienen responsabilidad de gobierno, encierran en un cajón sin interés alguno en aplicarlos. Los mismos que critican en un lado de Despeñaperros lo que sus conmilitones hacen en el otro. ¡Hipócritas, en una palabra!

Aún así, más triste y decepcionante que la esperada actitud de estos políticos (por muy médicos que alardeen ser) ha sido el comportamiento en ocasiones de los propios médicos. La presencia de uno número creciente de eventuales con contratos cada vez más precarios ha sido vista con normalidad, y muchas veces con cierta indiferencia, por parte de la clase médica. Más allá de la “solidaridad de pasillo” con el eventual, poco más se ha hecho por intentar revertir su situación. La flagrante discriminación laboral de los médicos eventuales, que siega cualquier posibilidad de progresión profesional, es vista con naturalidad (y, quizás, con cierto alivio) por parte de médicos propietarios de una plaza en el Sistema Público. Incluso se han llegado a firmar infames documentos como el Modelo de Carrera Profesional de la Comunidad de Madrid, que discriminaba económicamente a todos los médicos eventuales y que tampoco encontró oposición alguna.

Y en un giro irónico de las oportunidades, al mismo tiempo que se conocían los datos del estudio de la OMC sobre precariedad laboral, se conocían también esta semana los listados del vergonzoso proceso para transformar a una parte de los eventuales – siempre discriminando y generando división – en interinos. Con todas las ventajas que ello conlleva: ¡ninguna! Pero por si no fuera así, este proceso también está recurrido e impugnado por parte de los propios médicos. Todo sea por mantener el actual sistema de castas…

Y como curiosidad final, la segunda preocupación de los médicos eventuales, a corta distancia del comprensible interés en alcanzar una estabilidad laboral, es la falta de motivación y reconocimiento de las diferencias profesionales.Significativo…

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