Ignacio González y la reunión con «los 400»: ¿más de lo mismo?…

ignacio-gonzalez_01_ampliada_06El tiempo pasa, las caras cambian pero la tragicomedia de la Sanidad Pública madrileña permanece. En un ejercicio de gatopardismo que hubiera merecido los más enfervorizados aplausos del propio Lampedusa, la Consejería de Sanidad de la CAM decidió hace unos meses “cambiar algo para que nada cambie”. Nuevos rostros aparecieron en primera línea: se retiró a Javier Fernández Lasquetty y se aupó al puesto de Consejero a Javier Rodríguez, que aportaba frente a su predecesor el (dudoso) “beneficio” de ser Doctor en Medicina y Cirugía. Dudosa ventaja ya que es alguien involucrado directamente en la actividad política desde 1983 y que ha pasado por cargos de responsabilidad tan alejados de la práctica clínica diaria de la medicina como ser consejero de Telemadrid (1995-2001) o portavoz de Sanidad del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid desde 1987. Y al igual que se cambió al Consejero, se sustituyeron otros cargos de responsabilidad: viceconsejero, directores generales,…

Y todo, ¿para qué? A la vista de los últimos acontecimientos, para nada. Para que todo siga igual. Para que la Consejería continúe manejándonos a los médicos a su antojo, despreciando nuestra labor e insultándonos con sus “propuestas”. El último capítulo en esta cada vez más larga lista de desprecios tuvo lugar ayer. El Presidente de la CAM, Ignacio González, reunió a 400 profesionales (¿reminiscencias del «club de los 600»?) para venderles la última ocurrencia de su gobierno. Que estemos a menos de un año de agotar la presente legislatura, y por tanto, de tener que convocar nuevas elecciones, no parece que tenga relación. De todas maneras, lo dicho ayer por Ignacio González permite varias e interesantes reflexiones:

  • Como casi siempre en los últimos 2 años, hubo una total falta de autocrítica. Ni en las circunstancias más adversas son capaces de reconocer nuestros dirigentes que se han equivocado. Todo lo más, que los médicos no hemos sido capaces de entender sus desvelos y buenas intenciones…
  • El gobierno de la CAM descubre que hay más de 5000 profesionales en situación de eventualidad mantenida, ¡algunos desde hace más de 10 años! Pero en lugar de plantear un abordaje sensato y desprovisto de todo partidismo de un problema como este, en lugar de poner sobre la mesa soluciones que supongan un cambio real y drástico, como ha sido recomendado por grupos de estudio sin aparentes intereses de partido como el Informe Abril, el de SEDISA o, más recientemente, el de AES (desfuncionarizar, laboralizar,…), opta por la solución más sencilla. Y la que más daño nos puede hacer. En vez de apostar decididamente por eliminar la mediocridad imperante en el sistema público, el Gobierno de la CAM anuncia la conversión de 5000 eventuales en interinos. Y se queda tan contento. Y los 400 allí reunidos, también. Y los que sufrimos sus decisiones seguiremos viendo que medidas de este tipo lo único que consiguen es perpetuar las discriminaciones existentes. Los interinos continuarán discriminados, tanto laboralmente porque no tendrán los mismos derechos que sus compañeros con plaza en propiedad en cuanto al acceso a plazas de promoción, jefaturas, etc…, como discriminados económicamente al continuar sin derecho a percibir retribución alguna, salvo que la gane en los tribunales, ni por concepto de antigüedad ni por concepto de carrera profesional. ¿Cuál es la ventaja entonces?
  • Pero no contentos con esto, el Gobierno de la CAM da un paso más y recupera, como gran incentivo, ¡las peonadas! Hace casi 2 años fueron eliminadas por mor del necesario ahorro. Ahora, ¿en relación quizás con el calendario electoral?, son recuperadas como la mejor manera de motivar y premiar a los médicos por su esfuerzo, convenciéndolos de la necesidad de trabajar tardes y fines de semana. Eso sí, a cambio de una remuneración. ¡Cuanta generosidad! Una vez más, nuestro políticos dan muestra de su estulticia y creen que el dinero (público, que ya se sabe que “no es de nadie”) puede arreglarlo todo. En lugar de acabar con las bolsas de ineficiencia (que las hay, y todos sabemos donde…), en lugar de optimizar los recursos técnicos y humanos, prefiere cerrar los ojos y prometer cualquier cosa. ¿A cambio de qué?, ¿de los votos necesarios para mantenerse…?
  • Cuatrocientos profesionales, exclusivamente jefes de servicio, supervisoras de enfermería, responsables de centros de salud y directivos de la organización sanitaria madrileña, considerados como representativos de la sanidad madrileña, al menos a juicio de la Consejería de Sanidad se juntaron ayer en el Aula Magna del Pabellón Docente del Hospital General Universitario Gregorio Marañón a escuchar las nuevas promesas del Presidente González. Y, o bien no las escucharon o bien están de acuerdo con ellas ya que, en general, aguantaron todo el acto sin, aparentemente, inmutarse ante los insultos y desprecios vertidos hacia los médicos. Insultos y desprecios que cualquiera que viva la Sanidad Pública madrileña día a día sufre y padece (quizá sea ese el problema…). Cuatrocientos profesionales que acudieron voluntariamente, y sabiendo a lo que iban, a la conferencia de autocomplacencia de Ignacio González y su Consejero de Sanidad. ¿Donde ha quedado la dignidad de nuestros superiores? ¿Por qué aguantaron la mayoría de ellos los desprecios que en forma de promesas y mejoras iba vertiendo el Presidente sobre todos los médicos del SERMAS que, por supuesto, no estábamos allí? ¿Quizás la amenaza, más o menos velada, de aplicar de nuevo la ley en forma de jubilación, legal y legítima, a los 65 años los retrajo de manifestar su desaprobación?…
  • Por último, resulta hasta cierto punto decepcionante, que organizaciones que han demostrado su oposición a los planes de la Consejería, que han liderado, en buena parte, la unión de los médicos frente a los planes de la CAM, vean en reuniones como la de ayer alguna “buena noticia”. Al menos, esas fue la opinión inicial de AFEM plasmada en las redes (¿quizás el resbalón esté en relación con el cambio en la responsabilidad de la comunicación en redes sociales de AFEM?). ¿Y qué tiene que ganar AFEM haciendo ahora seguidismo de las envenenadas ofertas de la Consejería de Sanidad?

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En definitiva, ayer asistimos a un nuevo capítulo en la ya demasiado larga lista de desprecios con los que la Consejería de Sanidad, y por extensión el Gobierno de la CAM, nos agradece a los médicos el esfuerzo para mantener mínimamente funcionante un sistema caduco como el actual, donde prima la mediocridad, la gerontocracia y la burocracia, donde se desprecia la profesionalización y la meritocracia y al que parece que nadie quiere, de verdad, arreglar. Y lo peor de todo es que muchos, aún, siguen comprando esa mercancía…

«Quienes ganan las batallas son los borregos, pero quienes ganan las guerras son los hombres libres»

John Steinbeck, escritor estadounidense y Premio Nobel de Literatura (1902-1968)

Coste-beneficio en Oncología: cuando no siempre lo más caro es lo mejor…

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Desde hace varios meses venimos escuchando de manera insistente que “los oncólogos reclaman un acceso rápido y equitativo a la innovación oncológica”. Lo que podría parecer una aspiración razonable presenta, sin embargo, algún que otro claroscuro. El acceso “rápido y equitativo” corre el riesgo de confundirse con la exigencia de aceptar y adoptar de forma inmediata cualquier fármaco nuevo tan pronto llegue al mercado y sin plantear ninguna otra alternativa. En las últimas semanas son frecuentes las declaraciones de algunos oncólogos que piden que las decisiones del Ministerio de Sanidad sean vinculantes para todas las comunidades autónomas y que estas no puedan realizar re-evaluaciones de medicamentos que ya cuentan con un informe de posicionamiento terapéutico, ni llevar a cabo equivalentes terapéuticos de varios fármacos que pertenecen a una misma familia o comparten una misma indicación pero que no son moléculas iguales. Pero no todos los oncólogos pensamos así.

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En un artículo publicado esta misma semana en la revista New England Journal of Medicine sus dos autores, oncólogos del National Cancer Institute, plantean una cuestión más que interesante, como es el análisis de efectividad (y de coste) de los nuevos fármacos antitumorales recientemente lanzados al mercado. Los autores critican la repercusión que sobre la sociedad en general tiene el alto coste de estos medicamentos y plantean la disyuntiva de si sus, en ocasiones, modestos resultados con ganancias en supervivencia de pocas semanas o meses, justifican el interés en adoptarlos inmediatamente con todo lo que ello conlleva. La aceptación indubitable de cualquier nuevo fármaco por nuestro sistema sanitario trae aparejada una serie de desventajas. Por un lado, los precios altos son sufragados cada vez que estos fármacos se prescriben por un sistema público cada día más acuciado por el déficit. Y en segundo lugar, los altos precios impiden realizar ensayos de eficacia comparativa independientes, que buscarían establecer alternativas igualmente eficaces pero más baratas, protegiendo así la cuota de mercado de los medicamentos de alto costo. Para ilustrar la perversión asociada a este modelo, los autores analizan dos casos de enorme interés. Por un lado, analizan la eficacia de abiraterona en el tratamiento del cáncer de próstata metastásico hormono-refractario. El mecanismo de acción de abiraterona es similar a la de un fármaco más antiguo, ketoconazol, que también inhibe el citocromo P450 c17 (CYP17). De hecho, antes de la aprobación de abiraterona para el cáncer de próstata resistente a la castración, el ketoconazol se había venido utilizando a este fin basándose en los resultados observados en ensayos clínicos. La ventaja teórica de abiraterona es su mayor especificidad sobre la 17-alfa-hidroxilasa, y por tanto menos efectos fuera inhibitorios sobre las vías del cortisol y aldosterona. Sin embargo, ambos fármacos, tanto abiraterona como ketoconazol, requieren la administración simultánea de suplementos de corticoesteroides para evitar efectos secundarios indeseables. La aprobación del uso clínico de abiraterona se estableció de acuerdo a los resultados de un ensayo aleatorizado incluyendo 1200 pacientes y en los que se observó una aumento en la mediana de supervivencia de apenas 4 meses (de 10,9 a 14,8 meses). Los resultados observados con ketoconazol, si bien no han sido analizados en estudios tan rigurosos como los realizados con abiraterona, mostraron mejorías en tasa de respuesta y en supervivencia libre de progresión, aunque el numero de pacientes incluidos en el estudio de mayor tamaño apenas alcanzó los 250. Parece lógico pensar que, en similares condiciones de estudio y control, los resultados que se observarían con ketoconazol no diferirían mucho de los atribuidos a abiraterona, Lo que si es claro y evidente es la enorme diferencia de coste entre ambos tratamientos. El ketoconazol es un medicamento ampliamente disponible, genérico y que cuesta 500-700 $ por mes, mientras que el coste de abiraterona supera los 7.000 $ por mes, 10 veces más que el ketoconazol. A la vista de estos aspectos, parecería sensato plantear un estudio comparativo, de no inferioridad, entre ketoconazol y abiraterona. El problema es que, una vez aprobado y autorizado el uso del medicamento, el laboratorio responsable del mismo no tiene ya interés en comparar su eficacia frente a otro fármaco, ¡y menos aún si encima es 10 veces más barato! Ante ello, lo único que cabe es realizar un estudio independiente, pero el coste en abiraterona necesario para este estudio, habida cuenta de que el propietario de la patente no lo iba a proporcionar de manera gratuita, superaría los 70 millones de dolares. Probablemente, este estudio nunca se realizará y nunca sabremos la eficacia real de una alternativa más barata.

Del mismo modo, los autores también analizan otro caso, como es el uso de paclitaxel unido a albúmina (nab-paclitaxel) en el tratamiento del cáncer de páncreas. En 2013, nab-paclitaxel en combinación con gemcitabina demostró aumentar la supervivencia global en el cáncer de páncreas en algo menos de 2 meses (de 6,7 a 8,5 meses), en comparación con gemcitabina exclusivamente. Nab-paclitaxel es una formulación alternativa de paclitaxel más costosa aunque su superioridad biológica es incierta ya que en estudios en cáncer de pulmón o de mama metastásicos no ha demostrado ser mejor que paclitaxel. Por otra parte, paclitaxel nunca se ha sometido a pruebas en combinación con gemcitabina en un ensayo aleatorizado de tamaño similar en pacientes con cáncer de páncreas. Desafortunadamente, para comprobar si estos dos fármacos, paclitaxel y nab-paclitaxel, son equivalentes, el coste del nab-paclitaxel necesario sería de casi 38 millones de dólares. De nuevo, un estudio de estas características tiene pocas posibilidades de realizarse.

En la misma línea, los autores realizan estimaciones de lo que supondría demostrar la no inferioridad de otros fármacos antineoplásicos probablemente igual de eficaces pero más baratos que los aprobados recientemente (Tabla).

nabpaclitaxLa conclusión de los autores es clara: el alto precio de los medicamentos contra el cáncer no es sostenible, y la necesidad de alternativas menos costosas es mayor en los casos en que el beneficio de las nuevas terapias es marginal. Al mismo tiempo, ponen de relieve una situación perversa: los precios elevados protegen la cuota de mercado de un fármaco , lo que impide desafíos de alternativas más baratas.

Los ejemplos citados en el artículo de Mailankody y Prasad ponen de manifiesto el creciente interés en los análisis coste-efectividad, más aún en situaciones como la actual en la que estamos sometidos a un ajuste económico en todos los aspectos. Es defendible que los laboratorios tengan interés en que sus fármacos se aprueben cuanto antes, ya que es lo que les garantizará una cuota de mercado y los blindará frente a posibles alternativas más baratas. Lo que ya no parece tan fácil de entender es que sociedades científicas de prestigio se brinden a actuar a la manera de “caballos de Troya” para estas industrias, reclamando y exigiendo la autorización de uso inmediata de todo nuevo fármaco aunque su beneficio pueda ser discutible. Y menos aún que se nos englobe a todos los oncólogos en sus demandas. El argumento de que los ensayos clínicos deben tratar únicamente de encontrar mejores terapias y no alternativas menos costosas es cada vez menos sostenible, y los oncólogos debemos de ser conscientes de ello. La presión que en ocasiones se dirige sobre los organismos oficiales, tanto al Ministerio de Sanidad como las distintas Consejerías Autonómicas de Sanidad, para la aprobación inmediata de nuevos fármacos, debería quizás dirigirse también hacia la industria farmacéutica, para favorecer la realización de estudios que demuestren no sólo eficacia de un fármaco, sino también beneficio en términos de coste-efectividad. En nuestras manos está, como oncólogos, la responsabilidad de reclamar estos estudios. ¿Seremos capaces de hacerlo…?

“La manera más efectiva de hacer algo, es hacerlo”
Amelia Earhart, pionera de la aviación estadounidense (1897-1937?)

Sobre la jubilación de algo más que un compañero…

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La jubilación, ese hecho natural y que representa la culminación de toda una vida profesional, el momento de recoger los frutos del tiempo y esfuerzo invertidos y de poder mirar, con satisfacción, el camino que que los propios pies hicieron a lo largo de alegrías y sinsabores, es vista hoy por mor, una vez más, de nuestros políticos y demás manipuladores, como un acontecimiento denigrante, indigno y que poco menos que debiera ser proscrito. (Mi opinión personal sobre este tema ya quedó dicha en una anterior entrada de este blog)

Hoy, sin embargo, quiero retomar el tema de la jubilación si bien desde una óptica muy distinta. Cuando un colega se jubila caben diferentes actitudes ante este momento. Las más de las veces sólo despertará indiferencia entre el resto de colegas de profesión teñida, eso sí, de cierto educado interés. También habrá quien, en ocasiones, sienta alegría por librarse de una presencia que no aprecia. Pero cuando el jubilando es algo más que un compañero de profesión, cuando es alguien más que un mero colega de hospital, entonces es cuando lo que se instala es una sensación de vació y tristeza sinceras. Y de esto precisamente quiero escribir hoy al hilo de la reciente jubilación de Luis Cabañas, cirujano del hospital donde trabajo.

Quien me conoce sabe bien que no soy amigo de halagos, ni propios ni ajenos, y que, antes bien, hago mía la frase de Séneca: “Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones”, y que no suelo, salvo muy contadas excepciones que así lo merecían, personalizar las entradas de este blog. Pero esta es una de esas ocasiones que lo merecen. Muchos son, pacientes y profesionales, los que le deben gratitud al Dr. Cabañas, y sin duda se lo harán saber. Pero, personalmente, me gustaría darle las gracias a Luis por varios motivos:

Gracias por esta docena larga de años compartiendo sesiones, casos clínicos, quirófanos… Por el tiempo pasado en nuestra Unidad de Patología de la Mama; por los momentos empleados discutiendo y comentando esos sarcomas retroperitoneales que parecían fuera de toda expectativa de tratamiento y a los que lograbais resecar para permitirnos después una radioterapia intraoperatoria; por los favores personales atendidos cuando solicitábamos tu valoración de un paciente que nos interesara especialmente y a lo que siempre has estado dispuesto,…

Gracias por tu amplio conocimiento, ¡y tu vehemente forma de manifestarlo!, que me ha obligado siempre a estudiar más para poder darte réplica, por tu gusto por polemizar y no dar nada por sentado, por poner siempre un contrapunto cargado de sentido común en medio de las más enconadas discusiones…

Gracias por leer y opinar en este blog, por estar siempre dispuesto a decir tu opinión con independencia de coincidieras o no con los argumentos expresados…

Gracias, finalmente, por darnos ejemplo a todos sabiendo culminar tu trayectoria en el Hospital como lo has hecho, sabiendo dejar paso a los que aprietan por detrás, sin caer en la tentación de engrosar esa gerontocracia que se cree imprescindible, sin pretender perpetuarte hasta el límite…

Gracias, Luis.

«La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho»

Jonas E. Salk, investigador y virólogo estadounidense (1914-1995)

 

Suárez, Alzheimer y Radioterapia…

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Con la muerte de Adolfo Suárez desparece una de las figuras más importantes en la historia de España en el último siglo. Tanto por lo que representó como por su labor al frente del Gobierno de España, con luces y sombras, Adolfo Suárez será sin duda alguna recordado como uno de los personajes más influyentes y al que debemos en gran medida la evolución de España, y de los españoles, en los últimos 40 años. Adolfo Suárez se ha ido, y lo ha hecho arrastrado por una de las enfermedades más devastadoras e incurables a las que se enfrenta el hombre moderno, como es la enfermedad de Alzheimer. El Alzheimer es la forma más común de demencia en occidente y se estima que en los Estados Unidos afecta actualmente a uno de cada ocho estadounidenses mayores. Los signos y síntomas más comunes asociados con esta enfermedad incluyen trastornos cognitivos, alteraciones en la memoria y la conducta. Estos déficit pueden progresar hasta el punto de que los pacientes necesiten ayuda para todas las actividades diarias. Por el envejecimiento progresivo de la población occidental, se calcula que la incidencia de la enfermedad de Alzheimer aumentará un 50 por ciento en los mayores de 65 años en el año 2030. Los tratamientos actuales sólo han tenido éxito en retrasar temporalmente la progresión de los síntomas, aunque no existe una cura definitiva.

La fisiopatología de la enfermedad de Alzheimer se desconoce. Sus dos características más estudiadas son: 1) se produce un deposito de proteínas beta-amiloide en forma de placas en diferentes áreas del Sistema Nervioso Central (SNC), incluyendo el hipocampo, que conduce a la pérdida progresiva de memoria y otras funcionalidades neuronales y 2) se produce un acúmulo intracelular de anormal de fibrillas entrelazadas dentro de las neuronas, los llamados ovillos neurofibrilares, formados por la fosforilación en forma de ovillos asociada a los microtúbulos intracelulares de la proteína Tau. Estas dos estructuras anormales son el sello distintivo de la enfermedad y conducen a la degeneración neuronal origen de los síntomas clínicos de la enfermedad de Alzheimer. Algunas hipótesis apuntan a que la enfermedad Alzheimer desencadena una suerte de respuesta inflamatoria en las estructuras cerebrales lo que conduce a la activación de las células microgliales, un tipo de macrófagos específicos para el sistema nervioso central. Esta microglía tiende a acumularse en las áreas de depósito de placas de beta-amiloide favoreciendo la liberación de mediadores de respuesta inflamatoria. Numerosas terapias se han ensayado en las últimas décadas dirigidas frente a esta respuesta inflamatoria, si bien su éxito ha sido muy limitado.

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La radioterapia, uno de los tratamientos más eficaces frente al cáncer, es un potente antiinflamatorio que también ha demostrado su utilidad en el tratamiento de diversas enfermedades benignas. Los resultados observados en trastornos ostearticulares degenerativos como artrosis, espolón del calcáneo o periartritis son algunos de los excelentes ejemplos del efecto beneficioso de la radioterapia en enfermedades benignas. Del mismo modo, la radioterapia también ha demostrado ser eficaz en el tratamiento de enfermedades como la amiloidosis traqueobronquial, caracterizada por el acúmulo de material amiloide en el árbol respiratorio (Kurrus et al. Chest 1998, O’Regan et al. Medicine 2000, Kalra et al. Mayo Clin. Proc. 2001, Monroe et al. Chest 2004), amiloidosis orbitaria (Khaira et al. Orbit 2008), o amiloidosis del párpado y conjuntiva (Pecora et al. Annals of Ophthamology 1982). Estas evidencias, junto con el conocimiento de la importancia de los depósitos de amiloide en la fisiopategenia de la enfermedad de Alzheimer, han apoyado el interés en el empleo de la radioterapia como alternativa terapéutica en esta terrible enfermedad.

En el congreso de la American Society of Therapeutic Radiation Oncology (ASTRO) de 2012, los investigadores del William Beaumont Research Institute de Michigan presentaron dos estudios (Marples et al, McGee et al)  con los resultados obtenidos con radioterapia sobre un modelo de enfermedad de Alzheimer en fase inicial en ratones transgénicos capaces de expresar placas de beta-amiloide humano en la corteza cerebral y el hipocampo. Los ratones recibieron dosis únicas de 5-15 Gy o tratamientos fraccionados (1 Gy/día x 10 días, 2 Gy/día x 5 días). La presencia de placas de beta-amiloide fue evaluada a las 2-8 semanas después de la radioterapia mediante cortes histológicos del cerebro de los ratones. Los investigadores utilizaron una técnica de tratamiento de hemi-cerebro, lo que permitió la comparación entre el cerebro irradiado y no irradiado dentro de los sujetos individuales.

Los resultados obtenidos han sido esperanzadores. Tanto la administración de una dosis única de radioterapia como los tratamientos fraccionados fueron eficaces para reducir las placas de beta-amiloide. La reducción media en la presencia de placas de beta-amiloide a las 4 semanas del tratamiento fue del 29,3%, 45,7% y 56,9 % respectivamente para los tratamientos de dosis única y del 50,6% con esquema de 1 Gy/día x 10 días y del 72 % con el esquema de 2 Gy/día x 5 días. Dada la BED ( α / β = 2 ) de los cinco regímenes es 17,5 ( 5 Gy ) , 60 ( 10 Gy ) , 116 ( 15 Gy ), 15 ( 1 Gy x 10 ) , y 30 ( 2 Gy x 5 ). Así mismo, los autores observaron que la reducción en las placas después de una sola dosis de 10 Gy aumentaba con el seguimiento, siendo a los 2, 4 y 8 semanas del 32,8% ( ± 12,5 ) , 45,7% ( ± 11,8 ) , y 54,2% ( ± 19,3 ) respectivamente. Del mismo modo, la radioterapia se asoció con una reducción media del 38 % en la expresión de la protéina Tau. Los mismos autores, en un segundo trabajo, evidencian que la reducción en la presencia de placas de beta-amiloide observada está en directa relación con efectos antiinflamatorios de la radioterapia que favorecen una regulación a la baja en la expresión de genes de las proteínas precursoras de beta-amiloide (APLP1, APLP2, y apolipoproteína A-1) y, por tanto, contribuyen a disminuir significativamente la formación de placas de beta-amiloide. La conclusión de los autores es que la radioterapia a dosis bajas produce una reducción significativa en la expresión de placas de amiloide y proteína Tau, relacionadas con la enfermedad de Alzheimer, y que estos datos sugieren que podría ser una nueva y prometedora alternativa en el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.

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La radioterapia demuestra día a día, y desde hace más de 100 años, su eficacia en el tratamiento del cáncer. Pero no sólo es útil en enfermedades malignas sino que también ha demostrado su capacidad para tratar enfermedades benignas. Las propiedades antiinflamatorias de la radioterapia han quedado acreditadas suficientemente a lo largo de los años. Numerosas evidencias científicas avalan la eficacia y seguridad de la radioterapia en el tratamiento de procesos degenerativos (artrosis, osificación heterotópica…), proliferativos e inflamatorios (bursitis, queloides, enfermedad de Dupuytren, amiloidosis,…), vasculares (malformaciones, angiomas, DMAE,…) y la constituyen en una alternativa terapéutica atractiva. La posibilidad de emplear la radioterapia, un tratamiento de fácil accesibilidad y de amplia distribución geográfica, en una enfermedad de la prevalencia de la enfermedad de Alzheimer supone una nueva esperanza que puede ayudar a paliar la actual carencia de remedios eficaces en esta devastadora enfermedad. Sin duda, son necesarios más estudios que confirmen estos prometedores hallazgos, y es preciso dar el salto de la investigación básica en animales a demostrar la eficacia en pacientes, pero las bases están ya puestas, y es este un camino que no debemos dejar de explorar.

 “…the so called benign diseases may not be so benign as the term suggests, in truth, they may be characterized by those malignant conditions wich are well known for cancerous conditions, i. e. loss of organ function and quality of life, which justify use of radiotherapy…”

M. H. Seegenschmiedt, oncólogo y radioterapéuta alemán: “Thoughts about Benign and Not so Benign Diseases; BenignNews 2001”

Formación Continuada, ¿a quién le interesa?

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Mucho se habla y escribe sobre Formación Continuada. Parece uno de esos temas sagrados, que todo el mundo ensalza, valora y se vanagloria de contribuir. Pero quizás, sólo quizás, la realidad no es tan halagüeña como nos quieren hacer creer. De acuerdo a la definición que el propio Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad hace, la Formación Continuada “es un proceso de enseñanza-aprendizaje activo y permanente al que tienen derecho y obligación los profesionales sanitarios, que se inicia al finalizar los estudios de pregrado o de especialización y que está destinado a actualizar y mejorar los conocimientos, habilidades y actitudes de los profesionales sanitarios ante la evolución científica y tecnológica y las demandas y necesidades, tanto sociales como del propio sistema sanitario (Art. 33. Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias)” Bonitas palabras, sin duda. Lástima que en ocasiones no se ajusten al devenir diario. Y hoy es una de esas ocasiones. Esta semana estaba previsto celebrar una Jornada organizada por el Grupo Español de Oncólogos Radioterápicos Jóvenes (SYROG) con el atractivo título de “Fin de residencia. ¿Y ahora, qué?” destinado principalmente a todos aquellos residentes de esta especialidad, o de cualquier otra, que finalizan en fechas próximas su periodo de residencia y que, con el título de especialista ya en la mano, deben enfrentarse a un panorama laboral que no atraviesa por sus mejores momentos. Los organizadores, y en especial el coordinador de SYROG el Dr. Raúl Hernanz, han hecho un enorme esfuerzo para dotar de contenidos que puedan ser a la vez atractivos pero también tremendamente útiles para que todos los nuevos especialistas puedan vislumbrar con mayor optimismo su futuro. La Jornada aunaba, en un único, día las alternativas más atractivas una vez acaba la especialidad y pretendía ofrecer una orientación específica para cada una de ellas contando con profesionales experimentados en cada área para ofrecer su ayuda. El programa de la Jornada incluía desde consejos y recomendaciones de como elaborar un curriculum vitae, de como afrontar una entrevista laboral así como de alternativas laborales considerando las posibilidades de trabajo en otros países, tanto de la Unión Europea como fuera de ella, la dedicación a la investigación básica, al campo de los Cuidados Paliativos o el trabajo en la industria farmacéutica. Un programa sin duda sumamente atractivo, original y que pretendía aportar soluciones prácticas para unos momentos de incertidumbres para muchos médicos como son el final de su periodo de residencia y el inicio de su vida laboral como médicos especialistas.

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Desgraciadamente, esta Jornada ya no se va a celebrar. Apenas unos días antes, ha tenido que ser cancelada por la casi nula inscripción de médicos residentes interesados en acudir. Y este hecho, lamentable en si mismo, requiere alguna reflexión. ¿Por qué no hay apenas inscripciones? ¿Por qué no suscita esta iniciativa, a priori tan útil, el interés que debería? Varias son las posibles explicaciones para que esta singular propuesta no haya llegado a materializarse y, probablemente, la razón final será una mezcla de todas ellas:

  • La industria farmacéutica, tradicional baluarte pagador de la gran mayoría de actos de formación continuada en España, cada día tiene más dificultades (¿y menos interés?) en mantenerla. El por qué no es difícil de entender. Por un lado, las presiones de los organismos oficiales sobre la misma son crecientes en cuanto a la cuantía de las ayudas que pueden ofertarse a los médicos, y por otro lado, los ajustes económicos motivados por la actual coyuntura hacen que las empresas restrinjan su marketing a aquellos actos que realmente le aporten una publicidad efectiva de sus productos. Y probablemente, así debe de ser. El problema es que muchos profesionales se habían acostumbrado a que cualquier acto de formación continuada debía de estar patrocinado y sostenido por la industria farmacéutica y que era ésta la que debía de correr con todos los gastos. Y cuando se pierde este sostén, parece que no existen alternativas…
  • Por otro lado, la proliferación de variopintos cursos y jornadas, algunos muy recomendables pero otros con un más que dudoso interés científico, atomiza los recursos, pocos o muchos, disponibles. En época de bonanza, esto quizás tenía un menor impacto pero actualmente sería aconsejable que los médicos hiciéramos autocrítica y fuéramos conscientes del interés real que tienen muchos de estos cursos y jornadas a fin de separar el grano de la paja y poder centralizar nuestros esfuerzos en aquellos eventos que realmente aporten valor, interés y calidad científica.
  • No hay que olvidar tampoco el papel jugado por las Sociedades Científicas. Existen ocasiones, y esta era muy probablemente una de ellas, en que la Sociedad Científica debe enarbolar la bandera del liderazgo y, si es necesario, financiar ella misma la inscripción de aquellos socios que tuvieran interés en acudir. En el caso concreto de esta Jornada, no dejaba de ser una inversión de futuro, ya que se estaría apoyando a los futuros especialistas, a aquellos que en un plazo de tiempo no muy largo van a ser los encargados de liderar la Sociedad y de contribuir al crecimiento y prestigio de la especialidad.
  • Finalmente, hay que reconocer también la propia responsabilidad de los médicos a los que iba dirigida la Jornada. Si bien es cierto que atravesamos momentos de estrecheces económicas, también lo es que el coste de la inscripción, 100 €, es perfectamente asumible por la inmensa mayoría de ellos, y que al celebrarse en un sólo día tan sólo requería el gasto de un desplazamiento, que si puede ser compartido se abarata enormemente. Es triste comprobar que se achaque la ausencia de inscripciones a su coste cuando, en muchas ocasiones, una cantidad semejante se emplea en compras diversas, en viajes de placer o en otras actividades lúdicas, sin pararse a pensar que en esta ocasión se trataba de una inversión para el futuro, y de una cuantía perfectamente soportable. Una vez más, los médicos debemos hacer autocrítica sincera y reflexionar acerca de cuales son nuestros intereses en formación y qué estamos dispuestos a hacer por ella.

En definitiva, es enormemente descorazonador que iniciativas de formación continuada, nacidas de la ilusión de personas comprometidas con la especialidad y con el claro objetivo de ayudar a los especialistas recién titulados, queden en un esfuerzo baldío. Aún así, quiero aprovechar para agradecer públicamente a los organizadores su idea, su ilusión en llevarla adelante y el esfuerzo realizado, que aunque no haya dado sus frutos ahora, sin duda habrá merecido la pena.

«No hay cosas sin interés. Tan solo personas incapaces de interesarse»

 Gilbert Keith Chesterton, escritor y periodista británico (1874-1936)

Las Chicas del Radium

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La historia de la radioterapia está plagada de heroínas, de mujeres como Marie Curie, Margaret Cleaves, Edith Quimby, Andrée Dutreix, Julie Denekamp…, y tantas otras extraordinarias médicos, científicas e investigadoras. (También hay mediocres y aprovechadas, pero esa será otra historia…) Sin ellas no cabe duda de que la historia de la radioterapia hubiera sido muy diferente. O simplemente, no hubiera sido…

Sin embargo, otras muchas mujeres anónimas contribuyeron, bien es cierto que a su pesar, al conocimiento que hoy tenemos de los efectos de las radiaciones ionizantes, tanto para bien como para mal. Y es por ello que quiero dedicar hoy esta entrada a un grupo de mujeres que marcaron un antes y un después en nuestro conocimiento de la radiación ionizante: «las Chicas del Radium”

A principios del siglo XX, el reciente descubrimiento del radio por el matrimonio Curie en 1898 había generado un inusitado interés en este nuevo material al que muchos veían como la panacea para todo tipo de situaciones. Durante la Primera Guerra Mundial, los soldados estadounidenses desplazados a Francia portaban relojes con manecillas fosforescentes, lo que les permitía establecer la hora con total exactitud en medio de la impuesta oscuridad de las trincheras, otorgándoles la ventaja de poder sincronizar sus ataques sin evidenciar su posición al enemigo. Esta ventaja había venido dada por la fosforescencia del radium, elemento con el que estaban pintadas las manecillas y marcas horarias de sus relojes.

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Tras la Gran Guerra, estos relojes se hicieron enormemente populares en los Estados Unidos. Una de las fábricas que en 1917 empleaban el radium de manera rutinaria para pintar esferas de relojes fue la United States Radium Corporation, localizada en Orange, New Jersey. Los empleados de la fábrica, mayoritariamente mujeres, pasaban largas jornadas dedicadas en exclusiva a pintar relojes para satisfacer la gran demanda existente. Debido a lo delicado del trabajo y la precisión que exigía, las esferas y manecillas de los relojes se pintaban a mano una a una, empleando para ello un finísimo pincel con una mezcla de sales de radium, sulfuro de zinc y goma arábiga para darle consistencia. Se estimaba que cada trabajadora pintara 250 relojes al día, cinco días y medio a la semana, ganando alrededor de 20 $ a la semana, a razón de centavo y medio por línea pintada. Las trabajadoras, la mayoría muy jóvenes, tenían como costumbre chupar las cerdas de los pinceles que usaban para afinarlos y así pintar con mayor precisión. Además, también jugaban a pintarse las uñas o los dientes y luego apagar la luz y dejar sorprendida a la gente con la fosforescencia que emanaba de sus manos y bocas. En aquellos momentos, ninguna era consciente de los riesgos que estaban corriendo ni del terrible drama que se avecinaba. ¿Por qué habrían de serlo cuando los médicos estaban usando el mismo material para curar a la gente, cuando las clases adineradas pagaban buenas sumas por sumergirse en balnearios con aguas ricas en productos radiactivos, cuando tónicos revitalizantes como Radithor eran la última moda?

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Pero más tarde empezaron a llegar los problemas. Una de las primeras en advertirlo fue Grace Fryer que, años después de haber abandonado su trabajo como pintora de diales en la United States Radium Corporation, notó como se le empezaron a caer los dientes sin motivo aparente aquejándose de terribles dolores también en su mandíbula. Como la propia Grace afirmaría más tarde, era un poco extraño que cuando ella se sonaba la nariz su pañuelo brillaba en la oscuridad. Varios médicos tras analizarla establecieron una clara relación entre sus síntomas y su anterior empleo. Grace intentó localizar a sus ex-compañeras para informarlas, pero no pudo encontrar más que a cuatro ya que la mayoría se encontraban en la última fase de la enfermedad o ya fallecidas.

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Grace Fryer probablemente habría sido una víctima más de una desconocida de una nueva enfermedad profesional, si no hubiera sido por una organización llamada la Liga de Consumidores y por el periodista Walter Lippmann, editor del New York World, que se interesaron directamente en su caso. Gracias a su intermediación, se pudo presentar una querella contra la compañía. Un joven abogado de Newark, Raymond Berry, presentó la demanda en un tribunal de Nueva Jersey en su nombre el 18 de mayo de 1927. Otras cuatro mujeres, compañeras de Grace y con problemas médicos graves, se unieron rápidamente a la demanda. Eran Edna Hussman, Katherine Schaub y las hermanas Quinta McDonald y Albina Larice. Cada una exigía 250.000 $ en compensación por los daños causados y los gastos médicos derivados.

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A partir de este momento, la compañía United States Radium Corporation comenzó toda una estratagema legal para demorar el juicio y el pago de indemnizaciones. Mientras tanto, el estado de las 5 jóvenes continuaba deteriorándose. El encamamiento era cada vez más prolongado y muchas de ellas habían perdido ya todos los dientes y no podían permanecer sentadas sin sufrir intensos dolores, ni mucho menos caminar. En la primera audiencia en la corte el 11 de enero de 1928, las mujeres no podían levantar los brazos para tomar el juramento. Días antes de que el caso fuera a juicio, Berry y sus 5 representadas alcanzaron un acuerdo en que cada una recibiría 10.000 $ y una aportación de 600 $ anuales cada año que vivieran, así como que todos los gastos médicos y legales incurridos también serían pagados por la empresa. Poco pudieron disfrutar del mismo ya que las 5 jóvenes pintoras de relojes fallecieron en muy corto plazo de tiempo. Su odisea, su lucha y coraje frente a la adversidad les valió el reconocimiento general y el ser conocidas en la historia como “las Chicas del Radium”

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Sirva esta historia como un homenaje, hoy 8 de marzo, a todas aquellas mujeres que han pavimentado, algunas con su propia vida, el camino de la radioterapia y la utilización de las radiaciones ionizantes desde sus orígenes a¡hasta el momento actual. Y como particular reconocimiento a todas mis compañeras, amigas y maestras (¡vosotras sabéis quienes sois…!) que tanto me han enseñado y de las que continúo aprendiendo cada día.

Equidad y Sanidad Pública: ¿un matrimonio de conveniencia?

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Mucho se habla, y se escribe, acerca de las bondades de nuestra Sanidad Pública, aunque no siempre de manera acertada. En una pregunta del examen MIR de 1995 (repetida también en otras convocatorias) se planteaba la cuestión de cual era la diferencia que otorgaba siempre un rango de superioridad de la Sanidad Pública sobre la Sanidad Privada. La respuesta que los redactores de esta pregunta consideraban como el hecho diferencial que marca las diferencias entre ambos modelos de atención sanitaria era “equidad”. De acuerdo a su particular (¿y parcial?) visión, la Sanidad Pública es siempre superior en términos de equidad a la Sanidad Privada. (Nótese que los autores consideran implícitamente que la Sanidad Privada puede ser más eficaz, mejor dotada, con un uso más racional de los recursos y que satisfaga más a los pacientes que la Sanidad Pública…) Pero, ¿qué se entiende por equidad? De acuerdo a la propuesta de la Comisión para Reducir las Desigualdades Sociales en Salud en España dependiente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad en 2010, “…alcanzar la EQUIDAD EN SALUD significa que las personas puedan desarrollar su máximo potencial de salud independientemente de su posición social u otras circunstancias determinadas por factores sociales […], buscando reducir las desigualdades sociales en salud, [que] son aquellas diferencias en salud injustas y evitables entre grupos poblacionales definidos social, económica, demográfica o geográficamente». Lo cierto es que esta definición de intenciones, más allá del buenismo que desprende, no refleja una realidad en la que el concepto de “equidad” como característica inherente e indisociable de nuestro sistema sanitario público es, cuanto menos, discutible.

Si por equidad entendemos que todos los asegurados por el sistema público, en este caso toda la población si asumimos también el precepto de “universalidad”, tienen derecho a recibir la misma calidad y excelencia en la atención con independencia de cualesquiera sean su situación y características, es rotundamente falso. No toda la población española tiene la misma oportunidad de acceder a todo tipo de procedimientos que se practiquen en la Sanidad Pública.

Las desigualdades en el acceso a los recursos sanitarios, principalmente en relación con la distribución geográfica de la población, son cada vez más evidentes. En el caso concreto del tratamiento del cáncer son especialmente llamativas. Esta misma semana, la Dra. Pilar Garrido, presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), hacía referencia expresa a la constatación del hecho de que, hoy en día, no se garantiza la misma calidad asistencial ni se atiende a todos los pacientes oncológicos por igual en todo el territorio nacional. Y si preocupantes son las inequidades existentes a la hora de poder acceder a determinados fármacos, aún son mayores en lo que respecta a la radioterapia. Desgraciadamente hoy en día, un paciente con un cáncer que precise de radioterapia en España no tiene las mismas opciones en función de su localización geográfica. Y baste recordar que según los datos de la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), más de dos tercios de todos los pacientes con cáncer precisarán de radioterapia en algún momento de la evolución de su enfermedad. Las desigualdades en el acceso a la tecnología de última generación (IMRT, IGRT, SBRT, VMAT…) son notables y conocidas. Del mismo modo, la posibilidad de acceder a tratamientos complejos como la radioterapia intraoperatoria, la braquiterapia, la irradiación corporal total…, no es igual en todos los reinos de Taifas que conforman España. Algunas comunidades no tienen la posibilidad de ofertar determinados tratamientos por carecer de infraestructura, de inversión en tecnología o de posibilidad de optimizar la disponible, fiándolo todo a la posibilidad de derivar a los pacientes a otros centros. Así por ejemplo, un paciente joven, con buen estado general y diagnosticado de un adenocarcinoma de próstata de bajo riesgo podrá ser tratado, en función de donde viva, mediante cirugía, radioterapia externa o braquiterapia de alta o baja tasa de dosis, pero no igual en todas las Comunidades Autónomas. Con independencia de las ventajas e inconvenientes de cada alternativa, y aún asumiendo una igualdad de resultados clínicos, muchos pacientes serán privados de escoger la alternativa que mejor les parezca por no estar incluida en la cartera de servicios de su región de origen. Y si aún así solicitan ser valorados en otra Comunidad, tampoco habrá garantías de que lo consigan ya que la aceptación de la derivación dependerá, en última instancia, del centro de destino.

¿Y que decir también de los procedimientos quirúrgicos, tan dependientes de la habilidad y experiencia del cirujano? ¿Es equitativo que las posibilidades de curación de un paciente dependan de que su lugar de residencia coincida con al área de trabajo de un cirujano con experiencia en casos similares? Un paciente con un melanoma cutáneo puede ser intervenido mediante una extirpación exclusivamente de la lesión sin otras maniobras o completar la extirpación del tumor primario con un estudio selectivo del ganglio(s) centinela(s) si el cirujano y el médico nuclear de su hospital cuentan con la experiencia suficiente. ¿es equitativo que sea en función de su residencia geográfica?

Muchos oncólogos hacemos nuestras las palabras de la Dra. Garrido cuando afirmó ante Agustín Rivero, director de Farmacia del Ministerio de Sanidad, que “los profesionales creemos que no hay equidad en el acceso a los tratamientos oncológicos”

En definitiva, esta falta de equidad no es más que otra muestra de las debilidades de nuestra Sanidad Pública. Un sistema que, aunque cuenta con indudables ventajas y beneficios, necesita de una reforma total para poder seguir siendo útil más allá de vocingleras, e interesadas, defensas ultramontanas del statu quo actual. Y cuanto más tiempo tardemos los médicos en darnos cuenta de lo imprescindible de cambiar muchas de las decrépitas estructuras de nuestra Sanidad Pública, más se deteriorará la misma y más difícil será su arreglo. A nosotros nos toca: o mirar de frente a los problemas y plantear cuanto antes los cambios y medidas necesarias, por duras que sean contra el actual modelo tantos años establecido, u otros vendrán y nos impondrán sus cambios. Podemos quedarnos defendiendo conceptos tan falaces y vacíos de contenido como “la Equidad del Sistema Público” o podemos buscar la manera de recuperar esos valores aunque ello suponga remover toda la Sanidad Pública. De nosotros dependerá…

“Los grandes hombres comprenden la equidad. Los pequeños sólo se aprovechan de ella”
Confucio, pensador chino  (551 a.C.-479 a.C.)

EL PARAÍSO DE LOS MEDIOCRES

Avatar de gazzettadelapocalipsisGAZZETTA DEL APOCALIPSIS

Ecce-homo borja

Sucede en todos los países del mundo.

Desde hace siglos, quizás desde siempre.

Se trata de un mal que se ha extendido como una infección y que aqueja a todas las sociedades: el mundo está gobernado por los “peores”.

Las personas con menos escrúpulos y menor empatía hacia los demás acostumbran a alzarse con los puestos de poder.

No se trata de una oscura conspiración: sigue las mecánicas lógicas de funcionamiento del propio Sistema, basado en la más desenfrenada competitividad y en el darwinismo social.

Solo los que compiten mejor, es decir, los que albergan menos barreras morales y emocionales a la hora de actuar en su propio beneficio alcanzan los puestos dirigentes.

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Es algo que sucede constante e invariablemente en las grandes estructuras jerarquizadas, como por ejemplo las corporaciones transnacionales y sobretodo, en los partidos políticos, máximo exponente de estas mecánicas de ascenso social.

Es así, no seamos ingenuos:…

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La Campana de Huesca o el triunfo de la mediocridad…

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LA CAMPANA DE HUESCA

«Cuentan que hubo un rey en Aragón, a comienzos del siglo XII, que no estaba destinado a serlo. Tenía dos hermanos mayores, Pedro y Alfonso, ambos fuertes y guerreros, educados en la disciplina militar y en las tareas de gobierno, de modo que él, Ramiro, el hermano pequeño, fue destinado a ser hombre de iglesia llegando ser a obispo de Roda-Barbastro. Pero el destino le reservaba un afán diferente. Fue el caso que murió sin descendencia su hermano Alfonso I, el famoso Batallador, como también había acaecido con su hermano Pedro. Aquellas muertes crearon una profunda crisis en el reino aragonés. El Batallador, quien sabe por que, en el testamento que dejó a su muerte ordenaba que el reino se repartiera entre las Órdenes Militares del Temple, el Hospital y el Santo Sepulcro. Pero aquel testamento era inconcebible, y los desastres pronto se sucedieron. El reino de Pamplona se desgajó del de Aragón. El rey de Castilla adujo derechos sucesorios y tomó la recién conquistada Zaragoza. Los nobles, que tenían derechos sobre los amplios territorios ganados al Islam, no renunciaron a pelear por lo suyo… El inexperto y hasta cierto punto débil rey Ramiro II, llamado El Monje, pronto vio que los acontecimientos comenzaban a superar sus habilidades. Preocupado, el rey decidió entonces pedir consejo al que había sido su maestro en el monasterio francés de San Ponce de Torneras. El abad condujo al mensajero del rey al huerto del monasterio y por toda respuesta, cortó las coles que más sobresalían diciéndole que contara a su rey cuanto había visto. Ramiro, al conocer lo sucedido, comprendió que el huerto simbolizaba su reino y que las coles eran sus más sobresalientes nobles. Decidido a terminar con cualquier atisbo de oposición a su poder, el rey convocó Cortes en Huesca, pretextando para ello que quería hacer una campana tan grande, que se oyera en todo el reino. Pero cuando los principales nobles llegaban a palacio, eran detenidos y decapitados de inmediato. Una vez ejecutados, las cabezas de los nobles fueron colocadas en forma de círculo y la cabeza del obispo de Huesca, el más señalado de los inconformistas, fue colgada en el centro a modo de badajo de la campana. Posteriormente, el rey dejó entrar a los otros nobles en dicha sala para que contemplaran la campana y olvidaran cualquier pensamiento de discutir su autoridad»

En una excelente entrada de su blog medicoacuadros (“Siete mil médicos menos”), Mónica Lalanda (@mlalanda) se hacía eco de la desalentadora realidad de la profesión médica en España. En los últimos tres años, más de 7000 médicos han solicitado el certificado de idoneidad a la Organización Médica Colegial (OMC) para ejercer fuera de nuestras fronteras. Una vez más, exportando talento pero ¿a cambio de qué? Muchas veces, de nada, ni siquiera el agradecimiento por el esfuerzo o la posibilidad de brindar una mínima oportunidad de demostrar su valía. Y ante esta devastadora realidad cabe preguntarse ¿cuántos de estos 7000 médicos han sido decapitados, metafóricamente, por su particular Ramiro II? La triste realidad es que vivimos dentro de un modelo que desprecia la meritocracia. Que valora, como mérito fundamental, la gerontocracia por encima de otras cualidades. Que está tan rígidamente jerarquizado que tan sólo el paso del tiempo confiere la pátina necesaria para progresar en la escala profesional. Que lucha encarnizadamente por evitar la jubilación (legal) de miembros de su grey mientras permite, e incluso alienta, la fuga de algunos de sus más prometedores jóvenes. Y que, en ocasiones, prefiere cercenar el desarrollo profesional de los más válidos antes de que se puedan convertir en una “amenaza” a poder establecido. Por supuesto, toda generalización es injusta de raíz, pero cualquiera que haya trabajado en este ámbito conocerá compañeros que han pasado por ello. Desgraciadamente, en muchas de estas ocasiones subyace el miedo a la brillantez, al ingenio, al trabajo esforzado que hace destacar a algunos por encima de la media… ¿Cuántos han visto truncadas sus expectativas por la mediocridad de un superior, que ha preferido eliminar la planta que más crecía antes de que le pudiera hacer sombra? Simplemente, y a modo de ejemplo, es llamativo comprobar como en muchos otros países los considerados “líderes de opinión” en diferentes campos de la medicina no son, necesariamente, los Jefes de Servicio o Departamento, mientras que en España, y basta con leer cualquier información sobre algún aspecto médico en la prensa generalista, es extraordinariamente infrecuente que el entrevistado u opinador no lo sea. Por supuesto, luego lamentaremos que en España no hayan podido establecerse y triunfar tantos renombrados médicos españoles que desarrollan sus muy exitosas carreras en Universidades y centros norteamericanos y europeos. Y nuestros dirigentes fingirán no entender como es posible que prefieran vivir y contribuir al crecimiento de la ciencia en países que no son el suyo. Y la conclusión fácil será, y de nuevo sin la más mínima autocrítica, que el responsable siempre es “el Sistema”, sin plantearse siquiera que la respuesta esté, quizás, en la existencia de demasiados Ramiros II…

«Los grandes espíritus siempre han encontrado una violenta oposición de parte de mentes mediocres»

Albert Einstein (1879-1955)

Mitos y realidades en el tratamiento del cáncer…

Age of Radiotherapy Logo MANTRAS

Hoy, 4 de febrero, se conmemora, un año más, el Día Mundial contra el Cáncer. Y un año más escucharemos las mismas opiniones vertidas, casi siempre, por los mismos opinadores. Una vez más, escucharemos como las tasas globales de supervivencia al cáncer han aumentado considerablemente, tanto en España como en Europa y resto del mundo avanzado. Y una vez más, escucharemos la sutil, a la vez que solapada, sugerencia de que dichos aumento está en relación directa con los formidables avances logrados en el desarrollo de nuevos, a la par que costosísimos, fármacos antitumorales, y como la cerrazón mental de nuestros gobernantes, de cualquier color, impide con sus múltiples trabas que estas nuevas drogas estén al alcance de cualquier paciente, sea cual sea su estado (y estadio tumoral…).

Y una vez más asistiremos impávidos a la proclama, ¿interesada, quizás?, que todos los que nos consideramos oncólogos debemos abrazar:

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Con la salvedad en esta ocasión de que la quimioterapia que cura no es ya la “tradicional”, sino aquella que descansa en los novísimos fármacos biomoduladores que copan ahora el frente antitumoral.

Y una vez más, nuestros medios de comunicación, imbuidos de la certeza de esta ecuación, olvidarán muy probablemente una necesaria información acerca de los “otros” tratamientos del cáncer, como son la cirugía y la radioterapia. Que quizás sean más modestos en su expresión pública, pero que atesoran entre ambos, y por separado, mayores logros en el aumento de la supervivencia de los pacientes con cáncer que cualquier quimioterapia.

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Pese a todo, y para solaz de todos los que reivindican el sacrosanto concepto de la “Medicina Basada en la Evidencia”, los datos disponibles ofrecen una perspectiva algo más cercana a la realidad:

La cirugía continúa siendo el pilar fundamental en el tratamiento y, por ende, en la curación del cáncer. Ninguna otra alternativa terapéutica consigue los resultados de una cirugía practicada por un cirujano oncológico experimentado. Por si sola, la cirugía es responsable de la curación de más del 50% de los tumores sólidos, y lo que los demás oncólogos aportamos muchas veces a la cirugía es, sin ser baladí, hacerla más conservadora y menos mutilante, como sucede con el cáncer de mama o los sarcomas de partes blandas de extremidades. ¿Cuántos tratamientos pueden ofrecer la misma contundencia que la cirugía?

El verdadero impacto de la quimioterapia en el aumento de la supervivencia de los tumores sólidos es, desgraciadamente, menos relevante de lo que pudiera parecer por la cantidad de opiniones vertidas sobre ella. Al menos, en lo que se refiere a la quimioterapia convencional. La aportación de estos tratamientos en la mejora de la supervivencia a 5 años de los cánceres sólidos se ha estimado entre un 2,1% y un 2,3%. Obviamente, más experiencia y seguimiento hacen falta para comprobar, realmente, cual esta siendo el impacto de los nuevos antineoplásicos dirigido contra dianas moleculares en la curación del cáncer. Pero hay un aspecto donde la quimioterapia ha demostrado especial utilidad, y ha sido y continúa siendo su utilización como potenciadora de los efectos de la radioterapia. Ejemplos como el cáncer de cabeza y cuello, de esófago, de recto o el cáncer de cérvix uterino, son claros exponentes del beneficio sinérgico de combinar radioterapia con fármacos antineoplásicos que potencien el efecto de las radiaciones sobre el tumor.

Es cierto que la supervivencia global del cáncer ha aumentado en los últimos años. Pero que lo ha hecho, principalmente, a costa del aumento en supervivencia de los dos tumores más prevalentes como son el cáncer de mama y el cáncer ce próstata, que representan casi dos tercios de los nuevos diagnósticos de cáncer. Y aquí han tenido mucho que ver las campañas de cribado poblacional de ambos tumores mediante la realización rutinaria de mamografías y determinaciones de PSA en individuos, por otro lado, muchas veces totalmente asintomáticos. Varias son las voces expertas que se han alzado en los últimos años frente a estas campañas masivas, apuntando la posibilidad de que estemos asistiendo a un sobrediagnóstico, con el consiguiente sobretratamiento en muchas ocasiones, de personas que aún albergando en su organismo focos de cáncer, nunca hubieran manifestado clínicamente la enfermedad a lo largo de su vida, y que la mejora en supervivencia es debida, precisamente, al tratamiento de estos tumores en estadios muy iniciales sin que las campañas de detección precoz hayan impactado en la supervivencia de los tumores más avanzados. 

Finalmente, la radioterapia, que muchas veces se presenta como un tratamiento poco más que accesorio en el cáncer es, sin embargo, una de las principales y más eficaces, junto con la cirugía, armas frente al cáncer. Más de dos tercios de todos los pacientes diagnosticados de cáncer precisarán de radioterapia en algún momento de la evolución de su enfermedad. En más de un 40% de los pacientes curados de un cáncer, la radioterapia ha tenido un papel destacado, y un 16% de las curaciones del cáncer es directamente atribuible a la radioterapia de manera exclusiva. Frente a estas cifras, la radioterapia representa, al menos en Inglaterra dado que en España no hay datos similares, tan solo un 5% del gasto público destinado al tratamiento del cáncer. ¿Hay quién de más por tan poco? Y, sin embargo, la radioterapia continúa siendo la gran desconocida en la batalla frente al cáncer, siempre envuelta en un halo de toxicidad pese a su eficacia. Y aquí es donde los oncólogos radioterápicos tenemos gran parte de la responsabilidad y debemos hacer autocrítica. No hemos sabido transmitir ni comunicar la eficacia de la radioterapia contra el cáncer. Antes bien, muchas veces, demasiadas quizás, nos centramos exclusivamente en la toxicidad del tratamiento y en las posibles complicaciones futuras sin pararnos a pensar que, en la mayoría de ocasiones, el peor efecto secundario de un tratamiento es no curar al paciente. Deberíamos dejar de focalizar nuestra actividad en unos efectos secundarios que existen como con cualquier otro tratamiento pero que son, en la mayoría de ocasiones, predecibles, anticipables y manejables por oncólogos expertos, y volcarnos en hacer más hincapié en los buenos resultados en supervivencia que se obtienen con radioterapia, muchas veces evitando cirugías mutilantes y conservando el órgano y su función en el caso de tumores de cabeza y cuello, recto o vejiga, o evitando posibles secuelas que impactan negativamente en la calidad de vida de los pacientes, como en el caso del cáncer de próstata. La radioterapia es y será, junto con la cirugía, uno de los cimientos sobre los que habrá que seguir construyendo, ahora y en el futuro, el tratamiento del cáncer.

«Nada en la vida debe ser temido, solamente comprendido. Ahora es el momento de comprender más, para temer menos.»

Marie Curie (1867-1934)