Jefes o Líderes: ¿cueces o enriqueces?

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Al hilo de las recientes jubilaciones que se han producido en el SERMAS, muchas cuestiones cobran una nueva actualidad. Varios de los médicos jubilados habían alcanzado la categoría de Jefe de Servicio o de Sección, por sus méritos la mayoría aunque algunos también por hechos tan variopintos como la mera senescencia del precedente, por su docilidad, comodidad o simple y llanamente, por contar con 3 votos… Pero, ¿cuántos de estos Jefes jubilados eran realmente líderes en sus Servicios? La diferencia no es baladí, y aunque es aplicable a todas las profesiones, no deja de ser un debate latente en el mundo médico.

Todos los médicos hemos conocido a lo largo de nuestra vida profesional, directa o indirectamente, jefes de todo tipo: buenos, regulares, malos o muy malos, inteligentes o listos, débiles o despóticos, parásitos o laboriosos,… Y también conocemos auténticos líderes, aquellos a los que seguiríamos por todo los que nos enseñan, nos transmiten y nos hacen mejorar y avanzar, pero que no son en muchas ocasiones, desafortunadamente, Jefes. En ocasiones, y aunque la generalización siempre es mala, parece que en la Medicina se cumple como en pocas otras profesiones el ya clásico Principio de Peter según el cual “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su máximo nivel de incompetencia: la nata sube hasta cortarse”. Y además de este axioma, establece otros dos: “Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus funciones” y “el trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia”. O en otras palabras, y como no se cansa de repetir una compañera, maestra y sobre todo amiga, “a un hombrecillo, dale un carguillo”

Un reciente artículo de Jeff Haden en la revista Inc.com se centraba en las “8 maneras de ser un jefe realmente memorable”. El autor disecciona, con gran claridad, las diferencias entre un Jefe y un verdadero Líder. Entre las perlas de su análisis me he permitido entresacar algunas:

  • “Los líderes dirigen al grupo porque son sus propios empleados los que más quieren que lo hagan, motivados e inspirados por la persona, no por el título”
  • “Los líderes poseen cualidades que no siempre se pueden presentar en papel, pero que siempre figuran donde más importa: en los corazones y las mentes de las personas a las que dirigen”
  • “Los líderes ven la inestabilidad y la incertidumbre no como un obstáculo sino como un facilitador. Saben reorganizar, remodelar y rediseñar para tranquilizar, motivar e inspirar, y en el proceso hacen que la organización sea mucho más fuerte”
  • “No importa los éxitos que hayan logrado en el pasado, para los verdaderos líderes nunca son demasiado buenos como para no arremangarse, ensuciarse y hacer el trabajo necesario”
  • “Los líderes destacan porque están dispuestos a adoptar una postura impopular, a dar un paso impopular, a aceptar la incomodidad de no seguir el status quo, a asumir el riesgo de navegar en aguas desconocidas. Son capaces de asumir riesgos reales por el bien de la recompensa que creen que es posible. Y con su ejemplo inspira a los demás a asumir riesgos con el fin de lograr lo que ellos creen que es posible. Los verdaderos líderes inspiran a otros a alcanzar sus sueños: por las palabras, por las acciones, y lo más importante, por ejemplo.”
  • “Un verdadero líder también trabaja para alcanzar las metas de la empresa, y logra más que otros jefes , pero también trabaja para servir a un propósito mayor: para hacer avanzar la carrera profesional de sus empleados, para marcar una diferencia real en la comunidad, para enorgullecer a sus trabajadores y aumentar su autoestima”
  • “Los pésimo jefes lanzan a sus empleados bajo el autobús; los buenos jefes nunca tiran a sus empleados bajo el autobús; los verdaderos líderes ven el autobús que viene y empujan a sus empleados fuera del camino, muchas veces sin saberlo el propio empleado hasta mucho más tarde”

¿Cuántos de nuestros jefes son también auténticos líderes?, ¿cuántos de aquellos que consideramos como líderes son también jefes? Y esta es la cuestión: ¿qué preferimos en la Sanidad Pública, jefes o líderes?, ¿por qué no pueden ir juntas ambas categorías? Los que defendemos la necesidad de una autentica y absoluta reforma de toda la Sanidad Pública, creemos en los principios de meritocracia y profesionalización. Y eso incluye el que nuestros jefes sean verdaderos líderes, que nos enseñen, que nos motiven y que nos hagan participar de su proyecto y sentirlo como nuestro, no por su mera autoridad sino por la pasión que por el mismo nos transmitan.

Employees don’t leave jobs; they leave bad bosses–and even mediocre ones. Don’t be that kind of boss” Jeff Haden (@jeff_haden); Inc.com, 2013. 

De la res jubilatio y otras incoherencias del SERMAS

Desde que el pasado día 30 de abril la Consejería de Sanidad decidiera, de manera poco elegante, comunicar el cese en su actividad diaria por motivos de jubilación a cerca de 700 médicos del SERMAS, se han sucedido las protestas y manifestaciones en contra de dicha medida. Dejando aparte la total ausencia de respeto en las formas, hecho que caracteriza a la escoria política que nos gobierna y que sufrimos todos día a día, lo primero que conviene aclarar es que la medida es total y absolutamente legal, y tan solo se ciñe al cumplimiento de la ley 55/2003, de 16 de diciembre, del Estatuto Marco del Personal Estatutario de los Servicios de Salud, que establece en su artículo 26 que:

“La jubilación forzosa se declarará al cumplir el interesado la edad de 65 años.”

En los últimos días se han vertido infinidad de opiniones contrarias a esta medida, provenientes tanto de partidos políticos, sindicatos, asociaciones médicas e incluso periodistas, tildando la misma de “injusta”, “inmoral” o “ilegal”. Más aún, muchos se atreven a calificar esta medida simple y llanamente como “despido forzoso”. Para rematar el esperpento, determinadas asociaciones y sindicatos que se arrogan la defensa del colectivo médico poco menos que exigen la realización de un acto público “de desagravio” (sic) a celebrar en el Colegio de Médicos de Madrid. En este contexto, no estaría de más recordar el dicho popular de “líbreme Dios del día de las alabanzas”. Sin dejar de reconocer los indudables méritos que adornan las carreras profesionales de muchos de estos médicos, tampoco sería bueno olvidar la calidad y cantidad de las aportaciones de algunos de ellos en sus últimos años. Sobre la cantidad de opiniones expresadas en los últimos días, es preciso hacer algunas consideraciones. Por un lado, es cierto que la propia ley recoge la posibilidad, siempre como una opción y nunca como una obligación, de prolongar la actividad profesional hasta los 70 años, en el caso de que se dieran una serie de condiciones de interés, actividad relevante, etc. La actuación de la Consejería en este punto conduce a pensar que las medidas se toman con una alarmante falta de criterio. Si ya estaba decidida la jubilación de estos médicos, ¿por qué no de todos los que alcanzan la edad máxima, que sería lo más razonable?, no tiene justificación alguna que se les solicitara la redacción y presentación de una memoria para valorar su continuidad. Es más, parece un insulto a la inteligencia. Es verdad que hasta hace bien poco esta prolongación en el servicio activo se concedía sin apenas reparo a todo aquel que lo solicitara. Nadie, sin embargo, parecía haber considerado seriamente si era realmente necesario, y beneficioso para alguien más que para los propios interesados, el prolongar la actividad de muchos de los solicitantes. Ahora, las circunstancias sociales y económicas en España han cambiado, y lo que antes era una medida “de gracia” se considera innecesaria en muchos casos. ¿Es eso ilegal?: no. ¿Es injusto?: ¿por qué y para quién? ¿Es inmoral?: ¡por supuesto que no! De lo que sí se puede, y se debe, acusar a la Consejería de Sanidad de la CAM es de su desafortunada intención de no renovar las plazas de los médicos jubilados, ocasionando una merma considerable de personal médico en algunos servicios. Por otra parte, que debiera ser más dolorosa para los propios médicos, sabemos que tras la jubilación el médico no se queda desamparado y a merced de los acontecimientos, sino que cobrará mensualmente una bien merecida pensión que, sin llegar a la cuantía que percibían mientras estaban activos, no es despreciable. Y, empero, olvidamos que muchos compañeros, más jóvenes pero muy bien formados, y con enorme interés y ganas de trabajar y contribuir al desarrollo de la Medicina en España, se ven obligados a abandonar la misma o a emigrar a otros países ante la falta de oportunidades. Y estos compañeros, también médicos, no reciben ningún tipo de salario ni retribución. Y eso es algo que no deberíamos tolerar. Desgraciadamente, los médicos parecemos dotados de un especial interés morboso en fomentar y mantener la existencia de castas dentro de nuestra profesión. Es muy llamativa la diferencia de criterio con el que muchos compañeros se enfrentan a las acciones del Consejería de Sanidad de la CAM. Frente a la beligerancia contra la aplicación de una medida legal, sin entrar en consideraciones acerca de las formas de hacerlo, contrasta la pasividad (¿y anuencia?) ante la situación ilegal de eventualidad permanente y mantenida que afecta a un colectivo de médicos aún más numeroso que aquellos que se han visto abocados a la jubilación. Desde hace ya mucho tiempo se mantiene una situación de discriminación económica y laboral con los médicos con contrato eventual (¡a veces durante más de 10 años!), conocida y aceptada por el resto de médicos. ¿Alguien, mención aparte de los propios interesados, ha levantado públicamente la voz quejándose de la mantenida “ilegalidad” e “inmoralidad” de esta situación? ¿Se ha denunciado en los medios, con idéntica contundencia y reiteración, esta anormalidad? ¿Acaso no merecen el mismo respeto los médicos eventuales del SERMAS que aquellos otros médicos propietarios de plaza que, alcanzada su edad legal, deben jubilarse? Pensemos por un momento que tanto lo merecen unos como otros y sólo entonces podremos decir que sí, que defendemos a todos los médicos.

¿Pagarán los eventuales el coste de la privatización?

Hace pocos días se han aprobado los “pliegos para la externalización de la gestión de seis hospitales” de acuerdo a los planes de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Muchos análisis se han hecho en esta última semana a cerca de las condiciones recogidas en el borrador. En la gran mayoría de los mismos la discusión se ha centrado, casi por completo, en las cifras económicas de la propuesta. Abundan las disquisiciones acerca de la cápita o precio que abonará anualmente la Administración a la concesionaria de cada hospital. Tanto defensores como detractores del proyecto han expuesto sus argumentos y las ventajas e inconvenientes que consideran en el mismo. Sin embargo, pocos comentarios se han hecho, ni en forma de declaraciones públicas ni a través de redes sociales y blogs, acerca de un tema tan importante como es la contratación del personal médico.

De acuerdo al proyecto presentado por la Consejería de Sanidad, si alguien puede considerarse beneficiado, o al menos poco perjudicado, es el personal fijo con plaza en propiedad en el SERMAS. Para ellos, la Consejería contempla tres posibilidades:

  • quedarse en el mismo hospital pagándole el Servicio Madrileño de Salud (el importe del salario de estos trabajadores se descontará a la concesionaria),
  • pedir una excedencia e integrarse en la plantilla de la concesionaria pasando a una situación de excedencia especial que le permite el reingreso en cualquier momento,
  • solicitar su traslado a otro hospital de la Comunidad de Madrid cuya gestión ne haya sido «externalizada».

Parece, por tanto, que los profesionales con plaza en propiedad no van a ver mermadas sus condiciones laborales. Podrán optar por trabajar en la concesionaria, pero dependiendo del SERMAS, para la concesionaria, pero pudiendo retractarse, o no tener relación alguna con las empresas concesionarias y solicitar su traslado a otro hospital de la CAM cuya gestión no haya sido privatizada. (Una situación cuando menos paradójica será ver como alguien que en la correspondiente OPE accedió a una plaza en un hospital periférico por no poder hacerlo en uno de los grandes hospitales, se vea ahora colocado en uno de ellos tras así solicitarlo).

Sin embargo, poco se ha hablado acerca del futuro, ciertamente oscuro, de los médicos eventuales contratados en el SERMAS, algunos con más de 10 años de contratos a sus espaldas. De la lectura de los pliegos presentados se deduce rápidamente que serán el colectivo profesional más perjudicado con todas estas maniobras. De acuerdo con el borrador: “para el personal interino y eventual, que así lo desee, se establece la obligación de que sean contratados por la sociedad concesionaria”

Así, en sola frase, liquida la Consejería la situación de inestabilidad y discriminación continua en que mantiene a un buen número de médicos. Por supuesto, ni exige unas mínimas condiciones dignas de contratación para el personal eventual ni la posibilidad de una estabilidad laboral, sino que lo deja a la libre voluntad de las empresas concesionarias. ¿Cómo serán contratados?, ¿en qué condiciones?, ¿por cuánto tiempo?… Da la impresión de que la Consejería ha buscado congraciarse con las organizaciones de la Mesa Sectorial antes que preocuparse por la totalidad de sus trabajadores. En román paladino, la Consejería de Sanidad se ha lavado las manos en este asunto.

Nada nuevo ni sorprendente hay en esta actitud, viniendo de quien viene. Nunca se han comportado de manera digna con los médicos eventuales, y no lo iban a hacer ahora. Lo que desgraciadamente llama la atención, es el silencio casi unánime de aquellos que se supone defienden al colectivo de los médicos. La mayoría de críticas al borrador provenientes de sindicatos y asociaciones médicas se han centrado en el gasto, las cápitas, los costes o la calidad de la atención, pero pocas voces se han alzado en contra de la situación ciertamente precaria en la que pueden quedar miles de médicos eventuales a partir del momento en que sea firme la privatización de los hospitales. Médicos eventuales provenientes tanto de los 6 hospitales a privatizar como los que serán desplazados por la llegada de todos aquellos facultativos que soliciten el traslado de centro. ¿Qué va a pasar con ellos? ¿A alguien, aparte de a los afectados, realmente le importa?

Tampoco es nueva esta situación. Los sindicatos médicos ya aceptaron la exclusión de los profesionales eventuales en el modelo de Carrera Profesional para Médicos y Titulados Superiores de la CAM de 2006. Desde entonces, se ha mantenido esta situación de marginación de parte de los médicos del SERMAS así que, ¿qué motivos hay ahora para pensar que será diferente?, ¿defenderán estas organizaciones, esta vez sí, al colectivo eventual haciendo gala de esa pregonada “unidad”?, ¿o harán como en 2006 y simplemente aceptarán las condiciones impuestas mientras no altere la situación del personal con plaza en propiedad?

La realidad de las últimas declaraciones no apunta al optimismo. Sorprendentemente, ha generado más rechazo entre los sindicatos que dicen defender al médico la aplicación de la ley, como es el caso de la jubilación a los 65 años, que el incumplimiento sistemático de la legislación vigente en el caso de médicos con contratos eventuales continuados durante más de 10 años. ¿Es esta la defensa que nos merecemos?

Será interesante observar el discurrir de los acontecimientos, ya que más pronto que tarde estas cuestiones quedarán, en uno u otro sentido, aclaradas.

De cómo perdimos un gran psicooncólogo (@CarlosG_Miranda) pero ganamos un enorme escritor (#Enlazados)

Este pasado viernes día 26 de abril se presento en la Fnac de Madrid “Enlazados”, la primera novela (distópica) de Carlos García Miranda. Muchos, sin duda, conocéis ya al autor, pero otros muchos lo reconocerán inmediatamente si os digo que es uno de los principales guionistas de series de televisión como “El Internado”, “Los Protegidos” o la próxima (y seguro que exitosa), “Vivo Cantando”. El tremendo éxito alcanzado por las mismas, ya justificaría por si solo dedicar un tiempo a la lectura de este libro. La novela presenta un entorno futuro en una sociedad tremendamente mercantilizada y competitiva, gobernada por grandes corporaciones y que representa metáfora muy certera de la realidad actual y hacia donde nos dirigimos. La deshumanización alcanzada es tal que los mejores de cada generación deben competir a muerte para que el espectáculo continúe. Es fácil reconocer las influencias de la trilogía de los “Juegos del Hambre” de Suzanne Collins como del “Matrix” de los hermanos Andy y Lana Wachowski , pero también de “La Larga Marcha” de Richard Bachman (a.k.a. Stephen King), así como las referencias al “Gran Hermano” de George Orwell o el “Multivac” de Isaac Asimov. Los que como yo disfrutéis con la ciencia ficción, con la obra de escritores coma Arthur C. Clarke, Orson Scott Card, Ray Bradbury, Philip K. Dick, Ursula K. Le Guin…, o con los premios Hugo y Nebula, sin duda también lo haréis con “Enlazados”. Ni soy crítico literario ni lo pretendo, así que los análisis sesudos sobre la calidad de la obra se lo dejaré a los expertos, pero si he de decir que a mí me ha gustado. He disfrutado con el ritmo y originalidad de la trama (¡incluidos los guiños insertos!), que te engancha de principio a fin, que te obliga a leerla con avidez y que te deja un poso de satisfacción y esperanza cuando finalizas su lectura.

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Pero no es del Carlos guionista o del Carlos escritor del que me gustaría hablar, sino de su etapa anterior. Etapa esta que, como todas las fases de la vida, sin duda le ha marcado y ayudado a ser hoy como es. Conocí a Carlos hace ya muchos años, cuando coincidimos trabajando juntos, él como psicólogo y yo como oncólogo en el mismo Servicio del mismo Hospital. Desde el primer momento me gustó el enorme interés que ponía en todo lo que hacía, su sólida formación y su esfuerzo constante en un área que exige tanto como la psicooncología. Compartimos muchas vivencias, buenas y malas, relacionadas con el entorno del hospital y con todo lo que el tratamiento de las personas con cáncer conlleva. Y también compartimos excelentes momentos fuera del hospital como aquel congreso de Cádiz en 2005… A Carlos le estaré siempre agradecido, en primer lugar por todo lo bueno que hizo por nuestros pacientes, que fue mucho, pero también por todo lo que me enseñó acerca de como enfrentarme a todos esos miedos y necesidades que envuelven a los pacientes con cáncer, y que muchas veces llegan a afectar también a los que los tratamos. Tan solo esa mediocridad tan española en la clase dirigente, incapaz de detectar necesidades y posibles soluciones con suficiente antelación, y el cortoplacismo imperante en la administración pública impidieron que Carlos pudiese desarrollar una extraordinaria labor en el campo de la psicooncología. Eso que ganó la escritura, pero que perdimos los oncólogos.

Finalmente, y en el terreno personal, siempre agradeceré a Carlos que cuando he necesitado su ayuda o su consejo ante un caso particularmente difícil, ha estado siempre allí, aunque no se dedicara ya a la psicooncología, dispuesto ayudarme de todas las maneras. Y eso no se olvida nunca.

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Medicina de Urgencias y Emergencias: una especialidad necesaria

Son tiempos difíciles y convulsos estos que atravesamos para los médicos y para la práctica de la Medicina en general. Las discusiones y debates acerca del modelo organizativo y de gestión de la atención sanitaria copan portadas y comentarios en los últimos meses. Quizá por ello este pasando más desapercibida una de las grandes cuestiones pendientes en la Sanidad Española, como es el reconocimiento definitivo de la Medicina de Urgencias y Emergencias (MUE).

Sobre este aspecto, recomiendo encarecidamente la lectura de una excelente tribuna publicada recientemente en la revista Redacción Médica por Juan González Armengol, presidente en Madrid de la Sociedad Española de Medicina de Emergencias (SEMES). El autor, médico con muchos años de trabajo y experiencia detrás y una de las personas que más está luchando por la creación de una especialidad de MUE, desgrana uno a uno los mitos y falsedades vertidos contra ésta, contrastándolos con las realidades y evidencias existentes acerca de su innegable necesidad. Afirmaciones torticeras acerca de lo innecesario de la especialidad, la pérdida de la continuidad asistencial, la falta de un cuerpo doctrinal definido, la focalización del sistema en el paciente agudo antes que en el crónico, el aumento del gasto o, incluso, la ambición de los profesionales por un nuevo título, son clara y meridianamente rebatidas con rotundidad argumental.

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Cada día que pasa tiene más fuerza la exigencia de contar con una especialidad médica dedicada por completo a la Medicina de Urgencias y Emergencias. La complejidad creciente de los procedimientos que en Urgencias se desarrollan requiere contar con profesionales médicos específicamente formados para llevarlos a cabo. Todos estamos de acuerdo en que no cualquier médico puede realizar una intervención neuroqurúrgica, un trasplante renal o una valoración y tratamiento adecuados de una personalidad psicopatológica. Pues del mismo modo debemos defender que no cualquier médico, especialista o no, está capacitado para desarrollar su labor en las Urgencias de un hospital.

Además, en un contexto como el actual, con continuas llamadas a la defensa de la “calidad” de la asistencia, nadie que defienda la excelencia podrá dudar de que una atención en Urgencias llevada a cabo por un equipo con dedicación exclusiva a las mismas, y sometido a una formación continuada, será siempre superior a la prestada por médicos residentes en formación que tan solo cumplen con su presencia en las Urgencias hospitalarias con las obligaciones que les impone su centro de trabajo. En una entrada anterior en este mismo blog, me refería a la Calidad Mal Entendida, haciendo especial hincapié en este aspecto de las Urgencias, y confrontando la atención dispensada en centros públicos con gestión privada frente a los de gestión pública. Y lo que es más importante, las diferencias entre una atención desarrollada por médicos procedentes de diferentes especialidades pero que comparten una misma concepción de las Urgencias hospitalarias, con dedicación plena y exclusiva a ellas, y con un interés en formarse continuamente en habilidades que les resulten útiles en este cometido, frente a la prestada en grandes hospitales donde el grueso de la atención en Urgencias recae sobre los hombros de los M.I.R. que coyunturalmente deben prestar sus servicios ese día en el departamento de Urgencias.

Como pacientes, ¿qué preferiríamos?: ser atendidos, evaluados, diagnosticados y eventualmente tratados por médicos con dedicación exclusiva y especializados en Urgencias o quizás ser atendidos por médicos cuyo mayor interés profesional está lejos de la Urgencia y tan solo se ocupan de esta actividad el día que deben estar de guardia. Cada uno es libre de elegir lo que quiera pero, obviamente, la calidad de la atención no puede ser en ningún caso igual.

Desgraciadamente, y en definitiva, lo que subyace es de nuevo la pulsión mediocre por mantener el statu quo actual. Nada nuevo en la Medicina española. Como muy bien puntualiza el autor, muchos ven en la creación de la especialidad de MUE, y la consiguiente formación de especialistas por la vía M.I.R., una amenaza para otras especialidades que han encontrado en las Urgencias una tabla a la que agarrarse, aunque su formación específica para las mismas sea escasa, mientras esperan que surja una oportunidad laboral más acorde con su formación. Esta anomalía, que se corregiría con una titulación específica para MUE, es la que se pretende desde algunos ámbitos mantener. Los mismos que tanto pregonan y exigen “calidad” en la atención médica, contrastando y favoreciendo siempre la gestión pública frente a la gestión privada de los centros, parece que se olvidan de la misma cuando a la atención en Urgencias se refiere. Como sucede con frecuencia en España, el desconocimiento de una realidad no es inconveniente para posicionarse radicalmente en contra. Ignorar la manera de actuar y proceder de los Servicios de Urgencias de muchos hospitales de titularidad pública y gestión privada no es óbice para su crítica despiadada, basada tan sólo en argumentos de tipo político. Y por supuesto, es mejor criticar sin saber que conocer la realidad de estos Servicios.

Al fin y a la postre, no hay que permitir que la realidad estropee un buen eslogan.

“At a cardiac arrest, the first procedure is to take your own pulse”

Samuel Shem, The House of God
 

#2MIR13: el reto de formar nuevos médicos especialistas

Ahora que se inicia el proceso de elección de plaza de los nuevos M.I.R., creo que es un buen momento para hacer una reflexión sobre un modelo, que si bien ha demostrado su validez a lo largo de los años, requiere, como muchos otros aspectos en la Sanidad Pública, una reforma y actualización que la adecue a los nuevos tiempos. Unos cuantos años han transcurrido ya desde mi residencia, y he tenido la oportunidad de colaborar en la formación de numerosos médicos especialistas en Oncología Radioterápica. Y aunque en los últimos tiempos mi implicación en la formación de M.I.R. ha sido, desgraciadamente, menor de lo que me hubiera gustado, este hecho me ha permitido tomar cierta distancia para reflexionar sobre distintos aspectos del programa M.I.R.

Lo primero, y no por muchas veces repetido menos importante, es que el M.I.R. no es, y no debe ser considerado, tan solo «mano de obra barata» para cubrir las carencias de una plantilla médica escasa o desmotivada. La práctica clínica diaria debe recaer sobre los médicos de plantilla del Servicio, y aunque el M.I.R. puede y tiene que colaborar en todas las actividades diarias, no debiera descargarse la misma sobre ellos. Igualmente, su misión en el hospital tampoco debe de ser exclusivamente cubrir la atención en las Urgencias hospitalarias durante las 24 horas del día. Para eso debería existir una plantilla propia de médicos urgenciólogos que se encargaran mayoritariamente de la misma, como sucede con el resto de actividades médico-quirúrgicas del Hospital. Pero eso, es otra historia…

Necesitamos recuperar la implicación del M.I.R. en las actividades diarias del Servicio como un medico mas del equipo. El residente no es un estudiante mas o menos cualificado que acude a un Servicio a aprender. Es, ante todo, un medico mas del Servicio. Desgraciadamente, la imagen que se ha transmitido a la sociedad es justo la contraria. Enorme daño han hecho series de televisión que presentaban a los residentes con frases como «no son médicos, pero curan»… Nunca debemos olvidar que el residente es un medico, licenciado superior, al cual se le supone ya la suficiente madurez como para tomar sus propias decisiones, con las cuales podemos estar o no de acuerdo, pero que son perfectamente respetables. Y, por otra parte, parece obvio que el M.I.R. debe tener y demostrar interés y compromiso en su formación. Sin embargo, algo tan evidente, choca con actitudes que se observan a menudo, como que el criterio de un médico para elegir un centro donde formarse en una especialidad concreta que se presume, en principio, va a ser su vía de desarrollo profesional y personal a lo largo de su vida activa, sea un aspecto tan particular como la existencia o no de guardias de la especialidad, o de si estas son «buenas» o «malas». Es triste encontrarte con médicos que han aprobado su examen de acceso a la formación especializada, y que el grueso de sus preguntas gire en torno a estos temas, antes que informarse acerca de las necesidades y requerimientos que el ejercicio de una determinada especialidad exige, y de cual es el mejor centro, por la calidad de su personal, sus instalaciones o sus posibilidades, para adquirirlas. El M.I.R. debe tener la libertad para elegir, y la suficiente responsabilidad como para saber que quiere y que grado de compromiso adquiere.

Pero también debemos de exigirle a los médicos residentes que “expriman” al adjunto. Que lean, que estudien, que pregunten, que insistan, que nunca se queden completamente satisfechos con lo que les contemos. Que nos planteen dudas continuamente, que nos sugieran alternativas que hayan podio leer, que nos obliguen, en definitiva, a estudiar y actualizarnos permanentemente para dar respuesta a sus preguntas. En la consulta no se aprende por ósmosis, y quien eso piensa está totalmente equivocado. Es necesario que los futuros especialistas duden y pregunten. Como reza un antiguo proverbio persa, “la duda es la clave del conocimiento”. Y si el médico adjunto no es capaz de asumir y buscar como responder a las dudas que nos plantean los M.I.R., y de proponerle otras nuevas que le obliguen a un constante ejercicio intelectual, quizá es que no debe seguir formando a médicos residentes.

Dentro de la libertad en la que deben desarrollarse, es innegable que los M.I.R. precisan de una evaluación de su desarrollo y de la adquisición progresiva de las habilidades propias de su especialidad. Ahora bien, ¿cómo debe hacerse esta evaluación?, ¿es suficiente la evaluación subjetiva realizada por cada uno de los médicos adjuntos con los que rota periódicamente el medico residente durante su periodo de formación? En mi opinión, seria mas adecuado, a. la par que mas objetivo, la realización de una prueba no subjetiva la finalización de su proceso de formación, a semejanza de la práctica habitual en otros países, donde se exige un examen antes de certificar la idoneidad de la formación adquirida por el M.I.R. Además, una prueba objetiva final que evaluara lo aprendido durante todo el proceso de su residencia ayudaría, a mi modo ver, a retratar el grado de compromiso e interés mostrado por el M.I.R., pero también a evidenciar la cualificación de un Servicio y sus profesionales para la docencia.

También los médicos que tenemos algún grado de implicación en la formación de futuros especialistas debemos hacer una reflexión profunda. La labor del staff médico del Servicio no debe de ser la «educación» del M.I.R. intentando moldearlo a nuestro gusto cual modernos demiurgos, sino proporcionarle las herramientas adecuadas y toda la ayuda que pueda requerir para su formación. Pero entendiendo siempre que aprenderá bien y se formara bien aquel que quiera hacerlo y que realmente tenga interés, y que eso es algo que no se puede forzar. Y en esta línea, la figura del «tutor de residentes» también necesita ser reformulada. Es cierto que no cualquier medico del Servicio sirve para tutor. Por una parte, es preciso que los tutores tengan una formación adecuada y especifica para esta labor, y que sus habilidades para el desempeño de la misma sean, al igual que sucede con las de los residentes, periódicamente evaluadas. Pero por otro lado, es imprescindible que la figura del tutor la encarne alguien que cuente con el respeto y aceptación de los propios M.I.R., y que estos participen e alguna manera en su elección, ya que son la parte mas interesada en asegurar su buen funcionamiento. El nombramiento de un tutor para los residentes no debiera ser hecho de manera discrecional sin valorar antes estos aspectos, y al igual que sucede con otros puestos de responsabilidad, debiera renovarse cada cierto tiempo.

En definitiva, la formación de médicos especialistas a través del programa M.I.R. es uno de los grandes logros de nuestra Sanidad. Y debe ser defendida y mantenida por su extraordinario valor. Pero también debe de ser revisitada y reformada, si no queremos que se convierta tan solo en una fábrica que emplea personal altamente cualificado pero prescindible y reemplazable en cuanto ha finalizado su labor.

España: un futuro incierto

Muy interesante reflexión de  María Vázquez Sellán acerca del demoledor último informe del BBVA “Values and Worldviews” sobre las actitudes y valores de los ciudadanos de la UE y que no deja muy bien parados a los españoles…

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Nuestra escoria política, reflejo de la mediocridad existente…

La mediocridad de la casta política que nos ha tocado sufrir es un problema que cada día que pasa se hace mayor, generando más rechazo y desprecio entre todos los españoles honestos. Ahora bien, más allá de la justa indignación que el comportamiento de esta escoria nos provoca, deberíamos hacer un ejercicio de introspección que, probablemente, nos llevaría a comprobar, no sin sonrojo, que el comportamiento de nuestros políticos no es sino un mero reflejo de la mediocridad imperante. Y así, en el caso concreto de la profesión médica, es necesario seguir siendo honestos y mirar “la viga en nuestro ojo” al mismo tiempo que “la paja en el ojo ajeno”.

Nos quejamos, y con razón, de los abusos de esos políticos que cobran jugosos sueldos por hacer dejación continuada de sus labores e, incluso, por no acudir siquiera a su trabajo diario. Pero también sabemos de cuantos médicos cobran jugosos complementos sin rendir labor alguna a cambio, como los complementos de guardias en mayores de 55 años percibidos durante largo tiempo a cambio de una teórica consulta por la tarde que muchos, no todos, ni siquiera han pisado, o hace mucho que no pisan. O esas intervenciones quirúrgicas programadas como “peonadas” y realizadas en el horario laboral normal, pero cobradas como tal. Y lo aceptamos…

Nos quejamos de la ausencia reiterada de nuestros representantes en los diferentes parlamentos de nuestro variopinto país, pero también somos conscientes de las ausencias reiteradas de compañeros nuestros, que abandonan impune y repetidamente su lugar de trabajo antes de la finalización de su jornada, o que directamente no acuden. Y lo aceptamos…

Vemos mal la injustificable duración de los periodos vacacionales de Sus Señorías, pero somos conscientes también de la cantidad de “días libres” tomados por algunos compañeros, que superan ampliamente lo contemplado por la ley. Y lo aceptamos…

Lo peor es que todos estos hechos debieran ser conocidos por las gerencias. Quizás lo son y los consienten. Pero hemos asumido hace mucho que no son más que individuos colocados a dedo por el único argumento de poseer el carnet del partido gobernante en cada momento y que, por tanto, son tan ineptos y mediocres como la casta política. Y lo seguimos aceptando…

Pero con todo, uno de los mayores responsables somos nosotros mismos. Nos llenamos la boca defendiendo la necesidad de recuperar la meritocracia en la función pública, pero al final, continuamos luchando por mantener la gerontocracia dominante a toda costa. La última propuesta del autodenominado “sindicato de los médicos” AMYTS no es otra que recurrir ante los tribunales el Plan de Ordenación de Recursos Humanos de la Consejería de Sanidad de la CAM. En vez de luchar por recuperar la iniciativa defendiendo la calidad y promoviendo la excelencia en la atención médica, prefiere mantener la casta y sus privilegios, aún conociendo bien hechos como los mencionados más arriba. Hoy publica el diario El Mundo una entrevista con el Dr. Valentín Fuster, ejemplo de persona y médico para todos, y que a sus 70 años continúa engrandeciendo la Medicina. Pero, desgraciadamente, es la excepción, y por cada “Fuster” existente en el SERMAS que aporte un extra de calidad, hay 100 “Rajoys/Rubalcabas/(cada uno que ponga el político que mas rabia le de…)” que se aprovechan de todos para su beneficio, Sin embargo, para AMYTS parece más importante defender al “aparato”, por obsoleto y lacra para la sanidad que sea, que apostar por una renovación y cambio que recupere la ilusión de un futuro mejor, y pretende conseguir la perpetuación en el puesto sin pararse a separar el grano de la paja, sin plantearse siquiera eliminar a los mediocres. Y lo seguimos aceptando…

¿Hasta cuándo seguiremos aceptando?

¿Existió la radioterapia en la antigüedad? El mito de Inanna

La radioterapia es, tras la cirugía, el arma más eficaz en la lucha contra el cáncer. La radioterapia se basa en el empleo controlado de la radiación ionizante con el objetivo final de eliminar las células neoplásicas del organismo preservando la integridad general del mismo. La moderna radioterapia, y en un sentido más amplio, la Oncología Radioterápica, tienen su punto de origen en los descubrimientos de Henri Becquerel, Pierre y Marie Curie por un lado, quienes describieron la radiactividad natural e identificaron el Radio y el Polonio dando nombre a los rayos Gamma y, por otra parte, en las investigaciones de Wilhelm Röntgen que lo condujeron finalmente al descubrimiento de los rayos X. Sin embargo, y como bien había comprobado el matrimonio Curie, la radiactividad no fue un fenómeno inventado, sino existe en la naturaleza desde los orígenes del mundo. Elementos radiactivos como el Uranio, Radium, Torio, Radón, Polonio,…, se encuentran en la presentes, en mayor o menor cantidad, en rocas como el granito, la pechblenda, la biotita, el circón o en algunas rocas volcánicas o procedentes de la caída de meteoritos. La comprobación de lo efectos de la radiactividad natural procedente de estas rocas sobre el ser humano, fue hecha de manera casual por el propio Pierre Curie al observar las quemaduras que se producían en su propia piel tras manipular el mineral de pechblenda y las sales de radium aisladas a partir del mismo. Del mismo modo, los efectos observados en sus propias manos por Emil Grubbe al manipular lámparas de vacío para generar rayos X fueron los que despertaron su interés conduciéndolo a realizar las primeras aplicaciones terapéuticas de esta nueva tecnología. Estos dos acontecimientos, cercanos en el tiempo, constituyeron un punto de inflexión en la utilización de la radiactividad con intenciones terapéuticas, y más concretamente, en el tratamiento del cáncer.

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 El cáncer es una enfermedad conocida desde hace milenios y así lo corrobora la abundante evidencia existente. Textos como el Papiro de Edwin Smith (3000-2500 a.C.) describen con detalle el cáncer de mama y su posible tratamiento. Ahora bien, al igual que existe abundante evidencia acerca del empleo de la cirugía para el tratamiento de los tumores en la antigüedad, es bastante más complicado encontrar referencias acerca del posible empleo de una fuente radiactiva con fines terapéuticos. A diferencia de lo que sucede con la cirugía, existe muy poca evidencia acerca del posible empleo de la radiactividad en la antigüedad con intención terapéutica. Sin embargo, algunos escritos de la época sumeria apuntarían en esta dirección.

Los sumerios fueron una de las civilizaciones que se asentó en Mesopotamia entre la confluencia de los dos grandes ríos Tigris y Eúfrates entre los años 3000 a 2000 a.C., antes de ser reemplazado por los babilonios. Los sumerios inventaron los jeroglíficos pictóricos que más tarde se convirtieron en escritura cuneiforme y su lengua, junto con el del Antiguo Egipto, compiten por el crédito de ser lenguaje humano escrito más antiguo que se conoce y, entre los grandes avances que los sumerios nos legaron, está ¡el invento de la cerveza!

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Un gran cuerpo de cientos de miles de textos en el idioma sumerio ha sobrevivido, la gran mayoría de estos en tablillas de arcilla, comprendiendo textos personales, cartas de negocios y transacciones, recibos, listas de léxico, leyes, himnos y plegarias, encantamientos mágicos e incluidos textos científicos de matemáticas, astronomía y medicina. Una tablilla encontrada en Nippur puede ser considerada el primer manual de medicina del mundo.

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Y es en una de estas tablillas donde encontramos lo que podría ser la utilización de la radiactividad para el tratamiento de enfermedades. El poema épico conocido como «El descenso de Inanna al Inframundo», recogido y traducido por el arqueólogo especializado en la historia sumeria Samuel N. Kramer, así lo sugiere. El relato se conserva en textos escritos primeramente en el original Sumerio, con versiones posteriores en acadio, y cuenta la historia de la diosa Inanna y su descenso al reino de las tinieblas. Inanna, (equivalente a la diosa Ishtar de los acadios) era la diosa del amor, de la guerra y protectora de la ciudad de Uruk. En la mitología sumeria, Inanna decidió bajar al inframundo para enfrentarse a su hermana y deidad opuesta, Ereshkigal. En la lucha Inanna muere, tras lo cual ningún ser en la Tierra tenía deseo de aparearse: ni hombres ni animales. Ante esto Enki, el Señor de la Tierra, crea a unas criaturas sin género que engañan a Ereshkigal consiguiendo que les entregue el cadáver de la diosa. Éstos, de acuerdo al relato sumerio:

“Tomaron el cuerpo sin vida de Inanna que estaba colgando de una estaca. Los emisarios de arcilla dirigieron sobre el cadáver un Pulsador y un Emisor, después rociaron sobre ella el Agua de Vida y pusieron en su boca la Planta de la Vida. Después, Inanna se movió, abrió los ojos; Inanna se levantó de entre los muertos”

Esta parte del relato está representada en un sello cilíndrico en el cual se observa a un paciente, cuyo rostro está cubierto con lo que parece una máscara, que está siendo tratado con radiaciones. El paciente que estaba siendo revivido (no está claro si era hombre o Dios), y que yacía sobre una losa, estaba rodeado por Hombres Pez, representantes de Enki.

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Es llamativa la similitud entre esta imagen y la moderna administración de radioterapia en el tratamiento de tumores.

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¿Es posible pensar que los sumerios conocieran la existencia de minerales con radiactividad natural y los efectos que su manipulación ocasionaban? ¿Y sería descabellado pensar que hubiesen intentado eliminar los crecimientos anormales en el cuerpo, los tumores visibles, mediante la aproximación o aposición de estos minerales sobre las lesiones tumorales? Son tan solo especulaciones de historia-ficción, que, como sucede muchas veces, tienen mucho de ficción pero, quizás, también algo de historia…

De la inoculación de tumores y otras curiosas formas de matar…

La reciente muerte de Hugo Chávez y sus circunstancias, mención aparte de las consideraciones que a cada uno pueda provocarle, ha despertado un interesante debate acerca de la posibilidad de inducir, de manera intencionada, la aparición de un cáncer en un sujeto previamente sano. Cierto es, y todos los oncólogos lo conocemos, que el cáncer tiene un origen multifactorial, y que determinadas sustancias pueden favorecer, en mayor o menor medida, el desarrollo de tumores. Pero, ¿hay alguna posibilidad cierta de inocular un cáncer en un paciente sano? De acuerdo con el Dr. Javier Espinosa, secretario científico de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), es «totalmente imposible» inocular un cáncer, lo que descarta la ‘teoría de la conspiración’, expuesta por el vicepresidente venezolano, Nicolás Maduro. Igualmente, y a la vista de la polvareda levantada, la propia SEOM ha emitido un comunicado público en el que afirma categóricamente que “…el cáncer no es una enfermedad transmisible, de persona a persona. Ni es factible que a una persona se le pueda inocular un cáncer, salvo en el hipotético caso del trasplante de órganos enfermos con una neoplasia…”. ¿Seguro? Quizás olvidan la máxima clásica en las Facultades de Medicina de todo el mundo que mantiene que términos como “siempre” o “nunca” son, generalmente, erróneos en Medicina…

Aunque no existe una confirmación pública fehaciente acerca de la enfermedad cancerosa de Hugo Chávez, el curso clínico de la misma, los efectos secundarios visibles de la probable quimioterapia administrada, y la combinación de terapéuticas empleadas en su caso (cirugía, radioterapia, quimioterapia) hacen probable que se tratara de un tumor mesenquimal maligno. Y aquí es donde los argumentos maximalistas de los que claman contra toda posibilidad de inoculación, patinan. Existe al menos un caso descrito en la literatura científica de primer nivel que contradice la afirmación de que, al menos los sarcomas de tejidos blandos, no pueden de ninguna manera ser inoculados a un paciente inmunocompetente. La revista New England Journal of Medicine, una de las publicaciones más prestigiosas en medicina, sino la que más, publicó, en 1996, el caso de un cirujano que, tras pincharse accidentalmente, se “trasplantó” células de un sarcoma que se encontraba operando en ese momento y que, años después, desarrollo en el área de la punción accidental, un sarcoma genéticamente idéntico al extirpado a su paciente en su momento. Un examen amplio realizado al cirujano, incluyendo pruebas de laboratorio, no reveló ningún signo de deficiencia inmune. El examen histológico reveló que era un histiocitoma fibroso maligno. Afortunadamente, el cirujano pudo ser intervenido, extirpándose completamente el tumor, y se encuentra actualmente libre de enfermedad.

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Por tanto, la inoculación de un tumor es posible. No obstante, hay que reconocer que se trataría de un medio cuanto menos peculiar para desembarazarse de un rival. Sin embargo, la historia está plagada de casos similares, en los que rivales molestos han sido eliminados por mecanismos más o menos sorprendentes. Dejando de lado la utilización de venenos “tradicionales” como la cicuta, el cianuro, el arsénico o la estricnina, administrados con la comida o la bebida, medio éste clásico y con miles de años de antigüedad, algunos casos más recientes llaman la atención por su originalidad:

Georgi Ivanov Markov, fue un notable novelista y dramaturgo a la par que disidente búlgaro. Markov fue víctima de una muerte singular que se conoció posteriormente como “El asesinato del paraguas». En septiembre de 1978, Harkov ingresó en un hospital londinense aquejado de fiebre alta sin un foco aparente. Cuando fue interrogado, tan solo recordaba haber sido golpeado en una pantorrilla con la punta de un paraguas, notando la aparición de una pequeña tumoración dolorosa de color rojo en la zona donde fue golpeado. Tras la muerte de Markov, 3 días después de su ingreso y sin que se hubiese podido hacer nada para evitarla, se demostró que la causa de la muerte fue el envenenamiento con ricina. La ricina es una de las toxinas más potentes conocidas y se extrae de las semillas del ricino o higuera del diablo (Ricinus communis). Se une a los ribosomas de la célula paralizando la síntesis de proteínas y originando la muerte celular por apoptosis. El envenenamiento por ricina ocasiona un cuadro clínico caracterizado por hemorragias gastrointestinales, diarrea profusa, vómitos incoercibles, deshidratación y, finalmente, la muerte.

En la autopsia practicada a Markov, se halló bajo la tumoración de la pantorrilla, la presencia de una esfera de platino e iridio con restos de haber contenido ricina en su interior que se liberó tras ser introducida la cápsula en la pantorrilla de Markov mediante un paraguas-pistola.

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Alexander Litvinenko, agente secreto del soviético KGB primero y del ruso FSB después, había huido de Rusia hacía seis años y residía desde entonces en Londres. Previamente, Litvinenko y otros cuatro compañeros habían comparecido en una rueda de prensa en Moscú para denunciar la corrupción imperante en los servicios secretos rusos y la práctica habitual de asesinatos políticos por encargo que llevaban a cabo los servicios secretos rusos. El 1 de noviembre, sexto aniversario de su huida de Rusia, había asistido a dos reuniones, una con un ex agente del FSB y otra con un investigador italiano que temía por su vida (y por la de Litvinenko). Más tarde, por la noche, empezó a sentirse mal. El 3 de noviembre, acudió a un hospital con vómitos y deshidratación. El 15 de noviembre, su estado era crítico. El 23 de noviembre. Litvinenko moría tras una terrible agonía. Tras su muerte, se supo que en la orina de Litvinenko se encontró una «gran cantidad» de radiación alfa probablemente emitida por el polonio 210. La policía reconstruyó los últimos movimientos del ruso antes de su ingreso y encontró restos del isótopo nuclear polonio 210, el veneno que acabaría con la vida, tanto en el restaurante donde comió sushi como en el hotel donde posteriormente tomaría el té. El polonio 210, descubierto por Marie Curie, y relativamente fácil de conseguir, es tóxico en dosis ínfimas tanto ingerido como inhalado. En el cuerpo provoca hepatotoxicidad severa, hemorragias gastrointestinales, aplasia de médula ósea… Oleg Gordievski, un agente doble del MI6 y del KGB que en 1985 huyó al Reino Unido, explicó tras la muerte de Litvinenko el por qué de la preferencia de los Servicios Secretos Rusos por un veneno tan poco habitual: «Porque es un veneno muy, muy fiable. No tiene vuelta atrás. Es como una bomba nuclear. Tiene garantía absoluta y produce una terrible agonía. Lo que ellos no esperaban es que hubiera tanta publicidad. Esperaban que muriera en silencio, en cualquier sitio»

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